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¿Por qué el acontecimiento del 11 de septiembre
ha tenido y sigue teniendo tanto impacto en nuestro entendimiento
del mundo actual? ¿Por qué tiene esa resonancia histórica,
ese aura de que "las cosas ya no se pueden ver ni entender
como antes"? ¿Por qué este hecho precisamente,
y no otros, tan devastadores, que ocurren a diario en otros lugares
del planeta? ¿Es por el énfasis que se le ha dado
en los medios de comunicación? Y si es así, ¿hasta
qué punto puede decirse de otros acontecimientos en la Historia?
¿O puede también decirse que hay determinados acontecimientos
y hechos que, sin importar su envergadura, marcan una impronta en
la conciencia colectiva de un modo especial? Así, por ejemplo,
el asesinato del en los Balcanes en 1914 lleva a la Primera Guerra
Mundial. Todo parece estar preparado para que ese "algo"
se produzca. El "algo" produce sorpresa, pero en cambio
todo cobra un nuevo sentido, sentido que sentíamos casi como
inexorable.
Seguramente sea imposible contestar este dilema con certeza. Seguramente
sea una mezcla de las dos: tanto la influencia de los poderosos
medios de comunicación como el impacto histórico en
sí mismo, éste último un tanto difícil
de calibrar todavía. El énfasis que se ha dado en
los medios de comunicación sobre el 11 de septiembre se debe
sin duda en parte a lo espectacular del hecho, pero también
y fundamentalmente se debe a objetivos políticos: por un
lado desviar la atención una vez más- de lo
que ocurre en casi el resto del mundo, catástrofes de las
que ellos con causantes, culpables e instigadores; y, por otro lado,
utilizar el atentado como justificación para las provechosísimas
invasiones de Afganistán e Iraq.
Aquí vamos a tocar tan solo la cuestión -imprescindible
de estudiar con atención- de si el atentado contra las torres
gemelas fue llevado a cabo por terroristas islámicos o por
el propio gobierno de los EEUU. El periodismo de investigación
más inteligente e independiente lo que hoy suelen ser
términos sinónimos en este contexto- ha confirmado
con casi total seguridad que lo que ocurrió es más
bien lo segundo. No existe ninguna prueba en absoluto de lo primero
ninguna-, aunque es lo que los medios de comunicación
tradicionales se han esforzado continuamente por transmitir. En
cambio, lo segundo explica muchas cosas previamente inexplicadas,
empezando por el hecho de que se deje volar con impunidad a dos
aviones desviados de su ruta durante tanto tiempo por encima de
las ciudades más importantes de los EEUU; siguiendo por la
desaparición unos días antes del atentado de los cuerpos
de avación militares que se encargan precisamente de la seguridad
de sus cielos; y terminando en la cara de idiota que se le puso
a Bush cuando se le informó del hecho en aquella escuela
de primaria, que merece verse, como yo he hecho, a cámara
lenta y repetidas veces, para observar con toda claridad que está
planeada de antemano (y ello sin contar la sarta de tonterías
e incongruencias que dijo después). Y más interesante
aún todavía: el hecho de que las horas oficiales entre
el atentado y el momento en que supuestamente el gobierno se enteró
de él no encajan en absoluto, mostrando a ciencia cierta
que el gobierno sabía previamente lo que iba a ocurrir. Noam
Chomsky cuenta en uno de sus libros cómo la guerra contra
Libia fue la primera guerra televisada del mundo. El gobierno sencillamente
llamó a los medios de comunicación principales, diciendo,
"vamos a atacar este y el otro objetivo a esta hora",
para que pudiesen estar ahí presentes y filmarlo todo con
pelos y señales. Esto es verdaderamente inverosímil,
no sólo por lo cruento del asunto, sino porque demuestra
a las claras la alianza del gobierno militar con los medios de comunicación,
alianza que no puede inspirarnos mucha confianza. En el caso del
11 de septiembre, tenemos algo aún más increíble.
El gobierno de los EEUU ha decidido atacar a sus propios ciudadanos
para así hacer más sostenibles sus justificaciones
contra "el terrorismo". Desde luego es difícil
de creer y se apoyan en esto-, pero es exactamente lo que
ocurrió. ¿A nadie se le ocurrió la idea? Seguro
que sí. ¿No es demasiado casual que el ataque se produzca
justo cuando se necesita una grave justificación para atacar
los centros petrolíferos y rutas de la droga más importantes
del mundo? Lo es, ciertamente, y lo primero que se nos ocurrió
a los que pensamos un poco por encima de los mass-media fue que,
de algún modo, los supuestos terroristas y el gobierno estaban
aliados para llevar a cabo sus guerras y sus prominentes beneficios.
La cosa es más grave. No hubo tal alianza. "Los terroristas"
en este caso son ilusión virtual. Evidentemente existen los
terroristas islámicos, como los de otras muchas clases, pero
aquí no tuvieron nada que ver, lo que se demuestra, además,
por el hecho de que no hubo ninguna reclamación del atentado,
cosa que todo terrorista con una causa hace nada más cometerlo
para demostrar su punto. No debemos pecar de ingenuos, por más
que choque el hecho con el sentido común y es que
justamente estamos tratando con personajes que adolecen de él
por completo. Puesto en seco suena todavía extraño:
los EEUU atacaron a su propia gente para justificar más bandadas
de rapiña por el mundo. Sí, suena raro, pero ¿hay
algo que encaje más con la lógica de los hechos? No.
Yo mismo me quedé muy impresionado cuando empecé a
hilar las hebras desde distintas fuentes, todas apuntando a lo mismo.
Por lo demás, el término "terrorista" se
utiliza con intenciones torcidas y perversas: se pierde la definición
genuina y se aplica exclusivamente a "los otros". De acuerdo
con la definición genuina, los terroristas son los EEUU en
la mayor parte de los casos, y muchos de los así llamados
"terroristas" son guerreros genuinos, que actuán
en defensa propia. Pero esta discusión sobre definiciones
y distinciones nos llevaría ahora demasiado lejos. La prominencia
del suceso del 11 de septiembre se debe a todas estas cosas: a la
influencia de los medios de comunicación, al hecho de que
dan de lleno en el país más poderoso del planeta,
y al hecho de que es un acontecimiento que tiene indudables resonancias
planetarias. Esto último me interesa resaltarlo también.
Es preciso darse cuenta que ya la Segunda Guerra Mundial entraba
claramente en esta categoría fue la apertura colectiva
a este sentimiento-. Cualquier cosa que ocurra en cualquier punto
afecta a todo lo demás. Naturalemente ésta es una
ley de la naturaleza -todo afecta a todo- pero aquí se da
de un modo más real, más cierto, más efectivo.
Las fronteras empiezan a sentirse ya como puras convenciones, no
son tan reales; y el sistema económico y político
es una red mucho más frágil y sensible de lo que ha
sido nunca antes. Las características de esta red son difíciles
de describir aún. La red planetaria está aún
en embrión (hace tan solo veinte años Internet era
una especie de sueño, por ejemplo). Pero parece evidente
en cualquier caso que hemos de poner en marcha procesos legislativos
legítimos y directamente aplicables que estén a la
altura de las circunstancias. Es decir, que el poder efectivo de
legislación no esté en manos de la brutalidad de un
Estado en particular sino de una Comunidad de Naciones. Todos sabemos
que hoy la ONU es casi un espectro, pero es algo, y es con lo que
debemos trabajar, y ser conscientes de que solo una poderosa ley
internacional (condenando a aquel que no la respete) puede llevar
a buen término los dilemas y las luchas por el dinero y allegados.
Ello debe de ir de la mano de una progresiva descentralización
de los Estados nacionales, avanzando en el auténtico sentido
de la democracia, donde son los ciudadanos y aldeanos los propios
señores de las decisiones que más les afectan. Efectivamente,
los esfuerzos de los Estados poderosos y de los medios de comunicación
van en contra de estos dos movimientos (planetización y descentralización
nacional) que se suponen mutuamente, y sin ninguno de los cuales
puede hablarse de democracia real a nivel microscópico -mi
villa- o macroscópico -mi planeta-, así como tampoco
de "libertad" o de todas esas cosas con las que nuestros
políticos se llenan la boca.
Miguel R. de P., Noviembre de 2003