Por Rubén Contreras*, 02/01/2010
Armand Gatti es el hijo francés de un barrendero italiano, pasa su adolescencia en un campo de concentración por apuntarse a la resistencia antifascista en la II Guerra Mundial (en aquellas míticas trincheras donde un poema o una chanson eran tan importantes como la fraternidad o la comida) y, acabada esa batalla, sigue luchando en el mundo de la cultura desde su visión del mundo libertaria. Uno de sus méritos en la época de la postguerra consiste en haber sido el primero en escribir y dirigir teatro con mendigos, presidiarios o trabajadores industriales. Para los que hayan nacido después y para los que no se acuerden o no quieran acordarse, hubo un tiempo en que la palabra era acción, el lenguaje constituía la esencia de lo humano y el mundo debía ser comprendido para ser cambiado porque era injusto, acaso sólo un poco más injusto que ahora mismo. Gatti decide que la única forma de restituir la palabra a los excluidos es escribir para ellos y subirlos a un escenario.
La antología que presenta Demipage recorre parte de su recorrido teatral, de su obra poética y de sus originales y por momentos deslumbrantes poemas-guión.
La poética de Gatti, en cualquiera de sus vertientes genéricas, hunde sus raíces en un simbolismo de cuño surrealista así como en un existencialismo generacionalmente inevitable, poniendo en liza tonos y registros tan diversos como el amplio ritmo versicular, la proclama épica o el poema fragmentario.
En sus mejores momentos sus imágenes recuerdan a René Char mientras que, en los peores, la voluntaria fragmentariedad de algunos poemas los hará resultar demasiado herméticos para la sensibilidad de una buena parte de los lectores actuales de poesía.
Precisamente la fragmentariedad marca el aspecto más complicado de la recepción de los textos teatrales recopilados. Si bien algunas de las escenas elegidas pueden leerse como textos poéticos, dada su potencia simbólica y verbal, en otros es difícil otorgar un sentido completo a la lectura.
En cualquier caso, recuperar esa forma de entender la poesía como arte supremo y herramienta para humanizar la faz del mundo, asomarse a un arte que marcó las décadas de mediados del siglo XX, volver a convivir con aquel impulso poético, tal vez ingenuo visto desde estos tiempos escépticos pero cuajado de vitalidad y esperanza es algo más que un placer, acaso un mensaje potencialmente inspirador para espíritus insatisfechos.
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Blog de Rubén Contreras: Después de todo