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Fotos: Especial Amazonas peruano | Barco | Campamento | Puerto Miguel | Acampada en la Quebrada de Cumuseba I | Acampada II
(continuación) Por el camino, Comando nos iba enseñando árboles y plantas y sus utilidades. Fue todo bastante tranquilo, sólo distinguimos un par de veces el olor de las anacondas, pero probablemente huyeran al oir gente. Vimos Victorias Regias por varios sitios y nos tiramos como Tarzan por lianas. El objetivo pricipal era ver monos, ya que lo demás parecía bastante improbable de encontrar. Los oimos como a doscientos metros de nosotros. Habría por lo menos 30 monos de casi un metro de alto jugando en las copas frondosas de los árboles. En cuanto nos sintieron salieron corriendo, igual que hicimos nosotros para perseguirles y poder verles más de cerca. Naturalmente en un minuto nos habían dado esquiazo y ahí se acabó la aventura con los monos, los únicos que vimos en los cuatro días. Una pena. La vuelta al campamento fue casi como estar en una jaula de pájaros exóticos.

Cosho, árbol con espinas venenosas y del que hacen las
canoas
que navegan por estos rios peruanos.

Hoja de bijao, que se usa para envolver comida (arroz por lo general)
y hervirlo. Da un sabor especial a lo que se cocina dentro de ella.




Llegamos agotados y Dani nos tenía preparada la cena: la otra gallina que tuve a mis piés todo el camino. Tras la cena nos metimos en las hamacas a dormir la "siesta" hasta las ocho más o menos que ya de noche profunda nos subimos en las canoas en busca de caimanes. ¡No veáis qué sensación!: en medio de la selva amazónica, remando por zonas pantanosas viendo con la linterna que estábamos rodeados de caimanes, ya que se les ven los ojos rojos rojos mirándote fíjamente. Y se puso a llover un poco. Seguimos remando hasta que Comando nos dijo que íbamos a cazar uno de ellos pequeño que había visto fácil agarrar. Nos acercamos a el mientras empezaba a llover bastante. En un movimiento ágil sacó la mano fuera de la canoa y la levantó con un bebé caiman de unos 60 centímetro de largo que sin más se le ocurrió girarse y dármelo para que lo sujetara mientra huíamos de la zona. Ahí estaba yo, en medio del amazonas, en una tormenta alucinante y con un caiman en la mano. Creo que la sonrisa que tenía en ese momento podía tocar mis dos orejas. ¡¡Qué sensación!! Sin duda el mejor momento de todo el viaje por el amazonas. Remaron lo más deprisa que pudieron de vuelta al campamento y de la que estába cayendo nos pamos la entrada. Tuvimos que vovler unos cincuenta metros. Corriendo cada uno se metió en su hamaca. Yo estuve como diez minutos descojonado de risa y de alegría absoluta oyendo la pedazo tormenta que tenía sólo encima de un pequeño plastico atado con cuerdas sacadas del tronco de un árbol. ¡El ruido era impresionante! Me quedé felizmente dormido.
Al día siguiente nos levantamos a la 6 de la mañana
para ir a ver pájaros desde la canoa. Teníamos pensado
dormir otra noche en el campamento, pero la tormenta lo fastidió todo
y decidimos volver ese mismo día a la base de Puerto Miguel.
Antes de eso desayunamos unas pirañas que Dani y Comando
pescaron y deshicimos todo el campamento mientras volvía
a llover. Salimos de vuelta e igual que a la ida llegamos a la
parte bloqueada por la vegetación. Costó lo suyo
pasar la zona, pero lo hicimos muchísimo mejor que la ida.
Ya no importaba el ponerte de barro hasta las orejas o el meterte
entre miles de arañas que había entre las plantas.
Ayudamos además a otras tres barcas a cruzar y seguimos
remando hacia la base. Llegamos justo al anochecer y agotados cenamos
y nos metimos en las
mosquiteras a despedirnos del ruido de la selva.




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Vuelta al campamento

Pronto podrás ver el video!

Nauta