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-mario tache
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Cuentos

Besugo al horno (16/09/05)

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Besugo al horno

La escarcha cubría toda la avenida y el olor a contaminación se respiraba en todos los rincones del barrio, el canto de la sirena de la fábrica le despertó como cada mañana a la misma hora, odiaba ese sonido ya que le despejaba a pesar de acostarse tarde todas las noches, tras varios intentos de coger de nuevo el sueño y varias vueltas sobre la almohada se levantó y se dirigió a la cocina.

La cocina era una pocilga, sucia y desordenada como el resto de la casa, había colillas de cigarrillos y latas de cerveza por todos los rincones y en la mesa los platos cubiertos de restos de comida reseca de días, las ventanas llevaban cerradas varias semanas y un olor fuerte y desagradable se pegaba a las paredes, abrió la nevera cogió una cerveza y apartando varias cosas se sentó en el sofá, encendió el televisor, estaban dando anuncios, dejó el mando en la mesa baja al lado del paquete de malboro y cogió un cigarrillo, todos los días hacía lo mismo, como un ritual, como un sueño que se repite.

Se bebió la lata despacio, a sorbos, con la mirada perdida en su locura, en sus historias, se perdió durante horas como en sus mejores momentos, en los de crisis baja, los peores días no salía de la habitación, de repente la idea que le daba vueltas por su cabeza desde hacía días le dominó y sin prisa dejó la lata en el suelo enfilándose hacia el pasillo, en la televisión comenzaba un programa de cocina repetido, Besugo al horno era la receta, entró en su habitación y cogió algo del cajón de la mesita, se quedó mirando al frente durante varios minutos para después dirigirse de nuevo al comedor, al sofá.

La cebolla hay que cortarla muy fina y freírla muy lentamente y poco tiempo, justo hasta que se dore comentaban en la tele, sus manos temblaban mientras jugaba con el gatillo del arma y un sudor frío le recorría la frente, no podía pensar claro a pesar de tener claro lo que pensaba, miró al cocinero como preparaba una salsa y los ojos se le vidriaron perdiendo la mirada, alzó las manos a la altura de la cara, se quedó frente al cañón y mirando al percutor se introdujo la pistola en la boca.

El besugo ya estaba casi al punto y el dedo pulgar de la mano derecha apretó el gatillo a la vez que sonaba la campana del horno, el cocinero sacó la bandeja con unas pinzas, hizo la presentación del plato y tras explicar la receta cerró el programa para saltar de nuevo a la publicidad. Una boca en primer plano ocupaba toda la pantalla


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