Por Rubén Contreras*, 29/10/2009
Boris Vian llegó a la cultura francesa de la segunda postguerra mundial como una catarsis hiperactiva de trompetas, irreverencia, risas y swing.
Escribió, cantó, compuso, produjo incansablemente y se murió joven, como quiere la hagiografía contracultural, no sin antes haber porvocado a sus contemporáneos, haberse reído del mundo y haberse convertido en una referencia inexcusable para el sector más libertario y vitalista de la cultura europea del siglo XX. Hace exactamente cincuenta años.
La editorial Demipage no ha querido dejar pasar de largo tan señalada fecha y ha querido celebrarlo con una fiesta en forma de libro ilustrado. "No me gustaría palmarla" es la acertada traducción del título de la obra, editada póstumamente (1962), que presentamos hoy. No vamos a engañarnos: la poesía de Vian no tiene el vuelo de sus mejores canciones y de sus siempre regocijantes novelas, pero no por ello carece de interés, ni para sus lectores de toda la vida, que podrán (re)descubrir esta faceta de su obra, ni a los recién llegados a su mundo.
A la fiesta ha acudido un variado elenco de traductores e ilustradores que han dado forma a este libro impecablemente editado. Obviamente, la variada concurrencia de traductores anima de vivacidad el resultado pero a la vez resta a la obra ese aire de unidad que buscan muchos aficionados a la alta poesía. Por otro lado, aunque la mayoría de las versiones están dignamente traídas al castellano, la presencia del texto original francés permite escapar de algunos argentinismos insufribles (¿Por qué sigue habiendo tantos traductores de ese país que no renuncian a los localismos, como ya hiciera en su momento, con inmejorables resultados, un Cortázar?) o bien encontar el término original cuando alguno tiene el capricho de inventar términos que no existen (así R Gumucio traduce incomprensiblemente "rapière" (espada de hoja fina) por "rastacuera").
Más allá de estos pequeños percances, la mayoría de los textos se leen con alegría y transmiten el buen humor y la bohemia del original, contribuyendo a mantener viva entre la afición la presencia de este creador cuya influencia y aceptación no ha cesado desde su prematura muerte.
Traducciones: Javier Krahe, Andy Chango, Oswaldo Muñoz, Begoña Díez Zearsolo, Luis Alberto De Cuenca, Antonio Lucas, Luis Antonio De Villena, Juan Gracia Armendáriz, Ana Martín Puigpelat, Fernando Savater, Déborah Vukušić, Rafael Gumucio, Francisco Javier Irazoki, Manuel De La Fuente, Catherine François, Sofía Rhei, Jenaro Talens, Amelia Gamoneda, Carlos Pardo, Elena Muñoz Pimpinela, Andrés Navarro, Eduardo Moga, Jorge Alemán, Andrés Rubio, Damián Tabarovsky, Santiago Auserón.
Ilustraciones: François Avril, Serge Bloch, Philippe Brochard, Serge Clerc, Dominique Corbasson, Gérard Dubois, Dupuy-Berberian, Jochen Gerner, Jean-Claude Götting, Jacek Jarnuszkiewicz, Lionel Koechlin, Loustal, Martin Matje, Jean-François Martin, Christophe Merlin, Emmanuel Pierre, Alain Pilon, Frédéric Rébéna, Alain Reno, Rémi Saillard.
Poemas escogidos:
No quisiera morir
Por lo que yo vivo
La vida es como una muela
Había una lámpara de cobre
Cuando tenga viento en el cráneo
No ando muy ganoso
Si yo fuera poeta
Compré pan duro
Hace sol en la calle
Un hombre en pelotas caminaba
Me duele la rastacuera
Rompen el mundo
Uno más
Yo quisiera
Dar un si
Un poeta
Si tan tonto el poeta no fuera
Quedaría allí, pesada
Ella estaría ahí
Algunos tienen trompinetas
Un día
Todo fue dicho cien veces
Me moriré de un cáncer de esqueleto
Ahí va un poema con su traducción por Begoña Díez Zearsolo
| LA VIE C’EST COMME UNE DENT | LA VIDA ES COMO UNA MUELA |
|---|---|
La vie, c’est comme une dent |
La vida es como una muela |
(*)
Blog de Rubén Contreras: Después de todo