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"Y si te escondes, te buscaré"
- Toño
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Poesía y poeta: Blázquez, Toño

Biografía | Poesías

Biografía

Toño BlázquezNací en Salamanca hace cincuenta años. Escribo desde que tengo uso de razón. La escritura ha sido un poco el eje de mi vida; como periodista, guionista, poeta...Tengo publicados tres libros de poesía: "La copla que está en mi boca y otras lindezas", "Fábulas y Ripios" y "Besos de tierra"; y dos novelas: "Cuando nace un torero" y "La Caricia del día". En El Ateneo de Salamanca tengo mis trincheras poéticas. Y sigo escribiendo...

Correo electrónico: No disponible

Poesías

Índice

Corre, Corre (06/09/2009)
La paz y yo (10/06/2009)
La música (29/01/2009)
Las razones de la bestia (27/01/2009)
El libro olvidado (27/01/2009)

Poesías

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Corre, corre

Todo lo hacemos corriendo;
creemos que de verdad
yendo a más velocidad
habrá más vida viviendo.

Y no es cierta esa creencia
porque si vas muy deprisa
no te nace una sonrisa
y se pierde mucha esencia.

Ir despacio es lo precioso,
darle al amigo sus horas,
hacer versos sin premura.

Alocarse no es gracioso,
y si es amar lo que añoras
ganarás más en ternura.

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La paz y yo

Poema leído en el Ateneo de Salamanca, el 23 de mayo de 2009 en un acto poético organizado por el Movimiento por la Paz y la No Violencia

En realidad yo no tengo mucha idea de como escribir
sobre la paz
o sobre un olivo que tiene en sus sienes de vientos
los eternos reflejos de los hombres viles.
Sólo merezco el dudoso honor de hablar de eso:
de la idea de la paz.
Porque hablo desde la paz,
desde una vida serena,
quizá con la cartilla del paro hizada,
pero una vida lubricada,
con la nuca despejada
y una taza de café dispuesta en cualquier bar.
En realidad yo no tengo mucha idea de como escribir
sobre la paz.
Yo tengo ilusiones,
tengo imaginación,
tengo deseos,
tengo navajas
pero sólo para cortar pan.
Tengo besos
en nostalgia de mi madre muerta,
tengo, a veces, asepsia a la ternura
(como el setenta por ciento
de los fulanos de este país).
Tengo una amante en sueños
y un sueño que somete mi vida
a una gran palanca de saltimbanqui
gigantesca.
Esa polea levanta mis pies
con la tensión de un muelle gigante.
¡Y vuelo! ¡ Y vuelo!

Entonces un gran espejo
me coloca una barba bíblica inopinada
y repentina
¡y soy Whalt Whitman!
y como el viejo poeta yanqui
que quiso parecerse a Dios,
vuelo a través de océanos, campiñas,
montes,
y escarpados roquedales,
explicando con palabras de aliento
y esperanza, hombres, razas, color,
oficios,.. alabando
la textura humana
y sus circunvalaciones éticas.

Miren,
en realidad yo no tengo mucha idea de como escribir
sobre la paz.
¿Cómo voy a tenerla si soy un fan de Chuk Norris,
si flipo con Stallone o Jean Claude Van Dam?
Yo siempre quiero ser el bueno y acabar con el malo.
Quiero tener bien claro donde está la guerra
y la violencia...
para ponerme del otro lado.

Quisiera estrechar la mano
a los presos políticos cubanos,
quisiera besar en la mejilla a Suu Kyi,
descerrajar su cárcel en Birmania;
hacer una reverencia
al primer estado palestino
y que Baremboim
pusiera música celestial a su abrazo con Israel.

Quisiera que los cinco millones de judios
se levantaran,
que lo del embarazo
de la madre de Hitler
hubiera sido sólo un susto,
un lastimoso error en el Predictor.

En realidad, yo no tengo mucha idea de como escribir
sobre la paz,
pero una cosa si tengo clara:
cuando dejamos que la violencia
descuaje las mariposas que nos defienden
desde el útero,
cuando estallamos hogueras de palabras,
de gestos,
cuando nos ponemos ladrillos en los dientes
para disparar al otro
en el deporte, en el trabajo, en la pareja;
cuando todo esto ocurre,
hemos de buscar urgentemente ayuda
porque estamos del lado equivocado.
Por ejemplo: leer a Benedetti.

Yo soy un tipo desvalido, gris,
por mi edad...excéptico, llevo años escribiendo...
pero, en realidad,
no tengo mucha idea cómo escribir
sobre la paz.

Necesito que mi sonrisa se agigante,
que vuele, como la de Whitman,
a través del planeta.
Necesito sentir las vibraciones
buenas de las mujeres y los hombres.

Necesito vuestro pulso con el mío,
el mío en el vuestro.
Por la Paz y la No Violencia:
aquí están mis manos.

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La música

(Al maestro Joaquín Gericó)

Miro el cíclico pasar del tiempo ido
y la música corona humilde los días
que, amablemente, tumbó Dios
sobre mi espalda.

Por un vértice, por una lágrima inconcreta,
por el alud de esquinas que la vida me genera,
escapé de noche al cúmulo del sueño
y regresé al rítmico aleteo de la coherencia,
de la vida, buscando la armonía
de la música –al fin – sin aspavientos.

Sólo la garganta en límpido equinocio,
quieto el sostenido en el remanso;
sólo la hermosa alquimia de las notas
sostuvo mi canto en la insolencia
de lo humano.

Y fue naciendo el alma ya perdida
entre los duendes inmunes de los días...
hasta llevarla al púlpito desde mis labios.

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Las razones de la bestia

Es el entramado de la rosa
lo que yo quiero explicarte;
la expectación que provoca
en mí la odisea del grito
que me llama de tus ojos.
Pero, aún así, no hay nada
como los celos
para hacerme feliz,
para sostenerme.
Nunca tuve nada
a que agarrarme, lo sabes bien...
Y si dices que estoy enfermo
te reviento.
Sencillamente
no puedo conmigo
y sólo asirme a tu sombra
me hace respirar el día.

Y si te escondes, te buscaré
hasta que me devuelvas
la violencia que necesito
para retenerte,
para volver a tomar posesión de tí.

¡Que te pego, que te pego!
¡Tengo mis razones!
No veo la forma
de superarte en algo,
no veo la forma de encontrar
mi sitio.
No veo la forma
de ahuyentarme del puño.
Tendrás que palearme de tierra...
y, aún así yo,
(sin infundir sospechas)
te besaré en los labios
de recuerdo.

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El libro olvidado

El polvo iluminaba su muralla
de olvido y sucia compostura
en libro de autor de baja altura,
un libro sin luz donde los haya.

Al margen de ediciones de lisonjas,
el libro de la balda entristecida
lloraba suplicando por perdida
la nobleza y orgullo de sus hojas.

¡Quitadme de esta esquina que sonroja!
¡Que pudre mi alma y el título ensombrece!
¿Vivir así?, ¡llevadme al anticuario!

Si son parcos los ojos, ¡el fuego me coja!
más la ilusión de mi autor me escuece...
Si olvido me dáis ¡ponedme ya el sudario!


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