- Página de inicio
- Poetas y poesías
- Cuentacuentos
- Especiales
- Solidaridad
- Actividades
- Monográficos
- Agenda cultural
- Noticias
- Concursos
- Blog
- Librerías
- Diccionarios
- Estuvimos allí
- Libro de visitas
- Enlaces
- Curiosidades
- ¿Quiénes somos?
(Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de diciembre del 2000 y 11 de febrero del 2001).
(Hachís) Ayer, jugando
al ajedrez con J., me doy cuenta de una tontería en la que
nunca había caído. Por qué Einstein dijo que
el tiempo es curvo (de hecho, no sé si lo dijo él;
si no lo digo yo ahora - sí dijo que el espacio es curvo).
Con una reglamentación abstracta y matemática exclusivamente
no se tienen en cuenta los factores del observador como persona,
entre los que hay que destacar el agotamiento. Es decir,
mientras transcurre el proceso de observación (o el juego
de ajedrez) el tiempo se va comprimiendo poco a poco; se va curvando
lentamente sobre sí mismo. Este es un factor no tan medible
con las reglas matemáticas abstractas, pero sí interviniente,
y de manera determinante, en la observación. Kasparov dice
que perdía después de varias partidas en tablas contra
el ordenador más potente del mundo precisamente porque no
puede agotarle, volverle tarumba (un comentario iluminador de J.).
Íntimamente relacionado con esto está la ebriedad,
y el hecho del interés por sus propiedades con toda clase
de drogas apunta al descubrimiento de todos aquellos factores que
se dan en el proceso - de ahí que científicos como
Ilya Prigogine, que intentan devolver la dimensión tiempo
(con su irreversibilidad) a la física, estén tan interesados
por los cambios cualitativos de conciencia, y así toda la
caterva de científicos interesados por el misticismo. El
interés especial de esta época por las drogas, independientemente
de su necesidad en todo tiempo y lugar como vía de curación
para la enorme diversidad de dolencias que podemos padecer, estaba
ya predicha desde hace tiempo por Spengler, al que hay que seguir
teniendo en cuenta en tantos aspectos (ayer me daba cuenta de ello
hojeando de nuevo, con J., su Decadencia de Occidente). Se
trata de investigar desde lo interior en los mismos límites
del conocimiento (Spengler de algún modo interpreta tal investigación
como la decadencia de éste).
Como dice Escohotado, la investigación de los límites
deja intacta la fundamentalidad de la física newtoniana,
aunque en el puro proceso de descubrimiento pueda no parecerlo.
Es decir, tras el proceso de investigación está la
cristalización de las ideas. El problema nunca está
en la misma cristalización, que es inevitable y que es un
presupuesto sine qua non habría ciencia, sino en el
intento posterior de absolutizarlo en unos ejes abstractos e inamovibles,
peligro que vale tanto para Newton como para la física más
moderna (para todo en realidad). Este segundo elemento es más
bien el que interpolan los descendientes y discípulos, que
pretenden haber acabado con todo problema anterior debido a la pericia
de su maestro, ya cuadriculado y contrapuesto a todo lo demás.
Jung le decía a Alan Watts en cierto encuentro que él
no era "jungiano", y posiblemente habría dicho
lo mismo Marx del marxismo, etcétera.
Es decir, de lo que se trata en el fondo es de sacar a la conciencia
lo previamente oscuro, los presupuestos metafísicos hasta
el momento inconscientes. Pero sacar a la luz no significa eliminarlos,
pretender que ya no existen para nosotros. Como sujetos cognoscentes
estaremos siempre ceñidos a ellos (Kant). El intentar pasar
por encima de tales "en libartad", "encantando de
ese modo el mundo", y aduciendo que "no hay diferencia
entre el exterior y el interior" -sin aclarar si el comentario
se refiere al experimento científico o a la conciencia interna-
es una simpleza. Tiende un poco hacia cierto nihilismo, que por
un lado parece no necesitar de cristalizaciones efectivas (la pretensión
de que "todo sucede con espontaneidad") y por otro quiere
hacer de lo espontáneo e incognoscible en su verdadero sentido
(interior) un objeto de conocimiento racional.
Mientras no se divida tajantemente entre lo que es susceptible de
lo uno y lo otro seguiremos dando vueltas a un tópico imposible.
Se confunde la rama de las ciencias físicas, que necesita
cristalizar sus averiguaciones, al igual que la filosofía
sólo que en otro nivel, con la meditación interior
en que todo es puro proceso y juego de máscaras, y donde
uno es en definitiva la Luz misma. No es posible tomarla con Kant,
o con Newton, de un modo arbitrario y poco estudiado, como si no
hubiesen dicho más que "tonterías intelectualonas"
que hoy, con "los nuevos paradigmas", "están
trascendidas". Así, la honestidad y verdad de Kant es
mucho mayor, porque él indaga igual y reconoce la limitación
-y la ilimitación- de unas cosas y otras. Kant no limitó
el terreno trascendental como tantos suponen. El hecho de que hablase
de la fe trascendental como terreno inefable del que no se
podía hablar es prueba suficiente de ello, si bien no tenía
las armas suficientes para desarrollar este enorme campo de la conciencia
(místico) de forma adecuada (experimental), cosa que hoy
están trayendo las tradiciones orientales, a falta de un
misticismo contemplativo continuado en nuestra tradición
(debido a la corrupción de los poderes eclesiales que perseguían
y condenaban todo lo místico). Kant es mucho más consciente
de los presupuestos metafísicos que subyacen a nuestros modos
de entender el mundo, y por ello está más cerca de
la verdad (como en mi opinión demostró Schopenhauer
de modo, por así decir, irrefutable).
La obra de algunos científicos actuales (Fritjof Capra, Ilya
Prigogine, etc.) no es, por tanto, importante por su supuesta trascendencia
de los presupuestos científicos, sino por una nueva perspectiva
en la investigación de éstos (dentro de éstos),
y que traen consigo dinámicas novedosas, como los fractales
o la Teoría del Caos. La situación del observador
científico cambia su enfoque (su hipótesis), pero
no su situación básica como observador dentro de los
inevitables patrones que marca la ciencia empírica, que sigue
necesariamente en la dualidad sujeto-objeto (sin ella no
hay ciencia o descripción alguna). Los modos de interpretación
de los datos cambian, pero la situación básica y los
presupuestos (que saca a relucir la metafísica, como la de
Kant, por ejemplo), permanece.
La interpretación científica del universo físico
tiene sus propios parangones, en lo que implica ceñirse a
lo empírico/material; así como la interpretación
filosófica (hermenéutica) tiene los suyos propios,
como cuando analizamos La Montaña Mágica o
estas mismas palabras. Esto último pertenece a otro reino,
al de la interpretación subjetiva, personal e interior, fuera
de lo empírico/material y que tiende a la comprensión
de otra clase de verdades muy distintas a las de las ciencia físicas.
La Divina Comedia no es susceptible de interpretación
científico-empírica, y menos aún el Tao-Te-King,
aunque algunos se empeñen en ello. Los paralelismos entre
el enfoque "bootstrap" de Geofrey Chew y Fritjof Capra
con el taoísmo son superficiales, meramente de las palabras.
Y es precisamente por este tipo de interpretación y toma
de terrenos que no corresponden por lo que uno no es consciente
de los propios presupuestos metafísicos (es decir, de qué
se está hablando; en qué terreno nos estamos moviendo).
"Todo se ha unificado", nos vienen a decir. "El conocimiento
es el conocimiento. Antes eran "duales", qué tontos
ellos. Ahora nosotros hemos descubierto la verdad".
Pero, por decirlo una vez más, el mensaje de Dostoievski
no tiene que ver con el del científico, por muy "caótico"
(o lo que se quiera) que podamos llamar a los dos. Pertenecen a
reinos distintos de comprensión. El error típico de
estos científicos es el de pretender que su mundo es directamente
aplicable al espiritual. Jaques Monod dice que como hay azar y necesidad
en el mundo (se refiere al material), también lo hay en el
Sentido Interior; por tanto, sean escépticos en todos
los sentidos, córtense las venas y reboten de un lado a otro
en el puro azar sin substancia. Nótese que Jaques Monod ya
no se mueve en los presupuestos científicos newtonianos (que
según ellos son la monstruosidad más alienante), pero
aún así cae en el mismo error del que supuestamente
fue Newton el rey. Así también Skinner, o Hawkins
(el del gen egoísta), o cualquier otro reduccionismo de esta
clase (Konrad Lorentz o Desmond Morris diciendo que somos como los
patos o los monos, etc.). Todos ellos prentenden que lo descubierto
en el Reino del Ello (exterior) es aplicable directamente al Reino
del Yo o del Nosotros (interiores). Esta traslación, en lugar
de diferenciar los campos para luego integrarlos, reduce
lo de uno de ellos a todos los demás, pretendiendo que esta
es la "unificación" anhelada, el"reencanto
del mundo". Y además, nos dirían, las distinciones
que hemos hecho entre los Reinos no son válidas porque son
muy "duales".
Hay que ser prudente con toda traslación de interpretaciones
por muy buena o adecuada o paralela que pueda parecernos, incluidas
las supuestamente místicas ("taoístas"),
porque todas ellas dejan de lado el Sentido Interior, donde todo
brilla extáticamente o tremendamente, donde todo es poesía
de repente, o allí donde todo es milagro (Lèon Bloy:
"Todo lo que sucede es adorable"). No descripción,
sino Ser. Y es muy distinto. El verdadero científico y el
verdadero místico sabe distinguir, y aunque el Sentido de
Ser esté presente, no lo confunde con sus averiguaciones
en el terreno que correspondan sus competencias - aunque, claro
está, en el puro proceso se van mezclando de tal modo que
una revelación sobre mi destino afecta inevitablemente a
mi trabajo profesional. Pero en lo referente a las conclusiones
del trabajo, la revelación no aparecerá por ningún
sitio. Esto es otra cosa.
Aunque esta distinción entre la ciencia empírica y
el misticismo ha venido tomándose como un "dualismo
de herencia cristiana" o como reminiscencias de un paradigma
general que se ciñe en lo mecánico-intelectual sin
dejar paso a lo espontáneo-taoísta, es en realidad
necesario para no volver a caer en los mismos errores. El lado espiritual
es previo a todo, suficiente por sí mismo, validado experimentalmente
en su propio terreno, sin tener que recurrir a ninguna clase de
prueba empírico-científica. Y es aquí de donde
vienen las quejas legítimas del auténtico místico
actual, que ve reducido su campo a una serie de pruebas que no pertenecen
a su reino. El reino espiritual es trascendencia sujeto-objeto en
el laboratorio del propio interior, y no las teorías de cómo
funciona el mundo material.
No se trata de que cierta "visión mística"
influya en el modo de conocer científico, que ha de seguir
ceñido a la objetividad propia de la ciencia, de hecho cada
vez más - al ritmo de conocer estos presupuestos metafísicos
inconscientes. La objetividad científica tiende hoy hacia
modelos que, como es propio del progreso científico, dan
cuenta de mayor número de fenómenos, al tiempo de
ese darnos cuenta de la labor está aún en pañales
dada la infinita cantidad de factores a tener en cuenta, creándose
así modelos cada vez más comprehensivos. Pero esto
es muy distinto de mi íntimo-ser-en-el-mundo como persona;
como tampoco tiene que ver con mi sentido ético interior
de ver a los demás como hermanos en lugar de piezas en estructuras
económicas, por ejemplo, o científicas de cualquier
clase; como tampoco desde luego con el Hecho Básico de que
somos Dios y Amor Puro - algo que se ve de pronto desde el interior
de la contemplación, y no con los ojos en la realidad física
objetiva, en su universo hipotético y enfocado al exterior.
Entiendo que haya muchas pegas que puedan hacerse a estas distinciones,
y hay que mantenerse alertas ante todas ellas, pero mi convencimiento
es que muchas de ellas provienen de tomar la palabra por la cosa,
trasladando "la cosa" de un reino a otro que no corresponde,
y todo por la bienintencionada tendencia de arreglar "por fin"
una fragmentación filosófica fatal, que separó
física y metafísica. Pero es que tenían
que separarse (otra cosa es que se disocien). Ilya Prigogine
se queda más bien en la palabra que designó la cosa
original, mezclando todos sus posibles significados en uno solo
(confuso), creyendo que así resolvemos el problema. Lo que
resulta al final es un mundo horizontal donde todas las piezas son
intercambiables y faltas de sentido (vertical). Es la herencia sofisticada
de la unidimensionalidad de Marcuse, o de lo que se ha llamado el
"desencanto del mundo". Prigogine dice que ha vuelto a
encantarlo con su nueva visión científica, pero él
ha caído en el mismo error que criticaba: intentar encantarlo
mediante el solo mundo de la física. Las ciencias físicas
seguirán desarrollándose, pero el encanto del mundo
sólo puede provenir de la emanación de nuestros propios
corazones.
Dicho sea entre paréntesis: el primero que comenzó
a confundir un tanto las cosas, aunque en otro plano diferente,
fue Nietzsche, como se muestra en sus críticas a Schopenhauer
o a Jesús, que no apuntaban al mismo terreno al que él
se refería. Con Schopenhauer va a lo personal -nivel de interpretación
subjetivo- cuando éste no hablaba en esos términos,
sino del descubrimiento del Alma del Mundo. Con Jesús, Nietzsche
ataca el cristianismo descafeinado y dogmático, al parecer
sin haber comprendido su auténtico mensaje de plenitud, que
por cierto él mismo ensalzaba en su Zaratustra. Lo
mismo puede decirse de sus críticas a Sócrates y Platón.
Nietzsche mismo es un extraviado del misticismo cristiano, y un
auténtico Sócrates moderno. De ahí su admiración
por Eckhart o por Emerson, y su ambigua fascinación por Pascal
y Dostoievski. Pero Nietzsche terminó más bien en
un culto al yo individual (muy importante para no seguir dogmatismos
baratos) que sólo parte de su filosofía llegó
a trascender, justamente lo que indican Jesús, Schopnhauer,
(Pascal y Dostoievski), Sócrates y Platón o Eckhart.
Nietzsche confundió muchas veces, no siempre, lo dogmático-eclesial
(exotérico) con la Palabra en el Corazón (esotérico),
propia de todo poeta y místico trascendente, y así
denigró tanto lo uno como lo otro, cosa que como vemos es
casi el mismo problema al que se enfrentan tantos y tantos que quieren
dar una nueva formulación unificada de la filosofía
mediante la mezcla de las cosas, quedándose entre los pliegues
de las palabras que las designaron.
Pero volviendo a las ciencias físicas, quisiera citar algunas
palabras de Schrödinger. Schrödinger dice que la idea
de que "el sujeto" y "el objeto" interactúan
es tan vieja como el pensamiento mismo, en absoluto única
de la teoría cuántica. Dice: "Lo nuevo de la
situación actual es lo siguiente: la afirmación de
que no sólo dependerían en gran medida de la naturaleza
y del estado eventual de nuestro propio aparato sensorial las impresiones
que recibimos del entorno, sino que, también al contrario,
el mismo entorno que deseamos considerar resulta modificado por
nosotros, singularmente por los instrumentos de medida que establecemos
para someterlo a observación. Quizás esto sea así
-en cierto modo ciertamente lo es-. Es posible que a partir de las
ecuaciones físico-cuánticas recientemente descubiertas
esa modificación no pueda reducirse por debajo de ciertos
límites bien definidos (a este respecto habría que
considerar la nueva visión de David Böhm, pero Schrödinger
continúa:) Pero, aún así, no me gustaría
dar a esto el nombre de un influjo directo del sujeto sobre el objeto.
Porque el sujeto, de ser algo, es la cosa que siente y piensa. Las
sensaciones y los pensamientos no pertenecen "al mundo de la
energía". Son incapaces de producir ningún cambio
en ese mundo de energía, como sabemos por Spinoza y sir Charles
Sherrington".
Este es un hecho elemental, básico y fundamental: "el
sujeto" no tiene en realidad ninguna interacción con
"los objetos" - la interacción es más bien
de objeto con objeto, de aparato medidor con lo medido (Reino del
Ello). Ello no constituye ningún "dualismo newtoniano
o cristiano", sino la evidencia de que se suele hablar de distintas
cosas utilizando los mismos términos. Y hacer esto no es
síntoma de ninguna "unificación", sino más
bien de mezcla. Prosigue Schrödinger: "Lo que sigue resultándome
dudoso no es más que esto: si resulta adecuado dar el nombre
de "sujeto" a uno de esos dos mismos sistemas que interactúan
físicamente entre sí. Pues como la mente que observa
no es un sistema físico, no puede interactuar con ningún
sistema físico. Y podría ser más conveniente
reservar el término "sujeto" para la mente que
observa". De modo que no se trata de ningún "dualismo"
entre el sujeto y el objeto lo que de pronto se descubre en la física
cuántica - ese dualismo más bien pertenece al Reino
del Yo, interior. Se trata sencillamente de aclarar confusiones
de lo más elementales en la epistemología para no
seguir mezclando de terrenos. Una mezcla bienintencionada, pero
radicalmente falaz, que aspira a la Unidad por el camino equivocado.
La mente que observa es la mente que observa y piensa; el sistema
físico hará lo que le dé la gana y veremos
que se comporta de modos distintos dependiendo del modo de observación
técnico que empleemos, pero seguirá siendo sistema
en el reino de los objetos exteriores, y no en el del interior,
allí donde sí corresponde aplicar la palabra "sujeto".
En el fondo lo contrario es "mover mesas con la mente"
o "hacer volar cucharas", cosas que no se descartan por
otro lado, pero que en principio no tienen que ver con la investigación
física de los cuantas. Además, como dice Schrödinger
al final del artículo, pretender que la física cuántica
ha roto el "dualismo" entre el sujeto y el objeto y la
que ha afirmado su "mutua interacción" es decir
poco menos que una tontería: el sujeto y el objeto siempre
han sido Uno desde el principio - "se habría roto"
supuestamente una barrera que en realidad nunca estuvo ahí.
Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos
de El Espinar, 6 de diciembre del 2000 y 11 de febrero del 2001