Midnight in Paris y Woody Allen
Inicio la andadura en este pequeño espacio dedicado al cine con la última película de Woody Allen. Ya que la idea del blog es compartir películas que aporten algo (dando igual lo que aporten mientras sea positivo), qué mejor elección que el director neoyorquino. Con él, siempre se aprende; además, sin necesidad de magullarse los codos o sufrir.
Todas las películas de Woody Allen están relacionadas entre sí por pequeños vínculos invisibles. Los incondicionales de su cine los percibimos con agrado al visionar cada nuevo plato, en esa dieta anual a la que nos tiene tan habituados últimamente. Su prolífica carrera rica en pequeñas obras maestras nos ha dejado títulos como Manhattan, Annie Hall, La Rosa Púrpura del Cairo, Balas sobre Broadway o Match Point, y todas las que ustedes quieran añadir.
Al salir de ver Midnight in Paris, sabía que una de las referencias básicas de la película: "el beso bajo la lluvia en París" aparecía antes en alguna de sus películas. Y efectivamente, rebuscando en mi memoria borrosa encontré la respuesta. Me había decantado en principio por la evidente Todos dicen I love you, pero no era allí a pesar de la conexión parisina de ambas. La respuesta estaba en la correcta Maridos y mujeres, donde el personaje que interpreta el propio director le dice a su amante: "si no te han besado en París bajo la lluvia, es que nunca te han besado". La nostálgica y obligatoria mirada atrás que se nos propone en su última película, encontraba su pequeña raíz una vez más, en ese universo tan personal que forman sus películas.
Y desarrollándose la trama en París, pregunto: ¿existe alguna ciudad más evocadora y bella que París? Cada uno tenemos nuestras ciudades favoritas; unos dirán Nueva York, otros Aleppo, aquéllos quizá elijan Roma, estos otros Ouarzazate y los menos, su pueblo; que como el de cada uno, no hay otro igual. Pero al final, todo el mundo quiere volver a París. Con pisar sus calles nos sentimos teletransportados inconscientemente a una ilusión llena de luces y colores irreales y plena de vida que nos hace sentir muy bien.
De alguna manera, de ésto trata su última película. El director juega con la idea de poder volver al pasado y nadar en la nostalgia idealizada. Al mismo tiempo, deforma ese idílico pasado, cambiando las percepciones que desde el presente se tienen del mismo, y cargándose de un plumazo la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Cada uno tiene su propio momento histórico favorito donde querría haber vivido, pero éste, no tiene porqué coincidir con el de las personas que nos gustaría encontrarnos allí...
Las escenas en las que aparecen Dalí, Buñuel, Hemingway, etc, en el París idealizado del protagonista son delirantes y constituyen el gran atractivo de la película. Y destacar como siempre el excelente trabajo de todos los actores. La libertad que les otorga Woody Allen en los rodajes, unido al poder estar cerca de él, les sienta a casi todos francamente bien. ¡Si hasta Carla Bruni hace estupendamente su pequeño papel!

Reflexionar sobre la melancolía y la nostalgia, logrando separarlas o unirlas irremediablemente, es el sano ejercicio que nos propone el gran Woody Allen. Con la ayuda de su cine y sin necesidad de usar gafas de pasta, ni de adoptar poses pseudointelectuales, se puede llegar a profundizar en estos sentimientos tan humanos de la mejor manera posible, es decir, individualmente.























Comentarios (0)