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(Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de junio del 2001).
Leyendo Psicologías
Transpersonales de Charles T. Tart, uno de los principales pioneros
en este área. Hay muchas coincidencias y resonancias profundas
y lejanas en las visiones, llegando en algunos momentos a lugares
en verdad trans-mentales. Pero no todo el campo es orégano.
Hay una cierta tendencia, posiblemente debida al entusiasmo que
yo llamo "de primera generación" a no criticar
lo propio desde el mismo punto de vista en que se critica a los
demás, llegando (casi) a una especie de decir: "hemos
llegado a las antípodas por fin; todo lo anterior no es del
todo adecuado porque no sabían que sus propias proyecciones
mentales estaban influyendo sobre el experimento". Hay en ello
mucho de razón, se ha dado un paso adelante en la contemplación
de los fenómenos y en su articulación teórica,
pero la cuestión es que Tart no dice en qué se basa
para no aplicar eso a su propia teoría.
Falta un eslabón, el
eslabón que lleva a una nueva objetividad, que más
tarde declinará por nuevos descubrimientos y concepciones,
para dudar de todo lo anterior, llegar a una nueva y otra objetividad,
y así sucesivamente. Se extrapola "el principio de la
incertidumbre" de Heisenberg a terrenos que no corresponden,
todo ello típico del primer movimiento global hacia la espiritualidad
que quiere abarcar todos los campos y hacer de lo espiritual también
una ciencia, susceptible de investigación, experimentación
e hipótesis - típico de los sesenta y setenta, identificando
todas las ciencias como si fuesen "una en el fondo". Pero
ese no es el camino. Hay ecos de "el terrible paradigma anterior"
de siempre (pg. 23). Aquí hay una confusión muy sutil
que es preciso aclarar. Tart, haciendo un pequeño apaño
de Kuhn -que más bien tiende a falsificar su mensaje-, como
ocurre con los primeros movimientos mencionados (F. Capra, I. Prigogine,
S. Pániker en parte, etc.), viene a decir que se nos suelen
escapar los supuestos implícitos de nuestras teorías,
a lo cual llama paradigma. Como esos supuestos en la época
anterior fueron "tan terribles y dominadores" que no dejaban
paso a lo nuevo (identificado con lo espiritual), se comienza a
establecer una identificación entre todos los supuestos
implícitos y lo terrible, pasando por alto que éstos
siempre están ahí, en el discurso que sea, también
en el nuestro. Después se pasa a creer que nuestro "paradigma"
está libre de supuestos implícitos - y de ahí
a pretender haber alcanzado la verdad definitiva (y por tanto peligrosamente
excluyente, además amparada por el famoso hálito de
"lo espiritual") hay tan solo un paso.
Lo que ha ocurrido aquí
es muy peligroso, porque de este modo tenemos supuestos implícitos
sin reconocerlos como tales, y ello puede ser base de nuevos prejuicios
a la sombra que no den nuevas salidas a nuevos paradigmas de investigación
que vengan a superar el presente pretendiendo que nuestro sistema
ya no es un sistema y está libre de todo supuesto epistemológico.
Se ha dado un paso adelante en psicología con la emergencia
de las investigaciones espirituales, pero lo que más importa
aquí no es tanto pretender haber superado los supuestos implícitos
en general como si ya no existiesen para nosotros, sino en
sacarlos siempre a la luz, que es precisamente lo que debería
caracterizar a la psicología transpersonal. Reconocer los
supuestos implícitos abre la mirada hacia otras posibilidades
y deja vía libre a posibles avances posteriores, sin tener
que recurrir a la monserga de las "dolorosas rupturas"
y críticas al "terrible paradigma anterior" como
si fuese lo Satán mismo.
Lo que sí es posible,
por tanto, es sacar a la luz los presupuestos implícitos
de toda observación del tipo que sea, y esta es precisamente
la tarea encomiable que ha realizado Wilber, entre muchas otras,
y ente muchos otros que emprendieron esta tarea con más o
menos éxito, empezando por Kant. El mapa no algo que excluya
las investigaciones anteriores y que después sustituído
por otro paradigma excluyente, sino que todo entra dentro de un
gran marco donde es preciso definir mediante ejes de abscisas y
coordenadas, colocando cada cosa en su lugar, indefinidamente, según
avanzan las investigaciones en los distintos campos.
Pero veamos esto más
detenidamente con el lenguaje propio de Tart. Tart introduce los
conceptos de "estado de conciencia discreto" (EdC-d) y
"estado de conciencia alterada" (ECA) para distinguir
entre la focalización ordinaria y la psiquedélica,
ya sea inducida por drogas, meditación, experiencias próximas
a la muerte, etc. No entraremos por el momento en la validez científica
de esta distinción un tanto artificial y cogida por los pelos.
De momento, y sobre todo con el objeto de hacer saber a algunos
que existen otros mundos aparte del de ver la televisión,
ir a trabajar a la oficina y hablar de fútbol, es una distinción
muy útil. Por supuesto, cierta parte de la ciencia (los conductistas,
por ejemplo) tienden a ver las cosas de este modo superficial, como
si eso fuese todo lo que hay. Ambos forman parte de un mismo nivel
de conciencia con que se miran los fenómenos. Tart identifica
el EdC-d ordinario con cierto paradigma científico ortodoxo
de ver el mundo, pongamos el del conductista o el de "la mente-robot",
que diría Almendro. El ECA se identificaría, por otro
lado, con lo espiritual, con las investigaciones en terrenos más
profundos de la conciencia, etc.
Hay que notar en primer lugar
que esta distinción tan útil en principio es falaz
en sí misma, o no es exacta: es tan solo un trazo divisor
de la realidad, pero no es la realidad misma. Tart dice: "Una
persona tiene una experiencia mística en un ECA, y dice más
tarde a los demás que el principio fundamental del universo
es el amor, que estamos todos inmersos en él como gotas de
agua en el mar. Un psiquiatra ortodoxo, atenido a un diferente paradigma
vinculado a su EdC-d ordinario de vigilia oye esta afirmación
y "percibe obviamente" que dicha persona ha experimentado
un episodio temporario de regresión infantil con consiguiente
deterioro del sentido de la realidad" (pg. 24). Nada que objetar
al contenido de la experiencia mística que menciona Tart,
pero sí a cierto aspecto de lo que se desprende en su comentario:
no es claro por qué se equipara la ortodoxia científica
de este psiquiatra ortodoxo con el EdC-d. El mismo Tart está
escribiendo en EdC-d y no es ortodoxo en ese sentido.
Existe el peligro de identificar
un EdC-d con cierto paradigma o forma de pensar, y eso es justamente
ideología y no ciencia, lo que en principio se venía
a combatir al tratar de afirmar lo transpersonal como nuevo paradigma
científico, como algo susceptible de estudio sin reducirlo
a las interpretaciones clásicas. Asimismo, el ECA tampoco
puede vincularse a cierto modo de pensar, aunque puedan relacionarse
aproximadamente EdC-d con "dogmatismo" y experimentación
en ciertos ECA con "libertad". Pero todo esto es muy vago
y no científico. El "aproximadamente" de antes
tiene la clave, porque no se da en ningún momento una definición
exacta de EdC-d ni de ECA (ambos se interpenetran). De hecho, en
la experiencia diaria es difícil, si no imposible, distinguirlos.
Podríamos decir incluso que pueden actuar simultáneamente,
del mismo modo que también pueden actuar al mismo tiempo
dos ECA diferentes. Y esta es la otra: meter a los ECA en un solo
bote es un poco reducido - habría que organizar los ECA de
acuerdo con una escala holoárquica, teniendo en cuenta siempre
que varios niveles pueden actuar al mismo tiempo, de tal modo que,
por ejemplo, puedo estar sentado en meditación y contestar
a una simple pregunta de la realidad ordinaria ("¿dónde
guardaste las manzanas?"). (Dicho sea de paso, esto es lo que
distinguiría lo trans-personal de la experiencia mística
de lo pre-personal de la esquizofrenia o la psicosis. En la primera,
el Presente se desliza hacia varios niveles simultáneamente,
mientras que en lo segundo hay enclaustramiento solamente en uno
de un modo permanente -no de viaje a través-). También
puede uno estar en dos ECA diferentes al mismo tiempo, como estar
en el prajna inmutable de la espada de Takuan y haberse bebido
una botella de sake.
Pero volvamos a lo anterior.
El EdC-d no puede identificarse con ciertas ideas (aunque ciertas
ideas tiendan a darse en ese estado de conciencia - la ortodoxia
freudiana o conductista cuando no ha echado un vistazo a la inmensidad),
como tampoco pueden identificarse los ECA con otras ideas ("espirituales").
Por poner otro ejemplo chusco, las huestes de Hitler estaban en
un estado alterado de conciencia, pero no era precisamente relacionado
con las ideas de la psicología transpersonal, o no eran tampoco
muy "espirituales". Yo mismo puedo compartir un mismo
ECA con Tart (ambos tomar LSD), pero no pensar igual en nuestro
EdC-d. Lo que es imprescindible, ante todo, es una buena definición
de los conceptos y de lo que queremos decir con ellos, sin apresurarnos
en haber descubierto la última teoría gracias a una
visión en un ECA. Porque EsCA hay muchos, e ideas también.
La cuestión tiene que pasar por tamiz de una epistemología
bien construida, independientemente de los estados, alterados o
no. Sin duda un estado alterado amplía los horizontes, pero
nunca decide hasta dónde deben ampliarse ni las formas que
debe cobrar. Esto es después, en la construcción teórica.
Así, pues, parece que
el "descubrimiento" de los ECA ciega un poco la perspectiva,
al tratar de hacer directamente de ellos ciertas ideas. ¿Por
qué el ECA ha de ser más válido, por así
decir, que el EdC-d? ¿No puede un ECA convertirse en EdC-d,
o viceversa? ¿Y dice esto algo sobre la teoría epistemológica
sobre la que estamos fundamentados? "Al no reconocer el carácter
no definitivo o la arbitrariedad del paradigma o del EdC-d, uno
queda casi completamente dominado por él" (pg. 24).
Bien, pero ¿cómo sabemos que esto es diferente en
nosotros, en "el nuevo paradigma"? En realidad no hay
modo de saberlo, salvo sacando a la luz que siempre hay supuestos
implícitos y no solo en las teorías ortodoxas supuestamente
formadas a partir de EdC-d en exclusiva -newtonianas, conductistas,
freudianas, etc.- (lo cual no es claro, como decimos: Freud negó
siempre lo transpersonal y no creo que su investigación en
los sueños pueda calificarse de investigación en "estados
discretos de conciencia").
La psicología transpersonal
en sus primeros brotes quiere haber transcendido ya definitivamente
todos los paradigmas, la linealidad de los EdC-d, los "terribles"
supuestos implícitos, etc., cuando de hecho están
tan metidos en ellos de lleno como todo el mundo que mira, experimenta
y teoriza. Así, Tart cita a un tal Rosenthal, que hizo experimentos
para demostrar que en toda investigación las intenciones
del experimentador influyen directamente sobre el experimento, aun
cuando no quiera. ¡Pero esto también es aplicable al
experimento de Rosenthal! Llegamos así a lo que descubrió
Gödel hace años, o Kant, o Wittgenstein: es imposible
en realidad demostrar nada en sentido último y absoluto,
inclusive esto mismo. Siempre estará apoyado por unos
presupuestos, y lo mejor que puede hacerse en aras de la limpieza
y de la ciencia es sacarlos a la luz, admitirlos como tales, y no
decir que los demás están bajo estos supuestos y nosotros
no porque los hemos descubierto.
Cierto que la psicología
transpersonal en sus formulaciones da un paso adelante con respecto
a toda la psicología anterior (¡qué duda cabe!),
pero no es nada definitivo en sí mismo. Es tan flotante en
el vacío, en lo implícito y en lo estipulado por las
propias leyes del pensamiento discursivo convencional como todo
lo demás. Jugar con los paradigmas como si nosotros ya no
tuviéramos uno por la sencilla razón de que hemos
explicitado las claves del anterior es muy peligroso, y aboca a
falacias epistemológicas, nuevos reduccionismos - así
con el postmodernismo deconstructivista o con la "filosofía"
de cierta parte de la obra de Foucault, que niega lo anterior (el
descartismo), pero deja de considerar sus propios apoyos epistemológicos,
como si no existiesen o como si su filosofía pudiese ser
exclusivamente negativa. En toda negación hay afirmación,
y es preciso que articulemos las cosas de tal modo que sepamos qué
afirma y qué niega cada cual, de tal modo que podamos abarcar
toda la perspectiva.
De los muchos científicos
con tendencias espirituales, uno que ha formulado la cuestión
de un modo claro y sin pisarse demasiado los talones a sí
mismo es David Bohm. Siempre hay un orden implicado por detrás,
siempre. "El principio de la incertidumbre" que tanto
se mal-utiliza filosóficamente para explicitar la falacia
del paradigma anterior no se aplica sobre sí misma (una especie
de incertidumbre de la incertidumbre, lo que es ya una certeza)
. Desembocaría en una nueva objetividad, que transciende
tanto el paradigma negado como el que niega; tanto el paradigma
anterior como el que lo intentó desestabilizar mediante subjetivizaciones
del estilo "el observador influye en lo observado", que
por otro lado nada tienen que ver originalmente con lo que allí
se quería decir con esto. Se ha abusado en exceso de este
principio para decir básicamente lo que a cada cual le viene
en gana, o para afirmarse a sí mismo excluyendo lo anterior,
y excluyendo de paso cualquier posible transcendencia de tal estado
de cosas. Una afirmación de lo propio sin autocrítica.
Es decir, el famoso "todo es relativo menos esto mismo, que
es una verdad absoluta". Algo tan sencillo que sigue llevando
a los teóricos por el camino de la amargura.
Bohm explica todo esto de un
modo maravilloso en su libro. Las páginas finales especialmente,
dedicadas a la nueva física, que ya trasciende la paradoja
cuántica. ¡Pero ojo! Una cosa es la paradoja cuántica
y otra la Paradoja Básica (allí donde retroceden las
palabras porque toda afirmación será contradictoria
o deja escapar el otro lado en su linealidad: ser/no-ser; 0/1; sí/no;
la Alternancia, en fin). La paradoja básica, aplicable a
lo cuántico, a la octava dimensión (cuando se descubra)
o a lo que sea (nuestro interior). La identificación entre
ambas paradojas como si fuesen la misma, propia de algunos filósofos
y físicos (ya mencionados), es una falacia que no ayuda ni
a resolver la paradoja cuántica (por creerla de naturaleza
eterna y espiritual) ni a ver la Paradoja (por hacerla aterrizar
en lo físico y exterior).
Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de junio del 2001