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Ariel López - Lunes, 23 Enero 2017

Refugiados

Refugiados

Ahí entre los escombros, entre el polvo, con llanto en el alma y frío en sus hombros, acurrucado, hambriento, temblando, sudando, pensando en tanto, y el dolor se adueña de su encanto.

A tan corta edad, un niño; tan siquiera, grande, con su ingenuidad; se pregunta ¿Por qué sus heridas sangran? y ¡no comprende! ¿Por qué tanta oscuridad?.

Pequeño, descalzo sufre su hambruna, hurgando en sus recuerdos llora; por el golpe de la escena dura, que desgarra y huye entre la basura, buscando que comer, sin ternura, deja de correr y con premura se refugia... pues le teme al anochecer.

Su húmeda mirada se nubla sin razón, quebrando su corazón, el sufrimiento se interrumpe nuevamente por una explosión; de nuevo hay acción, el ruido infernal se desata; cual maldición, ¡no entiende!, ¡no comprende!, ya no hay techo... ¿Qué paso?.

No hay más remedio, llorar es la solución, ya no hay compasión, sin madre no hay consuelo, su dolor crece y su miedo lo entorpece, ella se marchó al amanecer con su hermano en brazos, besó su frente; entre sollozos fríos desapareció, el comprendió, y tan pequeño su calvario comenzó.

Sus manos tiemblan, sin ver, su erizada piel azulada y sangrienta, una pequeña mano reconoce, el horror desnuda su alma sin pudor, aquel ruido ensordecedor de ayer provoca hoy el más grande dolor, sus gritos; estremecen al testigo, y el silencio ahoga, un nudo en su interior, descubrir, luego de sufrir aquella eterna noche anterior, porque su madre no regresó; ¿Por qué? solo su rebozo rojo ¡envuelve el resto de aquel que tampoco volvió!, su razón no es suficiente para entender la emoción, sus cinco añitos perturbados por la conmoción.

¡No puede ser! ¿Mamita por qué? ¿Por qué saliste? Si ya había comido ayer, ¡ahora que te fuiste para no volver! ¿Qué voy a hacer?...

Yo solo quería jugar y a mi hermanito poder cargar, ya no tengo ropa, ni zapatos y no se para dónde caminar, ¡tal vez con la gente que huye por el mar!, sí recuerdo; oí a mamita hablando de un lugar, ella lloraba y rogaba que un día lo pudiera lograr.

Durmiendo brinca y cae de la cama, llorando otra vez, maldita pesadilla, no lo deja ni hablar, solo se sacude, su vos se enrreda y tiembla cuando el recuerdo llega...el trauma y las escenas llegan por decenas y su corazón se acelera. ¡Mamita cuanto te extraño! ¿Por qué te hicieron daño? Te necesite en el barco hace un año, ni tapando mis ojitos olvido aquella oscuridad que viví solito la primera vez.

Acá no hay guerra, ahora puede jugar con tierra; no hay juguetes pero encontró un alma que deseaba, un sueño cumplir, ¡que los niños dejen de sufrir!, aunque vive clandestino, para unos es un crimen, para él libertad.

Aunque lejos, esta; no olvida cuando él, le trajo aquí, en sus brazos vivió, dejo allá los destellos, la calle, lágrimas y sus murmullos, aun los puede escuchar, y le hace llorar y le dejan sin aliento, el silencio es el cómplice de esos instantes que arrastra al dormir y que le impiden vivir.

Quien le trajo aquí, aquella vez, ¡Le dijo! Que nunca estuvo ahí, pero en sus ojos vio lo que vivió y le acompaño con su ruego, le ayudo y salió de aquel lugar y aunque descalzo todavía está, ahora puede correr, su corazoncito aun sangra al pensar en su hermanito, y en ella, su Madre y piensa... ¡Aunque no estés presente! tu corazón está aquí, junto a mi................ ¡Refugiados!

 

Ariel López.

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