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Fueron ampliamente conocidos en las décadas de los cincuenta,
sesenta y setenta en los Estados Unidos, y hoy -como tantas cosas
buenas- se van hundiendo en el olvido. En España son virtualmente
desconocidos y es posible incluso que apenas ninguno de los sus
libros esté publicado, eso lo desconozco. Escribieron juntos
y por separado por lo menos una cincuentena de libros sobre todo
tipo de temas, pero sobre todo libros autobiográficos, políticos
y sobre el cultivo de la tierra, construcción, etc., libros
de cocina y muchas cosas más. El libro que les hizo famosos
fue Living the Good Life ("Viviendo la Buena Vida") y
en él demuestran básicamente cómo es posible
construir una granja autosuficiente empezando desde cero.
Las vidas de ambos antes de que se conociesen y después de
conocerse son verdaderamente interesantes. Él fue profesor
en la universidad durante muchos años, hasta que fue expulsado
debido a sus ideas socialistas, que en aquel tiempo en EEUU -casi
como hoy si son genuinas- era como pertenecer a una secta satánica.
El coraje y la integridad que Scott Nearing demostró a lo
largo de su lento y continuado repudio por todas las academias y
universidades es difícil de describir en unas pocas líneas.
Viendo que era imposible para él seguir enseñando
teniendo las ideas que tenía, y siendo rechazado en casi
todas partes excepto en pequeños círculos, decidió,
a sus cuarenta años, reunir todos sus ahorros y comprar una
antigua granja al noreste de los EEUU, en Maine, si no me equivovo.
Es en esta época cuando Helen y Scott se conocen, ella siendo
veinte años menor que él.
El pasado de Helen es muy distinto y al menos tan fascinante. Nació
en una familia acomodada, y desde el principio mostró grandes
talentos artísticos, sobre todo musicales, además
de leer, como decía Cervantes que él hacía,
hasta los papeles de por la calle. Fue famosa como concertista -de
violín- y ésta hubiese sido la carrera que sus padres
hubiesen querido que siguiese si no fuese porque entró en
contacto con la Sociedad Teosófica y con Krishnamurti. Como
muchos sabrán, la Sociedad Teosófica es la organización
fundada por Madame Blavatsky, y cuya intención era -y es,
aunque hoy está un tanto apagada- traer un poco más
de luz -espiritual, se entiende- al mundo. Sus principios en aquel
tiempo (finales del siglo XIX) eran relativamente novedosos, pues
hablaban de la unión de todas las religiones y lo hacían
de un modo profundo y auténtico. Desconozco casi todo sobre
la historia de la Sociedad Teosófica, pero sí sé
que a principios del siglo XX, y ya cuando Blavatsky había
fallecido, y bajo el mandato de alguna de sus aprendices (cuyo nombre,
excúsenme, no recuerdo tampoco en estos instantes) escogieron
a una joven pareja para entrenarles concienzudamente y traer esa
luz al mundo. Tal pareja eran los hermanos Krishnamurti. Cómo
se las arregló Helen para entrar en ese mundo está
escrito en su hermosísima autobiografía final, Loving
and Leaving the Good Life, y de la que hablaremos más adelante.
En unos pocos años nos encontramos con Helen siendo la novia
más o menos oficial de Krishnamurti, y siendo también
quizá una de las personas más importantes al principio
de su vida y a lo largo de ese entrenamiento espiritual al que K.
fue sometido, y que se denominó "el Proceso" (en
curiosa coincidencia, ahora que escribo "Krishnamurti"
como "K.", con Kafka y su novela).
En fin: durante varios años Helen fue el apoyo físico
y emocional principal de Krishnamurti. Helen cuenta en esta autobiografía
final cómo se produce un lento proceso de ruptura. Lo cuenta
llena de amor y de encanto, sin ningún resentimiento en absoluto,
y nos pone delante un retrato de K. que a muchos de sus seguidores
quizá no les gustaría oír. Sin dejar por un
momento de admirarle poética y espiritualmente (eso es difícil
hacerlo para quien haya leído sus Diarios), Helen nos describe
cómo K. tenía la tendencia a dejar de lado a los de
clases más bajas, cómo en ocasiones era frío
como el hielo en sus enseñanzas, y cómo, en fin, acababa
por dejar de lado a las personas que más le querían,
incluyéndola a ella. Helen critica también a K. que
fuese tan duro con la Sociedad Teosófica que le crió,
decidiendo no seguir el camino que para él habían
trazado y diciendo que no quería ser ningún "maestro
del mundo" porque ya era "completamente libre". Helen
señala -quizá de ese modo tan particular con que sólo
una mujer puede hacer notar- que por qué decir que ya no
se quiere ser el Maestro del Mundo si al final dedica toda su vida
a la enseñanza. Helen también critica la pretensión
de que "ya estaba completamente liberado" como si eso
le excusase de juntarse con los de clases más bajas, como
si le impidise habitar casas humildes, y como si ello fuese motivo
para tener criados y casas y otras riquezas por todas partes. Helen
remarca que K. estaba tan liberado o era tan dependiente como todos
los demás, sencillamente, ni más ni menos.
Helen asistió a K. en sus momentos más difíciles.
K. escribió preciosas cartas de amor a Helen durante años,
algunas de las cuales Helen saca a la luz en esta última
autobiografía (nunca antes quiso hablar, siquiera en privado,
de su relación con K. por temor al chismorreo y la mendacidad,
lo que prueba una vez más una integridad tremenda por su
parte), y añade que K. de seguro la amaba, pero de un modo
un tanto abstracto. K. amaba todas las cosas en general, y su amor
por ella fue un "dejarse caer accidental" en esa persona
en particular, pero sin importarle verdaderamente la persona en
sí, tal y como como ella era. K. de pronto la olvidó.
El tratamiento posterior de K. a Helen es distante, como si nada
hubiese ocurrido entre ellos, y eso le duele, pero ya nada puede
hacerse. Años más tarde, cuando Helen y Scott ya tienen
la granja en marcha, Helen se entera de que K. va a dar un ciclo
de charlas en la zona. K. es invitado a venir a la casa, sin agua
corriente y sin las comodidades "apropiadas" en ese momento,
y K. declina la invitación para irse a una mansión
de lujo también en las cercanías. Esta sería
la última vez que tienen algún contacto.
Si nos hemos extendido un poco en esta fase de la vida de Helen
era tan solo para señalar que a sus veintipocos años,
cuando conoció a Scott, ya había vivido bastantes
cosas. Cuando Helen y Scott se conocen, él está en
plena crisis: nadie reconoce su trabajo, nadie quiere oír
de profundas transformaciones de la sociedad, nadie quiere salir
del redil del capitalismo y el conservadurismo americano, etc. Compran
juntos aquella granja anbandonada, y durante los próximos
cuarenta años se dedican a desarrollarla. Todo esto está
contado en el libro mencionado, Living the Good Life. Al cabo de
los años, miles de personas venían a la granja cada
año a observar tal modo de vida, à la Thoreau. No
utlizan máquinas, construyen y trabajan con sus propias manos.
Los inviernos, largos y duros, los dedican o bien a viajar o a escribir
alguno de sus libros, juntos o por separado, o quizá a dar
conferencias en algún sitio donde sean bienvenidos. Incluso,
en algunas ocasiones, donde no son tan bienvenidos.
Tras cuarenta años de duro trabajo en la granja, Helen y
Scott se dan cuenta de que la zona está empezando a populizarse.
Se ha construido una estación de ski en las cercanías,
cuando no había lietramente nada treinta años antes,
y hordas de gente empiezan a comprar a precios crecientes las propiedades
alrededor. De pronto, los coches, la música de las radios,
los jóvenes bebiendo cerveza, todas esas cosas que trae la
civilización, empiezan a hacer aparición. Y Scott
con ochenta años y Helen con sesenta y pico, deciden marcharse
de allí. ¿Por qué no empezar de nuevo?, se
dicen. Venden la granja por poco más del precio original,
lo suficiente para comprar otra, y dan el resto del dinero -la plusvalía,
por seguir la jerga marxista- al Ayuntamiento de la zona. En el
Ayuntamiento apenas se pueden creer que haya alguien tan loco como
para no quedarse con el dinero, y ofrecerlo a la comunidad para
su desarrollo. Al principio piensan que se trata de algún
tipo de engaño. Pero no, es muy en serio. (Siento no poder
extenderme sobre la integridad ética de esta pareja admirable:
uno debe leer sus libros sin más).
Con el dinero que obtienen para sí compran otra granja abandonada
y destartalada en Vermont, también los EEUU (y no sin pensar
ir a vivir otros países, pero decidiéndose por los
EEUU debido a la distancia a recorrer y a la dificultad de aprender
otro idioma en aquellos momentos), y se ponen en marcha, él
con ochenta y ella con sesenta años, a renovarla y desarrollarla
como la anterior. Esta aventura es aún más fascinante.
En lugar de utilizar un tipo de bayas endémicas en Norteamérica
-blue berries- como cash-crop (o sea, lo se cultiva para vender
y poder pagar las facturas), esta vez se dedican a producir jarabe
de arce, un delicioso dulce proveniente de las cortezas de una especie
de arce (es el producto nacional del Canadá, como para nosotros
es el vino o el aceite de oliva). Helen llega a construir su propia
casa, piedra sobre piedra y lentamente. Y Scott sigue en su línea
trabajadora infatigable.
Uno de los relatos más tiernos es el que ofrece Helen en
Loving and Leaving the Good Life sobre la muerte de Scott. Con 103
años y su cuerpo todavía resistiéndose tenzamente
a abandonar este mundo, que para él ha sido tan maravilloso
y productivo, Scott decide dejar de comer y así dejarse llevar
por la muerte de un modo suave, intencionado, consciente y puro.
Durante diez días Scott yace en un sofá, hasta que
una mañana llama a Helen. Helen se sienta su lado, se miran,
y Scott llena sus pulmones con la última bocanada de aire
mientras expele: "Aaaaall right" - y se va. Algo dice
que la vida ha sido grande vivirla, que se ha vivido y que ahora
se abandona en paz.
He querido transcribir aquí una de las miles de cartas que
Scott escribía a quien le hiciese preguntas sobre su modo
de vida, porque es muy ilustrativa. Helen la copia, entre otras
muchas, en su Loving and Leaving the Good Life: Es la ogdóada
central de sus vidas:
1. Lo político y lo social: organizaciones izquierdistas,
lenguas extranjeras, viajes.
2. Lo ecológico: horticultura, trabajo en los bosques, amor
por la naturaleza y animales
3. Lo artístico y lo estético: literatura, música,
poesía, pintura.
4. Lo cósmico y esotérico: filosofía, arte
de morir, meditación.
5. Investigación y estudios: en bibliotecas y en casa; escribir
y leer libros juntos.
6. Planes y construcción: de casas, de huertos y otros edificios.
7. Comida simple: vegetariana, biológica, sin procesar.
8. Salud: ejercicio físico, dieta, yoga y ayunos.
No está mal para empezar.
Miguel R. de P.
Vancouver, enero del 2004.