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Las leyes resultan la cristalización de los acuerdos colectivos,
además de constituir la base a partir de la cual puede seguir
profundizándose en la libertad y los derechos. La evidencia
muestra con amplitud que sin las leyes se regresa a los antojos
propios de una tiranía cualquiera, basada en último
término en el egoísmo y la ignorancia más feroces.
El "contrato social" no es sólo caractrístico
de las democracias modernas. En un sentido amplio es característico
de toda organización social, en cuanto que gobernantes y
gobernados sostienen algún tipo de relación, y en
ese sentido de "contrato". Hasta cierto punto depende
de los que conforman una sociedad instaurar un tipo u otro de contrato,
cuya variedad es prácticamente infinita, y cuya "bondad"
depende en gran medida de las circunstancias, si bien en términos
generales puede decirse que el despotismo es peor, por ejemplo,
que la democracia.
El contrato social fue criticado por Nietzsche como algo irrisorio,
la ilusión de la modernidad que creyó que la razón
podía gobernarlo todo. Sin entrar demasiado en hasta qué
punto Nietzsche transciende los presupuestos modernos y en qué
sentido existe en su presuposición el peligro de una regresión
a lo pre-racional, es importante señalar que la posición
-"posición" entendida como Figura- de Nietzsche,
y con él tantos otros críticos de la postmodernidad
(desde Max Stirner a Foucault), es la del Anarca. El Anarca es la
figura (Gestalt) del que toma distancia para con el Sistema (sea
este el que sea), y ha sido genialmente descrito por Ernst Jünger
en muchas de sus obras (a modo de ensayo en La Emboscadura, y en
su novela Eumeswil).
La cuestión de hasta qué punto la crítica al
"contrato social" que confía en las facultades
racionales del hombre para su propio gobierno es adecuada o peligrosa
debe ser mencionada porque arroja luz sobre los peligro del nihilismo.
La razón es un estadio que no puede ser pasado por alto;
de otro modo, bajo el tenor de una "libertad más amplia",
trans-racional, puede caerse en pautas más bien pre-racionales
y animales. La tendencia a ridiculizar el estadio racional típico
de la Modernidad por parte de Nietzsche puede llevar a un regreso
al despotismo y al absolutismo feudal, amparado quizá por
una interpretación difícil de la "voluntad de
poder". El nacionalsocialismo alemán, sin ir más
lejos, se amparó en su filosofía, y, aunque el verdadero
Nietzsche está lejos de ello, el encuentro entre ambos no
es del todo casual. El nacionalsocailismo puede -con alguna que
otra dificultad- ampararse en la ambigüedad nietzscheana al
respecto; la ambigüedad de una "voluntad de poder"
sin criterio general, y que de hecho empuja hacia conquistas literales
de un pueblo a otro, denigrando todo intento de comprensión
racional mutua. No debemos olvidar que es ésta la que dictará
en qué medida nos entregamos a la tiranía de nuestros
impulsos y antojos o a la libertad del goce de un territorio más
amplio. Por supuesto la confianza plena en la razón ilustrada
no resulta útil para afrontar muchos aspectos de la vida,
sin embargo resuta clave para no entregarse al nihilismo.
La distancia que toma el Anarca y que puede criticar con autenticidad
desde un nuevo lugar lo pasado es una posición impagable,
donde se llega al culmen de la soberanía interior. Mas desde
tal posición, al mirar retrospectivamente la historia, y
criticar, como hizo Nietzsche, la "democracia" como un
asunto para plebeyos del espíritu, y algunos reinados y principados
antiguos como la mayor perfección política (al estilo
Maquiavelo), uno puede caer en el peligro de dejar de lado todos
los aspectos fuertes y genuinos que trae consigo la democracia y
sin querer ensalzar los débiles y tiranos de tales reinados.
Sería demasiado largo ahora pentrar en las profundidades
de la ambigüedad del pensamiento de Nietzsche, que llama a
"lo fisiológico" a veces en un sentido muy espiritual
-como retorno a lo elemental-, ora en un sentido muy burdo, presto
a las peores interpretaciones, como esa que dicta a los tiranos
hacer lo que venga en gana "puesto que demostraría salud
y vitalidad". En cualquier caso lo importante es dase cuenta
de que el salto a la posición del Anarca no confiere de por
sí la verdad en la interpretación analítica
retrospectiva - es tan sólo un punto de partida. En este
sentido el análisis político de Aristóteles
parece tener casi más vigencia hoy que el de Nietzsche.
Se hace preciso, por tanto, un criterio general en el análisis
retrospectivo, que no esté meramente librado a la "voluntad
de poder" o al Yo. Si bien, como decimos, la Figura del Anarca
constituye un nuevo punto de partida sobre el que muchas orgnizaciones
deben estar y estarán fundamentadas en el futuro (produciendo
un aumento considerable de libertad, de hecho progresando en el
sentido que había iniciado la razón y la democracia),
el punto de vista del Anarca puede tender hacia pautas meramente
regresivas (nihilistas) si no tenemos a mano el criterio mencionado.
Este es el caso del anarquista común; ése que impone
su terrorismo pasando por encima de toda consideración, de
toda legislación. La distinción entre el Anarca y
el anarquista es otra de esas distinciones claves. Jünger la
ha delineado también de modo magistral, sobre todo en Eumeswil.
El Anarca no lucha contra nada; el anarquista sí - y en ese
sentido favorece y empuja al Sistema previo a seguir autoperpetuándose,
pues es justamente de lo que se alimenta - de enemigos. El Anarca
toma distancia ante las cosas, pero no es indiferente. Antes bien,
actúa con precisión ante lo que se le presenta. Procura
con mucha atención los cambios que conducen a condiciones
de mayor libertda interior. El Anarca toma una posición de
ecuanimidad, no de indiferencia. Su ser más íntimo
no se ve tocado en lo más fundamental por ningún sistema,
ya sea político o de pensamiento, y en ese sentido puede
reirse tanto del contrato social moderno como del despotismo más
malvado o benigno según los casos. Pero en todos los casos
hace uso de la situación presente para ampliar su conocimiento
y así su libertad. El Anarca puede retirarse lejos de las
fuentes de poder o estar cerca de ellas. Para la posición
misma y para la Figura esto no es lo crucial. La distancia que toma
el Anarca no es pasividad en ningún caso: sabe que todo es
importante y que cualquier desliz puede ser fatal. Sin embargo,
como ya hemos señalado, existe una tendencia en el Anarca,
como se dio en Nietzsche y en cierto modo también en Jünger,
a desconsiderar todo criterio global . Esto tiene sentido en cuanto
que las consideraciones del criterio no pasarán de ser opiniones
en el tiempo sobre este aspecto y el otro y no ancladas en el Absoluto
del Yo sobre el que se sustenta el Anarca, mas son peligrosas en
cuanto que pueden desembocar, y a menudo desembocan, en una concepción
circular de la historia, donde unas cosas se suceden a las otras
y donde no existe lugar deseable hacia el que tender.
Repetimos: el Anarca parte del punto en que nada exterior a él
le toca en su esencia más íntima. Si es esto lo que
se da, es esto; si es aquello, es aquello. De un modo muy puro ni
acepta y se apega a una forma determinada, ni tampoco rechaza (apegándose
a la contraria). Mas al mirar las ventajas e inconvenientes de unos
sistemas y otros es posible y deseable en cierto sentido formar
un criterio (como el de que es preferible una sociedad que respete
los derechos humanos a otra que no; o una sociedad que no posea
armas nucleares comparada con una que las fabrica sin descanso).
El déspota que describe Jünger en Eumeswil es un déspota
inteligente, casi más parecido al sabio dirigente descrito
por Aristóteles que al tirano más común, un
Francisco Franco, por ejemplo. Este retrato del déspota ("El
Cóndor", le hace llamar Jünger) permite observaciones
por parte del Anarca como la de que una tiranía puede ser
tan interesante para el historiador como una democracia, incluso
más. Esta observación sólo tiene sentido ante
tiranías inteligentes y productivas, que son raras. Las más
de las tiranías son objetivamente brutales y perversas, únicamente
gobierno de la avaricia o de la estupidez. Sin el criterio antes
referido no podría trazarse una línea divisoria entre
tiranías brutales y más inteligentes, por ejemplo,
o entre democracias serias, que tienden al autogobierno, y democracias
demagógicas (cosa que, como dijimos antes, hizo Aristóteles
con sumo cuidado). Es decir, sin el criterio no podrían distinguirse
los aspectos valiosos de un contrato social, que restringen la entrada
de las viejas autocracias porque-sí (minando de un modo serio
las posibilidades de libertad individual en las que de hecho se
basa el Anarca). En este sentido el contrato social deja de ser
del todo risibles.
El Anarca hasta hoy es un individuo singular que sobresale por encima
de las masas. Ha tomado esa distancia con respecto a todos los movimientos.
Su posición los supera con mucho. Hay una libertad insobornable
en el aire que respira. Se adapta a todo y sin embargo no pertenece
a nadie, menos aún a un cuerpo de ideologías, "conservadoras"
o "progresistas". Está sólo, y casi nadie
que conozca sigue sus mismos pasos. Pero lentamente va creciendo
su número, y tienden a juntarse. El Anarca reconoce de inmediato
a todos los de su condición.
Todo arrejuntamineto, toda reunión implica unos presupuestos,
unos acuerdos implícitos, unas corrientes y modos de ser,
que, al ir ensanchándose y abriéndose, haciéndose
más numerosos y presentes, acaban por hacerse explícitos
- cristalizan. Así fue con el comienzo de la civilizaciones
agrarias cuando saltaron desde los pequeños colectivos cazadores-recolectores
y se organizaron de un modo más poderoso y eficaz, dando
lugar a creaciones más grandes en todos los terrenos; así
fue con el principio de la democracias (su leve asomo en Grecia
y su consecución en la modernidad occidental) con respecto
a los viejos sistemas rígidos, habilitando, al menos en teoría,
la capacidad de extensión espiritual a un número mayor
de individuos; y así lo será también para los
nuevos y minúsculos grupos de Anarcas, que aquí y
allí se van reuniendo por afinidad, y que consolidan muchos
de los pasos anteriores, además de abrir caminos enteramente
nuevos. El Anarca sabe vivir sólo y en cualquier parte, pero
la reunión con los suyos se hará inevitable, yes además
deseable.
La aparente "falta de leyes" que se da en el Anarca es
éso - aparente. Ha debido recorrerse un largo camino hasta
abrazar este momento de suprema libertad - camino que ha estado
garanzatizado a cada paso por Leyes, primero implícitas y
después explícitas, sin las cuales todo regresería
de sopetón a la brutalidad. El Anarca lo intuye al menos;
pertenece a un tipo demasiado alto como para no saber de la jerarquía
y de la dependencia de todas las partes. El Anarca no es el anarquista,
no es aquél que destruye sólo para el antojo de su
ego. El Anarca, a veces sin saberlo, está ya reuniendo en
torno a sí una nueva clase, una nueva Figura, culminación
de un largo proceso. Todos los estadios hasta alcanzarlo han sido
necesarios; ninguno puede ahorrarse, bajo el peligro de regresar
a patrones antiguos que violentan la íntima libertad hacia
la que aspira, lo que ocurre a lo largo de la Historia una y otra
vez, y es en el fondo inevitable. La nueva posición se levanta
desde pasos y caminos ya hollados. La libertad alcanzada por el
Anarca, incomparablemente superior a ninguna otra Figura en el Tiempo
, da la impresión en el Individuo de una independencia casi
total. Saberse no sujeto a ningún sistema en particular es
una tremenda consecución. Sin embargo tal consecución
está fundamentada en una continua consolidación de
la conciencia, a su vez respaldada por una larga cadena de garantías
legales. El Santo (paso inmediatamente superior al Anarca), sin
las consolidaciones previas, está en manos de la turba, de
la masa enloquecida - lo aniquilan. Lo único que previene
tal regreso y tal anquilación es un cuerpo ya determinado
de leyes, que al principio emergió como novedad y que después
con el tiempo se cristaliza. Lo mismo ocurrirá con el Anarca.
Según crezca el número de Anarcas se hará más
patente la necesidad de una explicitación de los presupuestos
(Leyes). Serán las nuevas Constituciones -más abiertas
pero fundamentadas en las anteriores-, primero para pequeñas
comunidades y después para grupos más amplios, naciones
quizá, el planeta.
La evolución en la consolidación de las Figuras es
importante porque descubre los patrones futuros más probables,
y ayuda a determinar modos sanos a lo por venir. Una versión
meramente circular de la historia, que parece ser la tendencia de
interpretación más habitual del Anarca -aunque no
necesaria-, donde unos y otros sistemas se suceden sin sentido es
sólo importante en el sentido de que al Anarca no le toca
en lo más íntimo las circunstancias externas, pero
por otro lado no ayuda a dilucidar la situación presente
y cómo trabajarla para ampliar el ámbito de la libertad
tanto a nivel individual como colectivo.
La consieración de la evolución de la Conciencia a
lo largo de estadios -el Anarca hoy constituyendo el punto más
álgido para esa inmensa minoría- tiene la ventaja
de apuntar de un modo coherente hacia lo cada vez más abierto,
enebradas por la dinámica misma del "transciende-e-incluye",
si es que el crecimiento es sano. El Anarca había estado
solo, pero cada vez menos. El Demócrata lo había estado;
el Santo lo sigue estando, y todavía por siglos lo seguirá
estando. Unos se montan encima de los otros (transcienden e incluyen
su visión); no pueden entenderse sin los previos: el Santo
no puede entenderse sin el Anarca, y éste no puede entenderse
sin su padre, el Demócrata, y éste a su vez no podría
entenderse sin el Hombre Mítico anterior, que a su vez no
puede entenderse sin el Hombre Mágico.
En lo más fundamental todo se mantiene idéntico. Desde
lo Uno se contempla todo con ecuanimidad, y todo, tal y como es,
es sagrado, perfecto. El Anarca es la figura que hasta hoy menos
se engaña con respecto a la realidad - sabe que no puede
confiarse a nada, que un "contrato social" es papel de
borrajas si no está fundamentado en algo más auténtico,
dimanando del interior. Mas existen grados de perfección
en la persecución de la autenticidad, y no está de
más señalarlos. La única posibilidad de delinear
y asegurar los grados en una estructura y un criterio estables -en
la "voluntad de poder", si se quiere- reside en la coherencia
interna misma de la gradación. Nietzsche tenía sin
duda un concpeto de la gradación, pero debido a su falta
de distinciones, su interpretación hace aguas por muchos
sitios (como no ver a menudo los aspectos fuertes de las democracias
y los débiles de los despotismos). Algo parecido ocurre con
el resto de críticos postmodernos. Por el contrario, la evolución
general de la Conciencia acoge los aspectos que antes habían
quedado apartados y se abre más todavía hacia campos
que el Anarca y el historiador que siempre le acompaña ni
siquiera soñaron, incluyendo la posición del Anarca,
incorporándola. La susodicha posición es la clave
de nuestros tiempos, y aunque sus perfiles básicos han sido
ya delineados (por Nietzsche, por Jünger y por otro largo etcétera
de autores), queda aún mucho por hacer en este sentido.
En este breve ensayo queríamos tan sólo hacer ver
que el Anarca es una prolongación del Demócrata (aunque
salta muy por encima de él), y que, del mismo modo que la
figura del Demócrata acabó cristalizando en grandes
colectivos, asimismo puede esperase del Anarca (no dejándolo
meramente a la singularidad y soledad que ha sufrido hasta ahora,
y que es en gran parte la causa por la que se vio obligado a contemplar
la historia como cíclica, pues en ese primer momento de emergencia
el Anarca se ve obligado a tomar distancia con todo, dudando de
todas las premisas anteriores). Hacer distinciones en este primer
momento de toma de distancia parecía demasiado "racional";
no era lo que más importaba. Sin embargo, la distinciones
al final resultan cruciales: la "voluntad de poder" no
flota en el vacío. Existe un criterio -explicitable- a través
del cual puede graduarse la libertad, y que es en definitiva un
mapa de la Conciencia, aplicable tanto a lo individual como a lo
colectivo, por más que tanto individuos como colectivos den
trescientas vueltas, regiros y requeteciclos antes de culminar y
asentarse en el nuevo estadio. Nietzsche, desde la posición
del Anarca, vio más fuerza en Federico de Prusia o en los
Médicis que en las primeras democracias. Esto es así
en cierto sentido; en otros, y muy importantes, no lo es ni remotamente.
Heidegger ha demostrado que la filosofía de Nietzsche es
la culminación de un proceso metafísico que comenzó
con Descartes (la Postmodernidad culminando la Modernidad; la posición
aperspectival-integral culminado la Razón, etc.).
Lo importante es darse cuenta que la aparente "falta de leyes"
en el Anarca, igual que la aparente falta de estadios que lo preceden,
puesto que en un primer momento el Anarca lo debe negar todo para
tomar distancia, no es real. Es decir, que el Anarca tiene sus leyes
y acabarán por cristalizar -ya veremos de qué modos-;
que existen unos estadios que preceden al Anarca, y que, una vez
que se haya asentado esta Figura en el Tiempo, se transcenderá
también para nuevas visiones y después nuevas cristalizaciones,
etc. No hay que dejarse engañar por las apariencias. Las
leyes siguen siendo, como decíamos al principio de nuestro
artículo, el único fundamento explícito que
poseemos (con la conciencia interior que hay detrás de ella),
y es el único criterio que poseerá el Anarca en el
futuro para lidiar con los graves problemas que nos atenzan. Sin
una ley que prohíba, por ejemplo, la utilización internacional
de las bombas nucleares (ley que sólo puede sacar adelante
un grupo lo suficientemente numeroso y fuerte de Anarcas), estaremos
en manos de aquél que la haga explotar en el momento más
inesperado o por las causas más bajas y mezquinas. Ambas
caras, interior (la conciencia) y exterior (las leyes explícitas,
resultado de la conciencia interior), son imprescindibles para una
comprensión del fenómeno humano al completo, y así
para conducirnos a un lugar más apropiado. Dejar alguna de
las caras de lado, como ha sido común desde distintas facciones,
puede resultar desastroso.
La impresión primera y aparente de que en el Anarca "no
hay leyes", tomada literalmente, puede ser muy peligrosa, y
llevar a la mayor de las confusiones. El Anarca es una Figura. Como
tal cristalizará, tomará cuerpo, y se expresará
civilmente en un conjunto de presupuestos explícitos, que
deben funcionear como principios rectores ante los que todos deben
someterse en su comportamiento explícito, aunque no crean
en ellos en lo interior (del mismo modo que todo el mundo debe someterse
al respeto explícito por los derechos humanos aunque uno
tenga ganas de cremar judíos los fines de semana). El Anarca
da un paso más adelante, más alto, hacia leyes más
comprehensivas, abiertas y globales, capaces de hacer frente a los
problemas que hoy nos atenazan; leyes sin las que estamos en las
manos de la peor de las tendencias. Las leyes, por supuesto, no
son "imponibles" en cuanto que nadie puede sacárselas
de la manga: han de estar respaldadas por una creciente conciencia
colectiva (ciertamente minoritaria) que empuje hacia valores más
libres y a la vez más llenos de responsbilidad. Este proceso
y esta evolución es ineludilble. Entretanto esperemos que
la lenta crecida de la conciencia no llegue demasiado tarde. Esta
es la incertidumbre con la que tenemos que vivir hoy.
M. R. de P.
Vancouver, marzo del 2004.