Soypoeta en Namibia

Buscando el sur. De Kaokoveld a Windhoek (18-19/12/04) (anterior | siguente)
De nuevo a la carretera. Son las seis de la tarde y tenemos que hacer 150 kilómetros hasta Sesfontein para hacer allí noche. La carretera es malísima y no podemos pasar de 60. El paisaje es espectacular. Vemos a ambos lados de la carretera enorme baobabs, que nos sludan con la alegría con la que Antoine Saint Exupery los describía en El Princito. También vemos pasar animales de vez en cuando, cosa que de día no es preocupante, pero que por la noche se convierte en un peligro que no se puede pasar por alto. Este viaje al sur es un viaje desde una zona bastante verde, que poco a poco va transformádose en desierto.
Se nos hace de noche a las ocho y aún queda una hora de camino. Un poco antes de anochecer atropellamos a una serpiente de unos dos metros de largo. Silvia y yo habíamos oído la historia de que las serpientes cuando las atropellas se queden pegadas a la rueda y luego van reptando hasta meterse dentro del coche. Pasamos unos kilómetros sin saber qué hacer y con bastante tensión, ya que las serpientes de la zona son muy venenosas... pero tuvimos suerte y tras una curva aparecieron dos chicos que se habían quedado tirados con el coche y a los que paramos a ayudar y les comentamos lo de la serpiente. Estuvieron mirando un poco y al final nos relajamos todos. Les dimos agua y algo de comer para que pasaran mejor la noche en la tienda improvisada que montaron, y seguimos camino.
Vídeo: próximamente


Foto de un baobab








LLegamos a Sesfontein a las nueve y media de la noche. Nos tomamos unas cervezas y dormimos en el camping de este hotel de lujo construido en mitad de la nada para alemanes con dinero. Dormimos en una tienda de campaña tras pasar un largo rato viendo la cúpula de estrellas que decoraba esta clamada noche namibia.
Nos levanamos sobre las 9 de la mañanana. Duchita, recogemos la tienda, tomamos un café y salimos del fuerte-lodge de Sesfontein (aunque caro y lleno de extranjeros, el sitio es una maravilla. En camping es muy asequible y agradable).
Iniciamos camino al sur. El desierto aparece ante nosotros. De vez en cuando un pobladito compuesto de unas diez casas aparece en mitad de la nada. La pregunta es la de siempre: qué es mejor, la ciudad, el campo, la soledad, el desierto, la playa... cada cual con lo suyo, pero yo me vería incapaz de vivir en un sitio así, y eso que viviría casi en cualquier lugar.





Por el complicado e incómodo camino a Windhoek, recogemos en autostop a una mujer herero... vestida con el típico traje de mujer herero, se sube al asiento de atrás tan feliz. No nos podemos comunicar de ninguna forma, pero nosotros seguimos camino al sur. Eso sí, nos reimos mucho con ella, intentando hablar de algo. En una de esas, la vemos que se mueve y que nos señala a la derecha... una jirafa!! Namibia no deja de sorprendernos a cada paso.










Dejamos a la herero en la gasolinera y seguimos camino tras pasar el control que vijila que no se metan animales que puedan tener enfermedades. Unos chicos nos venden lo más típico de Namibia: castañas decoradas con animales (jirafas, elefantes, kudus, etc) con tu nombre. Las venden por todas partes y son realmente bonitas. Compramos unas siete.


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Última actualización: 12/02/2006 |