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VIII Concurso de Poemas Temáticos Red Social de Poesía: "El invierno"

Estado: cerrado
Fecha: 01/01/2015 - 28/02/2015

El "VIII Concurso de Poemas Temáticos Red Social de Poesía" tiene como temática "El invierno" (ver bases).

El invierno es una época marcada por el frío y los días cortos, pero también por esas idílicas tardes de paseos por la nieve y chimenea. Los que escriban desde España estarán sumergidos en esta temporada, y para los que lo hacen desde América Latina, pensar en el invierno les traerá una brisa de aire frío para refrescar los calurosos días de enero y febrero. (Ver bases completas)

¡ENVIAR POEMA A CONCURSO!

Poema ganador votos del jurado

"Intemperie", por Blas Guevara

La noche estaba allí como cada día,
con sus iguales rutinas pero distintos desvelos,
como de costumbre, así sin avisar.
El humo del cigarrillo tiritaba entre la oscuridad,
huía despavorido como un niño en todas las direcciones.
Sentado esperaba paciente para escuchar
como caía el frío sobre todo lo quieto,
como morían los cuerpos helados a la intemperie.
Se podía oír el jadeo entrecortado
del equilibrio rígido de la quietud.
Todo estaba empapado por
unas finísimas gotas de terciopelo líquido,
que fluían como capilares abiertos
desangrados hacia los sumideros,
–la supurante herida de la humedad–
camino hacia las profundidades,
hacia el centro del mundo,
donde se condensa la oscuridad.


Las ventanas aún permanecían en vilo
combatiendo su intimidad.
Algunas se insinuaban a los trasnochados
con sus visillos sugerentes,
que apenas tapaban su anónimo vello impúdico.
Los pasos monótonos de las horas
giraban inexorables en círculo,
con el mismo chasquido de unas botas viejas,
con la cadencia de una obstinada gotera.
La penumbra susurraba injurias y calumnias
alrededor de una mínima luz artificial.
La calle se ocupaba de recoger las sedas de las sombras
para que tuvieran una armonía de conjunto,
para que todo encajase en su lugar predestinado.
Apagué la luz y allí estaba el ojo invidente
con el que la noche espía el silencio
donde rebotan los ecos del miedo
de los que aún siguen despiertos.

La farola lloraba lágrimas de tungsteno
y la noche llevaba la cabeza abierta
por una oscura brecha de dudas.
Después, sin remedio, empezó a llover.

Poema ganador votos de los usuarios

"Fríos silencios... (Invierno)", por Enrique Tamayo

Escondido silencio
de impávido invierno,
cala el frío, sopla el viento
y en sus campos dormita
la marmota y el sarmiento,
y en el árbol... silencio
y el lirón durmiendo.

Por la vereda me acerco
a éste, mi humilde pueblo,
calado de frío, silba el viento,
y como el viejo que duerme
avivo el fuego de mis sueños,
en los troncos que mueren
por ascuas ardiendo.

No es de frío...
que muera el silencio
bajo el témpano del alba,
es de piel de ceniza su frente
del trabajo y de la infancia
del surco y de la azada.

Humilde silencio
en sus viejos inviernos,
ventisquero en las sienes
clarividencia de nieves.
Y a la luz de la lumbre
... le escucho cantar:
¡Volverán ''golondrinas´´
que lejos están!

¡Qué el silencio despierte!
¡Qué el lobo, marche!
y afane el zorro su duda,
¡Qué el viento, la lleve!
y en el grito que emerge
... brote verde el olivo
y vuelva verde la nieve.

Poemas presentados al concurso por ordenados por más votados:

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Enrique Tamayo Borrás

  -   Publicado el Lunes, 02 Febrero 2015

Fríos silencios... (Invierno)

Escondido silencio 
de impávido invierno,
cala el frío, sopla el viento
y en sus campos dormita
la marmota y el sarmiento,
y en el árbol... silencio
y el lirón durmiendo.

Por la vereda me acerco
a éste, mi humilde pueblo,
calado de frío, silba el viento,
y como el viejo que duerme
avivo el fuego de mis sueños,
en los troncos que mueren
por ascuas ardiendo.

No es de frío...
que muera el silencio
bajo el témpano del alba,
es de piel de ceniza su frente
del trabajo y de la infancia
del surco y de la azada.

Humilde silencio
en sus viejos inviernos,
ventisquero en las sienes
clarividencia de nieves.
Y a la luz de la lumbre
... le escucho cantar:
¡Volverán ''golondrinas´´
que lejos están!

¡Qué el silencio despierte!
¡Qué el lobo, marche!
y afane el zorro su duda,
¡Qué el viento, la lleve!
y en el grito que emerge
... brote verde el olivo
y vuelva verde la nieve.

 

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Barcelona, España.

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Gabriel García

  -   Publicado el Lunes, 23 Febrero 2015

Transeúnte.

Esperaré porque esperar sé

Porque el invierno me detiene

Me hace inmóvil

              Transeúnte

Tu boca fría espanta el crepúsculo

Me llega la noche de golpe

No soy más el ser que fui

No soy ni vuelvo a ser

Me quedo esperando

Porque esperar sé

Y soy hielo

Transeúnte.

 

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María Del Pilar Gorricho Del Castillo

  -   Publicado el Lunes, 19 Enero 2015

Rentas para un invierno.

Te me abres generoso al beso

donde habita la conjuncion luminica.

Por abarcar cuanto la memoria no me ciegue

me deshago del absoluto matiz del hielo

al húmedo hueso despechado yo renuncio,

adorando los posibles en el callado recuerdo

de las flores.

 

Los días como escarchas no acamparán,

en el insondable huerto de nuestra piel.

Siempre será caluroso labio

en el místico paisaje de nuestro cuerpo,

tan completo, tan hecho de futuros.

Bendejimos las gardenias de agosto

estrechando el circulo inmaculado

en el acantilado perenne del sosiego. El aliento

del que estamos creados, no sabe del tatuaje

congelado en el cristal del corazon.

 

Ya nada nos es ajeno en la lumbre despejada

del aura compasiva. Ya todo

es conjunto milagroso en las tardes diminutas.

Venimos grandes a la tormentas estivales

y gota a gota limpiamos la ciega lluvia de enero.

 

Por si llegase el invierno,

descubrimos el papel en blanco de la nieve

susurrante espacio florecido de nombres

santificados del presente.

Crecemos inmortales desafiando a las estaciones

sembrando de laminas blancas lo venidero

para limpios, precisar el lenguaje de nuestros renglones.

 

La clara realidad de lo plausible hace de la niebla

habitable pradera donde nacer.

A tajadas de abrazos escribimos otra historia

que conjunción del principio de los tiempos

nos hablará de certeros manifiestos.

 

Nos hará saber a golpe de leños secos

que somos aquello que creemos,

y que el invierno no es otra cosa

que un débito a la tierra para florecer.

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Juan Estrada

  -   Publicado el Viernes, 20 Febrero 2015

"Agradable soledad invernal"

 

Los versos y besos fríos...

Sonó el reloj despertador, pero parecía más temprano,
pensé que aún era de madrugada.
El calor era acogedor entre mis sábanas y almohadas,
pero sabía que en el exterior, el frío imperaba.

El sol despertó tímido, opacado por las nubes,
¡Cuán gris se veía el cielo!                                                        Mientras oía las gotas de lluvia chocar contra el suelo.

El viento azotaba ligeramente las ventanas,
mientras el noticiero informaba oficialmente la llegada formal de la temporada invernal.

Una sonrisa se dibujaba en mi rostro casi de forma instantánea,
mi estación favorita hacía su acto de presentación,
el invierno con su anhelada y helada aparición.

Aquel día, ya se sentía, junto a la lluvia y la nieve,
la llegada de la melancolía, tan propia del clima invernal.
Y con la melancolía, el tiempo de soledad en casa,
y el deseo de escribir y leer nuevas poesías.

Abrigado y relajado, sin preocupación,
afuera el invierno pone todos los ingredientes,
para hacer volar la imaginación y hacer valer la inspiración,
plasmada en forma de prosas o versos...

Y algún beso frío de la soledad acompañante,
tan frío como el tiempo del invierno recién entrante.

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Votos: 92

marcos taboada

  -   Publicado el Miércoles, 04 Febrero 2015

500 Inviernos

No sabes lo que ha sido

todo este tiempo sin verte.

Aún no se ha terminado el otoño

y parece que hayan pasado 500 inviernos.

Y que hubiesen arrasado con todo.

 

Ha hecho frío, más frío que de costumbre;

y no me refiero simplemente a ahí fuera:

dentro de mi pecho había algo que tiritaba,

cercano a dejar de intentar latir.

 

Y no sé si es que anochecía mucho antes,

o directamente nunca salía el sol por aquí

porque faltaban tus ojitos al amanecer.

 

Y entre tanta oscuridad

perdí la cuenta de cuántas miradas perdí

buscando la única que me podía salvar.

 

Y de tanto frío se me cortaron los labios

y ya no podía ni pronunciar tu nombre;

y se congelaba cada lágrima que intentaba llorar

mientras te echaba de menos.

 

Y entonces, Diciembre volvió de nuevo,

pero de nuevo no trajo nada.

 

Volví a sacar las mantas,

pero no tanto para taparme,

las necesitaba para meterme bajo ellas

y esconderme del mundo,

ocultar mis defectos,

y esperar a que la tormenta acabase.

 

Pero entonces apareciste de nuevo

como si envuelta en fuego vinieses.

 

Y con tu mirada iluminabas el camino

de este pobre desgraciado que te necesitaba.

 

Y descongelabas el mundo a tu paso,

derritiéndose bajo tus pies esa capa

de esperanza helada

que ahora volvía a inundarlo todo.

 

Y llegabas con esa sonrisa de

"Pasa, tonto, que tengo un tazón de chocolate".

 

Y por fin me volvías a abrazar,

y cualquier abrigo sobraría porque

me dabas todo el calor que necesitaba.

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Carlos Santiago Solarte Vetancourt

  -   Publicado el Miércoles, 21 Enero 2015

La casa

Es verdad que entro a la casa

con los ojos de corinto

mi casa atrapada por el tiempo

donde ondula amor y llanto

aburrimiento y luz

la casa me acaricia de algodón

y me arropa de blindaje

baila soledades de junio

con barbaros aguaceros

el techo de horcones y concreto

la disfraza del sombrío jinete luminoso

desde la habitación   alucino con el aroma del café

-converso con "El chino" y con Bukowski-

del aroma del café

por la ventana a la mesa extraviada

la casa se ahoga de fantasmas

que en la madrugada juguetean en el patio

martirizada de capullos imperiales

ésta es mi casa

sembrada en valle de estrellas rotas

o cementerio de indios

toda dulce y colérica la casa

despidiéndose de mí

como una tortuga que va a otras aguas.

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Marco Antonio

  -   Publicado el Viernes, 27 Febrero 2015

ESPERA INVERNAL

Ella le espera tras la ventana

tal como en verano y en otoño,

le llegó el invierno esta mañana

esperando inerte su retoño.

 

Tendrá cinco años en primavera

piensa para sí, tras el cristal,

y sonríe como si le viera,

cruzando la nieve hacia el portal.

 

Una vez más le observa acercarse

vistiendo chaqueta y capuchón,

le distingue su infantil sonrisa

y sus botitas color marrón.

 

La madre revive de alegría

despierta su alma plena de amor,

se le olvida su melancolía,

su tiempo de espera y su dolor.

 

Y bajó corriendo hasta la puerta,

rechinó abriéndole a plenitud,

mas toda la calle está desierta,

sólo hay nieve y pasmosa quietud.

 

Se han marchado las aves cantoras

tal como su rostro juvenil.

La calle se torna blanca ahora

como su cabellera senil.

 

Presa de Alzheimer llama a su infante

y su voz se pierde en el vacío.

inmersa en sí, regresa distante

y olvida cerrar por desvarío.

 

Lleva ya medio siglo en su espera,

y ha visto los inviernos pasar.

Su hijo amado se fue en nochebuena,

se fue al cielo, mucho tiempo atrás.

 

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Jose Luis Morales Estrada

  -   Publicado el Domingo, 25 Enero 2015

Un sueño

Como una estatua que purgando vidas yace, hoy enero amaneció tarde y es que el invierno ha venido adjudicar mi corazón como un rastrero misionero de injurias que como un mal calé se satura en la constante interrogante de saber si existe en un pensamiento ajeno, que por más que renombre nunca será en propiedad. Así la soledad condujo a tu ausencia a un recóndito de mi alma, que desesperada solloza de locura. Y no es coincidencia que quienes que creemos apasionadamente en una historia, nos envolvamos en la invención de una mente solo para sentirnos acogidos a una imagen que anhelamos, mientras nos tumbamos en una esquina deseando solo un poco de amor infatuado, para no tener miedo a levantarse de la cama y no encontrar ni el recuerdo y sentir tan poco.
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cesar de las Heras

  -   Publicado el Jueves, 29 Enero 2015

Ti, ti, ti, tirititito

Te te te te tengo repetida en el cristal cerrado

y repasado de de dedos el cristal cerrado

he de de de decidido abrirlo para congelar mi tiritar ta ta tar

de de dedos que no se atreven a tocar ca carme.

 

Si fueras Carmen al tocar ca carme

conseguiría estar escarmentado de tu nombre

pero su for fo forma parte derrotada sabiendo do do

que no sirve ve de nada sin el toto to.

 

Desdobla bla blado, hablo blo al recuerdo do

de un cristal desagradable que se abre bre

incapaz de detener el frío.

Incapaz de de entender der por dónde pasa

esa corriente que pene netra sabiéndose culpable

de un tic tac sobre el coxis que me tiene curva va do.

 

¡Hay que jodo do derse con el frío!

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Votos: 41

Dolores Maza

  -   Publicado el Sábado, 28 Febrero 2015

No tengo paraguas

Llegò el invierno, no tengo paraguas, mi cara empapada por la lluvia abrigan las làgrimas que corren por mi piel , estoy cansada, quiero regresar, los relàmpagos me asustan, sòlo me acompañan la gotas que caen sobre mi cabeza ,el viento frio arrastran la basura sobre mis pies sucios de tanto caminar, quiero estar como los pàjaros en sus nidos esperando el nuevo dìa.
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Votos: 39

Pedro Antonio Segura

  -   Publicado el Jueves, 22 Enero 2015

En tu invierno.

Se helaba el alba, prendido en tus mañanas de sangre y miedo,

cuando en tus ojos de dolor se instaló el invierno

de una vida desecha en un amor de escarcha.

Aquel amor que el cierzo no doblegaba, resguardado entre rocas

germinaba verde. Verde el musgo, verde la esperanza de un sueño compartido

que se fue quebrando —como carámbano golpeado—

en la mirada altiva de quien decía que te amaba.

 

Sí,  él te amó...

 

Te amó deshojando en las madrugadas de tus noches

las estrellas que un día la iluminaron,

y quedó a oscura tu cielo, el cielo de tu morada.

 

Ya, ni el sol  alumbra tu esperanza.

 

Pero eres alba y cielo,

el cielo que refleja un mar infinito en el amanecer de tu esencia

invernada en sus zarpas de macho encelado.

Donde la libertad navega contra corriente buscándote.

Sí, la libertad que mora en ti osándote a volar

sobre las brumas que te vejan.

 

Ábrete al almendro florecido de tus anhelos

para que llene de luz y color tu invierno.

Enfréntate a tus miedos, y déjalo

olvidado en la fría niebla

que envuelve su narcisismo despiadado.

 

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Votos: 37

Eva Moure

  -   Publicado el Martes, 20 Enero 2015

Viento Polar

Camino sintiendo el frio,

pisando la nieve en esta ciudad

perdida de ti y de mi.

Y dejo que el viento te lleve lejos.

 

Con los ojos derretidos en agua salada,

rodando hasta el suelo

blando y blanco

que se lleva mis miradas.

 

Voy por el invierno,

por mi propio extravío,

perdida de todo y buscando la nada.

 

Sólo el ron calienta los fantasmas de vaho

que salen de la boca,

a los que busco tras cada esquina.

 

Mis propios fantasmas

que se esfuman en el viento:

como tu memoria.

 

Y sólo el tumulto rompe la voz

de los recuerdos;

sólo, a veces, llega a mis oídos

el ruido del mundo.

 

Que sigue girando

mientras yo camino

en este invierno nuestro,

sin ti.

 

Que me deja tras cada esquina

un presagio marchito

que se deshoja.

 

Ahora que los besos son de escarcha

y los abrazos se desnudaron

como aquellos arboles sin hojas

que se recortan en el horizonte.

 

Camino sin dirección,

a sabiendas de que la vida me pasa

por delante y esta vez

no se detendrá.

 

Porque ya no tengo ese sol radiante

de cuando aun era verano

y el frio no dolía en los huesos,

ni quemaba las manos.

 

Porque no existía el frío

si estábamos desnudos.

 

Intento seguir en pie

en las aceras de hielo,

las que el alcohol

hace que se tambaleen

como glaciares de hormigón,

bajo mis pies.

 

Y la luna me deja,

el cielo se abre por esos rayos fríos.

Pintándose de ámbar, dejándome vacía

en este amanecer.

 

Se llena el suelo de charcos tristes

en los que me hundo

con los dos pies;

mirando el fondo de mi propio reflejo,

en lo mas profundo

donde ya no hay nada

de lo que fui,

de todo aquello que se fue quedando

por el camino

que no volveré a pisar.

 

Sigo tras aquellos pasos

con el espíritu caduco

de quien ya no tiene nada.

 

Y ni siquiera le importa.

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Elisabet Gil Beltrán

  -   Publicado el Jueves, 19 Febrero 2015

Hay escarcha en la ventana

Hay escarcha en la ventana.

Fuera, los árboles tristes y mortecinos

se mecen bailones bajo la gélida brisa invernal,

ese viento frío del norte que baja serpenteante desde la montaña.

El sol mortecino, herido de muerte,

se aleja vencido y abrumado, tras las azules montañas

y en su triste y pesarosa huida tiñe el cielo plomizo

de sangre anaranjada.

Pronto la boca negra de la noche se tragará veredas y campos,

llenará el mundo de perturbador silencio,

borrará los limites que separan los mundos ficticios de los reales

y dejarán tan sólo en su lugar fría oscuridad helada.

Noche de invierno,

echaré otro tronco al hogar

a ver si me caliento.

La leña de almendro arde con fuerza en su pira funeraria.

Un crujir, un chasquido,

y el crepitar de la leña lanza al aire cientos de chispas.

Las brujas de la noche ya se escapan por lo alto de mi chimenea.

Hay escarcha en la ventana y hace frío.

Me abrigo bajo la manta tratando de leer un libro

pero allá a lo lejos, bajo el manto oscuro de la noche

duendes y trasgos corretean sobre la hierba helada, juguetones,

y el crujir del rocío helado me distrae de mi tarea amada

y me asusta y sobresalta, haciendo que mi mente cree horribles fábulas.

Se oye a lo lejos el cantar de un búho,

el cazador nocturno huele en el aire que se acerca la lluvia

y ansioso por dar muerte a su presa distraída

rompe la noche con su triste lamento.

No habrá tiempo para saciar el hambre de la hermosa bestia,

a lo lejos resuena el clamor de un trueno aventurero,

rayos  de brillante luz azul quiebran el cielo

y la lluvia se derrama sobre el valle como lágrimas amargas.

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Daniel Ortega Cobacho

  -   Publicado el Domingo, 18 Enero 2015

Frío

Ha llegado un rayo de sol a mi cara
y ha sonreído con la debilidad
del que muere por una causa justa.

Se ha dado una vuelta por los labios agrietados
iluminando por un instante
el bocado que los nervios me dieron el martes.

Ha subido después a la nariz,
enrojecido icono del invierno latente,
para hacer escala antes de llegar más arriba.

Pero no.

No ha llegado a los ojos.
No lo he visto expirar su última luz.

Ni bizqueando la mirada
he logrado visualizar su caída
en mi puente nasal.

Frío.

Venía él trayéndome calor,
un respiro al gélido viento de las calles blancas,
un descanso al chaquetón,
mas sólo consiguió un escalofrío en mi espalda.

Frío.

En las ventanas empañadas por dentro,
en los cuerpos de tela recubiertos,
en el morado azulado de mis dedos.

Todo tan ventisca
y yo tan infierno apagado.

Frío y más frío.

Un rayo de sol vino a mi cara
sin saber que llegaba por dentro
y no por fuera.

Un rayo de sol tardío
que en un diciembre de aviones plateados
busca el alma del que solo vuela
y solo encuentra nubes y vientos
de un amanecer ya escarchado.

Pobre lágrima de esperanza desechada,
que en lo oscuro de mi interior muere
cual suspiro de vaho
que al exterior exhalo.

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Jhon Deivy Torres Vidal

  -   Publicado el Jueves, 12 Febrero 2015

CALCOMANÍA DE INVIERNO

El invierno  palpita en las hojas de mi lengua

y congela el árbol central de mi poesía.

su alcázar  inspira y también arredra.

Es de dios la lisonja  y también su ira.

 

Escribía el cuento circular de mi adolescencia

bajo el canto salpicado de las aves friolentas,

y entonces descubrí  la nieve tímida

del sótano de mi alma y fui su víctima.

 

Al invierno debo el semblante de mis cuentos

y las interrogaciones vitales de mi huella,

en invierno extravío mi furia y me encuentro

en la encrucijada espiral de algún poema.

 

Por eso soy del frio un frágil reo,

y deslizo mi voz por sus espejos

hasta ver el rostro, sin hipocresías,

del ser contradictorio que me habita...

 

 

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