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Odisea de un lunes
-¿Y por qué?-
- Mire usted, yo estaba sentada en el café que hace esquina. Apurando
el "con leche", el cigarrito y el periódico. Entonces la
escuché. Y fíjese que había ruido, guerras y dos que
hablaban como siete. Pero Ella cantaba suave, cantaba bonito. Su armonía
me fue embaucando, atrapando. Eso, y yo que me moría por dejarme
enredar. La erótica del saber me subió al autobús y
me acomodó tras el conductor que olía a jabón. Y entonces
empezó el espectáculo, la fiesta. Abriendo el desfile una
mujer que sonríe porque un sueño se le quedó pegado
a los ojos. Y el conductor al verla cambia el último Congreso del
Senado por una de Serrat. Un hombre tararea a Lucía y su traje gris
esboza una sonriente marca de carmín que besa a un niño contento
porque hoy el médico le robó las matemáticas. A mi
lado vuela una chica que decidió quedarse en el fin de semana. Y
llueve. Pero mira por donde me gusta. La fuerte lluvia golpea en la ventana.
Golpea en la marquesina. Golpea en la acera. Y un chaparrón de mandarinas
lo inunda todo al huir de una bolsa de la compra.
El autobús alcanza una parada que se me antoja. Y al doblar la esquina
un obrero me lanza un piropo que decido coger porque sí, porque éste
me gustó. Y paseo una plaza de barrio, mire usted bonita, pero bonita
de verdad. Con sus bancos, sus abuelos y sus nietos. Un caballero me da
la hora que encuentro ideal para sentarme a mirar. Y respiro. Y me dejo.
Y la mesa sin poner, pero como que no me importa. Y pierdo el tiempo, que,
le voy a ser franca, nunca perdí algo con tanto gusto.
Todavía hoy no he encontrado a la Sirena que me llamó aquella
mañana de lunes. Pero ya le dije, cantaba de bonito que no pude hacer
nada por evitar dejarme tentar. Y, perdone que le diga ¿por qué
no?