María Victoria Martín Sánchez - Domingo, 07 Abril 2013

En esa noche me enamoré.

El mar de fondo tranquilo
parecía sacado de un cuento.
La suave brisa de las dos
invitaba al abrazo.
Estábamos solas, el mar, ella y yo.

No se podía pedir más.
Mas eso era lo que pensaba,
cuando sus labios me besaron.
El universo hizo el resto,
mandándonos dos estrellas del firmamento.

La noche empezó a refrescar,
pero era tal la paz del lugar
que ni por la arena fría
ni por la brisa gélida
nos quisimos ir y dejar todo atrás.

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