- Página de inicio
- Poetas y poesías
- Cuentacuentos
- Especiales
- Solidaridad
- Actividades
- Monográficos
- Agenda cultural
- Noticias
- Concursos
- Blog
- Librerías
- Diccionarios
- Estuvimos allí
- Libro de visitas
- Enlaces
- Curiosidades
- ¿Quiénes somos?
Acontecimientos importantes: las manifestaciones antiglobalización de Génova, en que una persona fue muerta entre varios centenares de heridos y detenidos. Éste es sin duda el nuevo reto del mundo: la articulación de una estructura armónica a nivel planetario que no deje fuera ninguna de las partes y donde la globalización, de nuevo, no sea que unos pocos gobiernan el mundo, como es hoy el caso. El diálogo hoy es prácticamente imposible porque los poderosos son del todo inalcanzables -son en realidad invisibles-, mucho más de lo que han sido los monarcas y otros mandamases en el pasado. Los presidentes de los países más ricos han llegado a algún acuerdo importante, como el perdonar parte de la deuda externa a algunos de los países más pobres. Cierto que esto no es nada en comparación con todo lo que queda por hacer, pero es algo. La cuestión reside en si este acto refleja un ligero cambio de actitud (o un acto de conciencia) o si es tan solo un gesto político. El tiempo lo irá diciendo.
Uno de los problemas a resolver también es el significado de la palabra "globalización". Porque si con ello se hace referencia a todos los aspectos de la interconexión planetaria, incluyendo la conciencia de vivir en un solo planeta (lo que es un paso adelante con respecto a los estados nacionales), el espíritu "antiglobalización" estaría haciendo un pan como unas tortas. No es esto por lo que luchan los antiglobalización (de hecho es asombroso ver cómo se las arreglan para organizarse viniendo de distintos puntos del planeta), pero sí que es cierto que el común de los ciudadanos tiende a a conundir esos dos problemas: la globalización como planetización -inevitable y deseable- y la globalización como el poder del mundo en unas pocas manos -execrable e indeseable-.
Incluso ciñéndonos a la lucha anticapitalista que hay bajo el término "antiglobalización" habría que revisar qué se entiende por tal para no decir demasiadas tonterías imposibles, como he visto decir a analistas comunistas cegados por la mera ideología. Hemos de tratar que todo vaya por el camino de un diálogo fecundo y no por la puerta ancha de la violencia o del "yo tengo razón pero tú no". La perspectiva ecónomica se abre y se hace cada vez más compleja, inevitablemente yendo cada vez más hacia lo local y hacia lo planetario al mismo tiempo, con la necesidad primordial de repartir la riqueza y dejar, al tiempo, que la producción se mueva - a este respecto habría que pensarlo casi como una síntesis superior del capitalismo y el comunismo. El diálogo y la integración es difícil porque los grandes señores tienen la sartén por el mango, y mientras tanto millones de personas mueren de hambre en el mundo. Pero desde el punto de vista estratégico, si queremos avanzar verdaderamente, no podemos dejarnos cegar por la ira - como tampoco debemos caer en el conformismo. Hemos de partir de un principio integrador, en que se abran las puertas a la razón de ambos lados y donde ambas se sinteticen en un principio más alto. Los gobiernos tienen su necesidad, al igual que las reclamaciones de los manifestantes. El verdadero progreso o evolución depende del entendimiento entre las partes escindidas para formar una totalidad que acoja a ambas y respete sus particularidades. El gobierno abusa del poder y esto no puede permitirse en modo alguno. La cuestión es ahora: ¿qué hacer para evitarlo (o para irlo evitando)?
La labor de los gobiernos nacionales debe ser administrar los potenciales (y no excederse en las tareas de control y manipulación, y menos aún para el enriquecimiento de las macrocorporaciones con los que están asociados y la explotación de los más débiles). El sistema planetario es inevitable y ninguna solución puede pasar por un enfrentamiento directo a él (lo que provoca la represión consecuente, y todo por las razones equivocadas, tanto en los que atacan el sistema como en los que reprimen desde él, y así la mayor escisión entre las partes, el caos).
Si miramos las cosas con perspectiva, el poder está tendiendo en realidad las facilidades para la interconexión planetaria, al menos a nivel técnico (el espíritu interior del Tiempo que tiende a lo global está más allá de cualquier control o voluntad - simplemente se está produciendo por el orden mismo de la Evolución). Ésta tiene que producirse. Otra cuestión es que unos pocos posean el control y después lo exploten y manipulen a su conveniencia, para lo cual están las leyes (que todavía favorecen ese sistema de alienación). El poder legislativo está aún demasiado próximo al capital, a la acumulación y la avaricia, pero esto seguramente irá separándose con el tiempo a medida que cada cual se determine a crear una sociedad más justa y más descentralizada. El movimiento de descentralización de los estados nacionales acompaña a la planetización: son dos movimientos sincrónicos. Cada vez más poder hacia células menores de convivencia (descentralización) acompañado de la sincronización horizontal entre las mismas (la interconexión planetaria - que se va tendiendo, paradójicamente, mediante el mediocre sistema actual de explotación y mediante las iniciativas de los gobiernos nacionales).
Tanto el sistema como los movimientos de los gobiernos nacionales actúan inconscientemente por un doble impulso, y es importante disntinguir las dos para no criticar o ensalzar ambas como si fueran una (lo que constituiría el error de uno u otro lado). Ya lo hemos dicho: por un lado satisfacen mediante sus medidas la avaricia y la explotación, pero también empujan y ponen los medios técnicos que harán más efectiva la interconexión planetaria real. La posibilidad de que desarrollemos una ética planetaria seria antes de que se pongan los medios en marcha es prácticamente imposible, puesto que la técnica (lo exterior) siempre camina mucho más deprisa que los movimientos internos de la ética. Así, por ejemplo, cuando la revolución industrial, se creyó que las máquinas liberarían la hombre de al menos parte de las pesadas cargas del trabajo, y acaso no hizo más que incrementarlas (acumulando, por otro lado, el capital de nuevo en unas pocas manos). Pero por otro lado los nuevos medios propiciaron poderosos cambios a nivel social: las revoluciones subsiguientes hacia la igualdad social no pueden entenderse sin los medios que previamente se pusieron a disposición de las gentes. Esto es lo mismo ahora en la era informática: los medios se tienden, unos pocos se benefician, pero al mismo tiempo, al tenderse esos medios (en principio neutros) se acaban por utilizar también con finbes revolucionarios y de cambio social genuino (así los manifestantes "antiglobalización" o tantas y tantas cosas beneficiosas que trae la red informática).
Un factor también a tener en cuenta en toda lucha es que todo movimiento por una "causa" (política) está compuesto de personas que se sitúan en distintas franjas o niveles, y por tanto en realidad hay muchas luchas diferentes, aparentemente "una". Los hay que se unen a la causa porque así tienen una razón para destruir (podría ser cualquier otra). Los hay que, aun bienintencionados, confunden los términos, o, dicho de otro modo, tan solo pretenden ventajas para sí en contra de los otros. Piensan que así se hace una compensación. Y los hay, por último, que aspiran a una perspectiva integral que abarque todas las posiciones de tal modo que todos lleguemos a buen puerto. Podríamos subdividir estos tipos en más (como ha hecho Ken Wilber con los trabajos de la Spyral Dinamics, interesantísimos y de grandes consecuencias), y veríamos que cada cual tiene una necesidad diferente. Para una conciliación adecuada deberíamos tener en cuenta todas las necesidades diferentes y todas las perspectivas y arreglar cada una de acuerdo con su nivel. La teoría y la práctica integrales engloba al "otro" movimiento, de tal modo que es el único que puede aspirar al entendimiento auténtico de las partes. Los dos movimientos aparentemente contrarios no chocan entre sí en esta franja, sino que constituyen cabalmente una unidad. La unidad es previa a la dualidad, y la dualidad aspira a volver a la unidad original. El Espíritu del Mundo busca el cómo.
El movimiento dialéctico debe proseguir. Los "antiglobalización"
comprenden la dialéctica a nivel material en que unos tienen mucho
(o casi todo) y otros poco (o nada), y hay que equilibrarlo. Y es
fundamental, cae por su propio peso. Ahora bien, a menudo vemos
que no se responde muy bien a la cuestión de que el propio movimiento
engendra un opuesto que asimismo necesita de una síntesis superior,
y así sucesivamente. No hay ninguna razón para creer que hemos terminado
la tarea o que todo se queda en dialéctica material, y ciertamente
constituye una ceguera pretender que la sola solución de lo planteado
resolverá todos los problemas, sin el autoanálisis correspondiente
al nivel que se critica, un paso más allá de lo criticado (que,
como digo, es perfectamente legítimo y necesario). Muchos críticos
se quedan ahí. Y hay que seguir aclarando en integraciones sucesivamente
superiores, tratando de contemplar la dinámica desde los puntos
de vista más elevados posible. Esto plantea un retorno al idealismo,
que incluye el "realismo" típico del nuevo marxismo y la "antiglobalización"
en su lucha por un mundo más justo económicamente, etc. Sin el idealismo
estamos abocados a la parcialidad y al mal entendimiento, como si
en el fondo no estuviésemos todos de acuerdo sobre lo que es necesario.
Es preciso calmar los ánimos, distinguir a qué nos referimos en
cada caso, y dialogar.
Miguel R. de P.
Extracto de Los Cuadernos de El Espinar, 23 de julio del
2001