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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

El Anarca. (28 de marzo de 2004)

Las leyes resultan la cristalización de los acuerdos colectivos, además de constituir la base a partir de la cual puede seguir profundizándose en la libertad y los derechos. La evidencia muestra con amplitud que sin las leyes se regresa a los antojos propios de una tiranía cualquiera, basada en último término en el egoísmo y la ignorancia más feroces. El "contrato social" no es sólo caractrístico de las democracias modernas. En un sentido amplio es característico de toda organización social, en cuanto que gobernantes y gobernados sostienen algún tipo de relación, y en ese sentido de "contrato". Hasta cierto punto depende de los que conforman una sociedad instaurar un tipo u otro de contrato, cuya variedad es prácticamente infinita, y cuya "bondad" depende en gran medida de las circunstancias, si bien en términos generales puede decirse que el despotismo es peor, por ejemplo, que la democracia.

El contrato social fue criticado por Nietzsche como algo irrisorio, la ilusión de la modernidad que creyó que la razón podía gobernarlo todo. Sin entrar demasiado en hasta qué punto Nietzsche transciende los presupuestos modernos y en qué sentido existe en su presuposición el peligro de una regresión a lo pre-racional, es importante señalar que la posición -"posición" entendida como Figura- de Nietzsche, y con él tantos otros críticos de la postmodernidad (desde Max Stirner a Foucault), es la del Anarca. El Anarca es la figura (Gestalt) del que toma distancia para con el Sistema (sea este el que sea), y ha sido genialmente descrito por Ernst Jünger en muchas de sus obras (a modo de ensayo en La Emboscadura, y en su novela Eumeswil).
La cuestión de hasta qué punto la crítica al "contrato social" que confía en las facultades racionales del hombre para su propio gobierno es adecuada o peligrosa debe ser mencionada porque arroja luz sobre los peligro del nihilismo. La razón es un estadio que no puede ser pasado por alto; de otro modo, bajo el tenor de una "libertad más amplia", trans-racional, puede caerse en pautas más bien pre-racionales y animales. La tendencia a ridiculizar el estadio racional típico de la Modernidad por parte de Nietzsche puede llevar a un regreso al despotismo y al absolutismo feudal, amparado quizá por una interpretación difícil de la "voluntad de poder". El nacionalsocialismo alemán, sin ir más lejos, se amparó en su filosofía, y, aunque el verdadero Nietzsche está lejos de ello, el encuentro entre ambos no es del todo casual. El nacionalsocailismo puede -con alguna que otra dificultad- ampararse en la ambigüedad nietzscheana al respecto; la ambigüedad de una "voluntad de poder" sin criterio general, y que de hecho empuja hacia conquistas literales de un pueblo a otro, denigrando todo intento de comprensión racional mutua. No debemos olvidar que es ésta la que dictará en qué medida nos entregamos a la tiranía de nuestros impulsos y antojos o a la libertad del goce de un territorio más amplio. Por supuesto la confianza plena en la razón ilustrada no resulta útil para afrontar muchos aspectos de la vida, sin embargo resuta clave para no entregarse al nihilismo.

La distancia que toma el Anarca y que puede criticar con autenticidad desde un nuevo lugar lo pasado es una posición impagable, donde se llega al culmen de la soberanía interior. Mas desde tal posición, al mirar retrospectivamente la historia, y criticar, como hizo Nietzsche, la "democracia" como un asunto para plebeyos del espíritu, y algunos reinados y principados antiguos como la mayor perfección política (al estilo Maquiavelo), uno puede caer en el peligro de dejar de lado todos los aspectos fuertes y genuinos que trae consigo la democracia y sin querer ensalzar los débiles y tiranos de tales reinados. Sería demasiado largo ahora pentrar en las profundidades de la ambigüedad del pensamiento de Nietzsche, que llama a "lo fisiológico" a veces en un sentido muy espiritual -como retorno a lo elemental-, ora en un sentido muy burdo, presto a las peores interpretaciones, como esa que dicta a los tiranos hacer lo que venga en gana "puesto que demostraría salud y vitalidad". En cualquier caso lo importante es dase cuenta de que el salto a la posición del Anarca no confiere de por sí la verdad en la interpretación analítica retrospectiva - es tan sólo un punto de partida. En este sentido el análisis político de Aristóteles parece tener casi más vigencia hoy que el de Nietzsche.

Se hace preciso, por tanto, un criterio general en el análisis retrospectivo, que no esté meramente librado a la "voluntad de poder" o al Yo. Si bien, como decimos, la Figura del Anarca constituye un nuevo punto de partida sobre el que muchas orgnizaciones deben estar y estarán fundamentadas en el futuro (produciendo un aumento considerable de libertad, de hecho progresando en el sentido que había iniciado la razón y la democracia), el punto de vista del Anarca puede tender hacia pautas meramente regresivas (nihilistas) si no tenemos a mano el criterio mencionado. Este es el caso del anarquista común; ése que impone su terrorismo pasando por encima de toda consideración, de toda legislación. La distinción entre el Anarca y el anarquista es otra de esas distinciones claves. Jünger la ha delineado también de modo magistral, sobre todo en Eumeswil.
El Anarca no lucha contra nada; el anarquista sí - y en ese sentido favorece y empuja al Sistema previo a seguir autoperpetuándose, pues es justamente de lo que se alimenta - de enemigos. El Anarca toma distancia ante las cosas, pero no es indiferente. Antes bien, actúa con precisión ante lo que se le presenta. Procura con mucha atención los cambios que conducen a condiciones de mayor libertda interior. El Anarca toma una posición de ecuanimidad, no de indiferencia. Su ser más íntimo no se ve tocado en lo más fundamental por ningún sistema, ya sea político o de pensamiento, y en ese sentido puede reirse tanto del contrato social moderno como del despotismo más malvado o benigno según los casos. Pero en todos los casos hace uso de la situación presente para ampliar su conocimiento y así su libertad. El Anarca puede retirarse lejos de las fuentes de poder o estar cerca de ellas. Para la posición misma y para la Figura esto no es lo crucial. La distancia que toma el Anarca no es pasividad en ningún caso: sabe que todo es importante y que cualquier desliz puede ser fatal. Sin embargo, como ya hemos señalado, existe una tendencia en el Anarca, como se dio en Nietzsche y en cierto modo también en Jünger, a desconsiderar todo criterio global . Esto tiene sentido en cuanto que las consideraciones del criterio no pasarán de ser opiniones en el tiempo sobre este aspecto y el otro y no ancladas en el Absoluto del Yo sobre el que se sustenta el Anarca, mas son peligrosas en cuanto que pueden desembocar, y a menudo desembocan, en una concepción circular de la historia, donde unas cosas se suceden a las otras y donde no existe lugar deseable hacia el que tender.

Repetimos: el Anarca parte del punto en que nada exterior a él le toca en su esencia más íntima. Si es esto lo que se da, es esto; si es aquello, es aquello. De un modo muy puro ni acepta y se apega a una forma determinada, ni tampoco rechaza (apegándose a la contraria). Mas al mirar las ventajas e inconvenientes de unos sistemas y otros es posible y deseable en cierto sentido formar un criterio (como el de que es preferible una sociedad que respete los derechos humanos a otra que no; o una sociedad que no posea armas nucleares comparada con una que las fabrica sin descanso). El déspota que describe Jünger en Eumeswil es un déspota inteligente, casi más parecido al sabio dirigente descrito por Aristóteles que al tirano más común, un Francisco Franco, por ejemplo. Este retrato del déspota ("El Cóndor", le hace llamar Jünger) permite observaciones por parte del Anarca como la de que una tiranía puede ser tan interesante para el historiador como una democracia, incluso más. Esta observación sólo tiene sentido ante tiranías inteligentes y productivas, que son raras. Las más de las tiranías son objetivamente brutales y perversas, únicamente gobierno de la avaricia o de la estupidez. Sin el criterio antes referido no podría trazarse una línea divisoria entre tiranías brutales y más inteligentes, por ejemplo, o entre democracias serias, que tienden al autogobierno, y democracias demagógicas (cosa que, como dijimos antes, hizo Aristóteles con sumo cuidado). Es decir, sin el criterio no podrían distinguirse los aspectos valiosos de un contrato social, que restringen la entrada de las viejas autocracias porque-sí (minando de un modo serio las posibilidades de libertad individual en las que de hecho se basa el Anarca). En este sentido el contrato social deja de ser del todo risibles.

El Anarca hasta hoy es un individuo singular que sobresale por encima de las masas. Ha tomado esa distancia con respecto a todos los movimientos. Su posición los supera con mucho. Hay una libertad insobornable en el aire que respira. Se adapta a todo y sin embargo no pertenece a nadie, menos aún a un cuerpo de ideologías, "conservadoras" o "progresistas". Está sólo, y casi nadie que conozca sigue sus mismos pasos. Pero lentamente va creciendo su número, y tienden a juntarse. El Anarca reconoce de inmediato a todos los de su condición.

Todo arrejuntamineto, toda reunión implica unos presupuestos, unos acuerdos implícitos, unas corrientes y modos de ser, que, al ir ensanchándose y abriéndose, haciéndose más numerosos y presentes, acaban por hacerse explícitos - cristalizan. Así fue con el comienzo de la civilizaciones agrarias cuando saltaron desde los pequeños colectivos cazadores-recolectores y se organizaron de un modo más poderoso y eficaz, dando lugar a creaciones más grandes en todos los terrenos; así fue con el principio de la democracias (su leve asomo en Grecia y su consecución en la modernidad occidental) con respecto a los viejos sistemas rígidos, habilitando, al menos en teoría, la capacidad de extensión espiritual a un número mayor de individuos; y así lo será también para los nuevos y minúsculos grupos de Anarcas, que aquí y allí se van reuniendo por afinidad, y que consolidan muchos de los pasos anteriores, además de abrir caminos enteramente nuevos. El Anarca sabe vivir sólo y en cualquier parte, pero la reunión con los suyos se hará inevitable, yes además deseable.
La aparente "falta de leyes" que se da en el Anarca es éso - aparente. Ha debido recorrerse un largo camino hasta abrazar este momento de suprema libertad - camino que ha estado garanzatizado a cada paso por Leyes, primero implícitas y después explícitas, sin las cuales todo regresería de sopetón a la brutalidad. El Anarca lo intuye al menos; pertenece a un tipo demasiado alto como para no saber de la jerarquía y de la dependencia de todas las partes. El Anarca no es el anarquista, no es aquél que destruye sólo para el antojo de su ego. El Anarca, a veces sin saberlo, está ya reuniendo en torno a sí una nueva clase, una nueva Figura, culminación de un largo proceso. Todos los estadios hasta alcanzarlo han sido necesarios; ninguno puede ahorrarse, bajo el peligro de regresar a patrones antiguos que violentan la íntima libertad hacia la que aspira, lo que ocurre a lo largo de la Historia una y otra vez, y es en el fondo inevitable. La nueva posición se levanta desde pasos y caminos ya hollados. La libertad alcanzada por el Anarca, incomparablemente superior a ninguna otra Figura en el Tiempo , da la impresión en el Individuo de una independencia casi total. Saberse no sujeto a ningún sistema en particular es una tremenda consecución. Sin embargo tal consecución está fundamentada en una continua consolidación de la conciencia, a su vez respaldada por una larga cadena de garantías legales. El Santo (paso inmediatamente superior al Anarca), sin las consolidaciones previas, está en manos de la turba, de la masa enloquecida - lo aniquilan. Lo único que previene tal regreso y tal anquilación es un cuerpo ya determinado de leyes, que al principio emergió como novedad y que después con el tiempo se cristaliza. Lo mismo ocurrirá con el Anarca.

Según crezca el número de Anarcas se hará más patente la necesidad de una explicitación de los presupuestos (Leyes). Serán las nuevas Constituciones -más abiertas pero fundamentadas en las anteriores-, primero para pequeñas comunidades y después para grupos más amplios, naciones quizá, el planeta.

La evolución en la consolidación de las Figuras es importante porque descubre los patrones futuros más probables, y ayuda a determinar modos sanos a lo por venir. Una versión meramente circular de la historia, que parece ser la tendencia de interpretación más habitual del Anarca -aunque no necesaria-, donde unos y otros sistemas se suceden sin sentido es sólo importante en el sentido de que al Anarca no le toca en lo más íntimo las circunstancias externas, pero por otro lado no ayuda a dilucidar la situación presente y cómo trabajarla para ampliar el ámbito de la libertad tanto a nivel individual como colectivo.

La consieración de la evolución de la Conciencia a lo largo de estadios -el Anarca hoy constituyendo el punto más álgido para esa inmensa minoría- tiene la ventaja de apuntar de un modo coherente hacia lo cada vez más abierto, enebradas por la dinámica misma del "transciende-e-incluye", si es que el crecimiento es sano. El Anarca había estado solo, pero cada vez menos. El Demócrata lo había estado; el Santo lo sigue estando, y todavía por siglos lo seguirá estando. Unos se montan encima de los otros (transcienden e incluyen su visión); no pueden entenderse sin los previos: el Santo no puede entenderse sin el Anarca, y éste no puede entenderse sin su padre, el Demócrata, y éste a su vez no podría entenderse sin el Hombre Mítico anterior, que a su vez no puede entenderse sin el Hombre Mágico.

En lo más fundamental todo se mantiene idéntico. Desde lo Uno se contempla todo con ecuanimidad, y todo, tal y como es, es sagrado, perfecto. El Anarca es la figura que hasta hoy menos se engaña con respecto a la realidad - sabe que no puede confiarse a nada, que un "contrato social" es papel de borrajas si no está fundamentado en algo más auténtico, dimanando del interior. Mas existen grados de perfección en la persecución de la autenticidad, y no está de más señalarlos. La única posibilidad de delinear y asegurar los grados en una estructura y un criterio estables -en la "voluntad de poder", si se quiere- reside en la coherencia interna misma de la gradación. Nietzsche tenía sin duda un concpeto de la gradación, pero debido a su falta de distinciones, su interpretación hace aguas por muchos sitios (como no ver a menudo los aspectos fuertes de las democracias y los débiles de los despotismos). Algo parecido ocurre con el resto de críticos postmodernos. Por el contrario, la evolución general de la Conciencia acoge los aspectos que antes habían quedado apartados y se abre más todavía hacia campos que el Anarca y el historiador que siempre le acompaña ni siquiera soñaron, incluyendo la posición del Anarca, incorporándola. La susodicha posición es la clave de nuestros tiempos, y aunque sus perfiles básicos han sido ya delineados (por Nietzsche, por Jünger y por otro largo etcétera de autores), queda aún mucho por hacer en este sentido.

En este breve ensayo queríamos tan sólo hacer ver que el Anarca es una prolongación del Demócrata (aunque salta muy por encima de él), y que, del mismo modo que la figura del Demócrata acabó cristalizando en grandes colectivos, asimismo puede esperase del Anarca (no dejándolo meramente a la singularidad y soledad que ha sufrido hasta ahora, y que es en gran parte la causa por la que se vio obligado a contemplar la historia como cíclica, pues en ese primer momento de emergencia el Anarca se ve obligado a tomar distancia con todo, dudando de todas las premisas anteriores). Hacer distinciones en este primer momento de toma de distancia parecía demasiado "racional"; no era lo que más importaba. Sin embargo, la distinciones al final resultan cruciales: la "voluntad de poder" no flota en el vacío. Existe un criterio -explicitable- a través del cual puede graduarse la libertad, y que es en definitiva un mapa de la Conciencia, aplicable tanto a lo individual como a lo colectivo, por más que tanto individuos como colectivos den trescientas vueltas, regiros y requeteciclos antes de culminar y asentarse en el nuevo estadio. Nietzsche, desde la posición del Anarca, vio más fuerza en Federico de Prusia o en los Médicis que en las primeras democracias. Esto es así en cierto sentido; en otros, y muy importantes, no lo es ni remotamente. Heidegger ha demostrado que la filosofía de Nietzsche es la culminación de un proceso metafísico que comenzó con Descartes (la Postmodernidad culminando la Modernidad; la posición aperspectival-integral culminado la Razón, etc.).

Lo importante es darse cuenta que la aparente "falta de leyes" en el Anarca, igual que la aparente falta de estadios que lo preceden, puesto que en un primer momento el Anarca lo debe negar todo para tomar distancia, no es real. Es decir, que el Anarca tiene sus leyes y acabarán por cristalizar -ya veremos de qué modos-; que existen unos estadios que preceden al Anarca, y que, una vez que se haya asentado esta Figura en el Tiempo, se transcenderá también para nuevas visiones y después nuevas cristalizaciones, etc. No hay que dejarse engañar por las apariencias. Las leyes siguen siendo, como decíamos al principio de nuestro artículo, el único fundamento explícito que poseemos (con la conciencia interior que hay detrás de ella), y es el único criterio que poseerá el Anarca en el futuro para lidiar con los graves problemas que nos atenzan. Sin una ley que prohíba, por ejemplo, la utilización internacional de las bombas nucleares (ley que sólo puede sacar adelante un grupo lo suficientemente numeroso y fuerte de Anarcas), estaremos en manos de aquél que la haga explotar en el momento más inesperado o por las causas más bajas y mezquinas. Ambas caras, interior (la conciencia) y exterior (las leyes explícitas, resultado de la conciencia interior), son imprescindibles para una comprensión del fenómeno humano al completo, y así para conducirnos a un lugar más apropiado. Dejar alguna de las caras de lado, como ha sido común desde distintas facciones, puede resultar desastroso.

La impresión primera y aparente de que en el Anarca "no hay leyes", tomada literalmente, puede ser muy peligrosa, y llevar a la mayor de las confusiones. El Anarca es una Figura. Como tal cristalizará, tomará cuerpo, y se expresará civilmente en un conjunto de presupuestos explícitos, que deben funcionear como principios rectores ante los que todos deben someterse en su comportamiento explícito, aunque no crean en ellos en lo interior (del mismo modo que todo el mundo debe someterse al respeto explícito por los derechos humanos aunque uno tenga ganas de cremar judíos los fines de semana). El Anarca da un paso más adelante, más alto, hacia leyes más comprehensivas, abiertas y globales, capaces de hacer frente a los problemas que hoy nos atenazan; leyes sin las que estamos en las manos de la peor de las tendencias. Las leyes, por supuesto, no son "imponibles" en cuanto que nadie puede sacárselas de la manga: han de estar respaldadas por una creciente conciencia colectiva (ciertamente minoritaria) que empuje hacia valores más libres y a la vez más llenos de responsbilidad. Este proceso y esta evolución es ineludilble. Entretanto esperemos que la lenta crecida de la conciencia no llegue demasiado tarde. Esta es la incertidumbre con la que tenemos que vivir hoy.


M. R. de P.
Vancouver, marzo del 2004.

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