Soypoeta.com: poesía, cuentacuentos, solidaridad, viajes y cultura en general
"Quién diría
que tras el fuego
amanece un nuevo día."
Accesibilidad | Contacto | Mapa
Soypoeta.com
 

Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

Helen y Scott Nearing. (28 de marzo de 2004)

Fueron ampliamente conocidos en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta en los Estados Unidos, y hoy -como tantas cosas buenas- se van hundiendo en el olvido. En España son virtualmente desconocidos y es posible incluso que apenas ninguno de los sus libros esté publicado, eso lo desconozco. Escribieron juntos y por separado por lo menos una cincuentena de libros sobre todo tipo de temas, pero sobre todo libros autobiográficos, políticos y sobre el cultivo de la tierra, construcción, etc., libros de cocina y muchas cosas más. El libro que les hizo famosos fue Living the Good Life ("Viviendo la Buena Vida") y en él demuestran básicamente cómo es posible construir una granja autosuficiente empezando desde cero.

Las vidas de ambos antes de que se conociesen y después de conocerse son verdaderamente interesantes. Él fue profesor en la universidad durante muchos años, hasta que fue expulsado debido a sus ideas socialistas, que en aquel tiempo en EEUU -casi como hoy si son genuinas- era como pertenecer a una secta satánica. El coraje y la integridad que Scott Nearing demostró a lo largo de su lento y continuado repudio por todas las academias y universidades es difícil de describir en unas pocas líneas. Viendo que era imposible para él seguir enseñando teniendo las ideas que tenía, y siendo rechazado en casi todas partes excepto en pequeños círculos, decidió, a sus cuarenta años, reunir todos sus ahorros y comprar una antigua granja al noreste de los EEUU, en Maine, si no me equivovo. Es en esta época cuando Helen y Scott se conocen, ella siendo veinte años menor que él.

El pasado de Helen es muy distinto y al menos tan fascinante. Nació en una familia acomodada, y desde el principio mostró grandes talentos artísticos, sobre todo musicales, además de leer, como decía Cervantes que él hacía, hasta los papeles de por la calle. Fue famosa como concertista -de violín- y ésta hubiese sido la carrera que sus padres hubiesen querido que siguiese si no fuese porque entró en contacto con la Sociedad Teosófica y con Krishnamurti. Como muchos sabrán, la Sociedad Teosófica es la organización fundada por Madame Blavatsky, y cuya intención era -y es, aunque hoy está un tanto apagada- traer un poco más de luz -espiritual, se entiende- al mundo. Sus principios en aquel tiempo (finales del siglo XIX) eran relativamente novedosos, pues hablaban de la unión de todas las religiones y lo hacían de un modo profundo y auténtico. Desconozco casi todo sobre la historia de la Sociedad Teosófica, pero sí sé que a principios del siglo XX, y ya cuando Blavatsky había fallecido, y bajo el mandato de alguna de sus aprendices (cuyo nombre, excúsenme, no recuerdo tampoco en estos instantes) escogieron a una joven pareja para entrenarles concienzudamente y traer esa luz al mundo. Tal pareja eran los hermanos Krishnamurti. Cómo se las arregló Helen para entrar en ese mundo está escrito en su hermosísima autobiografía final, Loving and Leaving the Good Life, y de la que hablaremos más adelante. En unos pocos años nos encontramos con Helen siendo la novia más o menos oficial de Krishnamurti, y siendo también quizá una de las personas más importantes al principio de su vida y a lo largo de ese entrenamiento espiritual al que K. fue sometido, y que se denominó "el Proceso" (en curiosa coincidencia, ahora que escribo "Krishnamurti" como "K.", con Kafka y su novela).

En fin: durante varios años Helen fue el apoyo físico y emocional principal de Krishnamurti. Helen cuenta en esta autobiografía final cómo se produce un lento proceso de ruptura. Lo cuenta llena de amor y de encanto, sin ningún resentimiento en absoluto, y nos pone delante un retrato de K. que a muchos de sus seguidores quizá no les gustaría oír. Sin dejar por un momento de admirarle poética y espiritualmente (eso es difícil hacerlo para quien haya leído sus Diarios), Helen nos describe cómo K. tenía la tendencia a dejar de lado a los de clases más bajas, cómo en ocasiones era frío como el hielo en sus enseñanzas, y cómo, en fin, acababa por dejar de lado a las personas que más le querían, incluyéndola a ella. Helen critica también a K. que fuese tan duro con la Sociedad Teosófica que le crió, decidiendo no seguir el camino que para él habían trazado y diciendo que no quería ser ningún "maestro del mundo" porque ya era "completamente libre". Helen señala -quizá de ese modo tan particular con que sólo una mujer puede hacer notar- que por qué decir que ya no se quiere ser el Maestro del Mundo si al final dedica toda su vida a la enseñanza. Helen también critica la pretensión de que "ya estaba completamente liberado" como si eso le excusase de juntarse con los de clases más bajas, como si le impidise habitar casas humildes, y como si ello fuese motivo para tener criados y casas y otras riquezas por todas partes. Helen remarca que K. estaba tan liberado o era tan dependiente como todos los demás, sencillamente, ni más ni menos.

Helen asistió a K. en sus momentos más difíciles. K. escribió preciosas cartas de amor a Helen durante años, algunas de las cuales Helen saca a la luz en esta última autobiografía (nunca antes quiso hablar, siquiera en privado, de su relación con K. por temor al chismorreo y la mendacidad, lo que prueba una vez más una integridad tremenda por su parte), y añade que K. de seguro la amaba, pero de un modo un tanto abstracto. K. amaba todas las cosas en general, y su amor por ella fue un "dejarse caer accidental" en esa persona en particular, pero sin importarle verdaderamente la persona en sí, tal y como como ella era. K. de pronto la olvidó. El tratamiento posterior de K. a Helen es distante, como si nada hubiese ocurrido entre ellos, y eso le duele, pero ya nada puede hacerse. Años más tarde, cuando Helen y Scott ya tienen la granja en marcha, Helen se entera de que K. va a dar un ciclo de charlas en la zona. K. es invitado a venir a la casa, sin agua corriente y sin las comodidades "apropiadas" en ese momento, y K. declina la invitación para irse a una mansión de lujo también en las cercanías. Esta sería la última vez que tienen algún contacto.

Si nos hemos extendido un poco en esta fase de la vida de Helen era tan solo para señalar que a sus veintipocos años, cuando conoció a Scott, ya había vivido bastantes cosas. Cuando Helen y Scott se conocen, él está en plena crisis: nadie reconoce su trabajo, nadie quiere oír de profundas transformaciones de la sociedad, nadie quiere salir del redil del capitalismo y el conservadurismo americano, etc. Compran juntos aquella granja anbandonada, y durante los próximos cuarenta años se dedican a desarrollarla. Todo esto está contado en el libro mencionado, Living the Good Life. Al cabo de los años, miles de personas venían a la granja cada año a observar tal modo de vida, à la Thoreau. No utlizan máquinas, construyen y trabajan con sus propias manos. Los inviernos, largos y duros, los dedican o bien a viajar o a escribir alguno de sus libros, juntos o por separado, o quizá a dar conferencias en algún sitio donde sean bienvenidos. Incluso, en algunas ocasiones, donde no son tan bienvenidos.

Tras cuarenta años de duro trabajo en la granja, Helen y Scott se dan cuenta de que la zona está empezando a populizarse. Se ha construido una estación de ski en las cercanías, cuando no había lietramente nada treinta años antes, y hordas de gente empiezan a comprar a precios crecientes las propiedades alrededor. De pronto, los coches, la música de las radios, los jóvenes bebiendo cerveza, todas esas cosas que trae la civilización, empiezan a hacer aparición. Y Scott con ochenta años y Helen con sesenta y pico, deciden marcharse de allí. ¿Por qué no empezar de nuevo?, se dicen. Venden la granja por poco más del precio original, lo suficiente para comprar otra, y dan el resto del dinero -la plusvalía, por seguir la jerga marxista- al Ayuntamiento de la zona. En el Ayuntamiento apenas se pueden creer que haya alguien tan loco como para no quedarse con el dinero, y ofrecerlo a la comunidad para su desarrollo. Al principio piensan que se trata de algún tipo de engaño. Pero no, es muy en serio. (Siento no poder extenderme sobre la integridad ética de esta pareja admirable: uno debe leer sus libros sin más).

Con el dinero que obtienen para sí compran otra granja abandonada y destartalada en Vermont, también los EEUU (y no sin pensar ir a vivir otros países, pero decidiéndose por los EEUU debido a la distancia a recorrer y a la dificultad de aprender otro idioma en aquellos momentos), y se ponen en marcha, él con ochenta y ella con sesenta años, a renovarla y desarrollarla como la anterior. Esta aventura es aún más fascinante. En lugar de utilizar un tipo de bayas endémicas en Norteamérica -blue berries- como cash-crop (o sea, lo se cultiva para vender y poder pagar las facturas), esta vez se dedican a producir jarabe de arce, un delicioso dulce proveniente de las cortezas de una especie de arce (es el producto nacional del Canadá, como para nosotros es el vino o el aceite de oliva). Helen llega a construir su propia casa, piedra sobre piedra y lentamente. Y Scott sigue en su línea trabajadora infatigable.

Uno de los relatos más tiernos es el que ofrece Helen en Loving and Leaving the Good Life sobre la muerte de Scott. Con 103 años y su cuerpo todavía resistiéndose tenzamente a abandonar este mundo, que para él ha sido tan maravilloso y productivo, Scott decide dejar de comer y así dejarse llevar por la muerte de un modo suave, intencionado, consciente y puro. Durante diez días Scott yace en un sofá, hasta que una mañana llama a Helen. Helen se sienta su lado, se miran, y Scott llena sus pulmones con la última bocanada de aire mientras expele: "Aaaaall right" - y se va. Algo dice que la vida ha sido grande vivirla, que se ha vivido y que ahora se abandona en paz.

He querido transcribir aquí una de las miles de cartas que Scott escribía a quien le hiciese preguntas sobre su modo de vida, porque es muy ilustrativa. Helen la copia, entre otras muchas, en su Loving and Leaving the Good Life: Es la ogdóada central de sus vidas:

1. Lo político y lo social: organizaciones izquierdistas, lenguas extranjeras, viajes.
2. Lo ecológico: horticultura, trabajo en los bosques, amor por la naturaleza y animales
3. Lo artístico y lo estético: literatura, música, poesía, pintura.
4. Lo cósmico y esotérico: filosofía, arte de morir, meditación.
5. Investigación y estudios: en bibliotecas y en casa; escribir y leer libros juntos.
6. Planes y construcción: de casas, de huertos y otros edificios.
7. Comida simple: vegetariana, biológica, sin procesar.
8. Salud: ejercicio físico, dieta, yoga y ayunos.

No está mal para empezar.

Miguel R. de P.
Vancouver, enero del 2004.

Página de inicio | Poesía y poetas | Cuentacuentos | Especiales | Solidaridad | Actividades | Monográficos | Agenda cultural | Noticias
Concursos | Blog | Librerías | Diccionarios | Estuvimos allí | Libro de visitas | Enlaces | Curiosidades
¿Quiénes somos? | Mapa del sitio | Contacto | Copyright | Accesibilidad | Aviso legal
¡Gracias por visitar Soypoeta!
Logo de validación de XHTML 1.0 Transitional |Nivel Triple-A de Conformidad con las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 (WCAG 1.0) |Logo de validación de hojas de estilo |Logo de validación del Test deAccesibilidad Web, TAW |Logo de validación de contenidos de la Plataforma para la selección de contenidos en Internet, PICS