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"Cada nuevo día este hombre se remoja la memoria con..."
-Edgar Torres
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Cuenta cuentos: Torres, Edgar

Biografía | Cuentos

Biografía

Desconocida.

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Cuentos

Un cuento de hierba mala
...a "dos eternos"
Séptima trompeta

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Un cuento de hierba mala

Fresca luz matutina, el ambiente se ajusta a una serie de figuras, que conjugadas dibujan el parque al que acude diariamente y a la misma hora aquel anciano. Como ya es su costumbre, se posa sobre aquella banca que ha envejecido con él. A sus espaldas se difunden los prados, dispuestos a sufrir los más emocionantes juegos de pelota, aunque el terreno no sea exclusivamente para ello.

 

Cada nuevo día este hombre se remoja la memoria con recuerdos que le dieron la imponente imagen que irradiaba en su juventud; merecida gracias a la dureza del concepto que tenía la gente con respecto a él, su efecto le correspondió con el más cobarde respeto, tan deshidratado de sentido; golpes físicos y emocionales mantenían a las personas bajo su control, abusos de distintos sabores paladeaban con la cuchara de la burla, como si cada víctima fuera un frasco que contiene la solución que será vertida a través de un embudo hasta su prepotente condicionamiento, incluso desarrolló cierta inteligencia en las graduaciones del abuso. Las situaciones resultaban como él lo planeaba contaminadamente. Su naturaleza parecía susurrarle por el lado oscuro, desde que su maldad era inofensiva y requería de entrenamiento para desarrollar la bajeza de sus actos.

 

Lejanas voces se mezclaban con un claxon en la fría y cansada cabeza del viejo, al paso en que desfilaban los pensamientos se iban acercando, conjugando y entonando frases que dan el acento a un grupo de jovenzuelos criados en la cuna del barrio bajo, una lágrima de nostalgia se escurrió en forma de sonrisa, pronunciando las arrugas de "Cancho". Con forzada lentitud giró con ese rostro su atención detrás suyo para conocer las nuevas generaciones que desarrollan el mismo instinto que él descubrió y fomento vorazmente, al punto de beneficiarle en incontables ocasiones.

 

-Huevos, pellejos y mollejas ¿Qué ves?- le dijo el chaval que pateaba el balón para no romper las jugadas de pared que realizaban desde antes de arribar al parque, "Cancho" no cambió su expresión, por encima de su hombro, miraba a cada "chamaco" esperar la respuesta que daría, pero solo se limitó a decir: –¿Nuevos? ...para ti si- -para tu mamá no- pensando para si mismo lo último.
La actitud siempre luce de la misma manera, la personalidad, la creatividad y la autenticidad es la que se encarga de propagar distintos tipos de gandallas. Por el blando roce que hubo, su posición volvió a ser la del comienzo, perdió pronto el interés en el equipo de pamboleros organizado en una "pinta"; ya que eran horas de escuela y eso hacía injustificable su presencia en las áreas verdes o al menos así se supone que debería de ser.

 

Frente a la banca, y detrás de las mesas de ping-pong, el contraste andante de "Cancho" recibía saludos y atentas preguntas que le abordaban al ser descubierto e inmediatamente reconocido; no solo por su expresión inofensiva sino por los buenos detalles que compartía sin interés convenenciero alguno, inclusive se le conocieron actos que sacrificaban cierta condición personal. Tanta bondad era imposible de digerir para nuestro odiado pero respetado "Cancho", ya que él se enorgullecía de sus actos, cual militar presumiendo condecoraciones.

 

-Ahí viene ese "afeminado"- refunfuñó mientras agachaba la cabeza para simular que dormía y así evitar el próximo saludo hipócrita; sobre todo por tratarse de alguien que representa todo lo contrario al sentido del respeto obtenido. Don "Abraham" se detuvo un momento para asegurarse de que estuviera dormido, "podría esta muerto" pensó Abraham; "Cancho" al no escuchar mas que los gritos de los chavos que jugaban detrás de él, entreabrió un ojo pero vio todavía la borrosa silueta  del otro anciano e inmediatamente volvió a juntar los párpados. Segundos después los arrastrados pasos del "Don" comenzaron a tomar una dudosa ruta; el falso durmiente no abrió los ojos, pero mantuvo alertas los oídos, por que pensaba que tal vez podría estar caminando hacia donde él llevaba a cabo su dormir embustero. La situación resultó como le gusta a nuestro viejo gandul, ya que los pasos se fueron perdiendo entre los pasillos que dividen el área de aquellos juegos tubulares.

"Cancho" exageró en el lapso de tiempo, para asegurar el no-contacto con aquel hombre que en alguna ocasión le salvara el pellejo; claro, esto no era motivo suficiente para que él mostrase una pizca de reconocimiento aceptando su existir como un "pan de Dios". Así que, cuando este angelito tenía la libertad de abrir los ojos, no pudo porque se había quedado flotando en un "coyotito" mañanero. El viejo no duraba mucho dormido ya que el descaso representa un gran riesgo, un momento de distracción para personas como él, pues podrían llegar a sorprenderle así, sus enemigos, si es que todavía quedaba vivo alguno.

 

No se sabe cuanto tiempo faltaba para que abriera los ojos, pero por primera vez en su inerte vida fue repentinamente sacudido, y para su mal momento despertó para encontrarse la ovalada y arrugada cara de Abraham, mientras éste se disculpaba por su interrupción, pues el creía que tal vez había muerto, ya que él retornaba de haber ido por su "mandado" y "Cancho" seguía todavía dormido;  una fuerte curiosidad le obligó averiguar sí aún seguía con nosotros... -¿Por qué me despiertas? ¿No ves que ahora si estaba dormido?- -entonces...- -¿Antes no lo estabas?- respondió acorralando el torpe descuido de "Cancho" -¿Qué deseas de este hermoso rufián?- preguntó evadiendo la inmensa metida de pata –nada- -ya te lo dije ese dormir tan quieto es raro en ti, provoca que uno piense lo peor, sobre todo por que tu aspecto es bastante similar a la de una persona cansada- mientras Abraham le decía esto, forcejeaba con su propio cuerpo, intentando sentarse junto a su "némesis; al percatarse el otro de sus intenciones, lo empujó por un costado del trasero con todas las fuerzas de un anciano y solo consiguió ladearlo para abrir espacio a la dirección en que se aproximaba el balón de los pequeños hampones.

 

Abraham ni se enteró de que "Cancho" le había salvado de un balonazo, aunque la intención original era no permitirle sentarse; esa era la única forma en que él le haría un favor, en medio de puras coincidencias. El reflejo característico del caballero, fue darle un sombrerazo al anciano que estaba todavía sentado, encendiendo en un golpe hueco, la creciente flama del coraje, -todavía que te salvo del cañonazo... iba directo a tu lomo- -no es cierto- interrumpió el que estaba de pie ya caliente de enojo -¡oye chavo! ¿Verdad que le salve de un balonazo en el lomo?- -no vi nada- dijo el "escuncle" cortando conversación; la voz salió bajo la presión de esfuerzo cuando despejó el balón hasta el inconcluso partido de fútbol -¿Cómo? ...no te diste cuenta tú que vienes detrás de la bola?, nosotros estábamos de espaldas y ninguno lo vio venir....-

 

Al buen Abraham le hartó la escurridiza explicación de "Cancho", sobre todo porque él sabe de su arcaico y falso heroísmo. Finalmente alteró la buena fe de este hombre que comenzó a lanzar en su lento volar una agraviada bofetada que chocó esparciendose de manera indignante "la causa" sobre las olas de su frágil rostro.

 

 El testigo del "accidente frustrado en la fortuna de las coincidencias", continuó mirando el agravio desde el árbol que victimaba con orines; siendo este el más próximo al sitio que los ancianos acababan de inaugurar como "ring", el "morrito" comenzó a reírse mientras los dos viejos reñían en desfigurada pelea con pobres logros, la mente joven comenzó a vibrar por los brincos que daba al correr goteando un poco sobre sus pantalones cortos, el tramo que atravesó para llegar a su objetivo le permitió observar a los señores cayendo al suelo intentando dañarse torpemente. Todo ocurrió en un momento de dudoso contacto, en ese momento se demostró que era inocente de ubicación en otras visiones, porque el "chavo" continuó satisfactoriamente su "meada interrumpida", sobre la ridícula violencia de los ancianos, ahora se veían empapados también de risas inmediatas; algunos de la segunda euforia corrieron a intentar lo mismo, y unos cuantos lo lograron solo con chisguetes pero así dio inicio el repugnante sabor de la humillación y orines.

 

El distinguido Abraham falleció cuatro meses después de haber recibido la pasajera mancha de agresión involuntaria; como era de suponerse, el brillo celestial que le iluminó toda la vida, dejo un buen y merecido recuerdo en la memoria de conocidos cada vez que aparecía su nombre en dispersas charlas; así, brotando y entrando en la boca del remolino que succiona el tiempo, hasta volverse parte del olvido.

 

De "Cancho" no se supo nada después de la lección que debió haberle hecho reflexionar en vergüenza total, sobre todo cuando él se consideraba como el "rompe madres" más hábil que el barrio haya conocido. No salió de su casa en bastante tiempo, incluso se empezó a comentar entre la gente, que a lo mejor "ya estaba muerto", su recuerdo se mantuvo vivo por un rato, gracias a los chavales que hicieron un chiste de la dignidad que tanto enorgulleció a aquel respetable "gandalla", la verdad él nunca supo vivir sin ser hostil, por ello, la lección lo sepultó en su encierro hasta hoy que han visto salir, a un tipo más joven de intensa actitud.

 

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...a "dos eternos"

Punto acordado

 Por la noche, cuando te has separado del enorme rebaño que vuelve a casa, estás pastando el fin de un insípido día de trabajo, el interés por el rededor que retumba en nuestro cansancio, no provoca el más mínimo efecto, pues te escurres en el asiento paladeando sensaciones y sabores, sobre todo el del desgaste que emanas con un suspiro cuando ves que el conductor ha echado a andar el espantoso transporte colectivo, al cual se le agradece la acción en verdad por que lo único que quieres en esos momentos es echarte en el sofá; ya ni siquiera en la cama por que la habitación está a unos pasos más lejos de ese precioso sillón quejumbroso. Minutos después, la urgencia del descanso se cimbró con un repentino jalón en reflejos del chofer, asomar un poco la cabeza es el reflejo del pasajero para tomar desganadas imágenes de insultos emanando a gritos que después le transforman la voz en claxon, buscando así ofender la inexcusable negligencia del conductor de aquel automóvil perdiéndose en su velocidad. Atestigua con indiferencia y cierra de nuevo los ojos escuchando otro hilo de palabras desvaneciéndose enrojecidas de ardor.

 Ha llegado el momento en que parpadea la abstracción de agotamiento; editando la pesadez, te levantas bailando con el equilibrio del movimiento para así descender del autobús en la próxima calle, lo haces forcejeando con aquellas personas que con imprudencia se posan cómodamente en obstáculo frente a la puerta. Esa preferencia la despide el transporte con smog y carraspeo en su motor, anunciando a su vez los contados pasos que faltan para tu objetivo. La escasa gente que se mueve al contorno del desesperante transcurso, pasan desapercibidas unas de otras, cada una con su rostro relata en esa expresión, los sucesos fantasma que acontecieron en ese agonizante día, o a lo mejor, para algunas de ellas apenas comienza a esas horas.

 La meticulosa atención que exige tu trabajo, ha despertado  la extraña habilidad de poder separar la mente del cuerpo, pues físicamente te encuentras camino a casa, pero tu cabeza oscila aún con las hojas que dejaste sobre el escritorio de la oficina. Ininterrumpidamente divagas en las primeras dos calles, pero ahí es cuando acontece algo que te recomienda desenchufar la mente para despertar el instinto;  ojos bien abiertos por el repentino apagón que inundaba todo el barrio; desde que encontraste domicilio por aquí, no habías prestado tanta atención al sendero que diariamente, en la longitud de diez años, te ha conducido hasta el confortante hueco de tu hogar; tenía que ser un panorama familiar sumergido en la oscuridad total, el momento en que apreciarías mejor toda su estructura, cualquier movimiento lo detectaría en un santiamén, como aquella mujer que ha virado en la esquina con dirección contraria a la tuya, no prestaste mucha atención por la fresca sorpresa que expuso la oscuridad en su plenitud, la escasa visión continúa sin interrumpir el andar, devuelves la atención a esa sombra y distingues que está cada vez más próxima, sus facciones se van definiendo mientras gradualmente va adoptando una belleza sobrenatural, a tal grado que comienzas a bendecir el repentino apagón que permitió ver como el vaho de la noche ha cobrado vida con la presencia de esa pálida mujer, vestida con ligeras prendas negras que se tornan grises y blancas en el filo del pliegue, pues la luna inocentemente  desnuda protuberancias, conjugando esa tonalidad con el viento soplando en el vacío de la negrura accidental.

 Una mirada buscaba la otra, pero aquellos ojos eran de una profundidad que solo permite encontrar la imponencia más espesa que hayas sentido, únicamente experimentas el destello que dispara imágenes en flash back, proyectadas en tu memoria para ir reconociendo de inmediato cada una, pues pasan en un orden tal vez cronológico en el relato de tu pequeña vida, solo requirió de algunos segundos para llegar hasta el instante en que se rompió el cuchicheo del silencio con una hermosa voz que te llamaba verbal y mentalmente por tu nombre, ahí se notó concreta la segurida y la confianza de que en verdad, ella sabía lo que pasaba por tu mente, esta nueva y espeluznante sorpresa se resbalaba con balbuceos que nunca supieron por donde comenzar a preguntar como es que sabía cosas relacionadas a ti, sin que antes lograse reconocer aquel rostro que flotaba en lenta elegancia, gozando de envidiable perfección y emanando una fría blancura de su lisa piel; la inquietud tampoco te permitía ubicar esa voz finamente delgada, tan deliciosamente liviana y confortante, que con su majestuosa personalidad solamente bloqueaba y entorpecía más el intento que deseaba triturar las dudas acerca de ella, y su habilidad para hurgar en tu interior con tan solo mirarte. -¿Cómo es que sabes mi nombre?-, -¿Te conozco acaso?-  ....entonces ella  susurró -Es innecesario que intentes entablar contacto, por que ésta es la primera y última vez que podrás mirarme y hablarme-, respondió irguiendo lentamente la cabeza con cada palabra, ahora sus ojos quedaban expuestos por el antifaz luminoso que la luna le acomodaba en seca expresión. Esa respuesta incrementó las preguntas que pensaste todavía en desorden, cuando lograste articular otra se adelanta una vez más la misteriosa dama diciendo –también sé que en este momento tu hijo se encuentra en su alcoba, y aunque esté dentro de ella, está corriendo un irremediable peligro, y de nada servirá el que te encuentres cerca para evitarlo-, la seriedad de su mensaje  borró el horizonte de preguntas, esquivar a la mujer sin tocarla para salir corriendo en busca de una esperanza, tal vez para desmentir las visiones de una persona que posiblemente no se encontraba en sus cabales, pero tampoco podía dejarse a la suerte aquella prueba que le dio al pronunciar su nombre después de silbar su vida sin conocerle siquiera, con ese simple hecho quedó abierta la posibilidad de que fuese cierto.

La presión de velocidad y temor aumenta mientras corres, un titubeo de engaño te hace disminuir la velocidad casi en seco, meditas buscando vanamente a tu informante por constantes reojos, sigues repasando el extraño encuentro que te sorprendió en una regresión, la cual no recuerda haber deseado encontrar voluntariamente, definitivamente aceleras otra vez en donde tan solo falta una calle más para doblar en la esquina, la fusión de tu desconcierto y preocupación, atraviesan hacia la otra acera con deslumbrada precaución, poniéndote a merced de un fuerte aventón por aquel auto circulando con luz tuerta. Después del aturdidor contacto, desde el piso alcanzas a ver nebulosamente la imagen del carro que inmediatamente reflejó en su carrocería el susto del autobús, ahora se perdía en el chasquido del irresponsable acelerador, o al menos eso le pareció haber visto; era obvio que comenzaras a dudar de todo, tu estado había golpeado con fuerte aturdimiento. Ahora giras tu adolorido cuello intentando detectar la puerta del hogar para deducir que solo faltaba por caminar algunos metros, para topar ese zaguán blanco que materializa y representa, un trozo del insuficiente esfuerzo que te ha venido partiendo la espalda por varios años, hasta ahora que alguien se adelantó, y te la partió primero por completo. Medio consciente te arrastras dañado de una pierna, la intención es sofocar la predicción de esa hermosa mujer que había provocado el accidente, al solo ir soltando palabras celestialmente frías de orgullosa certeza. Nada más falta por cumplirse una de las profecías dictadas para tu sangre, en este lugar totalmente aislado de cualquier contacto social.

 
Por un momento logras ponerte en un pie e intentas caminar, soltando gritos retorciéndose en deformes quejidos de dolor y miedo; aterradoramente desesperados ante la posibilidad de tampoco alcanzar siquiera a conocer los resultados, en las predicciones que le habían tocado a tu único vástago de ya veinte años. Difícilmente logras llegar hasta ahí, turnando tus movimientos entre arrastre y desfigurado andar, el que solo consigue articular un sin numero de contusiones con serio daño. Condición moribunda de obvia sensación en proximidad al precipicio. Por fin has comenzando a tocar con densos manotazos la borrosa blancura de esa puerta; un grito de sorpresa fue inmediato, el tono le correspondía a una mujer nadando en la oscuridad del apagón con angustia y frágil perturbar, sin embargo, vuelve a dudar en confusión como alguien que ha sido arrollado por un conductor inoportunamente imbécil; que con el hecho de haberse presentado en aquel conflicto vial, fue suficiente para que lograse infiltrarse desapercibido, en el cansancio más desgraciado de este momento, armonizando todos los minutos en los que se ha visto envuelto el resonar de cadenas que se abrazan de infortunio absurdo, mofándose del invaluable esfuerzo que ha realizado no nada más para sí mismo.

 Hasta ahora, se ha ido desfigurando el feliz regreso a casa, sobre todo por el remate del golpe, que ahora amenaza con matarte. Tu esposa abre la puerta casi inmediatamente después de haber preguntado la identidad del visitante, ella abre sin agachar la mirada, y desde el suelo se anuncia aquel cuerpo tirado en el daño, asustándole nuevamente cuando comenzaba a articular con voz deforme la pregunta que en su preocupación le atropelló, pero ella no te permitió terminar y soltó un puntapié ciego en el cuello, para después decididamente cerrar la puerta a ese espantoso sonido que emanó del suelo, pero antes de escucharse el azote de la aterrada bienvenida, alcanzaste a despostillar su nombre con ensangrentada voz; así que la cónyuge respondió de inmediato, abanicando la puerta ante el acaloramiento de sustos que lleva por esta noche repleta de sorpresas raras. Pasos y puntapiés que han ido dejando al descubierto la satisfecha sonrisa de alguien que seguramente está manipulando todo esto.

-¡Pero mira como vienes¡-, dice con voz aterrada y mente preocupada, al instante comienzan a vibrar horribles sonidos, intentando articular la advertencia que supuestamente adivinó aquella fría señora, acoplándose al compás de tus inservibles palabras, el grito que daba ahora tu hijo, las congeladas olas que sopla ese instante, eriza la piel que cubre tu espina dorsal, con impaciencia de experiencia y trauma, intentaste alertar a tu mujer de cada detalle en su maldición, pero ella agachándose y levantándose en inseguro movimiento, con doble nerviosismo, se adelantó diciéndote con voz agrietada: -¿qué sucede?- preguntó mirando por encima de su hombro y palpando la primera impresión de su delicado estado-, en respuesta, solamente lograste pronunciar correctamente las vocales, pues el efecto de las consonantes burbujeaba con la sangre y el sonido estremecedor de tu garganta, lo que dijo fue descifrado por sorda casualidad, -espérame aquí, iré a rectificar que tu hijo Rafael este bien-.

 Con otros intentos de hablar mezclando quejidos de dolor, observaste la imagen negra que se traga la silueta de la ahora doble preocupación buscando a su único hijo. Difícilmente podrías explicar sensaciones escurriendo de frescura tenebrosa, y este instante queda fuera de ser considerado una excepción, nuevamente solo gira en posibles grados tu cuello, mientras siente como te carcome lentamente la angustia, el miedo y la horrible intriga de imaginar como será el final de estos escurridizos infortunios. Con nebulosa razón sentiste desmayo, pero la condición te reprendó con fuertes dolores, los sentidos ahora funcionaban involuntariamente, en una ensalada de pensamientos e impresiones que producen estas cosas en el alma, tal vez no hayas alcanzado a echarte sobre el sofá, pero al menos estas recostado tratando de descansar; cierras los párpados por un instante, comenzando a visualizar el taladreo que producen los huesos rotos, la insistencia de la perforación era cada vez más tenue y traicionera porque te engaña volviendo con fuertes punzadas cuando creíste sentirte estable, porque para mejorar era demasiado pronto. Lo que pareció tranquilizarte en ese momento, fue ver el reverso de tus párpados totalmente iluminados por el retorno de la luz artificial, pero la mente había comenzado a cerrar el cinescopio de aquellas imágenes, que había proyectado con perfecto y misterioso método, esa divina figura que apareció cuando el telón se abrió en total oscuridad, y que con el timbre de su hablar había apresurado tu arribo con escalofriantes predicciones, aunque lo único que parecía haber acelerado, era su retirada, por que ahora escuchas el llanto de tu mujer demasiado lejos, tanto que se percibe expandiéndose en su reverberación.

 

 Todos los esfuerzos de tu vida son incomparables con el que tuviste que hacer para entre abrir los ojos, un suspiro escapó con dificultad cuando viste el rostro de tu hijo totalmente humedecido en lágrimas y horror por la escandalosa apariencia de un hombre arrollado, tu mujer se aparta nuevamente de él para buscar ayuda, tu hijo trata de tranquilizarte con palabras de confort, tartamudeas palabras que buscan reafirmar el convencimiento de que tu hijo se encuentra bien y de que nada le ha pasado, -Ese grito tuyo en la oscuridad me había convencido de que había llegado demasiado tarde-, el joven solo entendió algunas palabras escurridas en sangre, con minucioso cuidado, acomodó tu cabeza sobre su pierna y dijo con tembloroso temperamento, -no intentes seguir hablando, en este momento nada importa, solamente descansa-, las facciones dispararon una sonrisa cuando escuchó eso la piltrafa de hombre que eres ahora, -estoy así porque la visión de una mujer me dijo que estabas a punto de ser víctima de un fuerte peligro- pensó a punto de comentar, pues tu hijo nuevamente interrumpía delatando el conflicto que atravesaba él  por tranquilizarse y tranquilizarte la angustia. Inconscientemente se dedicó a susurrarte palabras cuidadosamente seleccionadas, asegurando un buen restablecimiento entre otras inocentes falsedades, también se fue aclarando sin querer, la razón del grito que amenazó el esfuerzo directamente a escondidas y que a tu hijo había despertado en un desahogo tan inquietante, flotando entre las aguas del desconcertante shock, terminó confesando su presencia en el accidente a través de una pesadilla.

 

Por las características de un oficio eterno se detectan las distintas direcciones que puede tomar el tiempo por acontecimientos, todos se rigen por gusto individual, algunas posibilidades son cerradas para acorralar el trayecto que le traerá hasta las manos del impensable poder de la absurda ironía que le ha concedido el capricho a ese par de hermanos, todo es claro ahora, la luz ha vuelto y tu hijo te sostiene con cuidado, un insignificante tumulto observa la escena armada, tu mujer vuelve corriendo prometiendo una ambulancia, la muerte se sube al auto, y en el descanso de Carlos el sueño le es robado por una luz deslumbrantemente blanca, evaporándose con ella cualquier posibilidad de conocer el auténtico destino escrito, nunca antes visto.

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Séptima trompeta

-¿Cómo esta eso que ya diste el séptimo paso y vas por el octavo? …si no has comenzado siquiera a caminar- Preguntaba Rogelio con prepotencia circense al pensativo Alejandro, quien mentalmente articulaba la respuesta cuando su padrino continuó… -es posible hacerlo si, pero se requiere de una intensa fe en el espíritu, en uno mismo cabrón, en….- y levantando el dedo índice señalaba con resorteo en dirección al cielo.

Convertirse en “humildad con patas” es el requisito fundamental para creer que has dado esos pasos, y con lo que me platicabas la semana pasada…- Alejandro le miró con una expresión que refleja como mentalmente se esforzaba por recordar lo que se dijo en esa semana, Rogelio se percato y le dijo -…dijiste que tu padre se encontraba mal por tu culpa, por eso y más dudo que te encuentres apto para haber dado siquiera los otros seis pasos, o que... ¿esos son pendejos? Adelantarte en los procesos de curación de el alma, son lagunas en la conciencia del adicto; alcohol, drogas, telenovelas no importa cual- Jaló aire y continuó su discurso. -Es la desesperación experimentando los cargos en su contra y hasta hoy, ninguno en el país, que yo sepa, los ha resuelto y menos si tiene un historial tan vasto como el tuyo; basado en autodestrucción, y el atropello a terceros. Ahora, dices que les buscarás para redimir los perjuicios, solo te exijo que recuerdes que puedes hacerlo siempre y cuando en tu intención no vuelvas a herirlos,…pero como has dejado las cosas… perdona, yo dudo que algo compongas; cada quien puede hacer de su vida un cacahuate y un desmadre, pero no tiene el derecho de afectar y mucho menos de volver a perturbar la de los demás.

No dudo de tus capacidades y tampoco estoy haciendo menos tu existencia, ya que tú puedes ser de gran utilidad para la humanidad, pues intelectualmente me he percatado que eres un tipo con el gusto por los libros y el hábito de escribir; confieso que aunque yo sea más viejo, he aprendido mucho de ti. Físicamente también puedes aportar mucho, ya que eres un tipo de imponente tamaño y complexión, no en vano mal encausaste ese dote aventándote incontables “trompos” en donde fuera, desarrollando una fea habilidad para ello.

¿Así que tu ego dice que lograrás tus objetivos antes que todos los alcohólicos y drogadictos que no han recaído y los que si?, muy bien…, independiente mente de que lo logres o no, recaigas o no en tus excesos, para tu objetivo necesitas tiempo y no hablo de unas semanas o meses, quizás años pasaran antes de que llegues a entender y aceptar que tienes un grave problema-. Con la misma serenidad que refleja el momento pensativo en cualquier persona, Alejandro respondió:
-Precisamente por que ya no hay tiempo. Me he infectado de VIH y tengo que aprovechar y agradecer “un minuto más de vida”.

Un cuarto de servicio en la azotea era su hogar, las condiciones de salud le habían arrebatado empleos por discriminación, amores por fragilidad ante cualquier culminación física, amistades por miedo a infectarse por obvias imprudencias de costumbre en sus actos. Y familia, esto desde antes de enterarse que no tenía una, al contraer la enfermedad, perdió hasta sus parientes postizos.

“Basurero de almas” sonaba en el “mini componente” que su padrino le había prestado; con la angustia y el coraje que provoca “ebria danza” en sus canciones, Alejandro ingería el medicamento correspondiente a la hora, su pensar perseguía, evadía y resolvía en desorden. Al tragar cada comprimido miraba lejos el llegar a considerar una simple gragea, mejoría en su situación, más bien eran para él cartuchos quemándose, ya que su cuerpo por si solo ya no desarrollaría más defensas. Su cabeza sacudió las ondas finales que provoca una pastilla recién tragada, sus ojos miraron otra vez “los del dolor”; al principio fue como una especie de cortejo al autoestima, hoy es un fastidio de rutina al realizar esto día con día, a lo largo de ya once años.

Sobre un antiguo escritorio había un púlpito de sillas amontonadas. A lado se encontraba la mesa, y sobre ella, había media garrafa de agua, rodeada de medicamentos cuidadosamente acomodados, representando un calendario marcado por día y por hora que cubría los próximos tres meses, también había hojas deshidratándose por ésa vida en otoño; una encima de la otra; poemas, experiencias, sucesos importantes a resolver, incluso había una obra de teatro a la mitad. Todo esto en palabras escritas de dudosa utilidad todavía, traspapelada la foto de su amada Esther. En el otro extremo de la mesa estaba la Biblia que le había obsequiado su madre; aunque biológicamente no existía ese conectivo con esa mujer, sin embargo emocional y moralmente si lo había, pues en cuestión de títulos él era su hijastro.

Había llegado el momento de hacer sus oraciones, mientras se hincaba, sonrió al sentirse contradictorio, pues recordó que en otro momento su postura y actitud “punkie” se habrían mofado del libro, ahora tenía la necesidad de leer un pasaje que le inyectaba fortaleza, las rolas de los “Clash” ya no surtían el efecto de antes. Desde que recibió el libro realiza su propia ceremonia espiritual todas las mañanas, justo antes de salir a la calle, limpio de resentimientos y torpes impulsos complicándose en su naturaleza, para regresar con bien y sin dañar a alguien.
Al terminar empuñó pluma sometiendo papel en blanco para escribir:

 

Un día la tormenta concluirá
El gélido padecimiento también
La séptima trompeta habrá sonado
El sol brillará
Lázaro se levantará
Y sabrán que nunca escucharon al quinto mensajero.

 

Puso candado a la puerta tras accionar cerrojo con un desarmador por llave, las aves que tenía enjauladas en los tendederos su padrino Rogelio, comenzaron a inquietarse ante su presencia, Alejandro “el coyo” se detuvo a mirar al imponente halcón que estaba en la última prisión, tratando de absorber un poco de la majestuosa aura de ese hermoso animal, algo que le sirviese para mantenerse vivo el siguiente minuto.

Tenía de sobra una hora para visitar a su madre, su padre no estaría y debía aprovechar el lapso de tiempo, al fin que solo hay que caminar dos cuadras. Antes de entrar a la calle “Mina”, se topo con “el ganso” y este le dijo que le habían ido a buscar unos “güeyes” que parecían “judas”; -¿Que hiciste ahora pinche “coyo”?- No respondió solo le dijo: -Chido- Aquel soltó una risa de graznido y Alex siguió su camino más aprisa.

Después de varios saludos a distancia en el trayecto y haciendo un reconocimiento de paranoia, llegó y llamo a la puerta, su madre preguntó desde el interior -¿Quién es?- mirando ambos lados él en tono suave reveló -Su hijo “mi cabecita blanca”- Con la expresión agitada y de mediano alivio, la señora mostró su rostro entre la puerta y el marco, -pasa hijo, pasa güero- Cada uno adoptó su puesto en el comedor como regularmente lo hacían cuando charlaban. -me contó “el ganso” que me vinieron a buscar unos tipos…- -Así es hijo, al principio creí que había sido tu padre el que se había metido en problemas ya que anda “chupe y chupe” desde hace días, pero se metieron preguntando por ti, mientras revisaban la casa- La anciana se detuvo para acompasar su respiración con el ritmo cardiaco -¿y luego? Preguntó mientras se ponía en pie para abrazar a su madre simbólica, la señora al borde del llanto le confesó y espetó con su tono de voz -…que te iban a meter unos balazos por haber contagiado a la hermana del más rabioso de los tres- ¡Madres! pensó “el coyo” enterándose de algo que en el fondo ya sabía, presentía pero eludía, pues cierta noche hubo roces peligrosos, además no era normal que una chica sana fuera a pescar una toxmoplasmosis así como así.
–…que en el hospital le hicieron un análisis de sangre y ahí se dieron cuenta- ¡Pendejo! ella no tenía que infectarse para demostrarme su amor, no debí permitir que eso pasara- Chilló poniéndose de pié después de dar un puñetazo en la mesa, sus emociones entraron lentamente en el rincón más agrietado de su pensar, dibujando una sonrisa que sonaba a música “lounge” de los 60’s. Mientras lentamente se arqueaba su egoísmo, pues ahora no se iría solo de este mundo, solo le faltaba persuadir a la familia de ella, para que los dejaran vivir juntos sus últimos días.

Continuaron charlando, exponiendo y recomendando posibilidades y soluciones mutuamente por un rato hasta que vieron entrar por la puerta a “Don Ernesto”, su padre. -¿Que haces aquí cabrón?, ¿No ves que te busca la tira?- -vete antes de que los llame- Sin prisa “el coyo” agarró su “mocla” y se inclinó para despedirse de su “cabecita blanca”, “el Don” entro a la cocina y salió con un cuchillo en la mano, intentando por enésima vez, clavárselo a su hijo con infortunados logros. –Suéltalo- ordenaba la señora. El hombre de la tercera edad resulto debajo de “el coyo” sin golpe o avería alguna, solo estaba inmovilizado por las rodillas de un gigantón sangrando de la barbilla y de la pierna por los besos que alcanzó a darle la hoja; nada grave para él, pero si para la gente que llegase a estar cerca, pues de sus heridas emanaba ese néctar mortífero, lesiones que son flores abiertas de la muerte lánguida.

Llorando salió de ahí, los últimos cuatro años nuestro zombie se había vuelto cada vez mas sensible, desde niño ya lo era, así que todo ese chamaqueo dentro y fuera de su casa lo desconcertaba y agudizaba gradualmente en su temporal inocencia. Tenían que pasar veinte años para enterarse que él era el producto de una aventura de su padre, un accidente, un hijo no deseado, por eso su existencia abrumaba a Don Ernesto; Alejandro representaba el arrepentimiento y su consecuencia en odio y negación; mientras tratara mal a su hijo ilegitimo, los otros le irían perdonando la gran falla que cometió al “abrocharse” a una vecina del barrio, del cual desapareció, una vez concebido el hijo protervo.

Al llegar a la chamba, Rogelio se dio cuenta que algo le había ocurrido, pero no preguntó nada; no por que no le interesara, si no por que ese tipo de cosas tienen que salir voluntariamente, además a su padrino le urgía comentarle que la primera oportunidad de remediar culpas del pasado se presentaba con la noticia de que Arturo alias “el huevo”, seguía vivo. Años atrás Alejandro tuvo un enfrentamiento con él en la calle; una botella rota en el abdomen, dejo una terrible incertidumbre de años, tras haberlo dejado tirado desangrándose en la esquina de “Soto” y “Camelia”. -¿Me das chance de ir?- preguntó “el coyo” con un alivio experimentando una urgencia.

Por costumbre a este tipo de acontecimientos en el barrio, Alejandro no huyó de las consecuencias que pudiera acarrearle un muerto en su conciencia, sin embargo nunca le persiguió un ajuste de cuentas.

Tras la negativa de Rogelio tuvo que chambear y aprovechar la hora de la comida para buscar al que “andaba de parranda”. Primero comió y después fue al domicilio de Arturo, pero no se atrevió siquiera a llamar a la puerta; para auto justificar la abstención, buscó una serie de pretextos que resultaban tan absurdos como el motivo por el cual se desató aquella pelea que terminó con una botella “clavada en la bodega”. “Por puto”, esa fue la razón que le dicto tal suerte, si no hubiera aparecido tan bravucón ante “el coyo”, abrían llegado a un acuerdo. Arturo era de actitud y apariencia que caracteriza al hombre rudo, su debilidad, era “la funda de su pistola” y respondía al nombre de“Violeta”; un gay de apetito promiscuo que le gustaban los hombres grandotes y fuertes como Alejandro. El hecho que provoco el enojo de “el huevo”, fue que “Violeta” le ofreció al “coyo” una feria para que “le empujara las tripas”; nuestro zombie aceptó perversamente libre de prejuicio. Un par de días pasaron antes de que la noticia se divulgara y los celos se apoderaran de “el huevo”, para inmediatamente pasar a cobrar su indignación, pues si “violeta” traía dinero, es por que Arturo se lo facilitaba. –Puras circunstancias, no tengo nada que remediar aquí- concluyó pávido.

Mientras volvía a la chamba pensaba –tal vez ahí me infecté… o quien sabe- La posibilidad se amplificó, ya que tras esa aventura, encontró una forma para sacar varo fácil; unas vueltas por Garibaldi para prostituir su persona con homosexuales; con un aderezo de adrenalina después de abrochárselos, ya que al “terminar”, los madreaba y les robaba todo.

-Pude haber contraído el virus en una de esas, o quizá fue en alguna de las jeringas que utilicé para mi vicio, o tal vez fue cuando tuve un desgarre al bombear con cierta prostituta… no sé- Un coraje burbujeaba en su interior, eferveciéndo al contemplar la microscópica posibilidad de haber sido más cuidadoso, o sea, meter y meterse todo eso, pero con las debidas cautelas.

El día llegó justo al punto en que se une la tarde con la noche. Alejandro cerró el changarro y esperó a Rogelio en la puerta. Esta ocasión llegarían antes al “grupo”, necesitaban limpiar el espacio de experiencias anónimas que acontecen en doble “A”, además debía estar preparada una buena jarra de café.
Cuando el padrino salió, el más joven le recitó el poema que escribió por la mañana, también comenzó a enlistar las moralejas que ya había ofrecido el día; después de la sesión sería más complicado exponerlas, ya que se apaleaban los desperfectos de “los enfermos” por largo rato, y eso, era realmente exhaustivo.

Era Alejandro el que departía las cosas que Rogelio deseaba escuchar y “el coyo” aguardaba en el hemisferio atrofiado de su cerebro. La parte inteligente era a menudo cimbrada por la erudita intuición de un “viejo lobo de mar” que “ya se la sabe”. Cuando terminó de contarle su postura ante la situación con “el huevo”, el otro dijo. –secretamente sientes que eres capaz de flotar por encima de los demás, ¿y así alardeas haber pasado el séptimo paso? Alejandro dio un chasquido de lengua y paladar intentaban bloquear y mantener a salvo su conclusión falsa. -No hay tiempo para hacerlo digno de “beato” o “mártir”, el deterioro en mi cuerpo ha dado sus pasos…-abogó “el coyo” mientras se acariciaba la calva con ambas manos -…yo debo dar los míos como sea, sin importar si ajusta o no, además tu me dijiste que si la integridad o salud de las personas a buscar, se sentía o veía amenazada, sería mejor ni siquiera intentar sanar su daño-.El que escuchaba soltó una mueca y le dedicó una expresión que se conjugaba con sus palabras. –No debes sentirte acorralado, engáñame si lo deseas, tú sabes cual es la verdad. Es como aquella historia que me contaste del tipo que te quiso asaltar con puñal en mano, que le arrebataste el arma y en el forcejeo terminaste clavándoselo en una nalga…- -¿Eso que?- cuestiono “el coyo” –Pues días mas tarde, averigüé que omitiste un pedazo muy importante- al escuchar esto “el acorralado” giro la cabeza en medio circulo, anunciando la entrada del agravio. –Tú en compañía del “nalguita ponchada” se iban a “arponear”, solo que tú te metiste la dosis de los dos y eso mi estimado, encabrona fácil y de gravedad a cualquier adicto. Más que ser, como presumes, estás maldito y eso, es muy diferente- La solapa de Rogelio se frunció con el amedrentamiento del muchacho, y como si fuese una marioneta, articuló su postura contra la pared para hacerle escuchar:

-El único método que he encontrado y que puede apoyarme, en realidad me resulta peligrosamente insuficiente; he recurrido a organizaciones e instituciones hasta que contraje el virus, en su momento no lo hice por supuesta ideología e identidad agnóstica; la cual en ciertos aspectos, hoy considero ridícula, ya que para mí las opciones resultan crudamente volátiles- Lentamente aflojó las ropas de Rogelio, paralelamente las ventanas esféricas de su endeble sensibilidad, comenzaron a derretirse en límpidas lágrimas, y con voz de cenizas al viento reveló:

-La vida te cambia cuando te dicen que vas a morir, hasta “hippie” te vuelves y comienzas a creer en mitos y supercherías que te engañan con tremenda degradación, respaldando la existencia de una cura para el VIH; tanto científica como fantástica. Pero solo me han hecho perder el poco tiempo que me queda.
Así que decidí dejar de mentirme, ya que las expectativas para los que la hemos cagado ciertamente, son nulas, tanto adentro como afuera y cada esfuerzo resulta efecto dominó, pues incluso las piezas restantes, parecen estar hechas de la misma inmundicia. ¿Y sabes que?, para mi no existe enmienda, solo confort y por eso me tropiezo con mis patas cada vez que intento convivir bien con la demás gente y con los escasos amigos que me quedan. Creo que amo a la vida egoístamente-

Ya con las manos sobre los endebles hombros del abatimiento, Rogelio señaló: -No sé si te has dado cuenta, pero estuviste reprobando cada intento de razón en tu vida, pero irónicamente acabas de tener esa lucidez que dices no haber logrado llevar hasta tus actos; es señal de que están ahí, solo te falta soltar ese saco de mierda que se ha venido acumulando a lo largo de tu vida y que aún tienes cargando- Agachados y abrazados se dibujó la silueta de la consolación, los dos saboreaban el desahogo del desperdicio en finos destellos de luciérnagas ilusorias.

Al tercer gimoteo un golpe en la nuca para cada uno desencajó el profundo momento. Arturo “el huevo” había reunido en complicidad a “violeta” y a un grupo de “amigas”, para besar en los labios a la imagen divina de la venganza. Alejandro se tambaleó pero no cayo, solo alcanzó a escuchar entre palos         –¿que hacías frente a mi casa hoy en la tarde “puto”?- Los reflejos del “coyo” respondían sin acertar, bajó la banqueta tratando de sacudirse un poco la intimidación pero un coche lo aventó lejos y el después se tornó negro.

La desafortunada lección para Rogelio, le fue hundiendo en ausencia para los conflictivos del barrio, pues instintivamente sintió que debía reventar todo tipo de contacto con “el “coyo”; este sin rencor, lo entendió y aceptó, ya que fue palpable la posibilidad de haber dejado sin vida en un parpadeo, a su pasajero y mejor amigo. Así, poco a poco, aprobaron voluntariamente la presencia de los fenómenos naturales y eternos como el olvido, para inmiscuirse y desmembrar el conectivo que alguna vez hubo entre ellos.

 

Un par de años se filtraron por el cedazo del tiempo. Esther murió y “el coyo” seguía vivo, una novia nueva parecía curarle todo padecimiento ahora, según él, ella estaba al tanto de todo referente a su condición, a Rogelio se la presentó un día que se toparon por casualidad; ambos fingieron no recordar cuando fue la última vez que hablaron, y para ello, recurrieron a bromas simplonas, mientras miraban las cicatrices de la golpiza que compartieron. Cuando Rogelio pregunto por Esther, la expresión de Alejandro se enfrió -No sobrevivió- respondió entre dientes –pero no te preocupes por mí, lo he superado, estoy bien. Gracias. La vida ahora me ha tratado mejor y lo más chido es que todavía sigue-

Las palabras son las únicas que pueden tocar sentidos divinos y perniciosos sin dejar de lado su significante; bendiciones y maldiciones recurren a ellas para manifestarse y ellas siguen moviendo un mundo paralelo y perpetuo. En impensables lenguajes también se utilizan, solo que nadie, sabe escucharlas, entenderlas y mucho menos sentirlas.

Rogelio no pronunció una sola, ni siquiera con señas se despidió, Alejandro y compañía continuaron indiferentes. El “shock” condujo al padrino con lento andar y un torbellino en su pensar. Con el mismo ritmo hurgó en su billetera y se quedo mirando fijamente en el compartimiento transparente, pensando en la necesidad del silencio en ciertos momentos, sobre todo cuando las palabras que describen las vidas que te rodean y que te permiten averiguar más acerca de los secretos que deseaste haber compartido con algunas de ellas. Esa afonía es lo más valioso para personas en la situación de Rogelio, pues lo único que puede hacer ahora, es besar la foto que ahí cobija; esa figura acariciada en su abstracción, corresponde a Esther: su amor acorazado de silencio.

 

 


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