Por Rubén Contreras*, 01/02/2010
Hay libros que se disfrutan mejor desde lo que no son. Puede que éste sea uno de ellos. No es una novela. No es una colección de cuentos. Su estructura es fragmentaria pero tiene unidad intencional. Tal vez no es una obra maestra (se puede hablar de eso en una época que reniega de magisterios?) pero no es un libro mediocre, porque su voluntaria falta de brillo es una de sus cualidades más brillantes. Precisamente porque no parece argentino es un libro radicalmente argentino, entendiendo obviamente esta adscripción como pertenencia a una tradición literaria y no como adscripción a un canon nacional.
Historia argentina fue el debut editorial de Rodrigo Fresán en 1991 pero esta reedición (con algunos cambios de orden y reescrituras en sus elementos y presentado por un prólogo ditirámbico de Ray Loriga y una interesante introducción crítica de Ignacio Echevarría) no hace sino confirmar la importancia de este libro para una generación de autores y lectores, la que, a primeros de los noventa, impregnada de los nuevos tiempos políticos y culturales que corrían, buscaba una literatura que se apartara del conservadurismo estético de muchos narradores de los ochenta (en realidad epígonos del boom) y huía igualmente del realismo politizado que aún coleaba en el continente literario, ubicándose en opciones intelectualistas, como la mexicana "Generación del crack", con Volpi a la cabeza o abiertamente desmitificadoras, representadas por la corriente McOndo (http://es.wikipedia.org/wiki/McOndo) entre la que algunos incluyen al propio Fresán y que incorpora el escepticismo, el pop e incluso la sensibilidad del rock y del realismo sucio norteamericano a su código genético.
Historia argentina tiene todos estos elementos, un sentido de la temporalidad que nace de Proust y una voz narrativa que huye descaradamente de cualquier clase de sentimentalismo.
Pese al tiempo que ha pasado desde su primera edición, merece la pena leer este libro para comprender por dónde han ido los tiros de las dos últimas décadas de literatura en nuestra lengua.
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Blog de Rubén Contreras: Después de todo