Poemas Recientes
La casa está situada al filo, en la ladera
de la montaña. Pájaros carpinteros
repican sobre cueros vegetales. Los árboles
e dejan horadar. Siguen siendo los mismos.
Un huerto con almendros e higueras, el camino
sinuoso de chumberas, azaleas y cardos.
Enfrente está La Madre , piedra en un solo cuerpo,
un lítico regazo coronado de nubes.
La casa no se advierte desde la carretera,
ningún transeúnte avista su cercana presencia,
tan solo los cernícalos, los ojos suspendidos,
las aves que preparan el chillido de ocaso.
Cruzan venados por las crestas altas,
se desliza la sierpe junto a las codornices.
La casa es muda y ciega, blanca e imperceptible
su longitud de nieve, su ardido camuflaje,
oro de soledad renovado en las horas,
tramo de la escalera prendido a su clausura,
El interior absorto se inflama, hace reclamo,
Y no hay tiempo mas grave, ni solemne ni hermoso
Que el que acapara este refugio embrionario
Donde la savia inflama vegetales arterias
Y el polen se derrama en busca de destino
Frente a la noche inmensa ,frente a los altos riscos,
Donde todo lo vivo bulle y cambia y transforma.
La ceniza y el hueso es abono fecundo,
Fango y piel del detritus que se hará primavera.
Toda hecha de silencios continuos, precavidos,
Átona e inconsciente sinfonía que vuela,
Todo huésped sumiso a reglas maternales.
Y en hora exacta, el hecho prodigioso,
Reclama ya su turno la Escondida….
¡La casa enfrente que en silencio vuela!
de la montaña. Pájaros carpinteros
repican sobre cueros vegetales. Los árboles
e dejan horadar. Siguen siendo los mismos.
Un huerto con almendros e higueras, el camino
sinuoso de chumberas, azaleas y cardos.
Enfrente está La Madre , piedra en un solo cuerpo,
un lítico regazo coronado de nubes.
La casa no se advierte desde la carretera,
ningún transeúnte avista su cercana presencia,
tan solo los cernícalos, los ojos suspendidos,
las aves que preparan el chillido de ocaso.
Cruzan venados por las crestas altas,
se desliza la sierpe junto a las codornices.
La casa es muda y ciega, blanca e imperceptible
su longitud de nieve, su ardido camuflaje,
oro de soledad renovado en las horas,
tramo de la escalera prendido a su clausura,
El interior absorto se inflama, hace reclamo,
Y no hay tiempo mas grave, ni solemne ni hermoso
Que el que acapara este refugio embrionario
Donde la savia inflama vegetales arterias
Y el polen se derrama en busca de destino
Frente a la noche inmensa ,frente a los altos riscos,
Donde todo lo vivo bulle y cambia y transforma.
La ceniza y el hueso es abono fecundo,
Fango y piel del detritus que se hará primavera.
Toda hecha de silencios continuos, precavidos,
Átona e inconsciente sinfonía que vuela,
Todo huésped sumiso a reglas maternales.
Y en hora exacta, el hecho prodigioso,
Reclama ya su turno la Escondida….
¡La casa enfrente que en silencio vuela!
Pilar Paz Pasamar
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