Another Year de Mike Leigh
Hace un tiempo leí una crítica sobre Another year donde se decía que era la película con el reparto más feo de la historia del cine, siendo éste el aspecto sobre el que se hacía máyor hincapié. Este dato, totalmente intrascendente, es una muestra más de la curiosa perspectiva desde la que se analizan las películas de este controvertido director que se reparte amantes y detractores de su cine a partes iguales. Sus películas son juzgadas en ocasiones por aspectos nimios, como la supuesta belleza de sus personajes, la cantidad de dramatismo que imprime a sus largometrajes o la improvisación que permite a sus actores durante los rodajes, obviando la maestría de su dirección. ¿Quién puede olvidar Secretos y Mentiras o El secreto de Vera Drake, por ejemplo?
Cierto es que su cine no es habitualmente un cine "dulce y amable", sino veraz, produndo y emotivo. Se mueve entre las relaciones humanas deshilachando todos y cada uno de nuestros comportamientos más íntimos, incluso aquellos que nunca reconoceríamos en público. Juega con el "estobienismo" habitual de nuestra sociedad, que obliga indirectamente a mostrar nuestra cara más optimista cuando, muchas veces, vestimos de un vistoso color negro.
En Another year se nos muestra la vida de una pareja de superhéroes de lo cotidiano. Una de estas parejas adultas que han sabido conservar la llama de su relación a lo largo de muchos años y de mil claroscuros compartidos. Un matrimonio adorable que sirve de nexo de unión para toda una serie de personajes marcados por la vida con cicatrices en el alma imposibles de borrar.
Ellos son el pegamento que les une a la vida y la calma en la tormenta para muchos de ellos; seres que intentan descubrir los misterios de esta vida tan difícil y complicada que vivimos.
A través de las estaciones del año, el director establece un paralelismo con los propios ciclos de la vida, todos ellos imparables... vida-muerte, amor-desamor, ilusión-desengaño, madurez-vejez, etc. Todos ellos viven en el árbol de la portada de la película, que impasible y sereno asume sus cambios dando sus frutos cuando toca u ofreciendo sombra en el cálido estío. No todos los personajes de la película saben extraer el aprendizaje de la vida, o tal vez, su rama se rompiera tiempo atrás en cualquier duro invierno.
Mike Leigh juega con la luz que hay tras la oscuridad, sin obviar la coexistencia de ambas en cada momento vital. La escena de la cena final, coral y absolutamente magistral, bien merecen un visionado.
Poesía pura jefe.
Cierto es que su cine no es habitualmente un cine "dulce y amable", sino veraz, produndo y emotivo. Se mueve entre las relaciones humanas deshilachando todos y cada uno de nuestros comportamientos más íntimos, incluso aquellos que nunca reconoceríamos en público. Juega con el "estobienismo" habitual de nuestra sociedad, que obliga indirectamente a mostrar nuestra cara más optimista cuando, muchas veces, vestimos de un vistoso color negro.
En Another year se nos muestra la vida de una pareja de superhéroes de lo cotidiano. Una de estas parejas adultas que han sabido conservar la llama de su relación a lo largo de muchos años y de mil claroscuros compartidos. Un matrimonio adorable que sirve de nexo de unión para toda una serie de personajes marcados por la vida con cicatrices en el alma imposibles de borrar.
Ellos son el pegamento que les une a la vida y la calma en la tormenta para muchos de ellos; seres que intentan descubrir los misterios de esta vida tan difícil y complicada que vivimos.
A través de las estaciones del año, el director establece un paralelismo con los propios ciclos de la vida, todos ellos imparables... vida-muerte, amor-desamor, ilusión-desengaño, madurez-vejez, etc. Todos ellos viven en el árbol de la portada de la película, que impasible y sereno asume sus cambios dando sus frutos cuando toca u ofreciendo sombra en el cálido estío. No todos los personajes de la película saben extraer el aprendizaje de la vida, o tal vez, su rama se rompiera tiempo atrás en cualquier duro invierno.
Mike Leigh juega con la luz que hay tras la oscuridad, sin obviar la coexistencia de ambas en cada momento vital. La escena de la cena final, coral y absolutamente magistral, bien merecen un visionado.
Poesía pura jefe.























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