Micmacs y Jean-Pierre Jeunet
Reconozco que este director es una de mis debilidades personales, por lo que nada de lo que escriba sobre su última película partirá de una mínima objetividad. Tiene una mirada tan especial sobre la vida y los seres humanos que da verdadero placer ver el mundo a través de ella.
Desde la sorprendente y extraordinaria Delicatessen, pasando por la fábula de La Ciudad de los Niños Perdidos, el maravilloso cuento de Amélie o la incomprendida, y sin embargo genial, Un Largo Domingo de Noviazgo, nos lleva deleitando este inquieto director francés película tras película.
No encontraremos en su cine héroes prototípicos, no nos permitirá ser realistas mientras vemos sus películas y, al mismo tiempo, será capaz de enseñarnos el lado más triste y real de la vida con un tamiz amable. Con una prodigiosa imaginación, es capaz de llenar sus películas de mil imágenes preciosas y cientos de pequeños detalles que obligan en muchas ocasiones a visionarlas varias veces para poder captarlos todos.
En su última película vuelve a utilizar todos los recursos que domina a la perfección. Siendo ésto su mayor virtud y su mayor defecto al mismo tiempo. Los amantes de su cine disfrutarán con esta historia de superhéroes urbanos atípicos. Gentes desplazadas, autistas, huérfanos, viudas, niñas prodigio, perdedores y una encantadora contorsionista que muestran al unirse su capacidad de amar y su propia dignidad como personas.
En el caso de Micmacs, el protagonista de la historia encuentra colaboración en esta banda de freaks que le acompañarán en su idealista lucha contra las grandes empresas dedicadas al tráfico de armas. Tras unir sus fuerzas, iniciarán una disparatada misión digna de Mortadelo y Filemón, entendiéndose esto como lo que es, un piropo sincero, ya que esta película está estrechamente relacionada con el mundo de la animación.

Los detractores de su cine, que los hay en abundancia por culpa de Amèlie, no encontrarán ningún placer probablemente en Micmacs, ya que en este caso, aún se juega con mayor ahínco, aunque con menor éxito, con las caricaturas humanas. La belleza que esconden la timidez y las asimetrías físicas, la ridiculez de la solemnidad de los encorbatados, la amistad desinteresada y demás características habituales en su cine erizarán la piel de muchos en uno u otro sentido.
Señor Jeunet, le esperamos con una sonrisa cómplice para que nos deje entrar en su mundo imaginario tras el telón nuevamente...























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