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Bernardo Gutierrez¿Alguien se imagina un Congreso de los Diputados que en plena hora punta está casi vacío? ¿Un Congreso con las sillas llenas de espectrales huecos, repleto de fantasmas de la política? ¿Y que esa imagen se repitiese día a día? Durante los últimos cuatro meses los diputados brasileños, obnubilados por las elecciones municipales, casi ni han pisado el Congreso. La Cámara ha estado vacía. No se ha aprobado ninguna ley. Apenas alguna medida provisional. Política Light, leyes descafeinadas. Tan habitual se ha convertido esta estampa política que estas sesiones de votaciones donde casi no aparecen diputados, meros espectros de la política, han sido bautizadas como "sesiones espiritistas".
El viernes, la política brasileña (donde un mono puede conseguir 400.000 votos en las elecciones de Río de Janeiro y donde hay gente que vende el voto por una píldora de Viagra) profundizó un poco más en el surrealismo. Un diputado del PT, Luiz Carlos Bassuma, habló en el Congreso poseído por un espíritu. En un acto de homenaje al fundador del movimiento espiritista, el francés Allan Kardec, el diputado cambió el tono de voz, comenzó a temblar, a mover la mano como un anciano. Y perdió la consciencia. Una voz de ultratumba, grave y desgastada, salió de su boca. El acto fue transmitido en directo por la televisión, lo que convirtió en chascarrillo de taberna la irrupción de un espíritu en la política brasileña.
La asociación de Espiritistas de Brasil se felicitó por tan oportuna demostración de su doctrina. Todos los expertos, enfiebrados de entusiasmo espiritista, han estado intentando reconocer durante días la voz del espontáneo ente que se coló en el silencio del Congreso de los Diputados. Luiz Carlos Bassuna, el diputado-espíritu, reconoció al salir del congreso que no recordaba nada. ¿Sería Vinicius de Moraes idolatrando a su ya decrépita Garota de Ipanema? Nadie lo ha desvelado todavía. El diputado simplemente notó un ente poseyendo su cuerpo. Y dejó que entrase, pues Luiz Carlos es un médium avezado. Los partidarios del espiritismo han repetido hasta la saciedad que se trata del primer caso en vivo y en directo en un escenario tan políticamente correcto. Y que no será el último, claro. El diputado, en su lapsus político-espiritista, pronunció la siguiente frase: "Agradecemos profundamente a todos los espíritus que nos intuyen y pacientemente nos acompañan". ¿Se referiría a espíritus intangibles? ¿O a sus compañeros políticos, entes invisibles y casi inexistentes que desde hace cuatro meses no pisan el Congreso? Que nadie se extrañe si ahora aparece el espíritu de Fernando Enrique Cardoso hablando en el cuerpo de Lula, justificando el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. ¿O ya lo ha hecho? Está visto que en la política brasileña todo vale. Incluso cobrar un sueldo cincuenta veces superior al salario mínimo profesional (unos miserables 70 euros al mes) por no asistir al trabajo. O porque sólo cumplan la jornada laboral cumplidores y puntuales espíritus.
Bernardo Gutierrez. Brasil, noviembre de 2004