FRANCISCO JAVIER MORALES CABALLERO - Domingo, 05 Mayo 2013

Desolación.

Ardua  es la tarde, ansiosa la melancolía, solo pienso en cubrirme con agua  y desaparezca la agonía.

Escucho pero no la entiendo, entiendo que no sé lo que escucho. Aún así, sé que me habla y no  si lo comprenderé algún día.

Sudoroso me hallo, si bien, al agua canto y no me  callo. Le pido que venga porque no aguanto esta sensación que se ahonda en lo más profundo de mi corazón.

Maldito vestido de piel, traicionera sensación de estupor, que alguien venga si no hablo, o si pierdo la razón.

Remedio cobarde o inteligente eso solo depende de la gente. Creo que iré cobarde pareciendo inteligente para saciar el dolor de mi mente.

Miro al mar en el horizonte y empiezo a caminar, aunque tranquilo, ya que es una bestia que no quiero despertar.

Comienzo a entrar en el placer y una leve sonrisa se plasma en mí ser. He caído en sus fauces y no será fácil desaparecer.

Conseguido, lo miro con sigilo, para saber si sigue dormido. De vuelta a mi rincón me siento desolado porque el calor otra vez ha sacado la pena que no ha acabado.

Sudoroso me hallo, si bien al agua canto y no me callo.

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