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Murialdo Chicaiza - Domingo, 01 Julio 2018

PARA ELLA

0

Últimamente su rostro me obliga

a mirarla desde esta soledad

de abrojos y lírica que me intriga,

en esta dimensión de brevedad

mientras que el tiempo es un veloz auríga

y nada es falso ni nada verdad,

mas el amor debe permanecer

cual sola flor que intenta florecer.

 

1

No me mira la niña de mis ojos

desde su aposento de flor dormida,

me duele su indiferencia de abrojos

que cual veta de carne dolorida

quemante como hielo, como rastrojos.

Hoy la miro con mi alma entristecida

sus pestañas ausentes y olvidadas

de mí huyen, a mis ansias enlutadas.

 

2

Esta niña a este tiempo pertenece

muy discreto, directo y distraído.

Ella vive el frío que el viento mece

junto al sol y la tierra que han dormido

su último sueño de flor que enternece.

No puedo ser y jamás he podido

ser el hombre que añora sus tristezas,

me voy con la nostalgia de sus cejas.

 

3

En sus trenzas la luz caracolea

brindando claroscuro de dulzura

mientras que la mañana se recrea

en su morena piel y su tersura

en sus dientes de blancura nívea.

Todo al fin pasará y solo perdura

este amor a la niña de los Andes

mi amor sin fin, sin límite ni bordes.

 

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