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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

Sobre Psicología Transpersonal (II). (16/12/03)

       (Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 19 de junio del 2001).

       En Tart se encuentran muchos de los escollos que debe superar la psicología transpersonal, empezando por considerarse ella misma un "nuevo paradigma". Esto es válido, como dije, en un principio, para mostrar que existen otras cosas, otros niveles, aparte de los comúnmente aceptados por la ortodoxia. Pero la psicología transpersonal tal y como la expone Tart en este libro, o tal y como la exponen otros teóricos de primera generación, como S. Pániker o incluso S. Grof en ocasiones, tiene el sutil inconveniente de tratar de transformar sus fundamentos en otra clase de pensamientos paralelos, en otro paradigma. Evidentemente siempre hay que explicar las cosas, y para ello se utilizan palabras y teorías, pero no debemos caer en otro compartimento estanco justamente allí donde lo que se precisa es apertura y acogimiento.
       El movimiento es sumamente sutil y difícil de explicar, porque: ¿cuándo se da este paso ilícito de convertir lo "transpersonal" -lo nuevo- en una teoría más entre otras, en lugar de procurar la base para la comprensión de cada vez más perspectivas, entendiéndose bien a sí misma -sin rechazos- y así también a las demás? A nadie se le escapa que esto es difícil de distinguir a partir del momento en que utilizamos un lenguaje, susceptible de ser intelectualizado, palabras referidas a cosas metidas en cajones que excluyen otras cosas. Pero parte del camino lo andamos -desde este punto de vista teórico- cuando dejamos de considerar lo espiritual como "una cosa más" y notamos que es el fundamento a partir del cual entra y se abre todo lo conocido. Ante ello, ese peligro típico de hoy de relativizarlo todo y decir que lo espiritual es "una cosa más" y que hay otras "igualmente válidas", etc., como si todo fuese una cuestión de comparación - peligro del que deben escabullirse ante todo los teóricos transpersonales, y que indirectamente propician mediante su exposición. Cierto que es un primer paso para hacer ver las cosas -por oposición a lo anterior-, pero hay que resolverse a decir y entender que no es esto solo lo pretendido, ni remotamente.
       Como detalle, Tart describe la misma descripción errónea del karma que Salvador Pániker: Dice: "La idea de la reencarnación y la teoría del karma requieren evidentemente que lo que se aprende en una vida deba (al menos parcialmente) transferirse a una entidad no física que actúa como vehículo para transmitir ese aprendizaje a otro período de la vida". Esto es algo muy enrevesado, y difícilmente demostrable, ni siquiera desde lo interior. Aún tiene el peligro de caer en lo fantástico y por tanto ser solo suscribible por mera fe. El karma no es transferir "a otra entidad" (qué eso, qué es un ente, cómo se "transfiere", etc.), no es tampoco modificar el EdC-d por un ECA "más espiritual" (esto son palabras tan solo), sino asumir en el presente mismo los niveles todos de la realidad en su plenitud. Es ahora cuando estás evitando algo, es ahora cuando está ocurriendo eso. No hace falta ir más lejos. La teoría transpersonal debe acercarse a la contemplación del presente ante todo, y de ahí la importancia de la Holoarquía de Wilber, que es precisamente esto: todos los niveles del Ser están ahí presentes, siempre y en todo momento, a veces ocultos y plegados -no reconocidos por la conciencia-, a veces vivos y completamente presentes, pero siempre ahí. No es necesario recurrir a ideas fantasticas de otras vidas, de renacimientos desde vidas pasadas por entidades no físicas, de transferencias, etc. - esto es difícil de aceptar a nuestra mentalidad, y en mi opinión con toda razón.
       En esto estoy completamente con Antonin Artaud cuando dice que si al público actual le resulta aburrido Edipo Rey, la culpa no es tanto del público, sino del propio Edipo Rey, que ya no tiene lo que la gente necesita hoy, algo más inmediato, directo, y sin tanta fanfarria. Posiblemente esta noción del karma en cierto contexto es apropiada para la descripción de todo lo que supone el continuo acercamiento al presente puro, pero una vez intelectualizada y puesta como si fuese algo que debemos creer, sin mayores pruebas, pierde toda su veracidad. Es en este momento de aproximación a lo puro, a lo presente mismo, donde desaparece el karma - lo no-dual.
       El Libro Tibetano de los Muertos, independientemente de que esté hablando -en parte- de lo que ocurrirá cuando muramos, trata ante todo de lo que ocurre Ahora, y así poder estar preparados con cada vez mayor atención en caso de que la muerte nos coja antes de la Realización de lo No-Dual. Pero es algo experimentable aquí, y no hace falta que nos vayamos tan lejos como a esas "otras reencarnaciones". No hay, en este sentido, diferencia alguna entre lo que ocurre aquí y lo que ocurrirá allá, y hacer esta diferencia mediante extrañas teorías transfiriendo el karma "de una vida a otra" literalmente, no viene precisamente a ayudarnos a la dilucidación de la verdad, a prestar atención a lo que Es. Lo no-dual es el cese del karma, en el sentido de saberse vacío -que acoge todas las formas-, pero el resto de la manifestación (todos los niveles por debajo) nunca cesarán, ni tampoco se pretende que lo hagan. La ascensión (o la profundización en el presente) está ahí, pero en el fondo como tal también es ilusión - una forma de entender lo que inmediatamente está ahí. Cuando se comienza a hablar del karma como transferencia de otros mundos "que hay que conocer", acarreando cargas que no se sabe bien cómo tenemos que acarrear hoy, se estará quizá apuntando a algo cierto desde esa ignorancia que reside en un plano más bajo todavía, despachando cuestiones espirituales porque "ahora estoy viendo la tele", pero en el fondo no es más que un modo de hablar que nada tiene que ver con el amor que Es, con el vacío sin forma en todas las formas.
       Es preciso no separar el karma "creado en otras vidas" de lo que vivimos momento a momento: de otro modo todo decae en fantasía poco creíble. Hay ascensión, viaje, o aproximación al presente (como quiera que queramos llamarlo) de un estado de conciencia inferior a otro superior o viceversa (la caída), pero esto ocurre siempre y en todo momento, mojado de principio a fin, a pesar de todos los pesares y también como quiera que queramos llamarlo, por el vacío absoluto de lo ignoto. Lo demás son maneras de hablar, y habremos de andar con cuidado al mencionarlas de tal modo que queden lejos de nuestra propia conciencia inmediata si no queremos que nos tachen de fantásticos o poco estrictos -poco científicos-, lo que no es deseable para el acercamiento a lo espiritual en la actualidad.
       La crítica que hace Tart a Freud y al psicoanálisis en general a veces también peca de cierta parcialidad. Freud y su escuela combatían algo que en el momento era muy real y muy importante: la represión sexual, el poderío sobre los demás, las desviaciones de la personalidad, etc. El psicoanálisis era el principio de un intento de transformación con lo que allí había (y sigue habiendo, en buena medida). Cierto que tanto la imagen (la represión) como la solución (el psicoanálisis) son ilusiones en último término -justo lo que la persona que ha pasado por el proceso se da cuenta y saca a la luz de su conciencia, y ésta es la "curación"-, pero eran (y son) ilusiones muy reales, pliegues que hay que reconocer desde dentro para así encontrarse de nuevo en lo que era antes de la confusión. Cierto que Freud lo consideraba "real" en el sentido casi de inconmovible y no fue precisamente él el que salió de su propio atolladero, pero sí comenzó la carrera. El fundamento de la ilusión es no ver que la imagen, se dirija hacia donde se dirija, es tan solo una imagen. Pretender que la imagen es la realidad es la patología básica, que no se resuelve hasta su misma radiación, hasta la nueva síntesis de lo que siempre ha habido: lo no-dual. A esto se lo denomina pasar de lo "inconsciente" a lo "consciente". Pero, como decía ayer con respecto a la técnica, hay que atravesar el proceso al completo para "darse cuenta". La locura es creer para sí que uno está loco. Pero el que no conozca este proceso de desintegración difícilmente podrá "darse cuenta" de que en realidad y en el fondo todo está bien, y ello en todos los niveles de la vida cotidiana, lo que requiere infinito trabajo.
       No parece lícito descartar el contenido de la imagen -la teoría- de por sí y para siempre (la teoría freudiana por ejemplo), porque la eliminación de la primera siempre trae una nueva imagen -teoría-: su "solución". Y así hemos pasado de una imagen a otra, pero sin apercibirnos de que la cuestión no está tanto en admitir una imagen o la otra -que todas tienen su espacio- sino en el hecho de teorizar de por sí. Teorizar es teorizar, pero no es la realidad. Por tanto debemos ceñirnos al contenido de la teoría misma, porque si "saltamos" y decimos que una imagen en concreto "no es la realidad" mientras que la nueva que yo traigo sí lo es, entonces estamos cayendo en nuestra propia trampa, que habíamos venido a superar. La anomalía está en no reconocer que la imagen es tan solo imagen, sea de la clase que sea - el hecho de que la imagen de por sí, con el contenido que sea, se considere real en el sentido de propia e inconmovible. Donde hay una imagen agarrada, pretendiendo que es fija, hay solución: hay también dualidad. Y esto son tan solo palabras. El "fundamento" al final -no-fundamento- es que todo esto no son más que tonterías - las imágenes bailan y ya está. Los contenidos de la imagen no se excluyen mutuamente, hay que investigarlos de acuerdo con su propia naturaleza y capacidad explicativa.
       Es también muy propio de las investigaciones transpersonales de primera generación confundir la crítica de la sociedad actual con una crítica a lo científico en general; la crítica de los valores (interior colectivo, de acuerdo con los cuatro cuadrantes de Wilber) con la del conocimiento empírico (exterior); y ello a la vez confundiendo lo experimentable en cualquier área (y por tanto susceptible de ciencia) con lo exclusivamente empírico y exteriorista. Se relaciona lo científico con cierta mentalidad despótica; se relaciona la apertura espiritual con valores femeninos, etc. Así nunca se llegará a una integración adecuada, que excluye lo que es válido de una perspectiva porque en cierto momento se asocio con algo que luego ha resultado "perverso". Quiero decir: en cualquier teoría, y más en la psicología transpersonal, hay que vencer esta tentación de decir que "ya estamos en lo espiritual" y "que todo lo demás queda atrás" como si en ese "todo lo que queda atrás" no hubiese cosas de inmenso valor y sobre las que está fundamentado lo siguiente. No hay rupturas radicales. Hay que vencer esta tentación de "nuevo paradigma".
       Hay que explicitar, por tanto, lo que se quiere. Y hay que distinguir para poder armonizar convenientemente. La distinción apropiada no es la de lo científico vs. lo espiritual, sino la de lo interior y lo exterior, sabiendo que en ambas puede haber ciencia y en muy distintos grados de aproximación. Al hacer de lo espiritual una cosa aparte de la ciencia, estamos diciendo, por un lado, que lo espiritual no puede ser susceptible de ciencia (por lo que entonces la psicología transpersonal se pisa sus propios talones) y, por otro, que todo lo científico anterior no era más que síntoma de unos prejuicios englobados en un paradigma más amplio (supuestamente el newtoniano) que no contemplaba la espiritualidad del mundo.
       Esta confusión lleva a Tart a tratar de demostrar "lo espiritual" mediante técnicas exterioristas, y éste no es el camino para un estudio profundo de la conciencia y de lo contemplativo. Concibe como un puente entre los experimentos y la ciencia anteriores y lo nuevo espiritual los estudios de laboratorio sobre parapsicología, que, si bien son en sí mismos lícitos, no son la solución al problema que se está planteando. Los fenómenos PES ("percepción extrasensorial") solo tocan tangencialmente el asunto. Tratan de una verificación a nivel externo (por ejemplo: "¡he visto lo que iba a ocurrir después!"), pero no habla de cualidades internas, de descubrimientos en la paulatina integración de la conciencia, de la auténtica ciencia de lo espiritual (la Subida al Monte Carmelo).
       Curiosamente, la reproducción en laboratorio de los fenómenos PES (cuyas descripciones asombran por su sencillez e inteligencia - yo mismo quiero hacer alguna prueba con amigos) sigue los supuestos de la investigación científica estilo "fisicalista" que tanto venía criticándose. Jugamos aquí con datos empíricos, pero esto nada tiene que ver ni con la iluminación (satori), ni con los descubrimientos de la psicología jungiana profunda, ni con el sufrimiento universal, ni con la salvacion, ni con las experiencias místicas, ni con nada que pueda llamarse acercamiento a las esferas transpersonales y numinosas, interiores. Sí podrán establecerse correlaciones y paralelismos con los datos del cuadrante exterior (por ejemplo entre cierto estado de conciencia interior y las ondas cerebrales), pero esto no implicará una demostración causa-efecto, de tal modo que podamos asegurar que ante determinado estado analizado con claves exterioristas (un cerebro en ondas alfa) estamos ante este otro estado interno.
       Cada terreno tiene sus propias claves de investigación, y es cierto que se interrelacionan, pero no por mucho investigar en laboratorio sobre los PES estaremos progresando en el encuentro con nuestra naturaleza espiritual e interior, que es lo que en un principio venía a tratarse. La ciencia de la conciencia, de lo interior, de lo espiritual, de la integración del ser humano en la búsqueda del Sí Mismo, de la verdad, del Ser, como quiera que llamemos nuestros encuentros íntimos e intransferibles, exige otras cualificaciones, otros ámbitos, otras maneras de descripción, como la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz o el cultivo del huerto en Santa Teresa de Ávila - amén de tener que acoger comprehensivamente todos los estudios anteriores dedicados a lo interior, como el psicoanálisis, la psicología humanista, y todo el enorme abanico de escuelas y tendencias que han venido dándose a lo largo de toda la historia de la filosofía. Es aquí donde entraría de lleno la psicología transpersonal, y no en el laboratorio de los tubos de ensayo y de los experimentos exterioristas, por más que se refieran a contenidos misteriosos y no tan dentro del mundo de la conciencia ordinaria (EdC-d) como son los fenómenos PES. Éstos son fenómenos externos, quizá superiores a las corrdenadas del espacio-tiempo, pero no cualidades internas de la mente y el espíritu. Es preciso que no consideremos los fenómenos PES estudiados en laboratorio como las demostraciones de lo espiritual, así como tampoco los supuestos paralelismos entre las nuevas visiones de la ciencia física (cuantas, subcuantas, principio de incertidumbre) con las descripciones de lo místico. Lo espiritual se demuestra y desarrolla en su propio terreno, que es la conciencia interior.
       Sin duda aquí hay dificultades de descripción, porque mucho de lo que ocurre en lo interior escapa a toda definición, pero esto no implica que no pueda hacerse un mapa aproximado. Los grandes místicos y filósofos de la historia han diseñado este mapa - si bien una cosa es el mapa y otra el territorio, que uno mismo debe recorrer para saber de qué se está hablando, viviendo todas y cada una de las dificultades al paso. Con la sana intención de abrir paso a lo espiritual en el ámbito académico, se hace hincapié en algo que no tiene tanto de espiritual en el sentido auténtico de la palabra como se creía, y se confunden unos terrenos con otros, haciendo de todo un lío casi más grande que el que teníamos antes.


Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 19 de junio del 2001

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