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Pequeño Bosquejo a modo de currículum del autor.
Héctor Osvaldo Grillo, 58 años de edad. Vivo en la ciudad de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Soy desocupado desde enero del año 2000, ( ex empleado bancario ) hasta el mes de agosto de 2001, cuando, por razones de salud, paso a revistar como Jubilado por Invalidez. Por motivos de placer y de terapia comencé a escribir un pequeño cuentito en septiembre del año 2000, acompañando un poema de mi hijo Rogelio, poeta y cuentista de actuales 22 años de edad.
En ese momento comenzó mi afición por la escritura, inclinándome siempre a la narrativa o cuento corto.
* * * * *
Correo electrónico: {mail}
El payaso plumita... (11/01/2006) (Del libro "Verónica
y yo")
Fé de erratas (11/01/2006) (Del libro "Verónica
y yo")
Los escarpines celestes
(25/09/2003) [Versión
word, 37 kb]
Caza mayor (22/07/2003)
El cadáver (30/06/2003)
El payaso plumita - Infantiles - Títeres - Precios módicos
Adolfo estuvo encerrado dentro de un cuchitril durante diez días más o menos. Sentado o tirado sobre un catre de cemento. El dolor en su boca, su cabeza y su mano derecha no le permitía calcular con exactitud si era de noche, de día, o si el tiempo siquiera vegetaba.
Trataba de contar las horas deformes de acuerdo con las veces que le traían una escudilla llena de sopa intragable. Dos tazones sumados resultaban igual a un día, pero a veces el fangoso guiso no llegaba. Imposible calcular los lapsos transcurridos. Se olvidó el color celeste de la luz del día, no supo del baile de las nubes ni los silbos de los pájaros. Jamás volvió a ver el oro del sol en el resto de su vida. El ambiente era absolutamente tenebroso, umbrío, lacerante.
Tampoco podía hablar con otros detenidos. Solamente reconoció voces y quejidos de hombres o mujeres en las celdas aledañas. Sus lamentos también eran distintos; dejos graves o agudos pero todos infligían la misma angustia.
Las puertas de las covachas se abrían y se cerraban con cierta regularidad. Entonces, como si fuera una calesita macabra, un mecanismo que comenzara a funcionar a destajo - una mísera ruleta de la mala suerte - en cada giro se oía algún alarido desgarrante que erizaba los vellos de su cuerpo:
-¡¡Me llamo Carlos Lamas!! ¡¡ Avisen a mi madre en calle Las Heras!!
-¡¡Cerrá la boca, basura!!- y el ruido de un bastonazo golpeando las costillas.
-¡¡No me manosees!! ¡¡No!! ¡¡Soltame la ropa!! ¡¡ No me toques con esas manos!!
-¡¡Callate, puta, ahora te haces la santita !! Y en la Villa Miseria... ¡¿Qué hacían con el curita?! ¿Rezaban en bolas - ¡ turra ! - o armaban las matracas?
Y el sonido a puñetazo con saña que seguro le partiría los sensuales labios de mujer, y le quitaría toda su belleza dejándole en el rostro la marca de un rictus amargo para siempre. O por lo menos hasta que le llegara el traslado y tuviera que viajar en avión.
Ahora la pocilga se inundaba de la media luz del alba que penetraba a través de unos ventanucos enrejados. Dejaba distinguir en la penumbra los viejos nombres, mensajes, fechas; signos picados en las paredes tal vez con las uñas o alguna herramienta imposible.
Adolfo estaba desnudo, atado de pies y manos, al elástico de una cama. Llevaba más de doce horas amarrado en esa posición. Los tobillos y las muñecas ya ni las sufría ni las sentía como propias. La tortura le hizo perder el conocimiento varias veces, pero entre desgarro y calambre alcanzó a soñar con Alina. Con su panza de seis meses, jugando de frente y perfil ante el espejo, su ombliguito estirado como el ojo de un chinito. Con sus pechos creciendo volviéndola aún más hermosa. Con sus ojos negros brillantes por lagrimitas, eligiendo indecisa el nombre futuro.
Sentada solita frente a la mesa vacía pero al plato lleno, esperando inútilmente que su marido regresara del trabajo con sus bártulos de todos los colores.
Hoy necesitaba más que nunca su protección, su cuidado y su amor...
Uno de los hombres con la cara cubierta, ya le había sumergido tantas veces la cabeza en un tambor con agua, que Adolfo no alcanzaba a comprender si ya había aprendido a respirar como los peces o todo esto era la más increíble y horrorosa pesadilla jamás vivida. Por supuesto no pudo dominar esfínteres y se orinó encima, pero a esta altura esa vergüenza ya ni le importaba. No conservaba ningún resto de su hombría que no hubiera sido mancillada.
También lagrimeó y tembló como alguno de sus propios pequeños y frágiles clientes cuando lo forzaron al submarino seco varias veces. En esos terribles momentos de angustia no solamente no pudo respirar sin una gotita de oxígeno, sino que pensó que iba a vomitar su corazón aún latiendo dentro de la bolsa de nailon.
Si por algunos pocos instantes lo dejaban solo, trataba de no escuchar los gritos de los otros detenidos o la música de radios invisibles cuyo mayor volumen ocultaba el martirio que violaba al pobre infeliz. Y solamente lograba hacerlo si podía gimotear y llorar, aunque ya no tenía ninguna lágrima.
Ni una sola gota de sal en sus ojos golpeados y morados.
A veces escuchaba otro vagido, el de un bebé recién nacido que todavía no le había sido quitado a su madre. Entonces trataba de cantar alguna canción infantil, pero la primera noche que fue chupado le pegaron un culatazo. El golpe le partió la mandíbula y le arrancó cuatro dientes; por lo tanto no le salían melodías, solamente escupía una llovizna de sangre en medio del dolor.
El tipo sin cara le arrojó un baldazo de agua sucia y congelada mientras sostenía en su otra mano dos largos clavos cuyos mangos estaban unidos a cables rojos enrulados.
-¡¡ Nombre y cargo, carajo !! ¡¡ Hablá, basura !! ¿Ehh? ¡¡Otra vez con lo mismo no, hijo de mil puta!! ¡¡Nombre y cargo, mierda!!
-... Shoy sólo un pasazo, el pasazo Pflumita... animo fiesftitas... fhago tifteres… un pasazo…
Inmutable, soberbio y arrogante, el carcelero se quitó la capucha, cerró la puerta de chapa, y aplicó los clavos eléctricos al cuerpo desnudo, uno a cada testículo mojado.
Adolfo fue recorrido por el fulgor de un relámpago incoloro, un fogonazo en cada célula nerviosa; un rayo en todas las venas de su cuerpo malherido.
Orinó unas últimas gotas de sangre, defecó un mísero despojo y se partió su corazón como si el verdugo hubiera cortado una naranja al medio.
Mientras tanto Alina, su mujer desesperada, preguntaba, lloraba, corría, suplicaba, rezaba, volvía a preguntar al borde de la in cordura; día a día, tarde a tarde, noche a noche.
Todo fue en vano. Nadie vio jamás al payaso Plumita.
(Sacado del libro "Verónica y yo")
Ir arribaFé de erratas
¡ Qué tarde para pintar !
Azules, rojos, violetas...
Pinceladas que el poeta
Las va robando del mar.
Óleos
- Norberto del Prado
Siempre fui un fumador empedernido de cigarrillos negros.
Comencé siendo un niñazo precoz de catorce años. Ya pretendía parecer un hombre entero como siempre traté de serlo en toda mi vida. El humo del cigarrillo impregnaba mis ropas, mi aliento, mis útiles escolares. Yo creía que así era realmente un hombre, con sabor a floresta, a alcoholes, a la espuma del mar. Me faltaban muchos años de partos y dolores, de muertes y placeres, para ser, en verdad, un pequeño y anónimo hombrecito, ignorado habitante en un mundo de hombrecitos. Pero mi estatura, mi voz potente y grave, mi afición a la lectura, me engañaban totalmente: no sólo me creía un personaje, además, era un evidente intelectual.
Mi habitación olía a otoño, a cientos
de fogatas encendidas al unísono, a parvas de diarios
con noticias olvidadas ardiendo en una hoguera. A bosque,
a cabaña compartida al frente del hogar, con todas
las mujeres voluptuosas que venían por las noches
en medio de mis sueños.
La primera persona que se dio cuenta de tamaña hombría
fue mi madre, mujer maravillosa, si es que las hay.
Cuando cumplí quince años mi querida mamá me
regaló mi primer encendedor: un Ibelo Monopol a bencina,
que era mi joya más preciada.
Todos los sábados lo limpiaba, recargaba el combustible, cambiaba la piedrita que hacía chispa. Esas tareas son y serán trabajos que únicamente hacen los hombres cabales.
Digamos que fumaba diez cigarrillos, no más, en un día completo. Bueno, sí, los sábados serían quince... Tal vez, confieso con pudor, que no pasaban de veinte... ¡Lo juro!
Quizás acotaría que en esa primavera, cuando las gónadas masculinas ya habían adquirido su propia vida y millones de gametos estallaban en viajes improvisados a incógnitos lugares, sólo el humo de cinco o seis negros excedentes me calmaba. Mi madre se alarmó seriamente por la cantidad de cigarrillos que fumaba. Y yo, calzándome mis gafas de Clark Kent, y acumulando valor gracias a dos generosas ginebras, había hablado de pétalos, de lunas y de amor con la mujer de mis sueños, quien, ilusionada, subió a bordo de mi vida.
El día de mis dieciséis, mi madre me regaló mi primera pipa tratando de que reemplazara al dañino cigarrillo por las aromáticas picaduras de tabaco. Roto el papel de regalo inundó mi vista el color indescriptible de la madera de brezo, la cazuela perfecta, la boquilla que calzaba a medida en mi pequeña boca. Pero lo que realmente me perturbó fue el aroma del tabaco, esa mezcla de esencias perfumadas a madera y hojarasca, a vainilla y chocolate, a pinos y a mar enardecida. Era el aroma definitivo del hombre.
Esa noche, sentado en el mejor Bar del pueblo, esperaba exaltado a mi novia, que llegaba a la cita como barco que arriba a puerto por vez primera.
Yo lucía pantalón gris perla, saco de paño azul marino, camisa celeste y corbata color bordó.
Sintiéndome un capitán y actuando como tal, saqué mi pipa del bolsillo y, mientras le solicitaba al mozo el vespertino local, acomodé en la cazuela las pequeñas virutas enruladas y las encendí.
Observando de reojo a mi novia sonrojada, que cruzaba el zarco humo hacia la mesa, leí sorprendido el titular del suplemento del periódico:
* La Pipa y el Sabor del Tabaco *
Y debajo, con grandes letras:
“Nadie es capaz de imaginarse a un vigoroso marinero sin una pija en la boca... ” ( Sic )
Fue la primera y última vez que fumé en pipa
(Sacado del libro "Verónica y yo")
Ir arribaLos escarpines celestes [Versión word, 37 kb]
" Cierra los ojos y derrama el grano... ¡
Tu destino es sembrar ! "
Villaespesa
Marina cerró los ojos y apretó la mano de Ramón.
Se sentía cada vez más tensa, más rígida.
Apretó con tanta fuerza los pies contra esos fierros
que le mantenían las piernas abiertas que sintió
como se le lastimaban. No le importó haberse quitado
el vestido y la bombacha; estaba decidida. Pero sentía
miedo, vergüenza, dolor, pudor, y no pudo contener una
lágrima o dos. Abrió los ojos y distinguió
a Ramón , a su lado, con los ojos también brillosos,
y el resto del rostro, de color más blanco que el barbijo
que le habían colocado.
- ¡ Bueno, bueno, tranquila... relajáte que en
un momentito terminamos ! le dijo la ginecóloga con
una semisonrisa. Marina miró hacia abajo y la vio,
con sus manos enguantadas colocando vaselina en un embudo.
Al rato se enteró que ese era el famoso espéculo.
Cuando la doctora abrió los labios de su vulva y trató
de introducirlo contrajo involuntariamente los musculos.
- ¡ Ehh, que no se diga ! ¡ Le estás haciendo
pasar vergüenza a tu marido ! Si este espéculo
no es tan grande... tranquilita... relajáte...
La médica lo sacó, le volvió a colocar
vaselina y por fin , con mucho cuidado, y lentamente, lo insertó.
Cuando comenzó a hacer girar las tuercas mariposas,
el embudo se fue abriendo y con él, las paredes de
la vagina. Esta se transformó en un boquete; la doctora
observó atentamente. Ramón soltó la mano
de su mujer y con la frente transpirada se aferró a
la manija de la camilla.
Marina sintió que se desmayaba, pero antes pensó
que la estaban violando con una lata , con una pinza, ¡
que se yo !, que la estaban martirizando...que la estaban
empalando... pero no se desmayó.. solamente, durante
una décima de segundo, se aclaró su mente y
recordó el origen de esa visita a la médica:
Tengo que aguantar, se dijo...mamita querida...¡ ayudáme
! ¡¡ Quiero ser como vos, como todas...!! ¡¡
Yo también quiero ser madre !! ¡¡ Necesito
tener un hijo !! Que tome leche de mi teta, que me apriete
el dedo con su manita, que me diga ¡ Má ! sentado
en mi falda...¡ Que me haga collares de fideos en el
Jardín. Que pase su cabecita por donde está
este fierro ahora, que nazca, que crezca, que me necesite...!
¡ Pero que sea sano ! ¡ Y que sea mío,
mío... Todo mío y de Ramón !
¡¡ Quiero parir un hijo que sea un pedazo de mi
sangre !!
Y entonces se relajó totalmente.
* * *
Marina y Ramón hacia 7 años que se habían
casado. El tenía 26 , ella 24 , y ya llevaban cinco
años de novios. Para algunos parientes parecía
que ese tiempo ya era bastante prolongado, sobre todo para
alguna tía que ,como ya tenia su casa montada desde
hacía tiempo, no comprendía exactamente el valor
de las cosas y las casas y los sueldos en esa época.
- ¿ Y...? ¿ Para cuando los confites ? - preguntaban
imprudentemente.
Ramón contestaba con una sonrisa indescifrable: mitad
de monjita de convento y mitad de perro furioso.
Pero formaban una buena pareja. Sabían acompañarse,
tenían gustos parecidos, respetaban cada uno el tiempo
del otro y querían a los amigos que conservaban desde
la infancia o de la adolescencia.
Y en la otra parte, tal vez la más importante, también
encajaban perfectamente. Siempre tenían tiempo para
algún juego, para hacer el amor en algún rinconcito,
como pudieran, en el auto, en los veinte minutos que la casa
de alguno de los dos quedaba vacía, muy rara vez en
algún hotel, pero si en el departamento prestado de
algún amigo, de esos que no fallan nunca, que siempre
tienen la boca cerrada. Pero siempre, siempre era delicioso,
juvenil, con urgencias, pasional y bienvenido. Eso sí,
los dos pensaban que debían cuidarse, que los hijos
deben buscarse y ser queridos y no convertirse en un accidente
que les arruinara la vida ; a ellos, al chico, y a los suegros.
Y entonces se cuidaban. Siempre.
* * *
- ¡ Pasa, Ramón ! ¡ Entra !
Ramón abrió la puerta y entró a la pequeña
oficina. Tenía un escritorio, un armario y desde sus
ventanas se veía todo el comercio. Más aún,
alcanzaba a verse el gran cartel sobre la puerta principal
Ferretería Casfer . Antes decía: de Castro Hnos.
Pero cuando Ramón comenzó a trabajar, al poco
tiempo, el hermano de Don Rosendo Castro murió.
Para Don Rosendo fue un golpe muy duro, anímico y material.
Pero era hijo de gallego, fuerte, trabajador, austero, metódico.
Le compró la parte a su cuñada - siempre en
buenos términos - y siguió trabajando, casi
el doble que antes. Pero ahora contaba con un ayudante de
ley: Ramón, recién recibido de Técnico
Mecánico en el Colegio Industrial .
- Permiso Don Rosendo...
- Vamos hombre, siéntate, que tengo que hablar muy
seriamente contigo.
* * *
- ¡¡ Mami !! ¡¡ Mamá...!! ¿
Donde estás ? ¡¡ Mami !!
- ¡ ¿ Qué pasa, tanto alboroto ? ! ¡
¿ No será una mala noticia ? !
- ¡ Pero mamá ! ¡¿ Qué mala
noticia ?! !! Es un notición !! ¡ Sacá
el licor de huevos y abrime una botella de cerveza ! ¡
Y dejá ese mate, haceme el favor ! Te lo cuento en
tres palabras: Don Rosendo habló conmigo. De frente.
Como una hora. Que la ferretería es lo único
que le va a dejar a su hija y a su mujer. Pero que su yerno
trabaja en un banco y no sabe lo que es un tornillo. Y su
hija no sabe lo que es una tuerca. Así que entre los
dos fundirían el negocio en dos o tres días.
Y que si al él le pasara algo...¿ quién
cuidaría de sus intereses ? ¡ ¿ Eh ? !
¡ ¿ Quién demostró ser tan honesto,
y trabajador, y buen vendedor como su hermano que en paz descanse
? ! ¿ Quién se está haciendo querer casi
como un hijo después de estos cinco años ? ¿
Ehh ? ¿ Quién ? ¡¡ Decílo
!! ¡¡ ¿¿Quién ??!! ¡¡
Ramoncito, carajo !! ¡¡ Ramoncito " el encargado
" !! ¡¡ Con 30 % de aumento de sueldo !!
¿ Me oíste, vieja ? ¿ Y quien va a cobrar
un pequeño porcentaje en las ventas dentro de dos o
tres años porque solo " el ojo del amo engorda
el ganado " ? ¡¡ Ramoncito " el jefe"
, dos veces carajo !!
- ¡ Ay si te escuchara tu padre !
- Si viviera papá no trabajaría en la ferretería
,mamá...¡ pero no llores ! ...¡ ya nomás
le voy a contar a Marina !
- ¡ Cuidála a esa chica, hijo mío, que
me parece que vale oro ! ¿ Y si a fin de año
se comprometen y se entregan los anillos ?
- ¡¡ Maamáááááááááá
!!
* * *
- Un cortado, por favor - le pidió Alicia al mozo.
El mozo se lo trajo, Alicia le volcó adentro el edulcorante
y lo tomó con placer. Estaba rico y hacía frío.
Después jugó un rato con la servilleta de papel,
y miró la hora: 17,30 . Fijó la vista sin prestar
mucha atención en el tránsito de vehículos
en la calle y la gente que pasaba apurada. Lo llamó
nuevamente al mozo y le preguntó si tenían algún
diario que contuviera palabras cruzadas si resolver. Este
le trajo uno viejo; era de la semana pasada pero tenía
una grilla aún intacta. Cuando la terminó de
hacer ya eran las 18,15 y se preocupó un poco. Su amiga
no llegaba. No pensaba tomar otro cortado hasta que no viniera,
creerían que ella estaba esperando a algún hombre.
¡ Por fin la vio ! Estaba cruzando la calle y se dirigía
hacia el Café. Eran amigas desde la Escuela Primaria
y se querían como hermanas. Pero Alicia, como toda
mujer, no pudo dejar de envidiarla : realmente era bonita.
No muy alta ni de cuerpo espectacular pero atraía con
solo verla ; de pelo castaño claro, casi rubio. Con
algunas pequitas en los pómulos. La nariz era común,
casi demasiado recta, pero la boca era perfecta. Y la sonrisa
siempre a flor de labios, lo que realzaba el color de sus
ojos. Estos eran claros, pero de un color indefinido. Cuando
eran chicas y se peleaban, Alicia recordó que siempre
le gritaba lo mismo : ¡ Ojos color mate cocido ! Marina
se enfurecía.
Ahora estaba abriendo la puerta, buscando a su amiga con la
mirada y sonriendo de maravillas cuando la descubrió.
Se acercó, se paró al lado de la mesa, miro
su reloj, y le dijo - le gritó, casi - ¡ Aquí
está Marina, siendo las 18,30 ! ¡ Desde el próximo
lunes, Soy la bibliotecaria del turno tarde de la Leopoldo
Lugones !
¡ Conseguí el puesto ! ¡¡ Ahora sí
que me caso !!
* * *
Ramón le pidió permiso a Don Rosendo para salir
un rato mas temprano - tenía que hacer un trámite
importante - y pasó a buscar a Marina por la biblioteca
a la hora de cierre, a la tardecita. Era un dia viernes, de
primavera y no hacia ni frío ni calor, era una tarde
agradable, ( y un poquito especial ). Los dos estaban contentos
y además, cumplían dos años de casados.
Como salida "extra " - contigo pan y cebolla - se
sentaron en una confitería bastante paqueta y tomaron
dos cafés. Un poco caros, pero los sirvieron con amarettis
y la música era muy suave. Empezaron a jugar tocándose
las rodillas debajo de la mesa, y se tomaron las manos guiñándose
los ojos. Ramón no esperó más y le entregó
su regalo: un compacto con los grandes éxitos de Ricardo
Arjona que a ella le encantaba.
Marina dijo : - ¡ Uy, uy, me olvidé ! ... ¡
Mentiras, mi amor ! ... ¡ Tomá, mi osito querido
!- y le entregó un llavero de color claro hecho con
cuero crudo entretejido. Era un motivo campestre, que tanto
le gustaban a Ramón.
Entraron al departamento interno sin hacer mucho ruido; delante
seguía viviendo Doña Lita, la mamá, en
la parte que utilizaba después que dividieron la casa
para que atrás viviera el nuevo matrimonio. ( Obviamente
gracias a un préstamo de don Rosendo ). Ramón
dijo : le voy a decir a la vieja que vinimos más temprano,
así no se preocupa ... ¡ y sobre todo para que
no se le ocurre venir !
Al rato, cuando volvió, encontró la mesa puesta,
con dos velas encendidas - su mujer, siempre jovial y con
ese sentido del humor - y percibió el aroma de su perfume
preferido. Marina estaba en la cocinita trajinando con un
pollo al horno, ya bañada, perfumada, y vestida solamente
con el camisolín rojo y cortito, el de las ocasiones
especiales.
Ramón dijo solamente : - ¡Hummm ! - y entró
al baño rápidamente. No quería perder
tiempo bañándose. Se cepilló los dientes,
se lavó un poco, y se tiró por el cuello algo
de su colonia.
Marina la detectó inmediatamente y dijo : ¡ Epa
! ¡¡ Cuidado con el oso !!
Ramón la abrazo por la espalda y comenzó a besarle
el pelo, el cuello, a acariciarle los pechos...Su mujer respondió
inmediatamente. Giró su cuerpo y comenzó a sacarle
la camisa , mientras el le besaba todo el cuerpo. Cuando le
desprendió el pantalón y se lo sacó,
el ya le había quitado el camisolín. El hombrón
se quedó parado, pero a ella la levantó como
una pluma y la sentó sobre la mesada de la cocina.
La volvió a besar en la boca, potente, profundo, sabroso,
como cuando eran novios y tenían mucho amor y poco
tiempo.
Ramón ya no soportaba más. Pero Marina lo frenó
y le dijo al oído :
- ¿ No compraste ?
- No, no compré...
- ¿ ¿Y así, sin ponerte nada ? ?
- ¡ Si ! ¡ Dále ! ¡ No aguanto más
!
- ¡ Esperá !
- ¡ No, pecosa, hace dos años que nos cuidamos
! ¡ Basta ! ¡ Basta !...¡ Corréte
para adelante...!¡ Vení ¡¡ Hoy te
voy a hacer un hijo igualito a mi !!
- ¡¡ Cómo te quiero Ramón !! ¡¡
Cómo te quiero !!
Lo espero un segundo, nada más, al siguiente, ya eran
un solo cuerpo y una sola persona.
Al rato, cuando comían el pollo, Ramón preguntó,
como al descuido: -¿ Y ?
- ¡ Es la primera vez que me como un chocolate sin la
envoltura de papel ! ¡¡ No quiero comer más
chocolates envueltos ! ! - dijo Marina.
Después del pollo, de una cerveza y del Mantecol, Ramón
se bañó, se volvió a perfumar y pasó
de largo sin encender el televisor. Nuevamente hicieron el
amor, lentamente, dulcemente, con pausas, con todo el tiempo
del mundo. Ramón arrojó puñados de semillas,
las regó abundantemente, como un buen jardinero, sobre
un terreno generoso, fértil, fructífero. Pero,
a pesar de la juventud y las ilusiones, se cansaron, se agotaron,
y se durmieron como hacen todos los amantes: abrazados como
dos cucharitas.
A partir de esa noche no se cuidaron de ninguna manera nunca
más.
* * *
Ramón escuchó a Marina llorando dentro del baño.
Sin que necesitara ninguna explicación, conocía
el motivo: una nueva menstruación. Fue al cajón
de su mesa de luz, sacó el almanaque, tachó
la fecha del mes anterior y marcó una nueva. Hacía
dos años que habían dejado de cuidarse, pero
las reglas venían todos los meses... implacables, odiadas,
insultadas. Marina estaba destrozada. Había perdido
su jovialidad, su humor, su sonrisa. Cada chico que veía
por la calle le provocaba una nueva desazón. Dejaba
de visitar a las amigas que se convertían en madres
y cuando alguna tía o vecina cuchicheaba por cualquier
motivo, ella pensaba que hablaban de ella. ¡ Yerma !
¡ Estéril ! ¡ Inútil ! ¡ Un
desierto sin ninguna flor !
A más de una pregunta le respondía de pésima
manera y muchas veces Ramón llegaba y la encontraba
llorando. El también se sentía mal, muy mal.
Y comprendió perfectamente que no solo las mujeres
que no son fértiles viven un tormento. Los hombres
también se sienten castrados y sufren ... ¡ muchísimo
!... Solamente que lloran menos o mejor dicho lloran igual,
pero solamente cuando están solos.
Ese mes había sido el definitivo. Habían estado
catorce días sin hacer el amor, esperando la fecha
indicada. No quince, ni trece, como los anteriores, sino exactamente
catorce, el día de la ovulación. Por la noche
se habían acostado, se acariciaron como si no se conocieran,
no se habían excitado, y todo había sido seco,
árido, doloroso. Y el final fue atroz. Mecánico,
sin amor, sin placer. Ella se tocó y gritó:
- ¡ Estoy seca ! ¡ No eyaculaste !
- ¡¿ Cómo no voy a eyacular ? !¿
Estas loca ?!... Aunque se tocó y también comenzó
a dudar. Realmente no había sentido nada. ¿
Sería posible que eso sucediera ?
- ¡ No ! ¡ No estoy loca !... ¡ Sos vos
! ¡ No soy yo, la yerma !... ¡ Sos vos ! ¡
Tenés una falla !
- ¡ ¿ Pero que falla ? ! ¡ ¿ Cuando
te fallé ! ? ¿ Ehh ? ¿¿ Cuando
te fallé?? ¡¡ No me faltés el respeto
!! ¡¡ Desagradecida !!
Después se perdonaron, hablaron, y lloraron nuevamente
tanto tiempo los dos juntos, que al final pudieron razonar.
Si en los meses venideros volvía la maldita regla,
iban a consultar con algún ginecólogo. Los dos
necesitaban desesperadamente amar a un hijo. Pero antes necesitaban
hacerlo, fabricarlo, grandote como el padre, pecoso como la
madre... ¡Claro que iba a ser sano ! Pero... ¡¡
¿Porqué castigo divino del carajo no podían
? !!
* * *
- ¡ Tomá, Marinita, ! ¡ Toma Bichito! Es
la medalla de Santa Rita. Me la dio el 20 de mayo el sacerdote
de la capilla de la Medalla Milagrosa. Cuando le expliqué
el motivo por el que se la pedía me dijo que nunca
te la saques del cuello y que el va a pedir por el éxito
del tratamiento todos los días 20 de cada mes. ¡Tomá
mi amor... vas a ver que te va a ir bien la semana que viene,
cuando te hagan el raspaje de endiometro!
- Endometrio, mamá...
- Bueno es lo mismo... ¡ No dejes que te la saquen en
el quirófano !
- Bueno mamá, vos rezá mucho, mucho...Yo ya
no sé si rezar o putear.
- Hija, tenés que tener fe...¡ en Dios, en la
Virgen, en Santa Rita...!
- Entonces si siempre les tuve fe...¡¿ Porqué
mierda me están castigando tanto ?!
* * *
- ¡ No doctor, no me voy a sacar la medalla ! Si no
me la saqué cuando me hicieron el raspaje ¿
Porque ahora que me van a practicar una laparoscopía
? Le tengo fe, está bendita...
- Mujer, es probable que tengamos que quitar algún
quiste en el ovario; tal vez el anestesista te tenga que dormir
por un rato...Pero bueno, si no nos molesta no te la vamos
a quitar; dejátela puesta. Tenéle fe a la medallita
...¡¡ Y tenéme confianza a mi, que estudié
muchos años más que la virgencita para poder
hacer esto !!
* * *
- ¿ Y qué hiciste cuando te dijo eso ?
-Mirá, Nacho, nunca tuve tanta vergüenza. Para
colmo el recipiente no se puede ocultar . Es ancho, de vidrio,
con tapa. Todo el mundo en la sala de espera se da cuenta
que entrás al baño para hacerte...Marina se
hizo la boba, con los cachetes colorados, y ni me miró,
como si no me conociera...¡ Qué vergüenza
! ¡ Qué papelón ! ¡ Qué dolor
de cabeza ! ¿Cómo te vas a excitar ? ¡
Imposible ! Pensás que de afuera te escuchan ...o te
miran... Te empieza a doler detrás de los ojos, hecho
un ridículo, con los lienzos por el piso, los calzoncillos
por las rodillas ... Empezás con la mano derecha y
el frasquito en la izquierda... ¡ Nada ! ¡ Ni
se pone firme ! Empieza el dolor de cabeza... Pasás
el frasco a la derecha y seguís con la izquierda ...¡
Menos !... En medio del dolor querés pensar en una
mina, en algo, en alguna película que viste. ¡
Peor ! Seguís con la derecha, te empiezan a doler los
testículos, ¡ qué dolor ! ¡ Y volves
a pensar en una mina...desnuda... ahora si... ya llega ...
vamos... una poquito más ...¡ vamos !...se te
inflama el glande ¡ más dolor ! Y entonces...
¡ sí ! ¿ Como pongo el frasco ? ¡
Ma'sí, lo pongo así ! ... Y sabés, Nacho,
viejo querido, me salieron tres o cuatro gotas, nada más...
¡ tres o cuatro ! Me temblaban las piernas, el corazón
me quería salir por la boca. Me vestí como pude,
abrí la puerta y salí mirando el piso. Le entregué
al bioquímico el recipiente con las manos temblando.
Lo miró, me miró, y me dijo sonriendo: ¡
No funcionó, viejo ! No importa , para la próxima
va a andar mejor. ¡ Seguro que largás mucho más
!
- ¡ Hijo de mil ! ¿ y en la siguiente pudiste
?
- En la siguiente entré con Marina. La bobalica no
quería. La empuje y entramos los dos apretujados al
bañito. Me bajo los lienzos y le digo: sacáte
la blusa, ¡ hacé algo ! ¿ sabés
que me contesta ? - ¿ Y si entra alguien ? - ¡
Pero quién carajo va a entrar! ¡ Ayudáme
!
Y bueno, todo no te lo puedo contar, pero imaginate: la acaricié,
la bese, no me dolió tan fuerte la cabeza, ni detrás
de los ojos, hasta creo que en medio de la vergüenza
me excité un poquitito. Hasta que me vino, Nacho, me
vino con potencia, como siempre. Le pregunto:
- ¿Y el frasco ?
- ¿¿ Qué frasco ??
- ¡ ¡ Para juntar el semen, que no aguanto, que
me voy, te lo di a vos ! !
- ¡¡ No !! ...¡ Yo no lo...! ¡¡Sí
!!...¡ ¡ Aquí está, mi amor, aquí
está ! !
-¿ Y ? - dijo Nacho...
- La mitad dentro del recipiente y la otra mitad en la mano
de ella.
* * *
Te juro Ramón, que es lo último que hacemos,
yo tampoco doy más, no puedo soportar otros estudios,
otros espéculos, otras vergüenzas, otros tipos
que me miren adentro como si fuera la primera vez que miran
una vagina... allí desnuda...lo que guardé solamente
para vos, que lo vieran todos...¿ rezando y tocando
la medallita?... ¿ y cuando tuvimos que hacer el test
de...? No me acuerdo como se llamaban... Bueno ponele el test
de los Dres. Pérez y Pérez .. que tuvimos que
ir a un hotel baratísimo a cinco cuadras de la clínica,
como si fuéramos dos tramposos, y hacer el amor...
Bah, el amor, el amor... Hicimos lo que pudimos y volvimos
corriendo a la Clínica. ..- ¡ Antes de que transcurra
media hora ! - nos hicieron entrar como si fuéramos
los bomberos ... por aquí, por aquí... que no
pase el tiempo...¿ Se puso una toallita ?...¡
Que no se salga ni una gota ! ¿ Y todo para que ? Cuando
me abrieron otra vez las piernas: ¡ Ahh, muy bueno el
lago seminal ! ¡ Lo felicito Sr. Garcia ! ¡ Muy
buena producción de esperma !! ... Y al rato en el
microscopio: ¡ Y ahora los felicito a los dos, casi
todos los espermatozoides están vivos y corren de un
lado para el otro ! ¡ No hay ningún problema
!! - ¡¡ No, ninguno !!...¡¡ Pedazo
de huevón !!
- ¡ Basta ,Marina, tranquilizáte, estás
hablando sin parar como una loca ! Este es el ultimo estudio.
Yo hasta aquí llegué y tampoco hago más
nada. Si esta es la vida que nos tocó, vamos a vivirla
como corresponde. ¡ Hemos perdido los mejores años
de nuestra pareja detrás de una quimera ! Vamos a tranquilizarnos
y después, dentro de un tiempo, estudiaremos el tema
de la adopción. Si soportamos todo esto... ¿
No vamos a ser, acaso, buenos padres del corazón?
- ¡ Matrimonio Garcia ! dijo la enfermera, esperando
parada sobre una alfombra impecable.
- Adelante, adelante, tomen asiento - dijo el médico,
más añoso, mas sabio y mucho más caro
que los anteriores - con mucha calma que charlaremos un ratito,
nada mas...
Sacó de un escritorio - de caoba - un sobre grande
de papel Manila conteniendo los antecedentes y la historia
clínica del caso.
- Estos son sus papeles. El diagnostico es clarísimo
y no falta hacer ninguna prueba distinta.
Ustedes son dos personas absolutamente sanas, física
y psíquicamente. Son jóvenes y no tienen ningún
impedimento para procrear. Pero eso no es todo: por desgracia,
deben conocer una estadística, un número de
parejas donde la concepción no se realiza. La ciencia
no ha podido detectar el motivo, todavía, ya que los
integrantes siempre, siempre, son sanos. Lamentablemente es
otro de los " castigos " de la naturaleza, que hace
que los médicos nos sintamos unos inútiles.
¡ Pero a no desesperar ! Ustedes están muy tensos,
muy nerviosos, demasiado pendientes del tema. La vida también
tiene otras cosas. Ustedes tendrían que descansar,
olvidar un poco, distraerse, viajar... ¡ Eso ! ¡
Viajar! Algún país de Europa o del Caribe sería
un remedio impecable, la mente volaría por otros atractivos,
y entonces...
- ¿Este está loco o está borracho ? -
pensó Ramón, pero igualmente le dijo:
- Te...tenemos una colonia del gremio en San Luis ... y otra
en Córdoba...
- Bueno ¡ eso también es perfecto! - dijo el
médico, levantándose - ¡ Y a no pensar
siempre en lo mismo ! ¡ La vida tiene muchas sorpresas
! ¡ Olvídense y disfruten ! Ámense...Ámense
mucho, ¡ sin pensar en otra cosa !
* * *
Marina sentía como si varias motos le estuvieran dando
vueltas dentro de la cabeza. A pesar de estar sentada en el
inodoro, notaba que le temblaban las piernas. No podía
soltar la medallita de Santa Rita; la besó, e hizo
fuerza... No... no podía orinar. Eran los nervios...Se
levantó y se sentó en el bidét ...Ahora
si... orinó dentro del recipiente... la primera de
la mañana... no sé como Ramón no se dio
cuenta que ella no había ido al baño y se fue
tan tranquilo a trabajar... Ahora no podía cortar...
Se volcó un poquito, pero cambió al otro recipiente,
de otra marca parecida y un chorrito alcanzó a introducir.
Colocó los dos vasitos sobre el lavamanos con sumo
cuidado. Le temblaban tanto las manos que no podía
sacar el reactivo de la primera cajita. Las motos se estaban
yendo pero ahora se escuchaba como si fuera un bombo o un
tambor en el medio del pecho...Metió la tirita y cerró
los ojos.
Santa Rita... Santa Rita... ¡ Por favor !... Abrió
los ojos y miró: dos rayitas. ¡¡ Positivo
!! ¡¡ Estoy embarazada !! ¡¡ Voy a
tener un hijo !! ¡ No, no puede ser ! ¿ Y si
me equivoqué ? Abrió la otra cajita y sacó
la nueva tirita; la introdujo sin cerrar los ojos, solamente
dejando correr las lágrimas por su mejilla... una detrás
de otra, y otra, y otra más... viendo a través
del llanto como se marcaban nuevamente dos rayitas en el reactivo.
Las guardó para mostrárselas a Ramón,
se levantó como pudo, y abrió la canilla de
la ducha. ¡¡ Manuelita vivía en Pehuajó,
pero un día se marchó !!... Se secó y
comenzó a vestirse...¡ Perro salchicha, gordo
bachicha...! ¡¡ Dios estoy embarazada !! ¡¡
EM - BA - RA - ZA - DA !! ¡ Ayy, Ramón, lo que
va a llorar mi oso, mi osito querido, perdonáme si
alguna vez pensé mal de vos, tu semilla es de la mejor
! ¡¡ Y vamos a tener un hijo sano, sano !! ¿
O sana ? ¿ Porque no puede ser una nena? Sin darse
cuenta ya estaba caminando por la calle. Iba circulando dentro
de una nube, una nube rosa ( ¿ o celeste ? ) María
por mamá y Alicia por aquella loca ¡ Ay cuando
se entere !¡ Como va a putear... ! Y bueno ¡ ella
festeja así ! Y además va a ser la madrina...
¿ Y aquel que le va a querer poner Rosendo Ignacio
? Que le debemos tanto a Don Castro y el préstamo y
que lo trata como un hijo...¡ Y bueno, que le ponga
Rosendo ! ¡ Nombre de macho ! Y también Ignacio,
porque Nacho, su Nacho ...es como si fueran hermanos... !
- Perdón señora, iba distraída... Ahh,
yo también estoy embarazada - La mujer, ya en el sexto
o séptimo mes la miró sonriendo...
¡¡ Qué suerte haber visto ese programa
de cortos publicitarios el sábado pasado !! Cuando
lo miré estuve a punto de descomponerme, pero ahora
veo que es la mejor forma de decírselo a Ramón...
Vinos Troya o Crespi , no me acuerdo, pero la cara del futuro
papá cuando llega a la casa y ve los escarpines sobre
el plato de la cena ! ¡ Qué dulzura ! ¡
Qué mirada ! Será una propaganda antigua pero
se lo voy a decir de esa manera... Y los escarpines se los
voy a comprar celestes...¡ Que goce por partida doble
! ¿Y si llega a ser grandote y morocho como el padre
pero con mis ojos y mi sonrisa ? ¡ Las chicas se le
van a tirar encima ! ¡ Já ! ¡ No me lo
van a quitar tan fácil ! ¡ Epa ! Casi me paso
de largo ...
Paró enfrente de " La familia Conejola "
y miró la vidriera. Le vamos a comprar ese cochecito
y eso y eso y eso ... Bueno, será cuando el aguinaldo,
pero se lo vamos a comprar...
- Escarpines celestes- le dijo a la vendedora .
- ¿ Qué medida ? ¿ Número cero
?
- Sí, ¡¡ Porque estoy embarazada !!
- ¡ Se le nota en la mirada ! ¡Sí ! ¡
En esos ojitos con lagrimitas ! - dijo la chica.
Se me nota, me dijo, se me nota... Tengo ganas de gritar:
¡¡ Voy a tener un hijo !! ¡¡ Voy a
ser mamá !!
- ¡ Cuidado señora, que el semáforo está
en rojo ! - le gritó alguien.
Se paró en seco, y se dio cuenta de que estaba en la
calle. Le pareció que cruzaba la avenida - hecho un
bólido, descontrolado - un auto rojo, o marrón
o algo parecido que despedía fuego por la ventanilla
trasera. ¿ Petardos ? ¿ Cohetes ? Una anciana
chillaba y un nene lloraba. El hombre que caminaba su lado
se tomó el estomago y sin decir una palabra cayó
al piso. ¿ Se cayó ?
Una sirena potente. ¿ Los bomberos ? ¿ Qué
es esto ? ¿ Qué es lo que pasa?
Un adolescente mal vestido se tiró al piso gritando:
- ¡ La yuta, chabón, la yuta !
Y entonces Marina comprendió. Vió venir a toda
velocidad la camioneta blanca con las luces azules sobre el
techo y la leyenda POLICÍA escrita al revés,
persiguiendo a los criminales. Lo último que distinguió
fue un fogonazo también en la ventanilla trasera de
la camioneta.
La bala calibre 45 le entró por el parietal derecho,
le destrozó el cerebro, y le arrancó el parietal
izquierdo partido en más de treinta astillas.
* * *
Esa noche Marina obtuvo bastante rating , pero solo durante
algunos minutos. Muchísimos la vieron, despatarrada
en la acera, pegoteada de sangre, apenas cubierta con un nailon;
pero estaban haciendo zapping , ansiosos por ver la vida en
directo en el último Reality Show.
Caza mayor
Doña Clotilde se lavó y se restregó las
manos con detergente. Luego se secó con un repasador
y se las masajeó una contra otra durante un buen rato.
¡ Ah ! ¡ La artrosis ! ...pero ya le habían
dicho que esa enfermedad no tiene cura y menos que menos a
su edad, abuela, hágase masajes en los nudillos y a
lo sumo tómese una aspirina ¡Nada más!
¡ Sí ! es fácil decirlo , pero...además
las aspirinas le provocaban ardor de estómago.
Se desató el delantal, fue hasta el baño, se
lavó la cara, los dientes - los propios y los que no
eran propios - y se peinó con un rodete, como siempre.
Se masajeó la cara y las manos con una crema que había
comprado en una oferta del supermercado y se dirigió
al dormitorio. Se cambió el batón por un vestido
negro, un poco más arregladito, más paquete,
que usaba siempre para hacer las compras.
Volvió a la cocina, apagó el horno y con cuidado
sacó la torta recién hecha. La colocó
sobre el techo de la heladera, alejándola un poco del
gato.
- ¡ Cuidadito, Chifu, ! ¡ No te la vas a comer
! ¿ Eh ?
El gato, de un pelo blanco inmaculado y ojos celestes, la
escuchó y bajó la mirada somnolienta como diciendo
que sí. El no comía postres. Estaba acostado
sobre el respaldo del sillón, al lado de la mampara
de la ventana, para que le diera el solcito por el lomo y
mantenerse calentito, que era lo que más le gustaba.
Doña Clotilde se sentó en una silla - ya le
estaban doliendo un poco las rodillas - y lo miró.
Era un gato hermoso, el último regalo de su marido
Francisco; se lo trajo unos pocos meses antes de su muerte.
Era un gato muy fino, eso era indudable, - vaya a saber donde
lo compró - pero ya se estaba poniendo viejo, como
su dueña. Ya no partía por la noche cuando escuchaba
maullar sensualmente a alguna felina seductora y no peleaba
con fiereza con otros gatazos por poseerla. Ahora, al oír
el llamado, solamente daba vueltas y vueltas por dentro del
comedor y luego, como comprendiendo que ya no contaba con
muchas probabilidades, volvía a subir al sillón
y se dormía.
Al rato la abuela pensó que la torta ya había
recibido suficiente aire y que se había enfriado un
poco; la sopesó y la guardó dentro de la alacena.
Volvió hasta la cómoda, tomó el frasco
de colonia y se colocó unas cuantas gotas detrás
de las orejas y en las muñecas. No iba a dejar de ser
coqueta porque un montón de años se le vinieron
encima. ¡ No, señor ! Buscó el monedero
y el bastón de Francisco. Era de caña lustrada,
con regatón de caucho y mango de madera noble. Le quedaba
un poco grande; ella ya se estaba poniendo mas chiquita, pero...
con la artrosis en la pierna derecha y la operación
de caderas de hace unos años...
- ¡ Portáte bien, Chifu ! Voy al almacén
de acá a la vuelta a comprar un poco de jamón
para el café con leche de la noche. ¡ Y custodiáme
muy bien la casa ! ¿Eh ? Fijáte en la tele donde
todos los días aparecen ladrones y criminales, que
entran a la comisaría por una puerta y salen por la
otra. ¡ Hace poco hasta violaron en reiteradas oportunidades
a una dama de mi edad ! ¡ Y eso no es nada ! ¡
Encima le robaron una alcancía que escondía
dentro de un taper en la heladera !
El gato no supo como responderle: si volver a cerrar los ojos,
ignorarla, o ronronear.
- ...Rrrrmmmm.... rrrmmm... rrrmmm... - le contestó.
- ¡ Y te voy a traer una latita de sardinas por ser
tan bueno y tan compañero !
Cerró la puerta con dos vueltas de llave y se fue caminando
despacito hasta el almacén, ayudada por su bastón.
Era una tarde soleada y comenzó a contestar los saludos
de los vecinos. Algunos hacía poco tiempo que vivían
en el barrio, pero a otros los conocía de toda la vida.
- ¡ Buenas tardes, abuela ! - le dijo un jóven.
- ¡ Hola, m'hijo ! ¿ Cómo anda su tía
? - le contestó con el tono de voz demasiado alto.
Es que ya se estaba quedando un poquitín sorda, y no
se escuchaba a si misma correctamente cuando hablaba.
- Bien, está un poquito vieja, no más...
- ¡Viejos son los trapos, mocito ! ¡Ya le va a
tocar a Ud. también! - gritó -... y esperá
la próstata nomás... - pensó sonriendo.
Y doblando la esquina...
- ¡ Hola Clota !
- ¡¿ Que hacés, Felisa ?! ¿Cómo
andás de la ciática ?
- ¡ Ayy ! ¡ Clotilde... qué dolor !! ¡¡
No me puedo ni agachar a levantar un balde !!
- Sí, eso sucede, pero aguantá, hacé
un poquito de esfuerzo. Ponéte algo calentito en la
cintura. Por lo menos no estás sola, tenés al
Pocho que te acompaña. Un hombre, no un gato - pensó
- ¡¡ No todos llegan a los 48 años de casados
!! ¡¡ Yo estoy contenta, hoy cobré la pensión
del Pancho !! - volvió a gritar.
- ¡¡ Já !! - le contestó Felisa
- ¡¡ Panza llena corazón contento !!
Y despacito, despacito, llegó al almacén; al
entrar y cerrar la puerta le dejó paso a alguien que
caminaba detrás de ella, pero no le prestó mucha
atención.
- ¡ Buenas tardes, Clotilde ! ¿ Que necesita
?
- ¡ Buenas tardes, don Ramírez ! ¡¡
Necesito que todos las días sean tan lindos como hoy
!! ¡ Con este sol ! Y déme 150 gramos de jamón...
- ¿ Crudo o cocido ?
- ¡ Crudo, de ese tan rico que vende usted ! ¡
Por lo menos me voy a dar un gusto ahora, que cobré
la pensión ! ¡ Mañana será otro
día ! ¡ Y deme también una latita de sardinas
! Estas que sean baratas, total, son para el morrongo.
Al salir, vio que detrás de ella salía también
una señorita, que comenzó a caminar a su lado.
Clotilde la observó y le llamó la atención
lo bien vestida que estaba. Usaba un trajecito sastre color
azul marino, de pollera corta, pero que no era una mini escandalosa.
Zapatos negros, muy elegantes, que hacían juego con
un portafolios, del mismo color. Debajo del saco llevaba una
camisa blanca impecable. Muy poco maquillaje y el pelo recogido.
- ¡ Qué casualidad, Doña Clotilde ! ¡
Mire donde la encuentro, yo que iba para su casa !
- ¿ A mi casa ? ¿ Para qué? ¿
Cómo conoce mi nombre ?
- ¡ Pero Doña Clotilde ! ¡ Yo soy Laura,
la sobrina de Blanca !
- Yo no la conozco... ¿ Quién es Blanca ?
- ¡ Mi tía Blanca, su amiga, que vive en aquella
esquina!... ¡ Hemos estado hablando tantas veces ! ¡
Claro ! ¡ Usted no me recuerda ahora, pero hemos charlado
con mi tía muchas veces, ella vive allá y también
es pensionada como usted ! Ahora está un poquito achacosa,
nada más... ¡ Pobrecita ! Es la hermana de mi
mamá, que en paz descanse...
- ¿Y usted cómo sabe mi nombre, señorita...?...¿...y
que soy pensionada...?
- ¡ Laura, me llamo Laura ! ¡ Y trabajo en ANSeS,
la Administración Nacional de Seguridad Social ! ¡
Mire mi carnet, esta es mi credencial :
ANSeS
Administradora Nacional de Seguridad Social
Certificado Oficial
Agente Nro. 4317
Nombre Laura Cattelani
- ¡ Ajá !.. Pero sin embargo hoy estuve en
las oficinas del P.A.M.I. y no me dijeron nada... - dijo la
abuela abriendo la puerta de su casa.
- Es que P.A.M.I. es para los remedios, doña. ANSeS
es la oficina que regula el cobro de Jubilaciones y Pensiones
- dijo Laura, entrando al pasillo sin que la anciana se lo
pudiera impedir. - Y vengo a informarle que le han ajustado
sus haberes, va a cobrar un valioso retroactivo y un importe
nuevo de su pensión.
- ¡¡ Ahh!! ¡¡ Bueno, por fin !! ¡
Esa es una buena noticia ! - dijo Clotilde - Espere un momentito
que busco mis anteojos. Acá está un poquito
oscuro para economizar unos pesos de luz ¿ vio ? que
está tan cara . ¡ Corréte, Chifu, dejá
sentar a la señorita Laura !
- ¡ Qué hermoso gato !
- ¡ Sí, hace años que es mi única
compañía ! - aseguró la anciana colocando
un mantelito individual delante de la empleada de ANSeS.
- Estuve casada 45 años con mi querido Francisco...¡
Fuí tan feliz !... Era un hombre tan fuerte, tan bueno,
trabajador.. Nunca tuvimos ni un sí ni un no...Pero
un día, de un momento para el otro... - dijo la nona
y sacó un pañuelito para secarse las lágrimas.
Trajo un platito y una cucharita, una copita, la torta recién
hecha y una botella con una forma antigua, medio panzona.
- ¡ Le voy a demostrar mis habilidades mientras me cuenta
de mi pensión y de lo que voy a cobrar de ahora en
adelante ! - dijo, ya un poco repuesta - Esta es mi torta
preferida, es de naranjas; al medio lleva una crema también
hecha de la misma fruta, pero está bañada en
chocolate, para darle un sabor un poquito más amargo.
¡Y este licor sí que es casero ! Me enseñó
la receta mi abuelita.¡ Mire si tendrá años
! Además, las naranjas son las del fondo de esta casa
... ¡ Todo hecho con mis propias manos !
- ¡ Humm, que rica ! ¡ Y que licor exquisito !...
Bueno abuela - dijo Laura comiendo otra porción de
torta - desde ahora en adelante usted va a cobrar 200 pesos
más que lo que cobra hoy en sus haberes mensuales.
De acuerdo a una investigación realizada por el Instituto,
se comprobó que muchas beneficiarias tenían
mal liquidada su pensión . Entonces los diputados del
Congreso Nacional dictaron la Ley Nro 14.325 para corregir
todos esos errores. ¡Y entre esos casos está
el suyo, Doña Clotilde !
- ¡ Ayy ! ¡ Hoy es mi día ! ¡ Qué
suerte que la encontré señorita Laura! ¿
Y tengo que realizar muchos trámites para cobrar ?
- No, abuela, el mes que viene ya recibirá la nueva
liquidación. Para lo único que tiene que realizar
una diligencia es para cobrar el retroactivo - sacó
una planilla - ¡Pero el suyo es de 5.425 pesos! ¿
Ve ? Aquí figura el importe.¡¿ Qué
le parece ?! ¡ Es un regalo del cielo ! Solo tiene que
poner una firmita aquí, la millonaria, como se le decía
antes.
- ¡ Ayy, Laurita, que alegría ! A ver, a ver,
que me pongo los anteojos... ¿ Y ? ¿ Te gustó
la torta ? ¿ Y el licorcito ? Vos sos joven y podés
comerlo, yo, que soy la fabricante, lo tengo prohibido...por
la diabetes, ¿viste? Igual que este peludo...todo lo
dulce la cae mal... ya está viejito también...
- ...Rrrrmm...rrrmmm...rrrmmm... ronroneó el viejo
gato.
- Eso sí, abuelita, le tiene que pagar al ANseS 500
pesos, para pagar los sellados provinciales, los nacionales,
impuesto a las ganancias, el I.V.A, etc. etc. para cobrar
el retroactivo... - dijo Laura.
- ¿ Ahora ? - preguntó la anciana.
- Sí;... y si hoy cobró la pensión, debe
tener algún peso a mano...
- Si m'hija, ya te los traigo...tengo guardado unos pesos
y hasta debe haber algún dólar, también...
es por si me enfermo ¿ viste ?...
- Ya está, - pensó la estafadora, que ni se
llamaba Laura ni trabajaba en ANSeS - ya la enganché
a esta vieja estúpida.
Clotilde se levantó con esfuerzo, abrazo al Chifu,
se metió en la pieza y regresó con un rollo
de dinero medio arrugado. Lo colocó sobre el aparador,
mientras escuchaba a la señorita:
- Ay, abuelita, se olvidó de traerme el carnet. Es
lo único que me falta para anotar el número
de beneficio...
- ¡ Qué cabeza la mía ! - dijo la anciana,
sin soltar al gato y entrando nuevamente en su dormitorio.
Cuando regresó no había nadie, ni la señorita
Laura Cattelani, agente Nro. 4317 de la Administradora Nacional
de Seguridad Social ¡¡ Ni un solo peso del rollo
que dejó sobre el mueble!!... Buscó para un
lado... miró para el otro...¡¡ Nadie !!...
Solamente estaba la puerta de calle abierta.
Clotilde tomó el bastón, fue caminando despacito,
la cerró, y soltó al gato. Suspiró profundamente,
recogió la torta, la envolvió dentro de una
bolsa vacía del supermercado, la ató y la colocó
dentro de otra bolsa de nailon. Lavó el plato, la cucharita
y el vaso con abundante agua caliente y detergente; luego
los enjuagó con un poquito de lavandina. Cuando estaba
tapando y guardando la botella de licor, escuchó:
- Biiiiipp...Biiiiipp...Biiiiipp...
- ¡ Esta tecnología de hoy, Chifu...me hizo asustar
! - y sacando un teléfono celular del bolsillo, dijo,
casi gritando:
- ¡ Hola! ¡ Hola ! ¡¿ Quien habla
?!...¡¡ Tita !! ¿ Como estás ? ¡¿
Cazaste algo hoy ?! ...¡¡ Yo sí !! Recién
se acaba de escapar. ¡ Y salió barato ! Se llevó
solamente 50. Los demás eran todos falsos, yo los había
probado con el lápiz.
¡ Linda chica la delincuente ! ¡ Vos vieras !
¡ Y muy bien vestida ! ¡ Se comió dos pedazos
de torta con Dicumarol, un potente raticida mezclado con la
harina. ¡ Y que torta ! Estaba toda bañada con
chocolate...con algunas gotitas para las pulgas ¿ viste
?
- ¡ Deliciosa ! - me dijo.
Y lo bajó con unas copas del licor de naranjas que
tenía un chorrito de Paratión, el más
fuerte veneno insecticida. Dentro de un rato ya va a estar
vomitando, con mareos incontrolables, cefaléas, convulsiones,
se le van a reventar los intestinos, y la diarrea de sangre
va a ser tan explosiva que va a manchar hasta las paredes.
¡ Ah ! También se le van a perforar las venas
y el estómago. Por lo menos eso es lo que dicen los
prospectos. Calculo que mañana, para las 16 horas,
a más tardar, ya va a ser el sepelio.¡ Una buena
caza ! Como decía Francisco: ¡ Una caza mayor!
- gritó la anciana.
- ¡ Y una buena acción ! ¡ Muy buena !
Creo que junto con el gatito nos hemos ganado el cielo, Tita;
no nos van a frenar ni en el purgatorio. Eso sí; cuando
me confiese, el sábado por la tarde, al curita nuevo
no le voy a contar nada.
¡¡ A ver si me hace rezar 20 o 30 Ave Marías
con el dolor de rodillas que tengo !!
Héctor Grillo
1 de junio de 2001
El cadáver
En mi vida existió un hecho que guardo indeleble en
mi memoria. Jamás lo podré olvidar y esta es
la primera vez que lo cuento. Claro que yo era joven, muy
joven, pero casi un hombre ya. Yo vivía en la ciudad
de La Plata. Hacía pocos meses que había comenzado
a estudiar una carrera universitaria y compartía, con
otros varones, una casa de pensión. Vivíamos
solos, sin ningún adulto que nos controlara y la rutina
dependía de nosotros mismos y nuestras reglas de convivencia.
El único que hacía las veces de Consejo de Ancianos
era un estudiante mayor a punto de doctorarse de médico.
Él fue, precisamente, quien organizó esta aventura,
que terminó, dolorosamente, con un cadáver.
Todo comenzó un jueves por la mañana. Nos reunió
a la mayoría de los pensionistas y nos dijo: - El sábado
a la tardecita voy a traer una mina. Cobra barato, pero necesita
tener la seguridad de contar con 10 clientes seguros para
hacerse unos mangos, si no el cafiscio no la deja venir a
trabajar.-
La novedad causó un gran alboroto y excitación.
Todos quisieron participar menos uno ( siempre hay alguien
que da la nota por respetarse a sí mismo, sin importarle
lo que opinan los demás ). Yo no podía ser menos
que los otros, y al observar una semisonrisa en un rostro
ya curtido proclamé, casi a los gritos: ¡¿
Ehh ?! ¡¿ Que no ?! ¡Pero por supuesto!
¡¿ Cómo no voy a estar entre los diez
? !¡ Avisá, che! ¡¿ Pero qué
te creés ?!
Diez hombre que al final fueron trece... número maldito...
miserable...
La tragedia ni siquiera se insinuaba en esos dulces preparativos
eróticos.
No es fácil describir como transcurrió el viernes.
La libido fue creciendo. Las zonas erógenas se fueron
convirtiendo, delicadamente, en zonas sensibles. Cada uno
hablaba en exceso y se contaba a sí mismo su propia
fantasía. ¿ Cuantas veces haría el amor
? ¿ Penetraría en las distintas posiciones que
imaginaba siempre, día a día, a solas ? ¿
Sería felicitado por la mujer, sumamente satisfecha
?
Por la noche se demoraron todos, menos uno, en conciliar el
sueño. Resolvieron ( con el Consejo de Ancianos ) utilizar
mi habitación por ser la más amplia y mejor
arreglada. Yo, con cautela, aprobé la decisión
de la mayoría. Tal vez por eso a mí me otorgaron
dos importantes honores: se iba a disfrutar del jolgorio colectivo
en mi cama y mi colchón, y además, yo iba a
ser el segundo contendiente. El primer practicante sería
el futuro médico. ¿ Tal vez necesitaba aprobar
Ginecología Práctica ?
El sábado por la mañana el clima estaba tan
eléctrico como si estuviera por estallar una tormenta
( por contarlo de alguna manera ). Abundaban los insultos
cariñosos, se proponía alguna apuesta grosera
y todos reían como señoritas nerviosas a punto
de entrar a un baile. No faltaron los ambiguos toqueteos,
siempre permitidos por los varones pero solamente en estos
casos, cuando las erecciones son accidentes involuntarios
o tal vez no.
Por la tarde, a la hora de la siesta, algunos nos bañamos
y otros se lavaron, ahora tratando de mantener la mente en
blanco al tocarse. En esta ocasión hay que evitar descontroles:
la sugerente pastilla de jabón es solo eso, una pastilla
de jabón; el glande - siempre urgente - no se restriega.
También hubo quien no se bañó ni se lavó,
fiel a su horario de lunes y jueves.
Como en un culebrón televisivo las agujas del reloj
apenas se movían: pasaron las cuatro, las cinco, las
seis...¡ Por fin ! A las 6 y media de la tarde ya estábamos
unos cuantos, totalmente equipados, listas las armas, amontonados
en el umbral de la puerta como esperando el pasar de un alegre
cortejo.
Y fue allí, a esa hora y en ese lugar cuando se desencadenaron
los hechos.
La mina llegó a la esquina, le dio un beso en los labios
al cafiolo, lo despidió, y nos encaró a los
futuros, ardientes amantes.
Con una pícara sonrisa dijo: - ¡¡ Hola
!! y como quien estrecha una mano amiga, nos fue estrechando
a cada uno los genitales. No faltó quien saltara hacia
atrás, desprevenido.
Pasada la sorpresa inicial, uno tras otro fuimos tomando cada
uno su puesto en la fila de combate. Yo segundo. Antes de
que tirara el pucho, antes aún que terminara de fumar
mi cigarrillo salió el primero; quedé con la
boca abierta. ¡Doctor!
Pero en un minuto me contó cosas maravillosas y me
hizo apurar: - ¡¡ Dale, dale !! ¡¡
Metéle que te está esperando !! ¡¡
Es un bomboncito !! ¡¡ Se las sabe todas !! -
¡ Al fin ! ¡ Ahora me tocaba a mí ! Los
demás me empujaban...
Entré en mi habitación.
La hembra estaba desnuda... relajada... apetecible; estirada
como una maja sobre la colcha de cretona estampada con florcitas.
Estaba bañada por una tenue luz proyectada por el velador,
que tenía un bonete de papel hecho con la Quinta Edición
del diario La Razón y sujetado con un broche de colgar
la ropa. Su cuerpo revelaba la belleza criolla. Su piel color
aceituna y su pelo negro, profundo como sus ojos. Las caderas
eran anchas y sus pechos no muy grandes, pero bien coronados
con alhajas chocolate. El monte de Venus era, apenas, una
colina boscosa. El vello oscuro emboscaba una ambrosia preparada
por celestial cocinero.
¡ Tantas noches habíamos soñado con esa
mujer sin conocerla siquiera !
Me paré al lado de la cama. Dominando el lenguaje urbano
y señalando la mesa de luz, ella me dijo sutilmente:
- ¡ Dejá la guita ahí y alcanzáme
el forro !
Tímidamente hice los dos mandados y me senté
en la cama. A partir de ese momento comenzó un dialogo
amoroso que, siempre pensé, fue el que precipitó
los amargos acontecimientos.
- Te quito la camisa - me dijo.
- Bueno - le dije.
Me acarició el pecho, con las manos, con la boca. Me
mordisqueó las tetillas.
- Te quito el pantalón - me dijo.
- Bueno - le dije.
Me volvió a acariciar, ahora las piernas. Me hizo cosquillas
con su lengua.
- Te quito el slip - me dijo, juguetona.
- Bueno - le dije.
Me apoyó la cara sobre sus pechos, sus pezones dibujando
en mis mejillas. Y con destreza y años de práctica,
dejo que sus manos volaran, ahora más dulcemente que
nunca, correteando sobre mi cuerpo desnudo.
De pronto me miró fijo a los ojos.
- ¿ Cuantos años tenés ? - me dijo.
- 17... - le dije... - recién cumplidos...
Y entonces, como un hachazo, ocurrió la tragedia tan
temida y demorada: mientras me bañaba un sudor frío,
sin saber que hacer, ni que decir, ni donde esconderme, escuché
con horror la frase que siempre voy a escuchar y que jamás
voy a olvidar.
- Decíme pibe... - me dijo ...
- Y al muerto... ¿ Con qué lo levantamos ?
Héctor Osvaldo Grillo. - Junín - Argentina -
Septiembre 2002. -