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Soypoeta en Namibia

Montaje con varaias fotos de Namibia

Situación de Opuwo en NamibiaLos Himbas en Opuwo (18/12/04)  (anterior | siguente)

(...) El día 18 me levanté a las 8 de la mañana con la mosquitera pegada a la cara, cosa que la hacía inservible. Por suerte ningún mosquito parecía estar pendiente de mi. Salgo a la calle, y en cinco minutos hace ya tanto calor que me da por despertar a Silvia para salir cuanto antes de ese horno. Vamos a desayunar al hotel donde trabaja Western y salimos a dar un paseo por Opuwo acompañados por niñas vendedoras de pulseras. Sacamos el diábolo y los malabares y pasamos un rato divertido con la gente del lugar. Nos hacemos amigos de ellas y quedamos para que sean ellas las que no guien camino a las comunas donde viven los himbas. Acompañados ya por Anita, Marina y la hija de Queen Elisabeth vamos en coche a comprar harina, manzanas, tabaco y otras cosas que nos recomiendan para llevar a los himbas.

Tras la comida salimos camino a la comuna himba. Tras unos veinte kilómetros de desierto y carretera regular, nos desviamos hacia una de las varias comunidades que hay por la zona del Kaokoveld.

La comunidad está rodeada en círculo por altos palos. Dentro hjay un dírculo menor que llaman el Holy Fire. Allí es donde hacen los rituales y fiestas. Entre los dos círculos están las casas de madera y paja donde viven. También tienen unas despensas hechas con barro y caca de vaca. Los himbas tienen ganado y trigo, y como se observa en cuanto llegas, viven también gracias al turismo y los productos que les llevamos.

Vídeo: himba haciendo harina y su mejunje (versión wmv, 3.266 kb) | La comuna himba (versión wmv, 2.017 kb)

Cuando llegamos se bajan las tres jóvenes guías y piden permiso para que Silvia y yo visitemos la comuna. Lo primero que hacemos luego es ir a ver al jefe de la tribu, que nos dicen que está enfermo en su cabaña. Le vemos y saludamos desde la puera. Fuera hace un calor de espanto. En la cabaña parece que se está fresquito. El jefe es un hombre de unos cincuenta años pero con pinta de tener ochenta. Lleva una barba blanca y tiene cara de sabio y cuerpo de atlera de maratón. Nos saludamos al estilo himba: "Moro moro!".

El jefe acepta que visitemos la comuna, así que vamos al coche a por los "regalos". Hay un grupo de mujeres himbas que han sacado brazaletes, colgantes, pulseras, collares, cestas y otra artesanía para intentar vendernos. Saludamos a todas y una de ellas, que nos dicen que es la última esposa del jefe, nos lleva a enseñarnos las tradiciones locales. Primero coge unas semillas de maiz seco y en una piedra va poniendo puñaditos de cuatro o cinco granos y con una piedra los aplasta. Estos se hacen polvo y se queda una harina blanca perfecta.

Luego nos enseña cómo hacen el mejunje rijozo que se ponen por el cuerpo. Coge una piedra rojiza y la deshace. Le unta una pomada que ya tenía hecha y queda un crema roja que se aplica en el cuerpo. Ese ritual lo hacen todos los días. Tras esto, aparece el jefe de la comuna que pensábamos que ni podía ni moverse. Se sienta la lado de su esposa y me tira un trozo de algo duro al cuerpo. Por un momento hubo un poco de tensión porque no sabíamos si venía en plan divertido o agresivo, pero lo que estaba claro es que estaba completamente loco. Nos alejamos a donde estaba el grupo de mujeres y sacamos el diábolo y los malabares.

Estar ahí fue como meterte dentro de un documental. No te puedes creer que algo así de verdad lo tengas delante de tus ojos. Volvemos al lodge donde trabaja Western y nos despedimos de nuestras amigas y gente que hemos ido conociendo en este viaje al pasado.

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Opuwo

El día 17, la noche antes de la visita a la comuna himba y tras despedirnos de Meme Reina, emprendemos camino hacia Opuwo, tierra e Kaokoveld. Son unos 300 kilómetros, de los cuales 200 de pista de tierra con gravilla. Por el camino pasamos unos cinco controles de la policía. Llegamos a Opuwo a las 21:30 horas. Se ve un ambientazo por la calle. Al llegar habíamos quedado con un amigo de Silvia: Watson. Este chico era un himba que con doce años vió un coche y quedó tan alucinado que empezó a seguirlo. No volvió nunca a la comuna y ahora trabaja de guia y recepcionista de un hotel.

Quedamos con Western en un restaurante que se llama "From people to people". Aquí empieza uno de los momentos más maravillosos de mi vida. Bajamos del coche y nos metemos en una calle llena de gente. Somos los únicos blancos de la zona. La mayoría viste de camiseta y pantalones de segunda mano, viejos y descosidos. Pero lo bueno es la mezcla de razas que hay en esa calle: están los Herero con sus trajes amplios y coloridos al más puro estilo cosechadora de algodón de Alabama, solo que ellas visten un sombrero alargado paralelo al suelo, que les sale por ambos lados de la cabeza unos veinte centímetros. Algunas llevan al niño en la espalada.

Pero sobre todo lo más chocante y fascinante son los himbas namibios y angoleños. Las himbas namibias sólo van tapadas con unas faldas cortas y el resto del cuerpo untado por una baselina hecha con piedra rojiza y de una especie de cosa viscosa. Este potingue que se ponen todos los días, las mantiene jóvenes y les hace tener una piel limpia y suave. Las himbas angoleñas llevan unas falda más colorida, como a cuadros escocesa.

Ya de noche profunda Western nos deja una casa en la zona del colegio del pueblo que pertenece a una maestra. No tiene agua, pero es agradable a la par que calurosa. Dejamos las maletas y nos bajamos a cenar a la zona de ambiente. Tras la cena paseamos por la calle llena de gente y bares con música a cada cual más tetrico y alucinante. Llegamos a la parte de arriba donde hay un grupo de diez niños cantando y bailando y tocando un bidón a modo de percusión. Cantamos y damos palmas un buen rato con ellos. Bajamos otra vez la calle y entramos en un par de bares a tomar una cervecita. El ambiente es realmente un cruce de etnias caras con una personalidad y extravagancia suprema, muchas de ellas borrachas. Los cuerpos de seguridad vigilaban que no entraran noños en los bares. también había puestos de carne alumbrados por velas, barberías, niños bailando por todas partes, himbas, hereros, pobres, etc. Era como estar en un carnaval donde sus actores se huebieran quedado atrapados en su personaje.

Felices nos vamos a dormir debajo de una mosquitera para intentar alejarnos de la malaria que en estas fechas empieza a peligrar por la zona. (...)

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Última actualización: 29/12/2005
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