Rafa Chaves - Lunes, 01 Julio 2013

Guadalquivir anciano

En mis tardes de marasmo

cuando el vómito doloroso

pugna en fiera riña con el órgano

por salir ansioso;

 

En este mi pergamino ajado

de medieval bestiario

no me queda más espera

que asomarme en tu espejo

como Narciso desahuciado

y acamar mis ortigas.

 

Guadalquivir anciano,

bética herida

en pecho romano,

tú que labraste la yacija

de tantos infortunados,

no me abandones

en mis sembrados

de espinos,

y derrama sobre mí la calma

que desde esta tierra santa

te mendigo.

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