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(Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 19 de junio del 2001).
En Tart se encuentran muchos
de los escollos que debe superar la psicología transpersonal,
empezando por considerarse ella misma un "nuevo paradigma".
Esto es válido, como dije, en un principio, para mostrar
que existen otras cosas, otros niveles, aparte de los comúnmente
aceptados por la ortodoxia. Pero la psicología transpersonal
tal y como la expone Tart en este libro, o tal y como la exponen
otros teóricos de primera generación, como S. Pániker
o incluso S. Grof en ocasiones, tiene el sutil inconveniente de
tratar de transformar sus fundamentos en otra clase de pensamientos
paralelos, en otro paradigma. Evidentemente siempre hay que explicar
las cosas, y para ello se utilizan palabras y teorías, pero
no debemos caer en otro compartimento estanco justamente allí
donde lo que se precisa es apertura y acogimiento.
El movimiento es sumamente
sutil y difícil de explicar, porque: ¿cuándo
se da este paso ilícito de convertir lo "transpersonal"
-lo nuevo- en una teoría más entre otras, en lugar
de procurar la base para la comprensión de cada vez más
perspectivas, entendiéndose bien a sí misma -sin rechazos-
y así también a las demás? A nadie se le escapa
que esto es difícil de distinguir a partir del momento en
que utilizamos un lenguaje, susceptible de ser intelectualizado,
palabras referidas a cosas metidas en cajones que excluyen otras
cosas. Pero parte del camino lo andamos -desde este punto de vista
teórico- cuando dejamos de considerar lo espiritual como
"una cosa más" y notamos que es el fundamento a
partir del cual entra y se abre todo lo conocido. Ante ello, ese
peligro típico de hoy de relativizarlo todo y decir que lo
espiritual es "una cosa más" y que hay otras "igualmente
válidas", etc., como si todo fuese una cuestión
de comparación - peligro del que deben escabullirse
ante todo los teóricos transpersonales, y que indirectamente
propician mediante su exposición. Cierto que es un primer
paso para hacer ver las cosas -por oposición a lo anterior-,
pero hay que resolverse a decir y entender que no es esto solo lo
pretendido, ni remotamente.
Como detalle, Tart describe
la misma descripción errónea del karma que
Salvador Pániker: Dice: "La idea de la reencarnación
y la teoría del karma requieren evidentemente que
lo que se aprende en una vida deba (al menos parcialmente) transferirse
a una entidad no física que actúa como vehículo
para transmitir ese aprendizaje a otro período de la vida".
Esto es algo muy enrevesado, y difícilmente demostrable,
ni siquiera desde lo interior. Aún tiene el peligro de caer
en lo fantástico y por tanto ser solo suscribible por mera
fe. El karma no es transferir "a otra entidad"
(qué eso, qué es un ente, cómo se "transfiere",
etc.), no es tampoco modificar el EdC-d por un ECA "más
espiritual" (esto son palabras tan solo), sino asumir en
el presente mismo los niveles todos de la realidad en su plenitud.
Es ahora cuando estás evitando algo, es ahora
cuando está ocurriendo eso. No hace falta ir más lejos.
La teoría transpersonal debe acercarse a la contemplación
del presente ante todo, y de ahí la importancia de la Holoarquía
de Wilber, que es precisamente esto: todos los niveles del Ser están
ahí presentes, siempre y en todo momento, a veces ocultos
y plegados -no reconocidos por la conciencia-, a veces vivos y completamente
presentes, pero siempre ahí. No es necesario recurrir
a ideas fantasticas de otras vidas, de renacimientos desde vidas
pasadas por entidades no físicas, de transferencias, etc.
- esto es difícil de aceptar a nuestra mentalidad, y en mi
opinión con toda razón.
En esto estoy completamente
con Antonin Artaud cuando dice que si al público actual le
resulta aburrido Edipo Rey, la culpa no es tanto del público,
sino del propio Edipo Rey, que ya no tiene lo que la gente
necesita hoy, algo más inmediato, directo, y sin tanta fanfarria.
Posiblemente esta noción del karma en cierto contexto
es apropiada para la descripción de todo lo que supone el
continuo acercamiento al presente puro, pero una vez intelectualizada
y puesta como si fuese algo que debemos creer, sin mayores pruebas,
pierde toda su veracidad. Es en este momento de aproximación
a lo puro, a lo presente mismo, donde desaparece el karma
- lo no-dual.
El Libro Tibetano de los
Muertos, independientemente de que esté hablando -en
parte- de lo que ocurrirá cuando muramos, trata ante todo
de lo que ocurre Ahora, y así poder estar preparados con
cada vez mayor atención en caso de que la muerte nos coja
antes de la Realización de lo No-Dual. Pero es algo experimentable
aquí, y no hace falta que nos vayamos tan lejos como
a esas "otras reencarnaciones". No hay, en este sentido,
diferencia alguna entre lo que ocurre aquí y lo que ocurrirá
allá, y hacer esta diferencia mediante extrañas teorías
transfiriendo el karma "de una vida a otra" literalmente,
no viene precisamente a ayudarnos a la dilucidación de la
verdad, a prestar atención a lo que Es. Lo no-dual es el
cese del karma, en el sentido de saberse vacío -que
acoge todas las formas-, pero el resto de la manifestación
(todos los niveles por debajo) nunca cesarán, ni tampoco
se pretende que lo hagan. La ascensión (o la profundización
en el presente) está ahí, pero en el fondo como tal
también es ilusión - una forma de entender lo que
inmediatamente está ahí. Cuando se comienza a hablar
del karma como transferencia de otros mundos "que hay
que conocer", acarreando cargas que no se sabe bien cómo
tenemos que acarrear hoy, se estará quizá apuntando
a algo cierto desde esa ignorancia que reside en un plano más
bajo todavía, despachando cuestiones espirituales porque
"ahora estoy viendo la tele", pero en el fondo no es más
que un modo de hablar que nada tiene que ver con el amor que Es,
con el vacío sin forma en todas las formas.
Es preciso no separar el karma
"creado en otras vidas" de lo que vivimos momento a momento:
de otro modo todo decae en fantasía poco creíble.
Hay ascensión, viaje, o aproximación al presente (como
quiera que queramos llamarlo) de un estado de conciencia inferior
a otro superior o viceversa (la caída), pero esto ocurre
siempre y en todo momento, mojado de principio a fin, a pesar de
todos los pesares y también como quiera que queramos llamarlo,
por el vacío absoluto de lo ignoto. Lo demás son maneras
de hablar, y habremos de andar con cuidado al mencionarlas de tal
modo que queden lejos de nuestra propia conciencia inmediata si
no queremos que nos tachen de fantásticos o poco estrictos
-poco científicos-, lo que no es deseable para el acercamiento
a lo espiritual en la actualidad.
La crítica que hace
Tart a Freud y al psicoanálisis en general a veces también
peca de cierta parcialidad. Freud y su escuela combatían
algo que en el momento era muy real y muy importante: la represión
sexual, el poderío sobre los demás, las desviaciones
de la personalidad, etc. El psicoanálisis era el principio
de un intento de transformación con lo que allí había
(y sigue habiendo, en buena medida). Cierto que tanto la imagen
(la represión) como la solución (el psicoanálisis)
son ilusiones en último término -justo lo que la persona
que ha pasado por el proceso se da cuenta y saca a la luz de su
conciencia, y ésta es la "curación"-, pero
eran (y son) ilusiones muy reales, pliegues que hay que reconocer
desde dentro para así encontrarse de nuevo en lo que era
antes de la confusión. Cierto que Freud lo consideraba "real"
en el sentido casi de inconmovible y no fue precisamente él
el que salió de su propio atolladero, pero sí comenzó
la carrera. El fundamento de la ilusión es no ver que la
imagen, se dirija hacia donde se dirija, es tan solo una imagen.
Pretender que la imagen es la realidad es la patología básica,
que no se resuelve hasta su misma radiación, hasta la nueva
síntesis de lo que siempre ha habido: lo no-dual. A esto
se lo denomina pasar de lo "inconsciente" a lo "consciente".
Pero, como decía ayer con respecto a la técnica, hay
que atravesar el proceso al completo para "darse cuenta".
La locura es creer para sí que uno está loco. Pero
el que no conozca este proceso de desintegración difícilmente
podrá "darse cuenta" de que en realidad y en el
fondo todo está bien, y ello en todos los niveles de la vida
cotidiana, lo que requiere infinito trabajo.
No parece lícito descartar
el contenido de la imagen -la teoría- de por sí y
para siempre (la teoría freudiana por ejemplo), porque la
eliminación de la primera siempre trae una nueva imagen -teoría-:
su "solución". Y así hemos pasado de una
imagen a otra, pero sin apercibirnos de que la cuestión no
está tanto en admitir una imagen o la otra -que todas tienen
su espacio- sino en el hecho de teorizar de por sí. Teorizar
es teorizar, pero no es la realidad. Por tanto debemos ceñirnos
al contenido de la teoría misma, porque si "saltamos"
y decimos que una imagen en concreto "no es la realidad"
mientras que la nueva que yo traigo sí lo es, entonces estamos
cayendo en nuestra propia trampa, que habíamos venido a superar.
La anomalía está en no reconocer que la imagen es
tan solo imagen, sea de la clase que sea - el hecho de que la imagen
de por sí, con el contenido que sea, se considere real en
el sentido de propia e inconmovible. Donde hay una imagen agarrada,
pretendiendo que es fija, hay solución: hay también
dualidad. Y esto son tan solo palabras. El "fundamento"
al final -no-fundamento- es que todo esto no son más que
tonterías - las imágenes bailan y ya está.
Los contenidos de la imagen no se excluyen mutuamente, hay que investigarlos
de acuerdo con su propia naturaleza y capacidad explicativa.
Es también muy propio
de las investigaciones transpersonales de primera generación
confundir la crítica de la sociedad actual con una crítica
a lo científico en general; la crítica de los valores
(interior colectivo, de acuerdo con los cuatro cuadrantes de Wilber)
con la del conocimiento empírico (exterior); y ello a la
vez confundiendo lo experimentable en cualquier área (y por
tanto susceptible de ciencia) con lo exclusivamente empírico
y exteriorista. Se relaciona lo científico con cierta mentalidad
despótica; se relaciona la apertura espiritual con valores
femeninos, etc. Así nunca se llegará a una integración
adecuada, que excluye lo que es válido de una perspectiva
porque en cierto momento se asocio con algo que luego ha resultado
"perverso". Quiero decir: en cualquier teoría,
y más en la psicología transpersonal, hay que vencer
esta tentación de decir que "ya estamos en lo espiritual"
y "que todo lo demás queda atrás" como si
en ese "todo lo que queda atrás" no hubiese cosas
de inmenso valor y sobre las que está fundamentado lo siguiente.
No hay rupturas radicales. Hay que vencer esta tentación
de "nuevo paradigma".
Hay que explicitar, por tanto,
lo que se quiere. Y hay que distinguir para poder armonizar convenientemente.
La distinción apropiada no es la de lo científico
vs. lo espiritual, sino la de lo interior y lo exterior, sabiendo
que en ambas puede haber ciencia y en muy distintos grados de aproximación.
Al hacer de lo espiritual una cosa aparte de la ciencia, estamos
diciendo, por un lado, que lo espiritual no puede ser susceptible
de ciencia (por lo que entonces la psicología transpersonal
se pisa sus propios talones) y, por otro, que todo lo científico
anterior no era más que síntoma de unos prejuicios
englobados en un paradigma más amplio (supuestamente el newtoniano)
que no contemplaba la espiritualidad del mundo.
Esta confusión lleva
a Tart a tratar de demostrar "lo espiritual" mediante
técnicas exterioristas, y éste no es el camino para
un estudio profundo de la conciencia y de lo contemplativo. Concibe
como un puente entre los experimentos y la ciencia anteriores y
lo nuevo espiritual los estudios de laboratorio sobre parapsicología,
que, si bien son en sí mismos lícitos, no son la solución
al problema que se está planteando. Los fenómenos
PES ("percepción extrasensorial") solo tocan tangencialmente
el asunto. Tratan de una verificación a nivel externo (por
ejemplo: "¡he visto lo que iba a ocurrir después!"),
pero no habla de cualidades internas, de descubrimientos en la paulatina
integración de la conciencia, de la auténtica ciencia
de lo espiritual (la Subida al Monte Carmelo).
Curiosamente, la reproducción
en laboratorio de los fenómenos PES (cuyas descripciones
asombran por su sencillez e inteligencia - yo mismo quiero hacer
alguna prueba con amigos) sigue los supuestos de la investigación
científica estilo "fisicalista" que tanto venía
criticándose. Jugamos aquí con datos empíricos,
pero esto nada tiene que ver ni con la iluminación (satori),
ni con los descubrimientos de la psicología jungiana profunda,
ni con el sufrimiento universal, ni con la salvacion, ni con las
experiencias místicas, ni con nada que pueda llamarse acercamiento
a las esferas transpersonales y numinosas, interiores. Sí
podrán establecerse correlaciones y paralelismos con los
datos del cuadrante exterior (por ejemplo entre cierto estado de
conciencia interior y las ondas cerebrales), pero esto no implicará
una demostración causa-efecto, de tal modo que podamos asegurar
que ante determinado estado analizado con claves exterioristas (un
cerebro en ondas alfa) estamos ante este otro estado interno.
Cada terreno tiene sus propias
claves de investigación, y es cierto que se interrelacionan,
pero no por mucho investigar en laboratorio sobre los PES estaremos
progresando en el encuentro con nuestra naturaleza espiritual e
interior, que es lo que en un principio venía a tratarse.
La ciencia de la conciencia, de lo interior, de lo espiritual, de
la integración del ser humano en la búsqueda del Sí
Mismo, de la verdad, del Ser, como quiera que llamemos nuestros
encuentros íntimos e intransferibles, exige otras cualificaciones,
otros ámbitos, otras maneras de descripción, como
la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz o el cultivo
del huerto en Santa Teresa de Ávila - amén de tener
que acoger comprehensivamente todos los estudios anteriores dedicados
a lo interior, como el psicoanálisis, la psicología
humanista, y todo el enorme abanico de escuelas y tendencias que
han venido dándose a lo largo de toda la historia de la filosofía.
Es aquí donde entraría de lleno la psicología
transpersonal, y no en el laboratorio de los tubos de ensayo y de
los experimentos exterioristas, por más que se refieran a
contenidos misteriosos y no tan dentro del mundo de la conciencia
ordinaria (EdC-d) como son los fenómenos PES. Éstos
son fenómenos externos, quizá superiores a
las corrdenadas del espacio-tiempo, pero no cualidades internas
de la mente y el espíritu. Es preciso que no consideremos
los fenómenos PES estudiados en laboratorio como las demostraciones
de lo espiritual, así como tampoco los supuestos paralelismos
entre las nuevas visiones de la ciencia física (cuantas,
subcuantas, principio de incertidumbre) con las descripciones de
lo místico. Lo espiritual se demuestra y desarrolla en su
propio terreno, que es la conciencia interior.
Sin duda aquí hay dificultades
de descripción, porque mucho de lo que ocurre en lo interior
escapa a toda definición, pero esto no implica que no pueda
hacerse un mapa aproximado. Los grandes místicos y filósofos
de la historia han diseñado este mapa - si bien una cosa
es el mapa y otra el territorio, que uno mismo debe recorrer para
saber de qué se está hablando, viviendo todas y cada
una de las dificultades al paso. Con la sana intención de
abrir paso a lo espiritual en el ámbito académico,
se hace hincapié en algo que no tiene tanto de espiritual
en el sentido auténtico de la palabra como se creía,
y se confunden unos terrenos con otros, haciendo de todo un lío
casi más grande que el que teníamos antes.
Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 19 de junio del
2001