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Cavilaciones:
Día(25/12/04)
Deriva(25/12/04)
Cuando...(25/12/04)
Pasado(27/12/04)
Guerra(27/12/04)
Otros caminos:
Reloj(27/12/04)
Quiero(27/12/04)
Primavera(27/12/04)
Espejismo(27/12/04)
Me muero(27/12/04)
Razón(27/12/04)
Insensibilidad(27/12/04)
Pañuelo(27/12/04)
Blanco(27/12/04)
Día
El día repleto de instantes vacíos
y de momentos huecos
llena mi cerebro de brumas foscas
pesadumbres lastimosas y dolorientas.
La aguja del tiempo se detiene,
no deja que la hora suene.
El ciclo regular y monótono se paraliza
y mi esencia dolorida martiriza.
Mi cerebro lancinado, de dolor, rabia
y suspira por ver el sol desaparecer.
Desaparecer y dejar paso a la luna
que todas mis penas hará desvanecer.
Deriva
Un barco a la deriva,
almas que pierden la vida,
creyendo alcanzar nueva existencia.
Olas traidoras que maltratan,
Engullen, devoran
a los desposeídos que buscan nueva savia
en una tierra lejana que no abre su puerta.
Centenares de cuerpos sin alma
Yacen en la fría orilla.
Sueños asesinos que llevan al ingenuo
hacia un mundo lleno de delirio.
Cuando...
Cuando estas corolas malvas
se agrieten como el cutis de las ancianas,
cuando el agua insípida del manantial
pierda su pureza celestial,
cuando el sol ardiente y pacificador
no avive más la tierra con ardor,
cuando la llama viva del fuego
no encienda tu generoso cuerpo,
cuando el mar traidor
no se una con el cielo protector,
ya sabrás que llegó el triste fin
y que la vida está en el ultimo confín.
Pasado
Cortinas de humo opaco,
sabanas deslucidas del insomnio,
aguas grises solidificadas,
prietos aires sombríos,
tapan la frágil estría del pasado.
Los recuerdos mustios luchan
contra las mareas de tierra mezquina
que quieren ahogarles con el peso del olvido,
la costra de la marchita indiferencia
y las escaras blanquecinas de la senectud.
La querella tétrica del pasado
se disipa en unos lodos ennegrecidos
que absorben las ligeras reminiscencias
del quebradizo raciocinio tambaleante.
Guerra
El cielo azabache de la discordia
escupe los primeros proyectiles de la contienda
sobre los seres inocentes del nuevo genocidio.
Una lluvia ácida de metralla fratricida
penetra el corazón de una humanidad
que se sofoca apresuradamente.
Estallidos ensordecedores ascienden
hasta los estridentes silencios de la amargura.
Los niños aterrados ansían huir de esta
loca disputa,
anhelan las blancas alas de la paz ultrajada.
Sus ojos vacíos vislumbran las atrocidades
Del milenio recién nacido.
Sus bocas, sin voz, piden clemencia, amor y cordura,
mas los inquebrantables pájaros férreos
no entienden las palabras de los cándidos infantes,
solo atienden al dominio injusto de la fuerza y de la
desazón.
Reloj
El paso ruidoso de las agujas del reloj marcan el vacío
y la soledad. El compás estrepitoso del tiempo
retumba en el salón de los recuerdos y del dolor.
Belleza material, abundancia de vivencias ofrecen, a
la mirada del visitante, el espectáculo de lo
anodino disfrazado. Décadas de esfuerzos, de
amor para forjar, adornar el nido de la pasión,
de la ternura, de la esperanza. Décadas luchando,
olvidando la propia identidad para regalar a los que
amas el reflejo de tus emociones, el deseo de lo que
esperas de ellos.
Ahí estás, con tu escenario y sin actores.
Los intérpretes actúan en otro lugar,
fuera de tu mirada, fuera de tu alcance, fuera de tu
corazón. Son tu eje principal, pero tú
eres solamente para ellos el último eslabón.
Y observas la aguja que avanza solitaria. Que recorre
su camino. Que llega a la otra punta de la esfera, sin
mirar hacia delante, sin mirar hacia atrás. Camina
sin principio, camina sin fin. No hay salida. No hay
huida. Toda una vida encerrada en el marco de este reloj.
Quiero
Quiero que me ames como este río que baja del
monte acariciando las piedras de su lecho.
Quiero que me ames como esta grácil mariposa
que, aleteando, acaricia los pétalos de la primavera.
Quiero que me ames como el viento potente que arrasa
con su fuerza los elementos de la tierra.
Quiero que me ames como las llamas rojas del fuego que
abrazan la leña y en un estallido de colores
y estrellas gritan su amor y su pasión.
Quiero que me ames a cada instante, en cada momento,
en cada segundo. Quiero que los sentimientos arrolladores
te perturben hasta el punto de confundirte, hasta el
punto que tu pasión fogosa sea como la sombra
de mi ser, hasta que tus ojos estén ciegos y
sólo puedan verme a mí, hasta que el fuego
que arde en mi pecho te consuma y sólo seamos
uno.
Primavera
Tienes catorce años. El mundo es tuyo. Tú
eres el mundo.
Tus ojos limpios y cándidos divisan una existencia
sonrosada y alegre en cada esquina de la vida. Quieres
ser abogado porque crees en la inocencia, en la libertad.
Sabes que la bondad siempre será recompensada.
Amas a todos y todos te aman. La alegría, la
energía, fluyen por tus venas, por tu corazón.
El azul del cielo colorea tus ojos y los suaves rayos
de sol barren tu pelo. La primavera despierta en tu
ser nuevos sentimientos, delicadas emociones.
Amas. Amas con todas tus fuerzas a esta niña
que el destino ha puesto en tu camino. Es una enviada
de Dios, una enviada de los Ángeles. Es la primera
persona que despierta en ti este torrente de sensaciones
desconocidas, esta alocada primavera.
Ahí te espera, sentadita, bajo un árbol.
Su sonrisa exquisita, su mirada traviesa, invitan al
amor. Perdida en no sé qué sueño,
la niña extasiada piensa en el jovencito apuesto,
alto y moreno que despierta el interés de todas
las chicas del colegio.
Él se acerca. Altivo, seguro de sí mismo,
seguro de su encanto. No cree en la justicia ni en la
bondad, porque sabe que el más listo siempre
será el vencedor.
Es más rápido que tú. Se sienta
cerca de la enviada de Dios, le ofrece un porro y se
van juntos al bar de la esquina, a tomar un cubata.
Qué triste es la primavera cuando el amor se
marchita.
Espejismo
Un mar de amor. Un infinito de pasión y de deseo.
Un sufrimiento que alcanza el horizonte. Una eternidad
de esperanza creyendo conseguir el absoluto.
Amor absoluto, entrega incondicional y pérdida
de la identidad.
Tanto amor, tanta pasión, tantas esperanzas.
Una vida entera dedicada a un espejismo.
Hoy el mar se ahogó, el infinito y el horizonte
se perdieron. Sólo persiste el espejismo que
paulatinamente se esfuma
Me muero
El tormento del amor desgarra mi maltrecho corazón.
La perfidia de tu mirada egoísta, el timbre vacío
de tu voz arisca, desmantelan mi alma afligida.
Tu presencia ciega arranca los últimos suspiros
de mi mente dolida.
¿Quién hubiera creído que mi amor
sería algún día sinónimo
de dolor? ¿Quién hubiera creído
que el viento borraría la huella de mis sentimientos,
la huella que estaba grabada en la piedra de nuestra
ruta?
Ni el viento, ni la piedra, ni la ruta recuerdan mi
cariño.
Ningún elemento de la tierra quiere ya despertar
la pasión fogosa que daba vida al corazón
que hoy día se muere de dolor
Razón
Gotas de fuego que caen sobre mi cuerpo,
lanzas sangrientas que hurgan mi corazón,
lágrimas de sol que perforan mi pecho.
La humanidad llora la pérdida de la razón
Insensibilidad
Cuando la hoja seca y biliosa se acurruca penosamente
en la tierra baldía del atardecer, el pecho estéril
y agrietado cuelga hacia el abismo de los estremecimientos
inexistentes.
El soplo adusto del apresurado otoño invade con
de-saliento la esencia volátil del quebrado verano.
Los ojos sin luz se pierden en el precipicio del olvido
sabiendo que, disipados los sentimientos, la insensibilidad
y la pasividad corroen las emociones
Pañuelo
Este pañuelo blanco,
arrugado, húmedo,
de la paz no es el símbolo.
Este pañuelo blanco
no encierra el perfume fresco
de la gloria ni del descanso.
Este pañuelo blanco,
en un rincón olvidado,
es el recuerdo amargo
de la ausencia y del silencio.
Blanco
Blanco. El vacío y la nada tienen nombre.
Nombre de ausencia, nombre de espera.
Blanco como el olvido después de la angustia,
blanco como el sueño deslucido del pobre,
blanco como el hielo que acorrala la miseria,
blanco como el espíritu hueco del hombre