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Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

El Mito del Iluminado

(Extraído de El Hilo de Ariadna, septiembre 2004)

El "mito del Iluminado": si la iluminación es condicional (dependiente de condiciones, intenciones, voluntad), entonces no es verdadera iluminación, sino un espado pasajero más, referido a nosotros mismos, al "principio del ego": no es lo no-dual, donde ya no hay ni experimentador ni experiencia. Si, en cambio, la iluminación es incondicional, entonces está dada, previa a todo intento, por sí misma. En una palabra, si es incondicional, entonces no es. Es siempre y en todas partes. Nadie está iluminado. Nadie puede enseñar. Nadie decir. Nada salvo Eso y Ya (no Eso y no Ya).
La iluminación suprema sería lo que no puede conseguirse nunca - ya era antes. Nadie la alcanza. Aquí el camino termina. Los "iluminados" y sus discípulos terminan - ¡aún antes de haber empezado!
Reposa ahí.

El mito del Iluminado: nadie posee la iluminación. Nadie está iluminado. Se crea siempre, a cada instante. No es; no es, al menos, de ese tipo de cosas que "se consiguen"; no es una cosa; no es. El Iluminado no es nadie; lo somos todos… significa el cese de la auto-consideraciones, las que sean (algo que se haría especialmente pertinente en un caso como el de Adi Da).
Pero más importante, crucial para los tiempos por venir: teniendo en cuenta que tanto el camino hacia la iluminación como el trabajo físico y laboral pertenecen a lo condicional y condicionado, ¿cómo hacer una repartición adecuada de las tareas de tal modo que ambos aspectos estén equilibrado para el mayor número de seres? El "Iluminado" se aprovecha del mito de sí mismo.
¿Es la atención perfecta y espiritual posible en todas las circunstancias? Si es así -lo que sí parece ser-, ¿por qué no, de cualquier modo, suavizar todas las tareas (teniendo en cuenta que el que se aprovecha de su propio mito es aquél que suaviza las tareas para sí mismo y deja la aspereza para los demás)? Y si, por el contrario, no es posible mantener la perfecta y clara atención en todas las circunstancias, ¿por qué no "suavizarlas" asimismo para que podamos disfrutar de aproximaciones más ciertas al Centro sin la pesada carga del trabajo alienado?
¿De qué sirven las enseñanzas espirituales (que pertenecen a lo condicional) si la raíz del sufrimiento en el plano físico-material (ése que permitiría el acceso a más tiempo libre, también en lo condicional) no es cortada de cuajo? Ahí tenemos al Gran Gurú Iluminado, quien, mientras reparte lecciones sobre cómo alcanzar la iluminación -condicional- se sustenta sobre todo un mundo de injusticias y sufrimientos -también, como todo, sujetas a condiciones-. Las enseñanzas espirituales, de este modo, no hacen más que perpetuar la situación previa de inaccesibilidad a la iluminación. Mientras enseñan cómo alcanzar la iluminación, indirecta -y paradójicamente- no permiten su acceso a muchos, manteniendo el status quo.

No tiene por qué ser así si, por un lado, sabemos que tanto las enseñanzas espirituales como los cambios sociales-económico-políticos pertenecen a lo condicional (es decir, a lo cambiable), y si, por otro lado, separamos los Reinos* a los que pertenecen. De ese modo podríamos trabajar con todos al tiempo sin que se solapen: el Reino del Yo para las enseñanzas espirituales y el camino a la iluminación; el Reino del Ello y del Nosotros para lo económico-político, trabajando hacia una repartición más equitativa y generosa del trabajo y del tiempo libre. Lo absoluto e incondicional es justamente eso mismo, y por tanto no necesita ningún tratamiento, menos aún un "cambio".
Si todos queremos alcanzar la iluminación (en ese sentido relativo, sujeto a condiciones, pues desde lo absoluto ya es y no había nada que alcanzar), entonces tienen que acabar todos los privilegios sociales, incluídos los derivados de la relación maestro-discípulo (lo que no quiere decir que el maestro tenga que dejar de ser maestro y el discípulo, discípulo, con todo lo que implica).
Puesto de otro modo: si lo Uno es siempre incondicional, ¿por qué no cambiar lo múltiple de tal modo que favorezca al máximo posible de seres? Si lo Uno, en cambio, es condicional (sujeto a condiciones, que se pueden alcanzar), ¿por qué no cambiarlo de tal modo que favorezca al máximo número de seres? (Y eso es justamente lo que ocurre: la Evolución de la Conciencia. Vayamos con Ella).
Ya lo hemos dicho: si la iluminación es incondicional, todos estamos ya ahí y no hay nada que hacer para alcanzarla. Si, en cambio, es condicional (sujeta a condiciones), nadie está iluminado, y todos tenemos que regenerar la luz a cada instante en todos los campos de ser y del conocer posibles, siempre abiertos. En ambos casos, "el Iluminado" es un mito: una metáfora más a arrojar por la ventana.
El Gurú, el Maestro, el Iluminado - si ha alcanzado esa condición es por haber tenido la oportunidad de estudios, meditación, etc. Tú, con igualdad de oportunidades, puedes desarrollarte -al menos en teoría- igualmente hasta ese nivel. ¿Por qué seguir entonces en esa carrera de concederle privilegios a él y no regalártelos a tí mismo? ¿Por qué no reformar las sociedades para que cada vez más personas tengan acceso a esa posibilidad (evitando, naturalmente, redundar en el viejo sistema de privilegios y adoraciones)?
Hago todas estas observaciones para despertar a estudiantes y aspirantes y seguidores. No son una filosofía, en el sentido de que no creo especialemnte que todos-seamos-iguales (o, por las mismas, que todos-seamos-diferentes). Podrá haber -o no- diferencias de grado por nacimiento: uno alcanza cierto nivel tras treinta años de estudio y otro por pura revelación en la adolescencia. Igual da. Ambos son lo mismo. Nada había cambiado; todo permanece esencialmente igual, divino desde el último grado hasta el primero. Pero no es esto lo que interesaba desarrollar con la "falacia del Iluminado": o el Iluminado eres tú, antes de que tú lo sepas en absoluto, o no lo es nadie. Y cuando digo "nadie" quiero decir nadie. En los dos casos estamos sujetos a la continua transformación de todos los campos, sin dar nada por hecho, menos aún las viejas jerarquías sociales.

Miguel R. de P.

* Referencia a los Cuatro Reinos o Cuadrantes de Ken Wilber. Véanse su obras.

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