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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

El "desencanto del mundo". Comentarios sobre las ciencias físicas. (16/12/03)

(Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de diciembre del 2000 y 11 de febrero del 2001).

       (Hachís) Ayer, jugando al ajedrez con J., me doy cuenta de una tontería en la que nunca había caído. Por qué Einstein dijo que el tiempo es curvo (de hecho, no sé si lo dijo él; si no lo digo yo ahora - sí dijo que el espacio es curvo). Con una reglamentación abstracta y matemática exclusivamente no se tienen en cuenta los factores del observador como persona, entre los que hay que destacar el agotamiento. Es decir, mientras transcurre el proceso de observación (o el juego de ajedrez) el tiempo se va comprimiendo poco a poco; se va curvando lentamente sobre sí mismo. Este es un factor no tan medible con las reglas matemáticas abstractas, pero sí interviniente, y de manera determinante, en la observación. Kasparov dice que perdía después de varias partidas en tablas contra el ordenador más potente del mundo precisamente porque no puede agotarle, volverle tarumba (un comentario iluminador de J.).
       Íntimamente relacionado con esto está la ebriedad, y el hecho del interés por sus propiedades con toda clase de drogas apunta al descubrimiento de todos aquellos factores que se dan en el proceso - de ahí que científicos como Ilya Prigogine, que intentan devolver la dimensión tiempo (con su irreversibilidad) a la física, estén tan interesados por los cambios cualitativos de conciencia, y así toda la caterva de científicos interesados por el misticismo. El interés especial de esta época por las drogas, independientemente de su necesidad en todo tiempo y lugar como vía de curación para la enorme diversidad de dolencias que podemos padecer, estaba ya predicha desde hace tiempo por Spengler, al que hay que seguir teniendo en cuenta en tantos aspectos (ayer me daba cuenta de ello hojeando de nuevo, con J., su Decadencia de Occidente). Se trata de investigar desde lo interior en los mismos límites del conocimiento (Spengler de algún modo interpreta tal investigación como la decadencia de éste).
       Como dice Escohotado, la investigación de los límites deja intacta la fundamentalidad de la física newtoniana, aunque en el puro proceso de descubrimiento pueda no parecerlo. Es decir, tras el proceso de investigación está la cristalización de las ideas. El problema nunca está en la misma cristalización, que es inevitable y que es un presupuesto sine qua non habría ciencia, sino en el intento posterior de absolutizarlo en unos ejes abstractos e inamovibles, peligro que vale tanto para Newton como para la física más moderna (para todo en realidad). Este segundo elemento es más bien el que interpolan los descendientes y discípulos, que pretenden haber acabado con todo problema anterior debido a la pericia de su maestro, ya cuadriculado y contrapuesto a todo lo demás. Jung le decía a Alan Watts en cierto encuentro que él no era "jungiano", y posiblemente habría dicho lo mismo Marx del marxismo, etcétera.
       Es decir, de lo que se trata en el fondo es de sacar a la conciencia lo previamente oscuro, los presupuestos metafísicos hasta el momento inconscientes. Pero sacar a la luz no significa eliminarlos, pretender que ya no existen para nosotros. Como sujetos cognoscentes estaremos siempre ceñidos a ellos (Kant). El intentar pasar por encima de tales "en libartad", "encantando de ese modo el mundo", y aduciendo que "no hay diferencia entre el exterior y el interior" -sin aclarar si el comentario se refiere al experimento científico o a la conciencia interna- es una simpleza. Tiende un poco hacia cierto nihilismo, que por un lado parece no necesitar de cristalizaciones efectivas (la pretensión de que "todo sucede con espontaneidad") y por otro quiere hacer de lo espontáneo e incognoscible en su verdadero sentido (interior) un objeto de conocimiento racional.
       Mientras no se divida tajantemente entre lo que es susceptible de lo uno y lo otro seguiremos dando vueltas a un tópico imposible. Se confunde la rama de las ciencias físicas, que necesita cristalizar sus averiguaciones, al igual que la filosofía sólo que en otro nivel, con la meditación interior en que todo es puro proceso y juego de máscaras, y donde uno es en definitiva la Luz misma. No es posible tomarla con Kant, o con Newton, de un modo arbitrario y poco estudiado, como si no hubiesen dicho más que "tonterías intelectualonas" que hoy, con "los nuevos paradigmas", "están trascendidas". Así, la honestidad y verdad de Kant es mucho mayor, porque él indaga igual y reconoce la limitación -y la ilimitación- de unas cosas y otras. Kant no limitó el terreno trascendental como tantos suponen. El hecho de que hablase de la fe trascendental como terreno inefable del que no se podía hablar es prueba suficiente de ello, si bien no tenía las armas suficientes para desarrollar este enorme campo de la conciencia (místico) de forma adecuada (experimental), cosa que hoy están trayendo las tradiciones orientales, a falta de un misticismo contemplativo continuado en nuestra tradición (debido a la corrupción de los poderes eclesiales que perseguían y condenaban todo lo místico). Kant es mucho más consciente de los presupuestos metafísicos que subyacen a nuestros modos de entender el mundo, y por ello está más cerca de la verdad (como en mi opinión demostró Schopenhauer de modo, por así decir, irrefutable).
       La obra de algunos científicos actuales (Fritjof Capra, Ilya Prigogine, etc.) no es, por tanto, importante por su supuesta trascendencia de los presupuestos científicos, sino por una nueva perspectiva en la investigación de éstos (dentro de éstos), y que traen consigo dinámicas novedosas, como los fractales o la Teoría del Caos. La situación del observador científico cambia su enfoque (su hipótesis), pero no su situación básica como observador dentro de los inevitables patrones que marca la ciencia empírica, que sigue necesariamente en la dualidad sujeto-objeto (sin ella no hay ciencia o descripción alguna). Los modos de interpretación de los datos cambian, pero la situación básica y los presupuestos (que saca a relucir la metafísica, como la de Kant, por ejemplo), permanece.
       La interpretación científica del universo físico tiene sus propios parangones, en lo que implica ceñirse a lo empírico/material; así como la interpretación filosófica (hermenéutica) tiene los suyos propios, como cuando analizamos La Montaña Mágica o estas mismas palabras. Esto último pertenece a otro reino, al de la interpretación subjetiva, personal e interior, fuera de lo empírico/material y que tiende a la comprensión de otra clase de verdades muy distintas a las de las ciencia físicas. La Divina Comedia no es susceptible de interpretación científico-empírica, y menos aún el Tao-Te-King, aunque algunos se empeñen en ello. Los paralelismos entre el enfoque "bootstrap" de Geofrey Chew y Fritjof Capra con el taoísmo son superficiales, meramente de las palabras. Y es precisamente por este tipo de interpretación y toma de terrenos que no corresponden por lo que uno no es consciente de los propios presupuestos metafísicos (es decir, de qué se está hablando; en qué terreno nos estamos moviendo). "Todo se ha unificado", nos vienen a decir. "El conocimiento es el conocimiento. Antes eran "duales", qué tontos ellos. Ahora nosotros hemos descubierto la verdad".
       Pero, por decirlo una vez más, el mensaje de Dostoievski no tiene que ver con el del científico, por muy "caótico" (o lo que se quiera) que podamos llamar a los dos. Pertenecen a reinos distintos de comprensión. El error típico de estos científicos es el de pretender que su mundo es directamente aplicable al espiritual. Jaques Monod dice que como hay azar y necesidad en el mundo (se refiere al material), también lo hay en el Sentido Interior; por tanto, sean escépticos en todos los sentidos, córtense las venas y reboten de un lado a otro en el puro azar sin substancia. Nótese que Jaques Monod ya no se mueve en los presupuestos científicos newtonianos (que según ellos son la monstruosidad más alienante), pero aún así cae en el mismo error del que supuestamente fue Newton el rey. Así también Skinner, o Hawkins (el del gen egoísta), o cualquier otro reduccionismo de esta clase (Konrad Lorentz o Desmond Morris diciendo que somos como los patos o los monos, etc.). Todos ellos prentenden que lo descubierto en el Reino del Ello (exterior) es aplicable directamente al Reino del Yo o del Nosotros (interiores). Esta traslación, en lugar de diferenciar los campos para luego integrarlos, reduce lo de uno de ellos a todos los demás, pretendiendo que esta es la "unificación" anhelada, el"reencanto del mundo". Y además, nos dirían, las distinciones que hemos hecho entre los Reinos no son válidas porque son muy "duales".
       Hay que ser prudente con toda traslación de interpretaciones por muy buena o adecuada o paralela que pueda parecernos, incluidas las supuestamente místicas ("taoístas"), porque todas ellas dejan de lado el Sentido Interior, donde todo brilla extáticamente o tremendamente, donde todo es poesía de repente, o allí donde todo es milagro (Lèon Bloy: "Todo lo que sucede es adorable"). No descripción, sino Ser. Y es muy distinto. El verdadero científico y el verdadero místico sabe distinguir, y aunque el Sentido de Ser esté presente, no lo confunde con sus averiguaciones en el terreno que correspondan sus competencias - aunque, claro está, en el puro proceso se van mezclando de tal modo que una revelación sobre mi destino afecta inevitablemente a mi trabajo profesional. Pero en lo referente a las conclusiones del trabajo, la revelación no aparecerá por ningún sitio. Esto es otra cosa.
       Aunque esta distinción entre la ciencia empírica y el misticismo ha venido tomándose como un "dualismo de herencia cristiana" o como reminiscencias de un paradigma general que se ciñe en lo mecánico-intelectual sin dejar paso a lo espontáneo-taoísta, es en realidad necesario para no volver a caer en los mismos errores. El lado espiritual es previo a todo, suficiente por sí mismo, validado experimentalmente en su propio terreno, sin tener que recurrir a ninguna clase de prueba empírico-científica. Y es aquí de donde vienen las quejas legítimas del auténtico místico actual, que ve reducido su campo a una serie de pruebas que no pertenecen a su reino. El reino espiritual es trascendencia sujeto-objeto en el laboratorio del propio interior, y no las teorías de cómo funciona el mundo material.
       No se trata de que cierta "visión mística" influya en el modo de conocer científico, que ha de seguir ceñido a la objetividad propia de la ciencia, de hecho cada vez más - al ritmo de conocer estos presupuestos metafísicos inconscientes. La objetividad científica tiende hoy hacia modelos que, como es propio del progreso científico, dan cuenta de mayor número de fenómenos, al tiempo de ese darnos cuenta de la labor está aún en pañales dada la infinita cantidad de factores a tener en cuenta, creándose así modelos cada vez más comprehensivos. Pero esto es muy distinto de mi íntimo-ser-en-el-mundo como persona; como tampoco tiene que ver con mi sentido ético interior de ver a los demás como hermanos en lugar de piezas en estructuras económicas, por ejemplo, o científicas de cualquier clase; como tampoco desde luego con el Hecho Básico de que somos Dios y Amor Puro - algo que se ve de pronto desde el interior de la contemplación, y no con los ojos en la realidad física objetiva, en su universo hipotético y enfocado al exterior.
       Entiendo que haya muchas pegas que puedan hacerse a estas distinciones, y hay que mantenerse alertas ante todas ellas, pero mi convencimiento es que muchas de ellas provienen de tomar la palabra por la cosa, trasladando "la cosa" de un reino a otro que no corresponde, y todo por la bienintencionada tendencia de arreglar "por fin" una fragmentación filosófica fatal, que separó física y metafísica. Pero es que tenían que separarse (otra cosa es que se disocien). Ilya Prigogine se queda más bien en la palabra que designó la cosa original, mezclando todos sus posibles significados en uno solo (confuso), creyendo que así resolvemos el problema. Lo que resulta al final es un mundo horizontal donde todas las piezas son intercambiables y faltas de sentido (vertical). Es la herencia sofisticada de la unidimensionalidad de Marcuse, o de lo que se ha llamado el "desencanto del mundo". Prigogine dice que ha vuelto a encantarlo con su nueva visión científica, pero él ha caído en el mismo error que criticaba: intentar encantarlo mediante el solo mundo de la física. Las ciencias físicas seguirán desarrollándose, pero el encanto del mundo sólo puede provenir de la emanación de nuestros propios corazones.
       Dicho sea entre paréntesis: el primero que comenzó a confundir un tanto las cosas, aunque en otro plano diferente, fue Nietzsche, como se muestra en sus críticas a Schopenhauer o a Jesús, que no apuntaban al mismo terreno al que él se refería. Con Schopenhauer va a lo personal -nivel de interpretación subjetivo- cuando éste no hablaba en esos términos, sino del descubrimiento del Alma del Mundo. Con Jesús, Nietzsche ataca el cristianismo descafeinado y dogmático, al parecer sin haber comprendido su auténtico mensaje de plenitud, que por cierto él mismo ensalzaba en su Zaratustra. Lo mismo puede decirse de sus críticas a Sócrates y Platón. Nietzsche mismo es un extraviado del misticismo cristiano, y un auténtico Sócrates moderno. De ahí su admiración por Eckhart o por Emerson, y su ambigua fascinación por Pascal y Dostoievski. Pero Nietzsche terminó más bien en un culto al yo individual (muy importante para no seguir dogmatismos baratos) que sólo parte de su filosofía llegó a trascender, justamente lo que indican Jesús, Schopnhauer, (Pascal y Dostoievski), Sócrates y Platón o Eckhart. Nietzsche confundió muchas veces, no siempre, lo dogmático-eclesial (exotérico) con la Palabra en el Corazón (esotérico), propia de todo poeta y místico trascendente, y así denigró tanto lo uno como lo otro, cosa que como vemos es casi el mismo problema al que se enfrentan tantos y tantos que quieren dar una nueva formulación unificada de la filosofía mediante la mezcla de las cosas, quedándose entre los pliegues de las palabras que las designaron.
       Pero volviendo a las ciencias físicas, quisiera citar algunas palabras de Schrödinger. Schrödinger dice que la idea de que "el sujeto" y "el objeto" interactúan es tan vieja como el pensamiento mismo, en absoluto única de la teoría cuántica. Dice: "Lo nuevo de la situación actual es lo siguiente: la afirmación de que no sólo dependerían en gran medida de la naturaleza y del estado eventual de nuestro propio aparato sensorial las impresiones que recibimos del entorno, sino que, también al contrario, el mismo entorno que deseamos considerar resulta modificado por nosotros, singularmente por los instrumentos de medida que establecemos para someterlo a observación. Quizás esto sea así -en cierto modo ciertamente lo es-. Es posible que a partir de las ecuaciones físico-cuánticas recientemente descubiertas esa modificación no pueda reducirse por debajo de ciertos límites bien definidos (a este respecto habría que considerar la nueva visión de David Böhm, pero Schrödinger continúa:) Pero, aún así, no me gustaría dar a esto el nombre de un influjo directo del sujeto sobre el objeto. Porque el sujeto, de ser algo, es la cosa que siente y piensa. Las sensaciones y los pensamientos no pertenecen "al mundo de la energía". Son incapaces de producir ningún cambio en ese mundo de energía, como sabemos por Spinoza y sir Charles Sherrington".
       Este es un hecho elemental, básico y fundamental: "el sujeto" no tiene en realidad ninguna interacción con "los objetos" - la interacción es más bien de objeto con objeto, de aparato medidor con lo medido (Reino del Ello). Ello no constituye ningún "dualismo newtoniano o cristiano", sino la evidencia de que se suele hablar de distintas cosas utilizando los mismos términos. Y hacer esto no es síntoma de ninguna "unificación", sino más bien de mezcla. Prosigue Schrödinger: "Lo que sigue resultándome dudoso no es más que esto: si resulta adecuado dar el nombre de "sujeto" a uno de esos dos mismos sistemas que interactúan físicamente entre sí. Pues como la mente que observa no es un sistema físico, no puede interactuar con ningún sistema físico. Y podría ser más conveniente reservar el término "sujeto" para la mente que observa". De modo que no se trata de ningún "dualismo" entre el sujeto y el objeto lo que de pronto se descubre en la física cuántica - ese dualismo más bien pertenece al Reino del Yo, interior. Se trata sencillamente de aclarar confusiones de lo más elementales en la epistemología para no seguir mezclando de terrenos. Una mezcla bienintencionada, pero radicalmente falaz, que aspira a la Unidad por el camino equivocado.
       La mente que observa es la mente que observa y piensa; el sistema físico hará lo que le dé la gana y veremos que se comporta de modos distintos dependiendo del modo de observación técnico que empleemos, pero seguirá siendo sistema en el reino de los objetos exteriores, y no en el del interior, allí donde sí corresponde aplicar la palabra "sujeto". En el fondo lo contrario es "mover mesas con la mente" o "hacer volar cucharas", cosas que no se descartan por otro lado, pero que en principio no tienen que ver con la investigación física de los cuantas. Además, como dice Schrödinger al final del artículo, pretender que la física cuántica ha roto el "dualismo" entre el sujeto y el objeto y la que ha afirmado su "mutua interacción" es decir poco menos que una tontería: el sujeto y el objeto siempre han sido Uno desde el principio - "se habría roto" supuestamente una barrera que en realidad nunca estuvo ahí.


Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de diciembre del 2000 y 11 de febrero del 2001

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