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El título parece sugerir un cuento de Edgar Alan Poe o
una de las historias de Las Mil y Una Noches. Pero se trata de un
caso real y de una persona aún viva.
Adi Da, también conocido en su día como Bubba Free
John, y cuyo nombre de nacimiento (Nueva York, 1949) es Franklin
Jones, fue una de las figuras claves del resurgir espiritual en
los Estados Unidos durante los años setenta. Hoy está
casi completamente olvidada debido a ciertos "abusos"
que cometió y que pronto veremos. Fueron tales y de tal magnitud
que el pasado le persigue, y parece que nadie serio en su práctica
espiritual se encomendaría a una figura semejante (quien,
por cierto, no sólo no se ha retractado sino que sigue cometiendo
los mismos errores). Mas el tema sobre su figura estaría
completamente zanjado si se tratase sólo de un fantoche jefe
de secta que hipnotizó a unos brutos e ignorantes con quienes
se abandonó a la perversión. Muy al contrario, importantes
figuras de la filosofía y la religión le reconocieron
como un "genio espiritual". Alan Watts, por ejemplo, quien
no se hubiese mordido la lengua si hubiese detectado algún
rasgo de "Gurú Tramposo" (por utilizar su propia
expresión), decía de Adi Da que es uno de esos seres
extraños que saben de Eso. Pero más sorprendentemente
aún, un filósofo tan serio y tan estricto como Ken
Wilber proclamó hace una veintena de años que su obra
principal, The Dawn Horse Testament, es el documento espiritual
más importante y completo de todos los tiempos.
Naturalmente a Wilber le han caído lluvias de críticas
por un aserto tan radical, y sobre todo teniendo en cuenta que se
refiere a alguien como Adi Da, mezclado en varios problemas, algunos
de ellos graves. Nosotros estamos de acuerdo con el principal crítico
de Wilber a este respecto, un tal David Lane, quien dice que este
aserto no deja de ser una de las "típicas" exageraciones
de Wilber: en primer lugar porque no puede decirse que es "objetivamente"
el mayor testamento espiritual de la historia (cosa que ciertamente
afirma Wilber y es una exageración, puesto que no hay nada
"objetivo" al respecto), sino que tan sólo puede
decirse que es el mejor de los libros espirituales que el propio
Wilber ha leído; y, en segundo lugar, porque tal aserto es
en sí mismo discutible. Esto último yo no puedo certificarlo,
puesto que no he leído el famoso Testamento - y quizá
no lo lea nunca empezando por el irritante uso de las letras mayúsculas
del que hace gala Adi Da, constantemente inflándolo todo
como si su realidad fuese superbólica, y que sirve ya para
ponerme en guardia. Sí he leído, en cambio, su autobiografía,
su primer libro una vez "Realizado" y que le dio a conocer
en California a principios de los setenta.
Antes de entrar propiamente en Adi Da me gustaría decir una
palabra más sobre la posición de Wilber al respecto.
Wilber, que se consideraba un discípulo "no reconocido"
de Adi Da durante los ochenta (cualquiera que haya leído
El Proyecto Atman comprobará su influencia), se sumió
en el silencio en los diez años siguientes respecto a su
figura, hasta que en 1996 publica un artículo en su página
de la red clarificando su posición. Cuando leí el
artículo era la primera vez que yo oía hablar de Adi
Da, aunque después recordé que había visto
algunas fotografías suyas en la calle, colgadas por alguno
de sus adeptos invitando a alguna charla o a algún vídeo
con sus enseñanzas. En este artículo Wilber insiste
tras los años en afirmar que The Dawn Horse Testament es
un documento espiritual de primer orden (ya no hiperbola su aserto
diciendo que es "lo mejor que se ha escrito jamás"),
pero, tras ello, Wilber comienza una larga carrera de críticas,
que, a mi juicio, después de una investigación más
profunda, hasta se han quedado cortas. Por otro lado, y tras haber
terminado de leer su autobiografía, entiendo mucho mejor
por qué Wilber consideró a Da uno de los más
iluminados de todos los tiempos. Si uno sabe separar el grano de
la paja (llamo paja por ejemplo a que Da se considere a sí
mismo el ser más iluminado de todos los tiempos, el nuevo
Maestro del Mundo que viene a enseñar lo que nadie ha enseñado
antes) se pueden encontrar verdaderas joyas sobre el proceso espiritual
hasta la culminación en lo no-dual (y donde lo no-dual se
reconoce como eso mismo siempre presente y por tanto donde no hay,
realmente, estadios espirituales en absoluto, sino simplemente eso).
Hablemos entonces un poco primero sobre su vida. Adi Da (traducible
del sánscrito en algo así como "el primero que
da") se dio a conocer con la autobiografía mencionada,
The Knee of Listening ("La Rodilla del Escuchar"). El
título de primeras me pone alerta sobre un posible culto
exesivo y personalizado al Gurú, sospecha que se confirma
poco después cuando se añaden multitud de fotografías
a lo largo de los capítulos y en las cubiertas. Las fotografías,
suministradas por su devotos y discípulos, muestran a Da
sentado en todo tipo de tronos y a sus discípulos en actitud
de adoración patológica. Pero ya me estoy anticipando.
Quiero decir ante todo que la autobiografía merece la pena
leerse. Lo digo de verdad. Yo he encontrado en sus páginas
una de las más profundas reflexiones sobre la aventura espiritual
desde sus comienzos hasta su realización total, y contado
en primera persona, existencialmente, no desde un punto de vista
abstracto o intelectual. Es decir: yo creo como Wilber que Adi Da
comprendió la naturaleza última de las cosas, y también
creo como Wilber que eso es solo una de las caras de la historia,
y que uno puede haberse realizado espiritualmente mucho y ser un
perfecto imbécil por otra parte (cosa que, me apresuro a
decir, en cierto modo parece ser el caso extraordinario de Adi Da
- y en eso consiste su extraordinariedad). La posición desde
la que Da nos cuenta todo su proceso espiritual es, a mi juicio,
genuina, y creo que marca de algún modo una impronta en el
Tiempo. La Realización de la que habla Da no es estrictamente
tan única como él pretende, pero en cierto modo la
posición desde la que esta realización es acometida,
y el principio sobre el que se sostiene (no-busques-otra- cosa,
es Ya) son nuevos en cierto sentido - constituyen justamente el
modo que necesitaba este tiempo nuestro.
En The Knee of Listening se nos ofrece el periplo su propia vida
escrita de propia mano y una vez que puede contemplar sus realizaciones
con perspectiva. Reitero lo dicho: la autobiografía es sublime.
Es clara y concisa, en cierto modo humilde pues no oculta sus disficultades;
es honesta y es experimental. Está además muy bien
escrita y apunta siempre al centro, y, como hemos dicho, también
es moderna, descubriendo todos esos aspectos de la espiritualidad
que corresponden a nuestro tiempo y que ninguna de las Sagradas
Escituras de los viejos tiempos puede sustituir. Cuenta sus peripecias
con todo tipo de experimentación, desde drogas psiquedélicas,
meditación, no-meditación/espera, peregrinaciones
a lugares santos, etc. Descontando que yo no me crea que estaba
en lo Uno -en "lo Brillante" como lo llama él-
desde que nació para luego "caer" y así
tener que ascender de nuevo a su naturaleza "original"
(ésta me parece que es una visión impuesta a poisteriori
de sí mismo como Dios encarnado), la descripción que
hace de su búsqueda espiritual ha de contarse entre ésas
que llegan a los abismos y que arrastran a todo aquel que haya pasado
por experiencias remotamente parecidas, sin duda ayudando a enfocar
la búsqueda y la práctica. Como hemos mencionado,
una de las grandezas de la descripción de Adi Da -y de sus
enseñanzas espirituales- reside en que el camino está
descrito desde la realización Ya, desde el centro, sin paliativos,
a través del que pasan todas las experiencias. Adi Da comprendió,
como otros renombrados maestros espirituales -Chögyam Trungpa,
etc.- que ningún camino espiritual puede ser enteramente
válido si desde sus mismo cimientos no entiende que no hay
nada que realizar puesto que ya está presente.
Tras decir esto, y como podrá deducirse de las críticas
que medio apuntábamos al principio, su historia no se queda
en esta "simple" realización y en su despliegue
por fases (aparentemente descritas con gran nitidez en su The Dawn
Horse Testament), sino que, de ahí con los años, Adi
Da comienza una carrera de pretensiones absurdas mayúsculas,
como esa de que es el Maestro del Mundo, como la de que es el primero
en Realizarlo "completamente" o como la de que su método
es el mejor y más puro de todos los habidos. Y lo que es
más llamativo todavía, afirma de sí mismo que
es el mayor Iluminado de todos los tiempos, instando a todos los
líderes religiosos del mundo a postrase a sus pies.
Hoy vive en una isla de Fiji, aislado -nunca mejor dicho- con un
grupo de unas treinta personas -todos norteamericanos-, adeptos
y fanáticos de su dios encarnado. Las fotografías
en la isla -que se encuentran en todas las publicaciones de los
libros de Adi Da- merece la pena verlas: le conducen en carros tirados
por los brazos de sus adeptos sumisos, todos levantan los brazos
en adoración cada vez que dice esta boca es mía, se
hace rodear de flores, llama a su comunidad "Paraíso",
y por supuesto no friega un plato. Esta lista de aberraciones, que
podría continuar largamente si pensamos seriamente sobre
sus consecuencias, no sólo hacen preguntarme qué pasa
con algunas personalidades que, tras haber visto algo, se creen
lo más de lo más, sino sobre todo me plantean la siguiente
cuestión, más filosófica si se quiere: Adi
Da, como corresponde con todo aquel que se asienta en lo no-dual,
habla de la ausencia de camino en último término,
pero cuando le toca él explicitarlo por pasos como si de
hecho hubiese que recorrerlo, lo hace de una manera aún más
literal que todas las tradiciones anteriores a las que tanto criticaba
por empezar desde puntos demasiado enfatizadores del Camino.
La personalidad del "maestro realizado" es algo muy interesante,
pues efectivamente influye sobre el grupo de sus devotos, pero en
el caso de Adi Da a mí por lo menos me llama la atención
que tras tanta peripecia contada desde el más radical de
los centros, el siempre-ahora, construya una comunidad que se basa
en la mayor de las alienaciones hacia lo diferido. La adoración
a un dios -encarnado- es siempre más diferido y externalista
que una aproximación racional, pongamos por caso, por no
hablar de una aproximación que parte de los valores de la
autenticidad a la que se refería Heidegger (y en la que por
cierto Adi Da mismo se asentaba al narrar sus peripecias). Es curioso:
lo que supuestamente se ha visto y entendido de un modo radical
y siempre-presente es "lo Uno", pero, si todo es Uno,
tú no te diferencias en nada de lo demás - todo es
tuyo y tú eres todo - ¿de dónde viene, pues,
una diferenciación social jerárquica tan radical donde
yo soy adorado y tú me adoras? Teniendo en cuenta que Adi
Da combatió siempre las experiencias religiosas considerándolas
tan sólo como una parte de todo lo posible, animando a no
quedarse en ellas, y empujando siempre a la realización de
lo siempre-ahora y absoluto, es paradójico que luego, siendo
ya maestro consagrado, se dedicase con tanta fruición a las
mismas, llegando a esa adoración exacerbada, que es la experiencia
más grosera y concentrada posible del ego-a-la-búsqueda.
Seguramente la mayor parte de Vds. haya tomado partido ya: Adi Da
es un fraude. La adoración irracional no puede ser un vehículo
adecuado para el despertar espiritual. Y yo no les culpo por pensar
de este modo. Pero creo también que es preciso plantarse
ante el problema de fondo, no desechando el buen grano de la paja,
y así tratando de investigar las posibles causas de las desviaciones
en el camino - especialmente allí donde se indica y se parte
de que el Camino no existe en realidad y que Todo es Ya Meta. La
tradición del Zen se basa, en último término,
en este tipo de aproximación, lo mismo que el budismo tibetano
vajrayana o tantrayana (vehículo tántrico). Estas
consideraciones nos conducen por un momento a una discusión
(de gran fertilidad) sobre las prácticas tántricas,
en las que Adi Da por supuesto se respaldaba para argumentar cierto
tipo de enseñanzas por lo menos polémicas (como mandar
a algunos de sus discípulos hacer una película pornográfica).
Estoy convencido de que esta discusión se planteará
cada vez más a menudo a medida que proliferen los maestros
espirituales, los interesados en seguir una disciplina, los discípulos
avanzados y la apertura a nuevos vehículos de iluminación.
El tantrismo, según en budismo tibetano, es el vehículo
más alto de todos los posibles (hinayana-mahayana-tantrayana),
que aspira a una liberación incondicional Ya, sin paliativos.
Para ello se sirve de envenenamientos deliberados, desde relativamente
intranscendentes para nuestra mentalidad como tomar azúcar,
pasando por beber alcohol (que en principio estaría contraindicado
en el camino budista), hasta aquello más conocido para nosotros
los salidos que es el tantra sexual. Como puede preverse, las prácticas
que se desarrollan en este ámbito son muy potentes, pero
al mismo tiempo muy peligrosas si no se adminsitran con cuidado.
El caso de Adi Da, podríamos decir casi sin duda, es de esos
en los que las prácticas se le ha ido de la mano. Mas, como
decimos, antes de levantar un juicio que condene directamente ciertas
prácticas o ciertos maestros, debemos entender desde el principio
que la zona en la que se mueven estas prácticas es siempre
muy ambigua, y siempre lo será. Es por esto que tradicionalemnte
tales prácticas se han mantenido en secreto (cosa que según
cuentan Adi Da no hizo, sino que mediante ellas condujo una especie
de "experimento social" abierto). En este contexto hay
que tener en cuenta que, patología del maestro aparte, se
trata de unas prácticas que se mueven en la intimidad más
estrecha, y por tanto donde es realmente difícil juzgarlas
desde fuera. Dicho esto, sin embargo, no podemos desposeernos del
todo de un criterio que nos indique si ciertos maestros están
abusando de su poder (lo cual es relativamente común).
Adi Da no es un caso único (de abuso de poder), y seguirán
dándose confusiones e incluso aberraciones cuando se alcance
tal nivel de realización espiritual. Adi Da fue acusado (un
resumen de los casos jurídicos están en la red informática)
de coaccionar a adeptas femeninas a determinadas prácticas
sexuales - desde forzar al sexo oral con otros adeptos hasta el
coito con el propio Adi Da, todo ello resultando en traumas diversos
para las personas implicada. Adi Da ha sido acusado también,
entre otras cosas, de pegar a una de sus nueve mujeres en la isla
paradisíaca, de "engañar" al círculo
más exterior de sus seguidores, quienes practicaban austeridades
mientras Adi Da y los más cercanos se forraban a caviar,
alcohol y todo tipo de drogas psicotrópicas. A medida que
iban saliendo a relucir estos escándalos, Adi Da fue abandonado
por casi todos los adeptos más serios, quedándose
tan sólo con los treinta norteamericanos mencionados, y al
parecer con unas mil personas a lo largo del planeta que siguen
poniendo el quince por ciento de sus salarios en una cuenta bancaria
al nombre de su Gurú.
La historia de Adi Da es quizá el ejemplo más extremo
conocido de esta aberración, abuso de poder y falta de cuidado,
y por eso creo que es de anotar. Ha habido otros casos de abusos
ególatras en una realización espiritual genuina (una
discusión sobre su genuinidad prosigue más adelante),
y no me cabe duda de que seguirán dándose. Precisamente
este pequeño ensayo -que quería ser sólo un
breve artículo- quiere llamar la atención sobre lo
que Wilber llama en sus libros las distintas corrientes por las
que atraviesa el desarrollo humano, de tal modo que uno puede ser
una gran inteligencia, por ejemplo, y ser deficiente en el contacto
emocional; o uno puede ser, como en el caso de Adi Da, un gran desarrollado
espiritualmente (ahora nos preguntamos qué quiere decir eso
tras lo ocurrido) y por otro lado un ególatra sin parangón.
Wilber, por cierto, a pesar de las críticas que ha recibido
por su inicial apoyo a Adi Da (y con las que en cierto sentido estamos
de acuerdo, como las exageraciones mencionadas y la pretensión
de que son "objetivas"), es el único que se mueve
en esa ambigüedad que yo consideraría coherente a pesar
de las apariencias. Es decir: critica los lados patológicos
tremebundos de Adi Da, pero mantiene un respeto por el aspecto espiritual
en sí mismo. No se puede escapar de cierta ambigüedad;
no hay un modo definitivo y objetivo de categorizar a ningún
maestro o ninguna práctica - siempre hay una zona gris. El
extraordinario caso de Adi Da pone de manifiesto hasta qué
punto la zona gris prácicamente lo cubre todo, pues todas
las prácticas son voluntariamente admitidas por los adeptos,
los signos espirituales de Da apuntan efectivamente a una realización
genuina, etc., pero sin embargo tenemos también montañas
de datos sobre aberraciones, empezando por la adoración misma,
que es un signo distintivo de cald de cultivo para lo peor. Hemos
de ser precavidos, por tanto, en juicios taxativos sobre estas materias,
puesto que justamente nos estamos adentrando en las grutas más
profundas de la subjetividad, donde las cosas están libradas
a cada cual y al más oscuro de los misterios (hasta cierto
punto).
La pregunta final sería, pues: ¿es Adi Da un "verdadero"
iluminado?
Para contestar hay que aclarar primero lo que entendamos por "iluminación".
Si por "iluminación" entendemos la capacidad de
atención constante (siempre-presente) a través de
los tres estados (vigilia, sueño con ensueños y sueño
profundo o sin ensueños) es posible aque Adi Da lo sea. Nadie
aparte de él puede saberlo con certeza, y en este sentido
sólo podemos remitirnos a su propio testimonio. Según
el Dalai Lama no puede saberse desde fuera estrictamente si alguien
está "iluminado", aunque hay signos externos que
apuntarían a tal cosa, como respirar cierto aura de paz o
mantenerse ecuánime ante todas las situaciones, sean éstas
las que sean. Si Adi Da afirma que ha alcanzado este nivel de despertar
no seré yo quien lo ponga en duda (y parece ser genuino si
uno sigue el proceso descrito en su autobiografía y las enseñanzas
que se incluyen en ella).
Pero, y ésta es una cuestión al menos tan importante,
si por "iluminación" entendemos la capacidad de
regeneración, del despertar a la luz instante tras instante
y en todos los aspectos de la vida (que van de arriba a abajo y
de abajo a arriba y en todas las esferas del conocer) mi conclusión
es que Adi Da es más bien un impostor. Su "iluminación"
se queda por debajo de la auténtica, puesto que la suya asume
la iluminación como un dado por hecho en el mundo, sin regenerarla
en todos los campos posibles. Allí, por ejemplo, donde te
entregas a la adoración o al ser adorado, la acumulación
de las cosas-dadas-por-hechas en lugar de la creación en
el mundo es mucho mayor. La realización de Da podrá
cubrir la esfera de una regeneración constante -una atención
siempre nueva y siempre renovada- en lo que tiene que ver con el
Yo, consigo mismo, pero no así en las otras esferas del ser
y del conocer (como en el Nosotros o los Ellos). En este sentido
no hay nadie iluminado, pues la iluminación no está
en ninguna parte. El Mundo crea nuevos mundos de continuo, y una
mera asunción de "estar iluminado" regresa de hecho
a una conciencia no despierta con lo que se está creando
ahora en ese campo específico.
Este es el caso, a mi jucio, de Adi Da. Su aproximación carece
por completo de la comprensión y la compasión que
requieren los temas de nuestro tiempo, entrelazados como nunca antes
de cuestiones políticas, económicas, ecológicas,
sociales, materiales, etc., y que desde luego no se resuelven sino
que se empeoran aislado en Fiji con un grupo de fanáticos
adeptos abanicándole el sobaco cuando le viene en gana. Una
aproximación genuinamente espiritual debe necesariamente
incluir todos los elementos mencionados para cumplir con los requisitos
de autenticidad que se exigen en unos tiempos como los presentes,
y Adi Da se queda remotamente fuera de ello. Una vida "divina"
como esa en la que se deleita Adi Da en su "Paraíso"
demuestra ser más bien una "Ilusión sobre la
Tierra" antes que un genuino Despertar en las cosas tal y como
son. Le sobra idiotez y le falta inteligencia y comprensión.
Es nuestra esperanza que casos verdaderamente extraordinarios como
el de Adi Da nos sirvan como ejemplo para comprender la naturaleza
relativamente separada de la iluminación espiritual y la
necesidad de integrarla con otros aspectos de la vida (por más
que "lo espiritual lo sea todo", que en cierto modo lo
es); que nos sirvan para observar y aprender hasta qué punto
la realización espiritual por sí misma del Individuo
no es suficiente; o quizá para apuntar a lo que genuinamente
constituye la espiritualidad - nuevos modos de acercarnos a un asunto
que se renueva a cada momento, no enfocados exclusivamente en el
Yo, sino que deben incluir desarrollos también en el Nosotros
y los Ellos. Así podemos aprender de todas las facetas, y
-esperemos- reunirlas e integrarlas en un todo coherente, mas inmensamente
variado y abierto a lo nuevo en general.
Miguel R. de P.
En Vancúver y agosto del 2004.