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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

Sobre Psicología Transpersonal. (16/12/03)

       (Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de junio del 2001).

       Leyendo Psicologías Transpersonales de Charles T. Tart, uno de los principales pioneros en este área. Hay muchas coincidencias y resonancias profundas y lejanas en las visiones, llegando en algunos momentos a lugares en verdad trans-mentales. Pero no todo el campo es orégano. Hay una cierta tendencia, posiblemente debida al entusiasmo que yo llamo "de primera generación" a no criticar lo propio desde el mismo punto de vista en que se critica a los demás, llegando (casi) a una especie de decir: "hemos llegado a las antípodas por fin; todo lo anterior no es del todo adecuado porque no sabían que sus propias proyecciones mentales estaban influyendo sobre el experimento". Hay en ello mucho de razón, se ha dado un paso adelante en la contemplación de los fenómenos y en su articulación teórica, pero la cuestión es que Tart no dice en qué se basa para no aplicar eso a su propia teoría.
       Falta un eslabón, el eslabón que lleva a una nueva objetividad, que más tarde declinará por nuevos descubrimientos y concepciones, para dudar de todo lo anterior, llegar a una nueva y otra objetividad, y así sucesivamente. Se extrapola "el principio de la incertidumbre" de Heisenberg a terrenos que no corresponden, todo ello típico del primer movimiento global hacia la espiritualidad que quiere abarcar todos los campos y hacer de lo espiritual también una ciencia, susceptible de investigación, experimentación e hipótesis - típico de los sesenta y setenta, identificando todas las ciencias como si fuesen "una en el fondo". Pero ese no es el camino. Hay ecos de "el terrible paradigma anterior" de siempre (pg. 23). Aquí hay una confusión muy sutil que es preciso aclarar. Tart, haciendo un pequeño apaño de Kuhn -que más bien tiende a falsificar su mensaje-, como ocurre con los primeros movimientos mencionados (F. Capra, I. Prigogine, S. Pániker en parte, etc.), viene a decir que se nos suelen escapar los supuestos implícitos de nuestras teorías, a lo cual llama paradigma. Como esos supuestos en la época anterior fueron "tan terribles y dominadores" que no dejaban paso a lo nuevo (identificado con lo espiritual), se comienza a establecer una identificación entre todos los supuestos implícitos y lo terrible, pasando por alto que éstos siempre están ahí, en el discurso que sea, también en el nuestro. Después se pasa a creer que nuestro "paradigma" está libre de supuestos implícitos - y de ahí a pretender haber alcanzado la verdad definitiva (y por tanto peligrosamente excluyente, además amparada por el famoso hálito de "lo espiritual") hay tan solo un paso.
       Lo que ha ocurrido aquí es muy peligroso, porque de este modo tenemos supuestos implícitos sin reconocerlos como tales, y ello puede ser base de nuevos prejuicios a la sombra que no den nuevas salidas a nuevos paradigmas de investigación que vengan a superar el presente pretendiendo que nuestro sistema ya no es un sistema y está libre de todo supuesto epistemológico. Se ha dado un paso adelante en psicología con la emergencia de las investigaciones espirituales, pero lo que más importa aquí no es tanto pretender haber superado los supuestos implícitos en general como si ya no existiesen para nosotros, sino en sacarlos siempre a la luz, que es precisamente lo que debería caracterizar a la psicología transpersonal. Reconocer los supuestos implícitos abre la mirada hacia otras posibilidades y deja vía libre a posibles avances posteriores, sin tener que recurrir a la monserga de las "dolorosas rupturas" y críticas al "terrible paradigma anterior" como si fuese lo Satán mismo.
       Lo que sí es posible, por tanto, es sacar a la luz los presupuestos implícitos de toda observación del tipo que sea, y esta es precisamente la tarea encomiable que ha realizado Wilber, entre muchas otras, y ente muchos otros que emprendieron esta tarea con más o menos éxito, empezando por Kant. El mapa no algo que excluya las investigaciones anteriores y que después sustituído por otro paradigma excluyente, sino que todo entra dentro de un gran marco donde es preciso definir mediante ejes de abscisas y coordenadas, colocando cada cosa en su lugar, indefinidamente, según avanzan las investigaciones en los distintos campos.
       Pero veamos esto más detenidamente con el lenguaje propio de Tart. Tart introduce los conceptos de "estado de conciencia discreto" (EdC-d) y "estado de conciencia alterada" (ECA) para distinguir entre la focalización ordinaria y la psiquedélica, ya sea inducida por drogas, meditación, experiencias próximas a la muerte, etc. No entraremos por el momento en la validez científica de esta distinción un tanto artificial y cogida por los pelos. De momento, y sobre todo con el objeto de hacer saber a algunos que existen otros mundos aparte del de ver la televisión, ir a trabajar a la oficina y hablar de fútbol, es una distinción muy útil. Por supuesto, cierta parte de la ciencia (los conductistas, por ejemplo) tienden a ver las cosas de este modo superficial, como si eso fuese todo lo que hay. Ambos forman parte de un mismo nivel de conciencia con que se miran los fenómenos. Tart identifica el EdC-d ordinario con cierto paradigma científico ortodoxo de ver el mundo, pongamos el del conductista o el de "la mente-robot", que diría Almendro. El ECA se identificaría, por otro lado, con lo espiritual, con las investigaciones en terrenos más profundos de la conciencia, etc.
       Hay que notar en primer lugar que esta distinción tan útil en principio es falaz en sí misma, o no es exacta: es tan solo un trazo divisor de la realidad, pero no es la realidad misma. Tart dice: "Una persona tiene una experiencia mística en un ECA, y dice más tarde a los demás que el principio fundamental del universo es el amor, que estamos todos inmersos en él como gotas de agua en el mar. Un psiquiatra ortodoxo, atenido a un diferente paradigma vinculado a su EdC-d ordinario de vigilia oye esta afirmación y "percibe obviamente" que dicha persona ha experimentado un episodio temporario de regresión infantil con consiguiente deterioro del sentido de la realidad" (pg. 24). Nada que objetar al contenido de la experiencia mística que menciona Tart, pero sí a cierto aspecto de lo que se desprende en su comentario: no es claro por qué se equipara la ortodoxia científica de este psiquiatra ortodoxo con el EdC-d. El mismo Tart está escribiendo en EdC-d y no es ortodoxo en ese sentido.
       Existe el peligro de identificar un EdC-d con cierto paradigma o forma de pensar, y eso es justamente ideología y no ciencia, lo que en principio se venía a combatir al tratar de afirmar lo transpersonal como nuevo paradigma científico, como algo susceptible de estudio sin reducirlo a las interpretaciones clásicas. Asimismo, el ECA tampoco puede vincularse a cierto modo de pensar, aunque puedan relacionarse aproximadamente EdC-d con "dogmatismo" y experimentación en ciertos ECA con "libertad". Pero todo esto es muy vago y no científico. El "aproximadamente" de antes tiene la clave, porque no se da en ningún momento una definición exacta de EdC-d ni de ECA (ambos se interpenetran). De hecho, en la experiencia diaria es difícil, si no imposible, distinguirlos. Podríamos decir incluso que pueden actuar simultáneamente, del mismo modo que también pueden actuar al mismo tiempo dos ECA diferentes. Y esta es la otra: meter a los ECA en un solo bote es un poco reducido - habría que organizar los ECA de acuerdo con una escala holoárquica, teniendo en cuenta siempre que varios niveles pueden actuar al mismo tiempo, de tal modo que, por ejemplo, puedo estar sentado en meditación y contestar a una simple pregunta de la realidad ordinaria ("¿dónde guardaste las manzanas?"). (Dicho sea de paso, esto es lo que distinguiría lo trans-personal de la experiencia mística de lo pre-personal de la esquizofrenia o la psicosis. En la primera, el Presente se desliza hacia varios niveles simultáneamente, mientras que en lo segundo hay enclaustramiento solamente en uno de un modo permanente -no de viaje a través-). También puede uno estar en dos ECA diferentes al mismo tiempo, como estar en el prajna inmutable de la espada de Takuan y haberse bebido una botella de sake.
       Pero volvamos a lo anterior. El EdC-d no puede identificarse con ciertas ideas (aunque ciertas ideas tiendan a darse en ese estado de conciencia - la ortodoxia freudiana o conductista cuando no ha echado un vistazo a la inmensidad), como tampoco pueden identificarse los ECA con otras ideas ("espirituales"). Por poner otro ejemplo chusco, las huestes de Hitler estaban en un estado alterado de conciencia, pero no era precisamente relacionado con las ideas de la psicología transpersonal, o no eran tampoco muy "espirituales". Yo mismo puedo compartir un mismo ECA con Tart (ambos tomar LSD), pero no pensar igual en nuestro EdC-d. Lo que es imprescindible, ante todo, es una buena definición de los conceptos y de lo que queremos decir con ellos, sin apresurarnos en haber descubierto la última teoría gracias a una visión en un ECA. Porque EsCA hay muchos, e ideas también. La cuestión tiene que pasar por tamiz de una epistemología bien construida, independientemente de los estados, alterados o no. Sin duda un estado alterado amplía los horizontes, pero nunca decide hasta dónde deben ampliarse ni las formas que debe cobrar. Esto es después, en la construcción teórica.
       Así, pues, parece que el "descubrimiento" de los ECA ciega un poco la perspectiva, al tratar de hacer directamente de ellos ciertas ideas. ¿Por qué el ECA ha de ser más válido, por así decir, que el EdC-d? ¿No puede un ECA convertirse en EdC-d, o viceversa? ¿Y dice esto algo sobre la teoría epistemológica sobre la que estamos fundamentados? "Al no reconocer el carácter no definitivo o la arbitrariedad del paradigma o del EdC-d, uno queda casi completamente dominado por él" (pg. 24). Bien, pero ¿cómo sabemos que esto es diferente en nosotros, en "el nuevo paradigma"? En realidad no hay modo de saberlo, salvo sacando a la luz que siempre hay supuestos implícitos y no solo en las teorías ortodoxas supuestamente formadas a partir de EdC-d en exclusiva -newtonianas, conductistas, freudianas, etc.- (lo cual no es claro, como decimos: Freud negó siempre lo transpersonal y no creo que su investigación en los sueños pueda calificarse de investigación en "estados discretos de conciencia").
       La psicología transpersonal en sus primeros brotes quiere haber transcendido ya definitivamente todos los paradigmas, la linealidad de los EdC-d, los "terribles" supuestos implícitos, etc., cuando de hecho están tan metidos en ellos de lleno como todo el mundo que mira, experimenta y teoriza. Así, Tart cita a un tal Rosenthal, que hizo experimentos para demostrar que en toda investigación las intenciones del experimentador influyen directamente sobre el experimento, aun cuando no quiera. ¡Pero esto también es aplicable al experimento de Rosenthal! Llegamos así a lo que descubrió Gödel hace años, o Kant, o Wittgenstein: es imposible en realidad demostrar nada en sentido último y absoluto, inclusive esto mismo. Siempre estará apoyado por unos presupuestos, y lo mejor que puede hacerse en aras de la limpieza y de la ciencia es sacarlos a la luz, admitirlos como tales, y no decir que los demás están bajo estos supuestos y nosotros no porque los hemos descubierto.
       Cierto que la psicología transpersonal en sus formulaciones da un paso adelante con respecto a toda la psicología anterior (¡qué duda cabe!), pero no es nada definitivo en sí mismo. Es tan flotante en el vacío, en lo implícito y en lo estipulado por las propias leyes del pensamiento discursivo convencional como todo lo demás. Jugar con los paradigmas como si nosotros ya no tuviéramos uno por la sencilla razón de que hemos explicitado las claves del anterior es muy peligroso, y aboca a falacias epistemológicas, nuevos reduccionismos - así con el postmodernismo deconstructivista o con la "filosofía" de cierta parte de la obra de Foucault, que niega lo anterior (el descartismo), pero deja de considerar sus propios apoyos epistemológicos, como si no existiesen o como si su filosofía pudiese ser exclusivamente negativa. En toda negación hay afirmación, y es preciso que articulemos las cosas de tal modo que sepamos qué afirma y qué niega cada cual, de tal modo que podamos abarcar toda la perspectiva.
       De los muchos científicos con tendencias espirituales, uno que ha formulado la cuestión de un modo claro y sin pisarse demasiado los talones a sí mismo es David Bohm. Siempre hay un orden implicado por detrás, siempre. "El principio de la incertidumbre" que tanto se mal-utiliza filosóficamente para explicitar la falacia del paradigma anterior no se aplica sobre sí misma (una especie de incertidumbre de la incertidumbre, lo que es ya una certeza) . Desembocaría en una nueva objetividad, que transciende tanto el paradigma negado como el que niega; tanto el paradigma anterior como el que lo intentó desestabilizar mediante subjetivizaciones del estilo "el observador influye en lo observado", que por otro lado nada tienen que ver originalmente con lo que allí se quería decir con esto. Se ha abusado en exceso de este principio para decir básicamente lo que a cada cual le viene en gana, o para afirmarse a sí mismo excluyendo lo anterior, y excluyendo de paso cualquier posible transcendencia de tal estado de cosas. Una afirmación de lo propio sin autocrítica. Es decir, el famoso "todo es relativo menos esto mismo, que es una verdad absoluta". Algo tan sencillo que sigue llevando a los teóricos por el camino de la amargura.
       Bohm explica todo esto de un modo maravilloso en su libro. Las páginas finales especialmente, dedicadas a la nueva física, que ya trasciende la paradoja cuántica. ¡Pero ojo! Una cosa es la paradoja cuántica y otra la Paradoja Básica (allí donde retroceden las palabras porque toda afirmación será contradictoria o deja escapar el otro lado en su linealidad: ser/no-ser; 0/1; sí/no; la Alternancia, en fin). La paradoja básica, aplicable a lo cuántico, a la octava dimensión (cuando se descubra) o a lo que sea (nuestro interior). La identificación entre ambas paradojas como si fuesen la misma, propia de algunos filósofos y físicos (ya mencionados), es una falacia que no ayuda ni a resolver la paradoja cuántica (por creerla de naturaleza eterna y espiritual) ni a ver la Paradoja (por hacerla aterrizar en lo físico y exterior).



Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 6 de junio del 2001

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