Soypoeta.com: poesía, cuentacuentos, solidaridad, viajes y cultura en general
"Quién diría
que tras el fuego
amanece un nuevo día."
Accesibilidad | Contacto | Mapa
Soypoeta.com
 

Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

Más sobre los Ciclos y las Líneas: Michel Foucault

(Nota: los siguientes fragmentos estaban destinados a formar parte de mi principal trabajo, La Gran Alternancia. Los ofrezco ahora como notas más o menos desperdigadas para aquél que pueda estar interesado).

1

Es interesante la descripción que hace Michel Foucault en el tercer volumen de la Historia de la Sexualidad del tránsito acaecido (acaeciendo, pues habla de lo que ocurre a lo largo de todo el siglo +2) entre la "libertdad pagana" y "el cristianismo". Entrecomillo ambos porque las palabras llevan a engaño: no se trata de compartimentos estancos, como si pudiésemos definir con precisión dónde acaba el paganismo (idolatrado por tantos como el espacio más propicio a la libertad por contraposición al cristianismo) y dónde empieza el cristianismo mismo (condenado por estos mismos como el declive de la libertad de expresión "natural"), sino que se trata de un continuum. Si escogemos un momento cualquiera de este período de transición -muy fértil, por cierto- observaríamos una enorme variedad de corrientes que son mezcla de ambas, o acaso ninguna de las dos en particular.

El tránsito, en cualquier caso, entre lo pagano y el cristianismo, es lento. Hablar de tránsito es hablar también de transmisión. La habitual linealidad del pensamiento y la relativa uniformidad de las palabras y los términos a menudo anima a mirar las cosas como si de hecho esto fuese una cosa y esto otro otra cosa enteramente distinta. En nuestro caso, como si se pasase de repente del mundo pagano al cristiano, y todo entonces fuese una perfecta calamidad (esto para los paganos; para los "cristianos",se trataría de la "buena nueva").

No puede decirse, estrictamente hablando, que se pase de "una fase" a "la otra". Esto se dice únicamente con el objeto de simplificar, de hacer correr a la historia como un río por una sola vertiente. La realidad mirada de cerca es, como poco, que una fase y otra comparten muchas cosas en común, seguramente más de lo que las distinguen. Pero en el momento presente, cuando uno analiza retropspectivamente la sitiuación desde la posición privilegiada que aporta la distancia para con el objeto de estudio, uno tiende a enfatizar las diferencias de acuerdo con determinadas ideas preconcebidas; uno tiende a creerse mucho más separado de su "contrincante" de lo que realmente está.

En este tercer volumen, como decía, se ve que lo estricto de las normas que regulan el comportamiento sexual es muy similar en la Grecia Clásica -y también lo sería, si no más, en muchas tribus "primitivas" que muchos ensalzan como el colmo de la revolución sexual- que en el cristianismo. Lo que cambian son los acentos en la forma. Esto es importante recordarlo, independientemente de que no quepa ninguna duda de que la pastoral cristiana está dirigida a lo exterior de la conducta, enfatizando por tanto rígidas normalizaciones, cosa que ciertamente no ocurría tanto antes (en la época clásica y el paganismo (Grecia y Roma) se hacía más énfasis en la ética interior del sujeto con vistas a la salubridad física y mental de uno mismo y así de la sociedad en conjunto).

Es importante recordar este aspecto por aquello de las condenas paganas y seculares a los paulinos y agustinianos, como si ambas posturas fueran el blanco y el negro. Una condena demasiado radical del cristianismo, en este sentido, suele apuntar a desvaríos en la propia coherencia. Quiero decir: ni se comprendió el propósito original de la regulación que todos hacen, ni parece comprenderse tampoco la necesidad de una regulación en términos amplios, que todas las sociedades han practicado. Esto nos coloca de lleno en un precioso problema que ha analizado con especial maestría Herbert Marcuse en Eros y Civilización de la mano de Freud. Marcuse analiza la vieja cuestión del Eros enfrentado al Principio de Realidad. Bajo todas las premisas anteriores son dos principios enfrentados. Marcuse, sin apoyar soluciones según él medianas (como la de los neofreudianos Karen Horney, Erich Frömm o Wilhelm Reich), y siguiendo la franqueza de Freud al plantear el brutal conflicto sin ambages, reclama la posibilidad futura de una reorganización integral, que no deje fuera ninguno de los aspectos eróticos de la realidad, ni tampoco la necesidad de determinarlos y darlos forma en algún sentido.

Entendemos con mucha precisión gracias a Foucault y su tercer volumen de Historia de la Sexualidad cómo ciertas costumbres -sexuales o no- comienzan lentamente a cambiar, y después cómo le siguen sus preceptos. No se puede decir, como viene un poco Nietzsche a decirnos en Aurora, que todo antes "estaba bien", "era un mundo muy natural", llega San Pablo y todo se va al garete (lo cual por cierto apoyaría la hipótesis de Carlyle con la que él estaba en contra de que los grandes personajes son los que hacen historia). Sin duda el valor de Nietzsche residió en defender un concepto de la sexualidad y de la vida mucho más sano, que no tiene que ver con muchos de los dogmas de la pastoral cristiana tal y como se fueron desarrollando (y que adquirieron tintes, qué duda cabe, verdaderamente grotescos en muchos momentos). Pero hay brusquedad en el cambio, como si pronto unos impusiesen su versión de cómo deben ser las cosas y todo lo antiguo desaparece; no hay influencia de un líder que empuja a las masas de pronto a la represión. Esto es ver la historia a través de los libros, de los conceptos, de la linealidad propia del pensar - no a través del transcurso del tiempo, tal y como también se está dando ahora aunque de otro modo. El cambio es paulatino, en el momento prácticamente imperceptible. Las mezclas entre unas posiciones y otras se van produciendo paulatinamente; las repulsas también, bajo distintas formas continuamente cambiando.

Podrían darse muchas razones para explicar el comienzo de la desintegración de las costumbres clásicas, que siguen siendo un punto de referencia en muchos sentidos. De todos modos, los gritos de condena no nos ayudarán mucho.

El mundo se hace más complejo, se disgrega, se divide. Justamente en en este siglo +2 el contraste entre la cultura clásica y pagana y el cristianismo naciente es muy acusado. Para los romanos cultos, los cristianos son una panda de locos, un peligro para las buenas costumbres, unos emboscados. Los cristianos no quieren nada que ver con el sistema, posiblemente los primeros insumisos de la historia, y esto es molesto para un imperio que quiere unificarlo todo. Los cristianos nunca darán su brazo a torcer, de aquí que al Imperio finalmente no le queda más remedio que fenecer. Pero es posible que el movimiento cristiano perdiese todo lo que tenía de auténtico en cuanto dejó de ser insumiso, contra "el Sistema". Al convertirse él en el gobernador del Sistema se perdió lo mejor de ambos mundos: la relajación del mundo clásico y el espíritu de combate cristiano.

En cualquier caso, las semillas para una normalización del comportamiento sexual y para la represión tal y como ha acabado por ser en "el cristianismo" están ya entonces presentes, sólo que bajo otra forma. Algo está cambiando por dentro, en lo invisible de una ciudad de termitas, y que, por tanto, más tarde o más tremprano saldrá a la luz y necesitará de nuevas y más complejas formulaciones y legislaciones. Unos y otros (paganos y cristianos) aluden a una ética básica de convivencia. Las perversiones de esta ética, que se hicieron en ambos casos más o menos groseras según los momentos, alcanzando un grado de patología sin igual en la represión cristiana, pertenecería a una discusión ligeramente distinta. Lo que no ayuda es mezclarlas y luego pretender que una cultura -como un todo- es totalmente sana mientras que la otra -también cogida como un todo- es patológica. ¿Sanos? ¿Enfermos? ¿Los paganos? ¿Los cristianos? ¿Las tribus del Amazonas? ¿El Antiguo Egipto? Visto desde las alturas, desde la distancia histórica -y con todos los inconvenientes que esto tiene-, siempre estamos navegando entre ambas -sanidad y perversión-, y esto es importante a la hora de vernos a nosotros mismos, en la medida de lo posible, con cierta objetividad. Del mismo modo tendríamos que ver qué llevamos como carga histórica (karma) de paganosecularismo o de juedeocristianismo. Y sobre todo, la cuestión más importante: si hemos traído algo fundamentalmente nuevo.

Los tiempos y las costumbres van cambiando, y así también las fórmulas que pretenden una normalización. No pretendo justificar lo que desde hoy consideramos tremendos desatinos del cristianismo, porque nadie en sus cabales cree en la posibilidad de semjante tarea, ni tampoco desdecir la obviedad de que la pastoral cristiana y el puritanismo insistieron en la regulación externa del comportamiento (y por tanto reprimieron la posibilidad de una libertad interior que busque el campo ético propio). Pero nada es puro. Nietzsche de pronto se alza como el Gran Inquisidor, y los paganos como grandes reguladores. Los polos, toquemos el ámbito que toquemos, están siempre ahí - son necesarios. Es importante que lo veamos todo dentro nuestro, sin prejuicios, prejuicios que lanzan "sobre los otros" -los cristianos para unos, los paganos para otros-, sumiendo al mundo en una abalancha de culpas. Si este tipo de pensamiento se sigue practicando nunca alcanzaremos la salud verdadera (o una verdad más objetiva). Seguiremos en un juego de proyecciones que no alcanza a percibir que el equilibrio (y por tanto los dos extremos) reposa en cada uno de nosotros; que para bien o para mal hemos contraido esas deudas o esas virtudes de nuestros ancestros, y que del mismo modo las iremos pasando a nuestros descendientes.

Aunque la pastoral cristiana ha adoptado formas especialmente grotescas, la intención de los legisladores originales, pongamos por caso San pablo o San Agustín es muy parecida a la de Platón, Epicuro, Diógenes, Giordano Bruno o Nietzsche (véase Foucault, vol. 3, cap. 2, especialmente pgs. 38-44). Cada uno se manejaba en un tiempo, un espacio y unas circunstancias particulares. Y se repiten los patrones. Nos damos cuenta de que lo que critica Nietzsche hoy es semejante a lo que criticaba Pablo a los corintios. Y Nietzsche criticaba a Pablo. ¿Por esto hemos de dejarnos engañar? La cuestión de la que debe abstenerse todo historiador -el Emboscado- es de tomar partido.

El tránsito del paganismo al cristianismo coincide, por otro lado, con el de la cultura a la civilización según el modelo de Goethe/Spengler. En Foucault algunos aspectos aparecen más descritos al pormenor - se fija más en el tránsito mismo (vol. 3). En efecto, marca como punto clave el "individualismo" (lo mismo que viene dándose en nuestra época desde hece tiempo), en el sentido de "desintegración de tradiciones vivas" y todo lo que va asociado a ello. Es entonces cuando se trata de implantar una institución (el Imperio Romano, la Iglesia, el Estado del Bienestar, aunque haya diferencias de rango entre ellas muy fundamentales) para paliar la ausencia de raíces naturales y formas espontáneas de organización. Repetimos: romantizar el pasado o alguna cultura en particular, como hacen muchos de muy distintos modos, es perjudicial y no es el signo de la libertad de espíritu - tampoco del historiador emancipado. Tampoco lo es un anarquismo superficial anti-legislativo (pues esto ya es una legislación - ya que impones). Menos aún, claro, la legislación de un orden artificial impuesto desde fuera.

Debemos cabalgar decididamente en la dirección que marca el Espíritu del Tiempo (Zeitgeist). Sólo aquí el acto es relevante y adquiere propiedad sea el tiempo que sea. Esto quere decir sobre todo aprovechamiento de las fuerzas que nos vienen dadas, búsquedas veraces de los prejucios y falacias que también nos vienen dadas y así, entonces, la progresiva e imparable liberación en todos los respectos posibles. El "cultivo de sí" del que habla Foucault en oposición a -o como transición desde- "el uso de los placeres" de la Grecia Clásica es paralelo al interés por la "psicología" en nuestra era (y ya no tanto por "la filosofía"); lo mismo que el "budismo" o un nuevo "paganismo" está tomando el lugar del cristianismo. Pero a nadie se le escapa que, a poco seria que sea la aproximación espiritual de un particular, poco importa el nombre que se ponga: se encuentra cargada de la misma energía hacia la liberación (sexual o de cualquier otra clase), con la misma marca del dolor, y con la misma necesidad de purificación, con los mismos signos de alegría e integridad ética, etc. Y cada una de esas cosas que hemos entrecomillado es muy distinta a cada instante. No son entes fijos. Su bondad o perversidad sólo pueden analizarse teniendo en cuenta el contexto en que nacieron, la Necesidad; en realidad tantos factores que todo análisis resulta del todo imposible, por lo menos parcial. Por ello al mirar desde la distancia hemos de ser precavidos - hemos de ir, al menos, con una perspectiva lo más integral posible por delante.

2

Si tomamos como perspectiva de la historia un modelo cíclico, otra de las características de esta transición es la progresiva complejidad, la aceleración (la técnica), la fabricación en serie, la ingeniería, la necesidad de estar en varias cosas al tiempo (incluso opuestas) - momento que, de nuevo, tiene que ver todo con el nuestro. La integración se produce, pues, en otro espacio; espacio que no tiene que ver con la cultura o la regularización bajo la que estaban o estamos circunscritos (aunque también, claro). Todo esto va desapareciendo. Ahora el énfasis reside en realizarlo uno solo consigo mismo: aquí reside el centro de la atención. Naturalmente la tradición nos acompaña, pero no es lo fundamental: lo crucial ahora parte del individuo singular, centro en torno al cual gravitan el resto de constelaciones. En ese momento (siglo +2) proliferan las corrientes religiosas, particularmente todas aquellas que se ejercitan para alcanzar la liberación de alguna clase, y que enfatizan el esfuerzo singular de cada individuo para realizarla: así las sectas estoico-platónicas, los gnósticos critianos, etc.

Nosotros desarrollamos, un poco como entonces, una nueva forma de expresión de los problemas... (continúa, descargatelo aquí (rtf, 106k))

Miguel R. de P.
Mas Marvent, Francia, entre junio y octubre del 2002.

Página de inicio | Poesía y poetas | Cuentacuentos | Especiales | Solidaridad | Actividades | Monográficos | Agenda cultural | Noticias
Concursos | Blog | Librerías | Diccionarios | Estuvimos allí | Libro de visitas | Enlaces | Curiosidades
¿Quiénes somos? | Mapa del sitio | Contacto | Copyright | Accesibilidad | Aviso legal
¡Gracias por visitar Soypoeta!
Logo de validación de XHTML 1.0 Transitional |Nivel Triple-A de Conformidad con las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 (WCAG 1.0) |Logo de validación de hojas de estilo |Logo de validación del Test deAccesibilidad Web, TAW |Logo de validación de contenidos de la Plataforma para la selección de contenidos en Internet, PICS