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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

El extraordinario caso de Adi Da

El título parece sugerir un cuento de Edgar Alan Poe o una de las historias de Las Mil y Una Noches. Pero se trata de un caso real y de una persona aún viva.
Adi Da, también conocido en su día como Bubba Free John, y cuyo nombre de nacimiento (Nueva York, 1949) es Franklin Jones, fue una de las figuras claves del resurgir espiritual en los Estados Unidos durante los años setenta. Hoy está casi completamente olvidada debido a ciertos "abusos" que cometió y que pronto veremos. Fueron tales y de tal magnitud que el pasado le persigue, y parece que nadie serio en su práctica espiritual se encomendaría a una figura semejante (quien, por cierto, no sólo no se ha retractado sino que sigue cometiendo los mismos errores). Mas el tema sobre su figura estaría completamente zanjado si se tratase sólo de un fantoche jefe de secta que hipnotizó a unos brutos e ignorantes con quienes se abandonó a la perversión. Muy al contrario, importantes figuras de la filosofía y la religión le reconocieron como un "genio espiritual". Alan Watts, por ejemplo, quien no se hubiese mordido la lengua si hubiese detectado algún rasgo de "Gurú Tramposo" (por utilizar su propia expresión), decía de Adi Da que es uno de esos seres extraños que saben de Eso. Pero más sorprendentemente aún, un filósofo tan serio y tan estricto como Ken Wilber proclamó hace una veintena de años que su obra principal, The Dawn Horse Testament, es el documento espiritual más importante y completo de todos los tiempos.
Naturalmente a Wilber le han caído lluvias de críticas por un aserto tan radical, y sobre todo teniendo en cuenta que se refiere a alguien como Adi Da, mezclado en varios problemas, algunos de ellos graves. Nosotros estamos de acuerdo con el principal crítico de Wilber a este respecto, un tal David Lane, quien dice que este aserto no deja de ser una de las "típicas" exageraciones de Wilber: en primer lugar porque no puede decirse que es "objetivamente" el mayor testamento espiritual de la historia (cosa que ciertamente afirma Wilber y es una exageración, puesto que no hay nada "objetivo" al respecto), sino que tan sólo puede decirse que es el mejor de los libros espirituales que el propio Wilber ha leído; y, en segundo lugar, porque tal aserto es en sí mismo discutible. Esto último yo no puedo certificarlo, puesto que no he leído el famoso Testamento - y quizá no lo lea nunca empezando por el irritante uso de las letras mayúsculas del que hace gala Adi Da, constantemente inflándolo todo como si su realidad fuese superbólica, y que sirve ya para ponerme en guardia. Sí he leído, en cambio, su autobiografía, su primer libro una vez "Realizado" y que le dio a conocer en California a principios de los setenta.
Antes de entrar propiamente en Adi Da me gustaría decir una palabra más sobre la posición de Wilber al respecto. Wilber, que se consideraba un discípulo "no reconocido" de Adi Da durante los ochenta (cualquiera que haya leído El Proyecto Atman comprobará su influencia), se sumió en el silencio en los diez años siguientes respecto a su figura, hasta que en 1996 publica un artículo en su página de la red clarificando su posición. Cuando leí el artículo era la primera vez que yo oía hablar de Adi Da, aunque después recordé que había visto algunas fotografías suyas en la calle, colgadas por alguno de sus adeptos invitando a alguna charla o a algún vídeo con sus enseñanzas. En este artículo Wilber insiste tras los años en afirmar que The Dawn Horse Testament es un documento espiritual de primer orden (ya no hiperbola su aserto diciendo que es "lo mejor que se ha escrito jamás"), pero, tras ello, Wilber comienza una larga carrera de críticas, que, a mi juicio, después de una investigación más profunda, hasta se han quedado cortas. Por otro lado, y tras haber terminado de leer su autobiografía, entiendo mucho mejor por qué Wilber consideró a Da uno de los más iluminados de todos los tiempos. Si uno sabe separar el grano de la paja (llamo paja por ejemplo a que Da se considere a sí mismo el ser más iluminado de todos los tiempos, el nuevo Maestro del Mundo que viene a enseñar lo que nadie ha enseñado antes) se pueden encontrar verdaderas joyas sobre el proceso espiritual hasta la culminación en lo no-dual (y donde lo no-dual se reconoce como eso mismo siempre presente y por tanto donde no hay, realmente, estadios espirituales en absoluto, sino simplemente eso).
Hablemos entonces un poco primero sobre su vida. Adi Da (traducible del sánscrito en algo así como "el primero que da") se dio a conocer con la autobiografía mencionada, The Knee of Listening ("La Rodilla del Escuchar"). El título de primeras me pone alerta sobre un posible culto exesivo y personalizado al Gurú, sospecha que se confirma poco después cuando se añaden multitud de fotografías a lo largo de los capítulos y en las cubiertas. Las fotografías, suministradas por su devotos y discípulos, muestran a Da sentado en todo tipo de tronos y a sus discípulos en actitud de adoración patológica. Pero ya me estoy anticipando. Quiero decir ante todo que la autobiografía merece la pena leerse. Lo digo de verdad. Yo he encontrado en sus páginas una de las más profundas reflexiones sobre la aventura espiritual desde sus comienzos hasta su realización total, y contado en primera persona, existencialmente, no desde un punto de vista abstracto o intelectual. Es decir: yo creo como Wilber que Adi Da comprendió la naturaleza última de las cosas, y también creo como Wilber que eso es solo una de las caras de la historia, y que uno puede haberse realizado espiritualmente mucho y ser un perfecto imbécil por otra parte (cosa que, me apresuro a decir, en cierto modo parece ser el caso extraordinario de Adi Da - y en eso consiste su extraordinariedad). La posición desde la que Da nos cuenta todo su proceso espiritual es, a mi juicio, genuina, y creo que marca de algún modo una impronta en el Tiempo. La Realización de la que habla Da no es estrictamente tan única como él pretende, pero en cierto modo la posición desde la que esta realización es acometida, y el principio sobre el que se sostiene (no-busques-otra- cosa, es Ya) son nuevos en cierto sentido - constituyen justamente el modo que necesitaba este tiempo nuestro.
En The Knee of Listening se nos ofrece el periplo su propia vida escrita de propia mano y una vez que puede contemplar sus realizaciones con perspectiva. Reitero lo dicho: la autobiografía es sublime. Es clara y concisa, en cierto modo humilde pues no oculta sus disficultades; es honesta y es experimental. Está además muy bien escrita y apunta siempre al centro, y, como hemos dicho, también es moderna, descubriendo todos esos aspectos de la espiritualidad que corresponden a nuestro tiempo y que ninguna de las Sagradas Escituras de los viejos tiempos puede sustituir. Cuenta sus peripecias con todo tipo de experimentación, desde drogas psiquedélicas, meditación, no-meditación/espera, peregrinaciones a lugares santos, etc. Descontando que yo no me crea que estaba en lo Uno -en "lo Brillante" como lo llama él- desde que nació para luego "caer" y así tener que ascender de nuevo a su naturaleza "original" (ésta me parece que es una visión impuesta a poisteriori de sí mismo como Dios encarnado), la descripción que hace de su búsqueda espiritual ha de contarse entre ésas que llegan a los abismos y que arrastran a todo aquel que haya pasado por experiencias remotamente parecidas, sin duda ayudando a enfocar la búsqueda y la práctica. Como hemos mencionado, una de las grandezas de la descripción de Adi Da -y de sus enseñanzas espirituales- reside en que el camino está descrito desde la realización Ya, desde el centro, sin paliativos, a través del que pasan todas las experiencias. Adi Da comprendió, como otros renombrados maestros espirituales -Chögyam Trungpa, etc.- que ningún camino espiritual puede ser enteramente válido si desde sus mismo cimientos no entiende que no hay nada que realizar puesto que ya está presente.
Tras decir esto, y como podrá deducirse de las críticas que medio apuntábamos al principio, su historia no se queda en esta "simple" realización y en su despliegue por fases (aparentemente descritas con gran nitidez en su The Dawn Horse Testament), sino que, de ahí con los años, Adi Da comienza una carrera de pretensiones absurdas mayúsculas, como esa de que es el Maestro del Mundo, como la de que es el primero en Realizarlo "completamente" o como la de que su método es el mejor y más puro de todos los habidos. Y lo que es más llamativo todavía, afirma de sí mismo que es el mayor Iluminado de todos los tiempos, instando a todos los líderes religiosos del mundo a postrase a sus pies.
Hoy vive en una isla de Fiji, aislado -nunca mejor dicho- con un grupo de unas treinta personas -todos norteamericanos-, adeptos y fanáticos de su dios encarnado. Las fotografías en la isla -que se encuentran en todas las publicaciones de los libros de Adi Da- merece la pena verlas: le conducen en carros tirados por los brazos de sus adeptos sumisos, todos levantan los brazos en adoración cada vez que dice esta boca es mía, se hace rodear de flores, llama a su comunidad "Paraíso", y por supuesto no friega un plato. Esta lista de aberraciones, que podría continuar largamente si pensamos seriamente sobre sus consecuencias, no sólo hacen preguntarme qué pasa con algunas personalidades que, tras haber visto algo, se creen lo más de lo más, sino sobre todo me plantean la siguiente cuestión, más filosófica si se quiere: Adi Da, como corresponde con todo aquel que se asienta en lo no-dual, habla de la ausencia de camino en último término, pero cuando le toca él explicitarlo por pasos como si de hecho hubiese que recorrerlo, lo hace de una manera aún más literal que todas las tradiciones anteriores a las que tanto criticaba por empezar desde puntos demasiado enfatizadores del Camino.
La personalidad del "maestro realizado" es algo muy interesante, pues efectivamente influye sobre el grupo de sus devotos, pero en el caso de Adi Da a mí por lo menos me llama la atención que tras tanta peripecia contada desde el más radical de los centros, el siempre-ahora, construya una comunidad que se basa en la mayor de las alienaciones hacia lo diferido. La adoración a un dios -encarnado- es siempre más diferido y externalista que una aproximación racional, pongamos por caso, por no hablar de una aproximación que parte de los valores de la autenticidad a la que se refería Heidegger (y en la que por cierto Adi Da mismo se asentaba al narrar sus peripecias). Es curioso: lo que supuestamente se ha visto y entendido de un modo radical y siempre-presente es "lo Uno", pero, si todo es Uno, tú no te diferencias en nada de lo demás - todo es tuyo y tú eres todo - ¿de dónde viene, pues, una diferenciación social jerárquica tan radical donde yo soy adorado y tú me adoras? Teniendo en cuenta que Adi Da combatió siempre las experiencias religiosas considerándolas tan sólo como una parte de todo lo posible, animando a no quedarse en ellas, y empujando siempre a la realización de lo siempre-ahora y absoluto, es paradójico que luego, siendo ya maestro consagrado, se dedicase con tanta fruición a las mismas, llegando a esa adoración exacerbada, que es la experiencia más grosera y concentrada posible del ego-a-la-búsqueda.
Seguramente la mayor parte de Vds. haya tomado partido ya: Adi Da es un fraude. La adoración irracional no puede ser un vehículo adecuado para el despertar espiritual. Y yo no les culpo por pensar de este modo. Pero creo también que es preciso plantarse ante el problema de fondo, no desechando el buen grano de la paja, y así tratando de investigar las posibles causas de las desviaciones en el camino - especialmente allí donde se indica y se parte de que el Camino no existe en realidad y que Todo es Ya Meta. La tradición del Zen se basa, en último término, en este tipo de aproximación, lo mismo que el budismo tibetano vajrayana o tantrayana (vehículo tántrico). Estas consideraciones nos conducen por un momento a una discusión (de gran fertilidad) sobre las prácticas tántricas, en las que Adi Da por supuesto se respaldaba para argumentar cierto tipo de enseñanzas por lo menos polémicas (como mandar a algunos de sus discípulos hacer una película pornográfica). Estoy convencido de que esta discusión se planteará cada vez más a menudo a medida que proliferen los maestros espirituales, los interesados en seguir una disciplina, los discípulos avanzados y la apertura a nuevos vehículos de iluminación.
El tantrismo, según en budismo tibetano, es el vehículo más alto de todos los posibles (hinayana-mahayana-tantrayana), que aspira a una liberación incondicional Ya, sin paliativos. Para ello se sirve de envenenamientos deliberados, desde relativamente intranscendentes para nuestra mentalidad como tomar azúcar, pasando por beber alcohol (que en principio estaría contraindicado en el camino budista), hasta aquello más conocido para nosotros los salidos que es el tantra sexual. Como puede preverse, las prácticas que se desarrollan en este ámbito son muy potentes, pero al mismo tiempo muy peligrosas si no se adminsitran con cuidado. El caso de Adi Da, podríamos decir casi sin duda, es de esos en los que las prácticas se le ha ido de la mano. Mas, como decimos, antes de levantar un juicio que condene directamente ciertas prácticas o ciertos maestros, debemos entender desde el principio que la zona en la que se mueven estas prácticas es siempre muy ambigua, y siempre lo será. Es por esto que tradicionalemnte tales prácticas se han mantenido en secreto (cosa que según cuentan Adi Da no hizo, sino que mediante ellas condujo una especie de "experimento social" abierto). En este contexto hay que tener en cuenta que, patología del maestro aparte, se trata de unas prácticas que se mueven en la intimidad más estrecha, y por tanto donde es realmente difícil juzgarlas desde fuera. Dicho esto, sin embargo, no podemos desposeernos del todo de un criterio que nos indique si ciertos maestros están abusando de su poder (lo cual es relativamente común).
Adi Da no es un caso único (de abuso de poder), y seguirán dándose confusiones e incluso aberraciones cuando se alcance tal nivel de realización espiritual. Adi Da fue acusado (un resumen de los casos jurídicos están en la red informática) de coaccionar a adeptas femeninas a determinadas prácticas sexuales - desde forzar al sexo oral con otros adeptos hasta el coito con el propio Adi Da, todo ello resultando en traumas diversos para las personas implicada. Adi Da ha sido acusado también, entre otras cosas, de pegar a una de sus nueve mujeres en la isla paradisíaca, de "engañar" al círculo más exterior de sus seguidores, quienes practicaban austeridades mientras Adi Da y los más cercanos se forraban a caviar, alcohol y todo tipo de drogas psicotrópicas. A medida que iban saliendo a relucir estos escándalos, Adi Da fue abandonado por casi todos los adeptos más serios, quedándose tan sólo con los treinta norteamericanos mencionados, y al parecer con unas mil personas a lo largo del planeta que siguen poniendo el quince por ciento de sus salarios en una cuenta bancaria al nombre de su Gurú.
La historia de Adi Da es quizá el ejemplo más extremo conocido de esta aberración, abuso de poder y falta de cuidado, y por eso creo que es de anotar. Ha habido otros casos de abusos ególatras en una realización espiritual genuina (una discusión sobre su genuinidad prosigue más adelante), y no me cabe duda de que seguirán dándose. Precisamente este pequeño ensayo -que quería ser sólo un breve artículo- quiere llamar la atención sobre lo que Wilber llama en sus libros las distintas corrientes por las que atraviesa el desarrollo humano, de tal modo que uno puede ser una gran inteligencia, por ejemplo, y ser deficiente en el contacto emocional; o uno puede ser, como en el caso de Adi Da, un gran desarrollado espiritualmente (ahora nos preguntamos qué quiere decir eso tras lo ocurrido) y por otro lado un ególatra sin parangón.
Wilber, por cierto, a pesar de las críticas que ha recibido por su inicial apoyo a Adi Da (y con las que en cierto sentido estamos de acuerdo, como las exageraciones mencionadas y la pretensión de que son "objetivas"), es el único que se mueve en esa ambigüedad que yo consideraría coherente a pesar de las apariencias. Es decir: critica los lados patológicos tremebundos de Adi Da, pero mantiene un respeto por el aspecto espiritual en sí mismo. No se puede escapar de cierta ambigüedad; no hay un modo definitivo y objetivo de categorizar a ningún maestro o ninguna práctica - siempre hay una zona gris. El extraordinario caso de Adi Da pone de manifiesto hasta qué punto la zona gris prácicamente lo cubre todo, pues todas las prácticas son voluntariamente admitidas por los adeptos, los signos espirituales de Da apuntan efectivamente a una realización genuina, etc., pero sin embargo tenemos también montañas de datos sobre aberraciones, empezando por la adoración misma, que es un signo distintivo de cald de cultivo para lo peor. Hemos de ser precavidos, por tanto, en juicios taxativos sobre estas materias, puesto que justamente nos estamos adentrando en las grutas más profundas de la subjetividad, donde las cosas están libradas a cada cual y al más oscuro de los misterios (hasta cierto punto).

La pregunta final sería, pues: ¿es Adi Da un "verdadero" iluminado?
Para contestar hay que aclarar primero lo que entendamos por "iluminación". Si por "iluminación" entendemos la capacidad de atención constante (siempre-presente) a través de los tres estados (vigilia, sueño con ensueños y sueño profundo o sin ensueños) es posible aque Adi Da lo sea. Nadie aparte de él puede saberlo con certeza, y en este sentido sólo podemos remitirnos a su propio testimonio. Según el Dalai Lama no puede saberse desde fuera estrictamente si alguien está "iluminado", aunque hay signos externos que apuntarían a tal cosa, como respirar cierto aura de paz o mantenerse ecuánime ante todas las situaciones, sean éstas las que sean. Si Adi Da afirma que ha alcanzado este nivel de despertar no seré yo quien lo ponga en duda (y parece ser genuino si uno sigue el proceso descrito en su autobiografía y las enseñanzas que se incluyen en ella).
Pero, y ésta es una cuestión al menos tan importante, si por "iluminación" entendemos la capacidad de regeneración, del despertar a la luz instante tras instante y en todos los aspectos de la vida (que van de arriba a abajo y de abajo a arriba y en todas las esferas del conocer) mi conclusión es que Adi Da es más bien un impostor. Su "iluminación" se queda por debajo de la auténtica, puesto que la suya asume la iluminación como un dado por hecho en el mundo, sin regenerarla en todos los campos posibles. Allí, por ejemplo, donde te entregas a la adoración o al ser adorado, la acumulación de las cosas-dadas-por-hechas en lugar de la creación en el mundo es mucho mayor. La realización de Da podrá cubrir la esfera de una regeneración constante -una atención siempre nueva y siempre renovada- en lo que tiene que ver con el Yo, consigo mismo, pero no así en las otras esferas del ser y del conocer (como en el Nosotros o los Ellos). En este sentido no hay nadie iluminado, pues la iluminación no está en ninguna parte. El Mundo crea nuevos mundos de continuo, y una mera asunción de "estar iluminado" regresa de hecho a una conciencia no despierta con lo que se está creando ahora en ese campo específico.
Este es el caso, a mi jucio, de Adi Da. Su aproximación carece por completo de la comprensión y la compasión que requieren los temas de nuestro tiempo, entrelazados como nunca antes de cuestiones políticas, económicas, ecológicas, sociales, materiales, etc., y que desde luego no se resuelven sino que se empeoran aislado en Fiji con un grupo de fanáticos adeptos abanicándole el sobaco cuando le viene en gana. Una aproximación genuinamente espiritual debe necesariamente incluir todos los elementos mencionados para cumplir con los requisitos de autenticidad que se exigen en unos tiempos como los presentes, y Adi Da se queda remotamente fuera de ello. Una vida "divina" como esa en la que se deleita Adi Da en su "Paraíso" demuestra ser más bien una "Ilusión sobre la Tierra" antes que un genuino Despertar en las cosas tal y como son. Le sobra idiotez y le falta inteligencia y comprensión.
Es nuestra esperanza que casos verdaderamente extraordinarios como el de Adi Da nos sirvan como ejemplo para comprender la naturaleza relativamente separada de la iluminación espiritual y la necesidad de integrarla con otros aspectos de la vida (por más que "lo espiritual lo sea todo", que en cierto modo lo es); que nos sirvan para observar y aprender hasta qué punto la realización espiritual por sí misma del Individuo no es suficiente; o quizá para apuntar a lo que genuinamente constituye la espiritualidad - nuevos modos de acercarnos a un asunto que se renueva a cada momento, no enfocados exclusivamente en el Yo, sino que deben incluir desarrollos también en el Nosotros y los Ellos. Así podemos aprender de todas las facetas, y -esperemos- reunirlas e integrarlas en un todo coherente, mas inmensamente variado y abierto a lo nuevo en general.

Miguel R. de P.
En Vancúver y agosto del 2004.

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