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Tras un desayuno cuantioso, nos metimos en el auto de Raul camino de Pinar del Río, ciudad natal y donde vive la familia de Raul. De camino a Pinar del Río se pasa por Soroa. En la subida hacia el orquideario de Soroa paramos a comprar fruta. Ahí probé por primera vez los mamoncillos, una fruta super jugosa que se toma como si fueran pipas: se muerde la cáscara y se saca lo de dentro. Refrescante y con hueso, nos pasamos comiendo mamoncillos unas cuantas horas.
La visita a Pinar del Río fue bastante rápida, ya que consistió en saludar a la familia de Raul y seguir carretera norte, para atravesar Viñales y llegar antes del anochecer a Puerto Esperanza. No se dice en vano lo de que la mejor forma de visitar cualquier sitio es acompañado de gente de ese sitio. Poca gente habrá podido entrar en las casas privadas de Pinar del Río como lo hicimos nosotors: casas grandísimas, llenas de muebles y trastos antiquísimos. Electrodomésticos que no se ven más que en las películas antiguas forman parte de la vida idaria de los cubanos. Lo bueno es que eso lo saben valorar. Los cubanos están muy orgullosos de su forma de sobrevivir a las inclemencias meteorológicas y a cualquier período especial que se les ponga por delante.






Soroa pertenece a la provincia cubana de Pinar del Río, la más occidental de la isla. Está a unos 70 kilómetros de La Habana y el camino es agradable. No hay un pueblo que identifique a Soroa. Más bien lo que hay es una zona turística privilegiada donde paramos a tomar la primera cerveza del viaje: una Cristal. En Cuba hay dos tipos de Cerveza: la Cristal y la Bucanero. ¡Maravillosas ambas dos!



El orquideario de Soroa tiene unos 700 tipos de orquídeas. Es muy agrabale pasearlo y escruchas las indicaciones de la guía oficial del parque. Los colores, formas y tamaños de estas arquídeas hacen del paseo un rato muy agradable, más aún cuando las vistas son de una sierra verde y soleada. Aunque en estas fechas, al fondo, siempre se ve una tormenta que amenaza la tranquilidad de la tarde.





Ale, Raul, Mine, Mer y yo en el orquideario de Soroa
