- Página de inicio
- Poetas y poesías
- Cuentacuentos
- Especiales
- Solidaridad
- Actividades
- Monográficos
- Agenda cultural
- Noticias
- Concursos
- Blog
- Librerías
- Diccionarios
- Estuvimos allí
- Libro de visitas
- Enlaces
- Curiosidades
- ¿Quiénes somos?
En San Agustín (Confesiones), una de las más grandes expresiones de la transcendencia. Sube, sube y sube. Pero lo que más me ha llamdo la atención al leerlas es que no desprecia en lo fundamental lo de abajo, lo que habitualmente suele achacársele. Está presente siempre por supuesto su peripecia, y como tal ha debido rechazar unas y otras cosas para poder así ascender, para poder así transcenderse a sí mismo y encontrar lo Real, pero no parace haber tantas semillas de lo represivo en él (como había imaginado de acuerdo con ciertas lecturas, típicos escritos de los años sesenta insuflados por el renacido espíritu pagano).
Todo puede convertirse en represivo una vez convertido en mandamiento abstracto y quizá llegado el momento oportuno según ciertos intereses, pero San Agustín mira hacia abajo ciertas cosas porque las ha conocido de cerca, y esto parece ser parte del camino de ascenso. Una posición que "lo acepta todo" desde el principio, sin luchas interiores desgarradas de desprendimiento, debe empezar a olernos a ingenuo por lo menos. Falta en Agustín, es cierto, la inmanencia posterior de lo divino en la manifestación, el regocijo del Creador en sus criaturas sean como sean. Aún así lo comenta en algún momento, pero sólo puntualmente, de pasada. Hay que leer estas memorias, quizá uno de los libros más influyentes de toda la historia de la filosofía. Sin él y su espíritu no puede comprenderse apenas nada de lo que ocurrió entre la Baja Edad Media (un poco después de escribirlo San Agustín) y el comienzo de la entrada del aristotelismo en Europa, ya en la Alta Edad Media. Estas memorias de Agustín están cargadas de una vitalidad, una intimidad y una honestidad que ya quisieran casi todas las autobiografías postmodernas (salvando algunos casos), por no hablar de su profundidad. No quiero entrar en detalle sobre algunos de los fragmentos, que pueden chirriar más o menos a nuestra mentalidad, aunque siempre son comprensibles si de hecho aterrizamos en aquél tiempo y aquel espacio.
El Libro Cuarto es interesante con respecto a la ya clásica
discusión sobre "el matrimonio" entre la ciencia
y la religión. San Agustín separa y luego critica
a cada una por su lado, como corresponde. No cae en el error, tan
actual, de los "físicos-místicos" que todo
lo mezclan: que confunden lo espiritual con lo empírico (porque
lo espiritual "está en todo") y lo empírico
con lo espiritual (lo que contiene la intuición confusa y
sin desarrollar de que de lo espiritual puede hacerse una ciencia
- una ciencia del ascenso, la Subida al Monte Carmelo).
Miguel R. de P.
Mas Marvent, Francia, marzo del 2002.