
(El País) “Río de Janeiro. Ciudad de Dios y del diablo.” es el reportaje que publica Bernardo Gutiérez en El País este fin de semana. <<Brasil ha logrado los Juegos Olímpicos 2016 para Río de Janeiro con una candidatura que emocionó y logró superar su principal punto débil: la inseguridad. Entramos en un infierno de 700 favelas, en un campo de batalla entre policías, paramilitares y narcotraficantes, con casi 20 asesinatos diarios>>.
Estuve en Río de Janeiro en marzo de 2004. Río es la ciudad que más me ha sorprendido de todas las que he visitado. No suponía que fuera una ciudad tan espectacular y bonita. No hay caos por ningún lado, sino playas y naturaleza. Eso sí, luego está la cara amarga de las favelas.
Una de las actividades que se pueden hacer en esta ciudad es visitar la Favela La Rosinha, favela que todos los años es noticia por algún ajuste de cuentas de esos que hace que la gente tenga miedo de visitar esta ciudad.
Acompañado de un guía y de otro chico español, subimos en moto hasta la parte alta de La Rosinha y una vez en lo alto bajamos andando parando en varios sitios a tomar una cervecita, a comprar unos cuadros a un pintor que es el que hace los grafittis de la favela y a saludar a varias personas y niños. Iba con el diábolo y a ratos montábamos un “circo” ambulante. Los niños encantados con esta nueva experiencia del diábolo.
La favela no parecía un sitio peligroso. Era un lugar sucio y desangelado, pero soleado y amable llena de niños descalzos pero sonrientes. Cruzamos, advertidos para no hacer fotos, la zona del Comando Vemelo, esa misma zona en la que una semana después hubo 18 muertos en un tiroteo.
Al llegar a la parte baja, ya saliendo de la favela, un policía dormía placidamente con los piés por fuera de la ventanilla dentro de su coche patrulla. Sin duda alguna, lo mejor que podía hacer conociendo cómo se las traen por la Rosinha, una de las tantas favelas de Río y del mundo.
- Soypoeta en la Favela la Rosinha
- “Periodista, deja de temblar, si quisiéramos ya estarías muerto”. Artículo de Francho Barón para El País.