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Las columnas de soypoeta.com

Foto de Bernardo Gutierrez en BelemBernardo Gutierrez

Los surfistas de la jungla

La pororoca, una ola que sube río arriba por el Amazonas y sus afluentes, es el escenario del único campeonato de surf del mundo celebrado en medio de la selva.

Una multitud se arremolina en el puerto de São Domingos do Capim. Esperan la llegada de una nueva tribu cuyos miembros lucen tatuajes extraños, piercings en el oreja y misteriosas tablas con las que se deslizan por el río. Algunos llevan aparatos colgados en las orejas (Cd players). Y los más místicos (serán los chamanes?) tienen una segunda piel de neopreno.
Son los argonautas de la Amazonia. Los elegidos para cabalgar sobre la ola más larga del planeta, la pororoca, que remonta los ríos de la baja Amazonia durante los equinocios. La pororoca aparece por sorpresa, con fuerza. Y a veces hasta a 300 kilómetros del mar, como en São Domingos do Capim, en Pará. Sobre esta lengua de agua dulce se celebra en 2005 el VII Campeonato de Surf en la Pororoca.

Campeonato y farra. Un enorme barco lleno de policías, bomberos, surfistas y algún reportero inflitrado atraca en el puerto sobre el río Capim. Indioafricanas y moreninegras contemplan a los argonautas-surferos que llegan de lejanas aldeas-metrópolis como São Paulo. Pero antes de describir cómo aterriza el OVNI flotante del río Capim, vamos a hacer un centenario flashback.
Vicente Yañez Pinzón, lugarteniente de Cristóbal Colón, vio como en enero de 1500 una estruendosa ola de agua dulce destrozó sus embarcaciones en el bajo Amazonas. Era la temida pororoca, una palabra que viene del término ‘poroc, poroc’ que significa ‘estruendo destruidor’ en lengua tupí. La explicación científica es sencilla: la pororoca se produce en los cambios de luna, cuando la marea sube y empuja el agua de los ríos.

La espera. Grandes altavoces bañan de ‘forró’ la autoproclamada “capital de la pororoca”. Los niños corren con tablas de surf de madera. AP Motos (“La tienda más conceptual de Brasil) ha reciclado un camión de progaganda electoral que ahora escupe eslogans mientras todo –la fiesta, las miradas- gira alrededor de una ola. De su espera.
Nos acercamos a Marcelo Ferro, director del evento. “De niño vi un documental sobre la pororoca y empecé a soñar con este campeonato de surf”, asegura mientras me muestra la única estatua de São Domingos do Capim, junto a la iglesia. Parece un calco del Cristo del Corcovado de Río de Janeiro. Pero su brazo derecho hace una señal de stop al río. “Lo pusimos para que parara la ola. Muchas veces llegaba hasta la iglesia y entraba com fuerza demoníaca”, asegura Pedro Sodre, el historiador de la ciudad. Antiguamente, cuenta Pedro, la ola era terrorífica: se oía a diez kilómetros. Los niños lloraban debajo de la cama. Las ancianas rezaban. Pero el paraolas del Cristo funciona: la mitad del pueblo justifica así que la pororoca sea últimamente pequeña. Otros, como Cipriano Almeida, tienen otras teorías: “La ola es pequeña de tanto filmarla, se desgasta”. Algunos marginados de la opinión pública defienden la tesis de que es el cambio climático, la escasez de lluvias, la venganza de la selva esquilmada y deforestada.

Mirando al río. Amanece con una explosión de piraguas y astronautas en motos acuáticas. Los surferos buscan la ola en lanchas. Todos aspiran a ganar esta segunda etapa del campeonato (objeto de esta crónica, entre los días 10 y 12 de abril). La tercera y última concluye el próximo martes, en el río Araguari (Amapá). Gana el que aguanta más tiempo surfando, claro.
El pueblo entero baila acervezado en la isla de Toi. Familias enteras esperan la ola. Llega un velero de una operadora de telefonía móvil. Ni rastro de la pororoca. Sólo intrépidos haciendo sky acuático. Pescadores con canoas. Fiesta amazónica. Y, finalmente, una mini ola de medio metro.
Serginho Laus es un surfista experto. Tiene tatuado un Neptuno y una pororoca en la pierna. “Es algo mágico, inigualable. Engancha”, afirma. Inigualable, sobre todo, por la duración de la ola. Pirucuta Salazar batió en 2003 en la pororoca el récord mundial de surf: 37 minutos a lo largo de 12,2 kilómetros.

Esperando... Último día de campeonato. Los surfers se saludan con un ancestral grito amazónico: auera auara! (suerte!). Lanchas. Veleros. Más cerveza. Jaco Dalia,un pescador, se asoma al río, pensativo. “Esto ha cambiado muchísimo. Viene hasta extranjeros. Por eso la ola se esconde”. Jaco me cuenta cómo nació la pororoca antes de que la intentasen globalizar: una joven se enamoró de un hombre de blanco que salía del río por las noches, se quedó embarazada y dio a luz a tres botos (delfines de río). Los soltaron en el agua. Y desde entonces buscan a su madre, nadando, formando una ola inmensa. Es la leyenda de los ‘tres pretinhos’. En el videoclub del pueblo cuentan otras leyendas: la de Hulk (un monstruo verde), la de Batman (el hombre murciélago). Llega un barco de Cerpa, la cerveza patrocinadora. El dueño del camión electoral de AP Motos, definitivamente iluminado, ha colgado una sábana que cubre el eslogan político con una frase: “!Viva la motocracia!.
Me subo a una lancha. Acampo en un claro de la selva. Silencio.Y allá vienen, los argonautas, cabalgando sobre una agitación blanca. La pororoca se acerca. Poroc, poroc. Ya está aquí. Mide un metro. Pero sobrecoge. El río sube de golpe. Serginho Laus (¿será por Neptuno?) permanece en pie hasta el final, parece el ganador.
Volvemos excitados. Nadie ha visto nada: “¿Qué ola?”. Un grupo toca samba. Las mulatas intentan seducir a los marcianos de São Paulo. El jurado decide: empate general. El campeonato se decidirá en Amapá. Globalización: 1. Porococa: 1. Más cerveza.
Me acerco a João, un niño armado de una tabla. Tiene rasgos de tupinambá, los indios que habitaron estas tierras Y aprendo a escuchar su silencio alegre. La vida es eso, dice, una ola. Unos se limitan a esperarla. Otros la surfan como pueden. Otros rezan atemorizados mientras viene. Y algunos, cuando ya es demasiado tarde, se dan cuenta de que ya ha pasado.

Bernardo Gutierrez. Brasil, 2005

Pororoca en São Domingos do Capim (foto:http://i.domaindlx.com)

Pororoca en Brasil (Foto: www.surfaction.com.pt)


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