Soypoeta.com: poesía, cuentacuentos, solidaridad, viajes y cultura en general
"Quién diría
que tras el fuego
amanece un nuevo día."
Accesibilidad | Contacto | Mapa
Soypoeta.com
 

Las columnas de soypoeta.com

El diluvio universal

por Miguel R. de P.

El dilema

La ruptura de Kierkegaard con Regina Ölsen es uno de esos acontecimientos que poseen una transcendencia especial. Kierkegaard, lo mismo que Kafka y tantos otros autores, se veía tan atraído por su labor filosófica y literaria que se sentía incapaz de compaginarlo con la vida marital. La ruptura de Kierkegaard no es, pues, una ruptura de relaciones cualquiera, sino que pone el dedo en la llaga sobre un asunto crucial: hasta qué punto una investigación de lo interior lo requiere absolutamente todo, hasta el punto de que, por esa causa, uno rompa los lazos con la persona que más ama.

En el caso de Kierkegaard, como en el de Kafka, no encontramos arrepentimiento posterior alguno. Se hizo lo que se tenía que hacer. Sin embargo, la conciencia vuelve una y otra vez sobre este asunto pasado, cuestionando si en verdad ha sido la mejor de las decisiones, recordando irremisiblemente el amor perdido y todavía anhelado (Kierkegaard seguirá dedicando a Regina buena mayor parte de sus obras), planteándose al fin si el amor de Dios es un amor tan incomaptible con el amor por una mujer.

Una respuesta uniltaral a este problema, a mi juicio, no procede. Habrá quien piense que se trata de un problema sin importancia, alegando que ambas cosas son perfectamente compatibles. Habrá quien diga, por el contrario, que se siente perfectamente tranquilo en su conciencia tras una decisión semejante (si es que encontró el valor para acometerla en primer lugar). Así podemos expresarnos en alguna ocasión dependiendo de nuestro carácter o circunstancias, pero esto no impide en modo alguno que el dilema vuelva a plantearse, una y otra vez regenerado. La solitariedad (que no soledad) no puede evitarse sentir como insuficiente; por otro lado, la presión de las circunstancias que siempre van asociadas a la vida en pareja a veces son tan grandes que uno se plantea si no hubiese sido mejor permanecer independientes.

Es un dilema que a veces cobra tonos desgarradores, íntimamente destructores, pues cada uno de los lados toca por momentos el todo de la conciencia, convencidos de que será así por siempre, pero pronto retornando a su opuesto. Se trata de una alternancia devastadora de la que nadie, a mi juicio, se ve del todo libre. Un dilema que no podemos jactarnos nunca de haber aceptado como tal, pues esta jactanacia pertenece a uno de los lados solamente, y ya mismo despunta en lontananza el otro lado, tomando el todo para sí y quebrando nuestras ilusiones previas. Como dijo Heráclito en uno de sus famosos fragmentos, la vida está regida por la guerra (guerra de los opuestos).

¿No tiene este conflicto, entonces, una solución satisfactoria? A mi modo de ver, y de acuerdo con mi experiencia, sí y no al mismo tiempo. No porque es un dilema siempre retornante, y encontrar una “solución” al mismo no significaría más que cierto tipo de estancamiento en uno de los lados. ¿Cómo podemos entonces decir que por otro lado hay una solución satisfactoria? ¿No significa esto refugiarse en la cómoda posición de aquél que ya ha dejado las cosas fijas en un punto de vista determinado? No necesariamente, pero para desarrollar este tenemos que haber comprendido bien el significado de “satisfactorio”. Satisfacción no significa algo definitivo – no implica la eliminación del problema. Satisfactorio significa que, en el fragor del día completo, uno ha sido capaz de encontrar, de algún modo, espacio infinito para la soledad (de la que la solitariedad es tan solo una hija bastarda) y espacio infinito también para lo mundanal que acompaña a la vida familiar y/o marital. Encontrar ambos espacios a la vez no deslegimitima en absoluto la solución parcial hacia uno de los lados (la decisión de romper o permanecer unido) porque siempre y en todos los casos, una vez que se ha planteado el problema, estaremos situados en uno de los dos lados exclusivamente. El “ambos a la vez” se encuentra, por tanto, en uno de los lados, pero de tal modo que también se halla en el otro. ¿Cómo es eso posible? La respuesta es fácil de decir, pero infinitamente difícil de realizar existencialmente: el desapego.

Sólo en el desapego ecuánime puede uno encontrarse perfectamente a gusto en cualquiera de los lados. La decisión hacia uno de ellos pertenece a un rango inferior a lo que aquí estamos hablando. Un rango, por cierto, que de bajo no tiene nada, pues lidia directamente con el poder numinoso del Destino. No obstante, el Destino tiene que someterse en último término a la perfecta ecuanimidad de todo, siempre presente, siempre disponible, siempre transcendente. Sea cual sea la decisión que hayamos tomado en cierto momento, el trabajo más radical consiste en mantener la ecuanimidad para con ella, aceptando y abrazando todas las consecuencias como son. Dado que no podemos evitar elegir en modo alguno (aquí Sartre tenía más razón que un santo), la cuestión no está ya tanto en la elección misma (que sí, es importante y crucial en la conformación de nuestra exixstencia), sino en cómo tomanos después tal decisión, cómo la vivimos y respiramos (trabajo que no deja de ser uno de los más íntimos, si no el más íntimo y personal de los posibles).

Hablábamos antes de encontrar el espacio para las dos cosas (lo trans-mundanal y lo mundanal). Ello sólo puede darse si tanto lo uno como lo otro se han visto en su naturaleza esencial, que es pura vacuidad. En cualquier caso, una disposición para confrontar ambas abiertamente es imprescindible. En este punto, voy a poner mi experiencia personal por delante. Si alguien encuentra en ella un aspecto universal generalizable, bienvenido sea. Si no, y preferimos decir que cada caso es único y que no hay generalización posible, bienvenido también.

Yo he encontrado que una determinación explícitamente delimitada espacio-temporalmente en una disciplina espiritual concreta, que en principio ayuda a profundizar en la naturaleza de la soledad, ayuda no poco también a una compaginación posible con lo mundanal. Un entrenamiento en técnicas contemplativas, practicadas asiduamente, facilita la entrada en los reinos transpersonales, encontrando allí la satisfación de lo trans-mundano. Una vez satisfecha ésta cara, nos vemos sin querer lanzados a abrazar el mundo en todas sus formas y manifestaciones, y de este modo automáticamente aceptaríamos nuestra situación existencial fuese la que fuese (la vida familiar o la solitariedad, dependiendo de las circunstancias). Sin una práctica ceñida y determinada a mayor profundización la tendencia será –para aquél que ha sido llamado a una labor espiritual- a que la existencia se vea completamente embargada por el impulso auto-transcendente, no dejando espacio para nada más. Este punto, aunque parezca más profundo o abracante que la diferenciación, es a mi modo de ver un estadio inferior, menos atado a la necesidad y por tanto más lejos de la libertad. La determinación explícita ayuda a la profundización activa por un lado y a la diferenciación (aspecto éste crucial) por el otro, de tal modo que podamos permitirnos el lujo de alcanzar el nirvakalpa samadhi por las mañanas y pasar la tarde con amigos, mujer e hijos. Desde luego es una combinación difícil muchas veces, pero ahora se nos antoja, al menos, algo posible, cuando en la mezcla anterior se vivía más bien bajo el espanto de la oscilación.

Ésta es mi experiencia. La práctica activa de la contemplación ayuda a la unidad y la armonía de los opuestos (o quizá complementarios), lo cual, como ya hemos dicho, no significa que la decisión entre un lado u el otro se nos presente siempre como radicalmente imposible, sucumbiendo por lo demás a la exclusividad de uno de los lados, todo lo cual habitualmente sucederá. Pero trabajando en la diferenciación-integración de mano de las prácticas contemplativas uno puede alcanzar satisfactoriamente (muy relativo y perteneciente aún a lo temporal y efímero) ese “ambos a la vez” al que nos referíamos antes. Entretanto, permanecemos en el Misterio. Dios nos dé fuerzas para seguir penetrándolo, asistiéndolo y habitándolo.

Miguel R. de P.
Vancuver, diciembre del 2004.

Página de inicio | Poesía y poetas | Cuentacuentos | Especiales | Solidaridad | Actividades | Monográficos | Agenda cultural | Noticias
Concursos | Blog | Librerías | Diccionarios | Estuvimos allí | Libro de visitas | Enlaces | Curiosidades
¿Quiénes somos? | Mapa del sitio | Contacto | Copyright | Accesibilidad | Aviso legal
¡Gracias por visitar Soypoeta!
Logo de validación de XHTML 1.0 Transitional |Nivel Triple-A de Conformidad con las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 (WCAG 1.0) |Logo de validación de hojas de estilo |Logo de validación del Test deAccesibilidad Web, TAW |Logo de validación de contenidos de la Plataforma para la selección de contenidos en Internet, PICS