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"En tu rostro no hay lisura,
en tus sienes sólo hay canas"
-Santiago
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Poesía y poeta: Luis, Santiago

Biografía | Poesías

Biografía

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Poesías

Índice

Brota verso (05/02/2010)
Cuando regrese (05/02/2010)
Acompañada soledad (05/02/2010)
Tras mi ventana (05/02/2010)
Réquiem (05/10/2009)
Se impone el viento (05/10/2009)
Post Morten (11/09/2009)
Mascarada (11/09/2009)
Aunque... (11/09/2009)
¿Que si el amor existe? (11/09/2009)
Versos a un Poema (11/09/2009)
Me tornaría aurora (11/09/2009)
Destino (11/09/2009)
Soy cual la ola (11/09/2009)
Fantasmagoría (11/09/2009)
Soy árbol seco (11/09/2009)
Cuanto extraño (11/09/2009)
Paisaje de otoño (11/09/2009)
Te he amado vida (22/04/2009)
Coloquio con mi alma (22/04/2009)
Si tuviera un verbo renovado (22/04/2009)
No me abandona el sufrimiento (22/04/2009)
Mirar al este (05/04/2009)
Navegar en turbulentas aguas (05/04/2009)
Las huellas de mis pisadas (05/04/2009)
¿Pasado perfecto? (29/03/2009)
"Disfrutar del silencio" (29/03/2009)
Nuestro particular patio (29/03/2009)
Imágenes (29/03/2009)
Ante la Mística Puerta (29/03/2009)
Búsqueda (29/03/2009)
Carpe diem (29/03/2009)
Apuesto por la vida (29/03/2009)
No es esta la tormenta que yo quiero (29/03/2009)
Quimera (29/03/2009)
Romance de La Habana y el mar (29/03/2009)
Fantasear con la Primavera (29/03/2009)
El viento y el mar nos hermanan (29/03/2009)
Una tarde en la Vieja Habana (29/03/2009)
Burla del tiempo (23/03/2009)

.......................

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Brota verso

Brota verso irreverente,
corre,
vuela
cual Pegaso
de la sangre de Medusa,
sin frenos
y sin montura.
No seré quien te cabalgue
con métrica
y con lisura,
ni la espiga de mi espuela
se ensañará
en tu hermosura.

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Cuando regrese

De mi hogar
cerré las puertas,
allí quedaron mis huellas
diciendo adiós
al portal.
Mis pasos sembré
en la calle,
y en la demudada acera.

Cuando regrese
algún día,
sin estrellas en mi cielo,
se habrá incendiado
la acera
con rojo de flamboyanes
que se cubrieron
de flores
para no llorar mi ausencia.

Arrancaré con mis manos
el denso manto
de nieblas
que ocultar mi calle intenta,
y esperaré en el portal
a que la brisa me envuelva.

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Acompañada soledad

En este silencio
que el bullicio ignora,
en la acompañada soledad
donde vivo, sin estar,
aunque estoy presente,
me escondo,
me enclaustro,
evoco
el aroma del café
recién colado,
el salobre vaho
que del mar escapa,
el viento de agua,
(heraldo fugaz del aguacero),
el verde olor del campo,
la tierra regada de rocío,
la humedad
del llanto, del beso,
de la piel amada cuando el sexo

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Tras mi ventana

Tras el turbio cristal de mi ventana,
en esta languidez que da la nada,
contemplo el mar
que sólido parece,
las olas que duermen en su orilla
cual si fueran piedras desgastadas.
El sol,
al mar anclado,
no puede esconderse en el poniente.
Las gaviotas
y las nubes sorprendidas
al asomo de la luna
rompen el conjuro.
Se marchó el sol,
llegó la noche,
y tras el turbio cristal de mi ventana

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Réquiem

Antes de mi muerte,
principio fuiste,
flor de la flor,
retoño del retoño,
raíz de la raíz,
esplendor del día
antes de lo oscuro,
fuiste canción,
antes del llanto,
corazón en mi corazón,
cuerpo en mi cuerpo,
origen de mi origen.

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Se impone el viento

Conozco el viento
que azota en la Cuaresma,
el viento impío
que por siempre,
tronchara las flores
de Alfonsina,
el viento, hombrón desnudo,
que persiguió a Preciosa,
el viento cuya sombra,
envolvió en su misterio
a Barcelona.
El rostro ignoro
del viento innoble
que me empuja, arrastra,
levanta, arremolina,
se detiene,
y reinicia con violencia
el mismo juego.
Cansado de luchar, vencido,
dejo al viento
de ignorado rostro
decida mi destino.

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Post Morten

En lóbrega fosa

reposar me niego.

Cenizas vuelto,

tampoco quiero

habitar disperso

en insondable abismo

o caudaloso río.

Mezclarme anhelo

con mi noble tierra,

abonar la humilde rosalera,

el agreste pino

o la verde hierba

de un jardín cualquiera

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Mascarada

Si me fuera posible

desandar lo andado,

irme atrás,

burlar el tiempo,

y del ayer

en vuelco desmedido

traer la sonrisa

que me robó el olvido,

en teatral máscara

mi rostro convertido,

al mundo escondería

la angustia de vivir

sin estar vivo.

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Aunque...

Aunque mío fuera

el unicornio azul

que en su descuido

perdió el artista …

Aunque tiriten

en la noche estrellada

los astros a lo lejos ...

Aunque me alegre

el canario amarillo

de ojos negros …

Aunque bendiga la vida

ya cerca de mi ocaso,

contar mi sentimiento

en versos no pudiera.

Se niegan las musas

a acariciar mi frente,

me olvida el misterio,

la fascinación del numen.

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¿Que si el amor existe?

El amor existe,

y los otros sentimientos,

humanos o divinos

que le son afines,

y también los otros

en apariencia ajenos.

El amor existe,

en las sales esenciales,

ubicuas soluciones

plasmando gravedades.

Existe en la humedad

del llanto y del beso,

en el semen del eterno germinar.

El amor existe

sin que importe lo errático

de la punta-onda cortical,

talämica o límbica.

¿Que si el amor existe?

¡ Vaya si existe !

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Versos a un Poema

Para mi no escribes versos, me decías,

te aseguro, amada mía, que ignoraba

como hacer a un poema poesía

En la ternura tantos años compartida,

en las ansias mil veces satisfechas,

en la concepción y espera del amor sus frutos,

encontró un lugar la poesía.

No es posible hacerle versos a un poema,

moneda de la cual compartimos estructura,

yo en el reverso en el anverso tú.

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Me tornaría aurora

Por ti quisiera tornarme aurora,

con tibia luz

romper

la sombra que te envuelve,

despertar

con mi verso tu mañana,

llevar

a tu oido en tierno acento,

mi promesa de ayer

hoy renovada.

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Destino


En un mar navego

sereno y apacible,

soy Capitán

de un velero sin esquife.

De su ruta dispongo

y su destino.

Sé que encallará

en los arrecifes,

naufragaré en mi nave

¡abandonarla es imposible!

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Soy cual la ola

Vivir la vida toda

no pretendo,

muero un poco cada día

sin quererlo.

Soy ola que el viento

a la playa arroja,

golpea la arena

y a la mar retorna.

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Fantasmagoría

Juega la noche en su fantasía

con la neblina lechosa y el frío.

Abarloado al muelle reposa un navío

herrumbroso, su cubierta vacía.

Se quedó el puerto sin alma

apenas llegada la niebla.

Sólo hay vida en la sal y la espuma

que en la orilla retozan con calma.

¿Volverá el alma al puerto

al alejarse la sombra y la bruma?

¿Volverá el alma al puerto

si de nuevo la luz le perfuma?

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Soy árbol seco

Soy árbol seco que sufro el vendaval de otoño,

que arrancó las ramas que antes me vistieron.

No me queda el consuelo de esperar el retoño

cual otras primaveras que en mi florecieron

No comprendo la angustia de mi inútil empeño

pues soy árbol viejo que arrastró el viento,

pero aún mi alma espera el milagro de un sueño,

para saberme vivo. Para saber que siento.

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Cuanto extraño

En el paisaje en que estoy sumido,
con inútil afán mi vista busca:
Las palmas que en la llanura
de mi ardiente patria
bajo un cielo purísimo se mecen.

Al Almendares, río de nombre musical,
que no tiene horizontes de amazonas,
y lame los jacintos de la orilla.
con su color de mujer tropical.
Las tarde de tormenta de mi natal suelo.
los negros nubarrones que sin aviso asoman,
y se deshacen en lluvia a borbotones.
El aguacero que no cae en venganza,
ni con disfraz de querube a ingenua nube alcanza.
Es ese el aguacero que extraño y quiero,
el que con el sol mantiene un pacto,
escampar siempre en solemne acto,
dejar brotar la luz, surgir el arco.
Aunque pueda extrañar más de lo expuesto
morir quiero con mi amada al lado.
Cada día al despertar tener la dicha de hablar,
compartir nuestros anhelos,
y poder repetirle que la quiero.

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Paisaje de otoño

Es otoño en Londres

en Nueva York y en París

los árboles pierden sus hojas.

Gruesa alfombra

de secos colores,

cubre el suelo.

¡Que apacible tapiz!.

Es otoño en Islamabad,

en Gaza y en Bagdad.

Los árboles pierden

sus hojas también.

¡Triste alfombra

con sangre teñida,

acolchan el suelo y la sien!

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Te he amado vida

Me conoces vida
aunque a veces,
pretendas
no saberme.

Te conozco vida,
no entiendo tu encono.
Más queda tranquila
que nada te imputo,
ni quiero tu manto

Sé del abandono,
del darse confiado,
de no tener suerte.

Tranquila mantente,
que no me arrepiento
de lo que te he amado,
quedo en el presente,
no vuelvo al pasado.

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Coloquio con mi alma

¿Por qué te impones alma
vivir en solitario encierro?
¿Por qué coexistir te empeñas
con la nostalgia y los recuerdos?

¿Por qué de mis palabras
la esencia engulles
y mantienes mi voz a raya?

¿Acaso ahora, continente
de imprevista minusvalía,
para lo que de mi esperas
soy insuficiente?

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Si tuviera un verbo renovado

Si tuviera un verbo renovado,
una voz que no encuentro
para expresarme desde adentro.
Si supiera jugar con el verso,
la frase, la palabra o el silencio,
quizás pudiera expresar este sentimiento
que domina mis actos y mis gestos,
la razón de mis necesidades,
el depender de mis afectos,
y hasta el rubor de mi rostro
cuando me avergüenzo.

Sentimiento que piadoso escoge
sabiamente mi recuerdos,
para evitarme algún sufrimiento odioso.

Si tuviera un verbo renovado,
una voz que no encuentro,
para en juego con el verso,
la frase o el silencio,
alcanzar la paz interior que necesito,
la agradable sensación de ser eterno.

Lo intento y me invade
una obsesión sin forma,
dibujable quizás en un suspiro, una mirada,
o una frase de afecto.

Porque aunque quiero
convertir mi sentimiento en verso,
escribo y no lo expreso.

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No me abandona el sufrimiento

No quiere abandonarme el sufrimiento.
Me angustio. Me satura una tristeza
que apartar no puedo aunque lo intento,
que arrebata de mi vida su lindeza.

Sufrimiento que me ciñe entre sus redes,
en mi corazón se clava y en mis sienes.
Más que yo este sentimiento puede,
me empuja, me arrastra, me detiene.

¡Quien fuera como el río interrumpido
que desborda su cauce susurrante,
disfruta sin gemir el entorno florecido
empeñado en continuar siempre adelante!

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Mirar al este

No importa cuan bella fue del sol la puesta,
veloz se adueñó del crepúsculo la noche,
tal parece cerrando sus oídos
al reclamo de la luz de estar de vuelta.

Yo también sombrío, lóbrego y oscuro
me he sumado al cortejo de la niebla,
que envolverme quiere en su conjuro
para hacerme creer que no hay futuro.

Cual gladiador me enfrentaré a las sombras,
anclaré sin dudar al este mi mirada,
no importa del claror la demorada espera.
Lentamente desde el este, estoy seguro,
aparecerá el sol, se llevará lo oscuro.

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Navegar en turbulentas aguas

No sentí ningún temor ante aquel río,
sereno cual horizontal cristal tendido,
donde el sol se bañaba sorprendido.
Tanta paz confianza dio a mi barca
que a navegar salí a su timón asido.

Anduve largo tiempo tan tranquilo,
suponía despejado todo el viaje.
De repente, del río en un recodo,
poderoso viento arrastró el paisaje
y el cristal-agua convirtiose en lodo.

En sólo un instante cambió todo.
De dejarme llevar por la corriente,
al tornarse las aguas turbulentas
me aferré al timón con más firmeza
dispuesto a enfrentar valiente la tormenta.

Fue difícil aceptar que el río, tranquilo otrora,
turbulencia tuviera en su corriente ahora.
Sin detenerme a sufrir por la borrasca,
negado a abandonar la barca,
decidí resistir, seguir el viaje,
contemplar lo bello que restaba en el paisaje.

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Las huellas de mis pisadas

Reposaban mis pisadas
a la orilla de la playa.
Llegaron curiosas olas
espoleadas por el viento,
que arrebataron mis huellas
llevándolas mar adentro.

Por oceánicos caminos
vagan por ignotos rumbos,
rastros de mis pies descalzos
que quedaron en la arena,
cuando afligido vagaba
y al ancho mar le contaba
de mi dolor, de mi pena.

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¿ Pasado perfecto ?

Porque conmigo feroz el tiempo ha sido,
aunque en vano nunca lo he vertido,
porque sin piedad en mí volcó su hastío
sin saber contener su brío,

cual titánico Cronos me propongo
en viaje inverso a mi semilla
recorrer lo andado nuevamente.

Blástula de nuevo, con asiento
en el vientre nutricio de mi madre,
a mi mismo con dolor me pariría,

y en el afán de tornar perfecto lo pasado,
al eco de mi eco y al yo de mi otro yo,
a enfrentar el tiempo invitaría.

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“Disfrutar del silencio”

Disfruto del silencio,
no del sepulcral silencio del camposanto
verbalizado en cruces,
querubines, guirnaldas y flores de mármol,
espectadores enmohecidos por el llanto,

tampoco del impuesto medieval silencio,
tantas veces fariséico,
de iglesias y sagrarios
que interrumpe con frecuencia el campanario.

Del silencio disfruto de la madre que contempla
el fruto que del corazón
y del vientre le naciera.
Del ancianoque a su compañera observa,
sabiéndola terreno fértil de su siembra.
.
Disfruto del silencio que cae como un manto
y la palabra ahoga.
Disfruto cuando con mi alma me encuentro a solas
en el jardín, que con su blanco aroma,
perfuman la azucena y el jazmín.

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Nuestro particular patio

El patio grande, siempre luminoso,
rectangular retazo que cayó del cielo,
ocupa el centro de mi casa añosa.

No es libre el patio, cruel paradoja,
las verticales lanzas de hierro que le adornan,
no le permiten romper su encierro.

Una verde enredadera le engalana,
que con pinceladas de corinto y gualda
la primavera entinta a su llegada

Como a su vera a todas horas siente la vida,
disfrutó del cándido juego de mis pilluelos,
y su adolescente metamorfosis vivió con ellos.

En las plácidas tardes de domingo, disfruta
del hechizo de la opera y de la opereta.
De Pavarotti y Bocelli la voz respeta.

Como mi patio a lo oscuro teme, con luz del arco
y con aljófares, el farol viejo convertí en broche.
Así iluminado vive mi patio todas sus noches.

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Imágenes

Fugaces destellos en mi memoria brotan
que mi infancia evocan.

Nebulosa imagen a mi mente viene:
en el dormitorio una ventana y otra cuna,
mi joven madre en sus brazos me sostiene,
y me muestra el hermano que me trajo la luna.

Me arropa mi padre en su noble pecho y canta,
mientras mi madre a mi hermano pequeño
en sus brazos arrulla y amamanta.
Con tanto amor me envuelve el sueño,
que me viene encima cual sutil manta.

De mi infancia aún más la memoria evoca:
un médico a casa mi padre trae,
a mi hermano y a mi, nada nos distrae.
Curioseando andamos entre tanta gente,
sucedía, sin dudas, algo diferente.
Dio a luz mi madre y cuando, es niña dice,
feliz sonrisa ilumina su boca que a los tres bendice.

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Ante la Mística Puerta

Porque respeté de Esculapio los consejos
y del Juramento Hipocrático hice mías las razones.
Porque me impuse tolerancia para escuchar
del ser humano atentamente los lamentos.

Porque intenté brindar alivio a quien sufría,
mientras mi límpida mirada le ofrecía.
Porque supe distanciar voz y sentimiento
al estrechar la enemiga mano sin encono

Porque guardé mi insano orgullo,
e intenté no expresarme con fogoso acento.
Porque abrí las puertas de mi pensamientos
y acepté no poseer la verdad absoluta

Porque di más valor al meditador silencio,
que a los arcangélicos gestos
expresados con hipocresía,
ante la Mística Puerta me encuentro,
mi entrada al Reino de los Cielos exigiendo.

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Búsqueda

Me angustia no encontrar
la paz que mi interior reclama.
Si llegar supiera hasta mi alma
la paz que busco quizás allí estuviera
tranquila,
queda,
enmascarada,
escondida en ella.

Por eso descender a lo profundo
de mi yo, sin prisa intento,
en busca de ese magno sentimiento,
para lo que me resta por vivir
hacerlo en calma.

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Carpe diem

Disfruté sabiendo que vivía,
sin olvidar que hubo ayer y habrá futuro,
y guerreé con cada pensamiento
que para hacerme dependiente me detuvo.

Su loco juguetear arrebaté al viento,
dejándole llorar ante mi intento
de arrebatar el color de su sonido,
para imponerle hacer suyo mi contento.

Más de ayer el hoy, lo ya pasado,
lo que vivo ahora, ya mañana,
no me impongan ignorar, o hacerlo ajeno,
porque en mi alma todo está grabado
en aparente perfecta filigrana.

Me niego a disfrutar del día lo vigente,
fugaz momento de felicidad no quiero.
No pretendo, liberto independiente,
ponerle riendas a mi mente
donde travieso juega un duende,
que trae del pasado a este presente
lo que me ha hecho feliz, lo que he sufrido.

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Apuesto por la vida

Por todo lo que nace hago mi apuesta,
sin imponer a la vida temporal meta.
Es eterna el alma, espiritual sustancia,
y la vida no virtual que la muerte enfrenta.

Hay vida en la planta que se adecua y crece
en la agreste cicatriz de la volcánica ladera.
En el ADN que en el fósil milenario espera
que el cántico vital despierte.

Hay vida en el tímido rumor del riachuelo,
mínimo en el fondo del antes caudaloso río,
en la hierba que asoma en el asfalto roto,
y al calor vence en increíble desafío.

Hay vida en la semilla que germina,
a pesar del secuestro de invernal nevada,
en el musgo que su verde tapiz dispone
en la vetusta pared húmeda, sin colores.

No muere la unicelular ameba sin ancestros,
que inmortal trasciende al duplicar su cuerpo.

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No es esta la tormenta que yo quiero

Tormenta que hasta aquí llegas
como si a Cuba fueras.
Agua que mi alma empapas,
que entre nubes atrapas,

no eres la habitual tormenta,
a la que escoltan truenos,
la que limpia de gris el cielo
para dar a la luz nuevo vuelo.

Baldío alivio pensar que asisto
al aguacero que tanto he visto.
No es esta la tormenta que quiero,
porque no despeña del cubano cielo.

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Quimera

Como no sé vivir en medio de la nada,
de mis recuerdos no clausuro el pozo.
Para en depósito de sombras no mutarme
a mi tampoco memoria doy reposo.

Del malecón en palco reservado,
frente a la ciudad estoy sentado.
Ir, venir, volver a ir veo a tanta gente,
y hasta el sonrojo
de un primer beso adolescente.

El Vedado me seduce con su encanto,
mi calle, que son las calles todas, desando.
Deambulo por la vieja acera,
que la sombra suaviza con su manto,
sin contacto humano ni frontera.

La puerta de mi casa alcanzo
como si el portón del cielo fuera.
Disfrutar del íntimo aroma de mi hogar quisiera
mas todo ha sido un sueño, una quimera.

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Romance de La Habana y el mar

Cuantas veces, en todas mis vidas, con motivos gratos o lamentables,
pacíficos o absurdos, he pensado profundamente en La Habana (... )
Juan Ramón Jiménez

Le nació La Habana al río en su rivera,
que indiferente continuó su curso.
Cumplía el dulce cauce el compromiso
de entregar al mar lo que debiera.
Quiso la Ciudad imitar aquel torrente,
siguió su marcha en dirección al norte.
Cuanto le impresionó aquel mar enorme,
que de azul, en azur el piélago convierte.

Desde entonces intenta vulnerar el muro,
que la mantiene en tierra acorralada.
En tanto el día, coqueta y bulliciosa,
con disfraz de acuarela disfruta su algarada,

Cuando lo oscuro de la noche asoma
de luminarias hace un derroche,
del alto faro la luz intermitente toma
y guiños hace al mar que la enamora.

Vence al fin el mar el muro que desune,
con osadas olas a la Ciudad corteja.
En singular lecho de agua, sal y espuma,
La Habana y el mar copulan en la bruma.

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Fantasear con la Primavera

No se puede exigir a la primavera que llegue pronto y dure bastante. Sólo se le puede decir ven, bendíceme con tu
esperanza y quédate todo el tiempo que puedas.
Paulo Coelho

Maniáticas formas dibuja el hierro
que apresa mi ventana.
Conmigo jugaban sus arabescos
al despertar cada mañana,
tornándose en bustos, caderas,
glúteos o facciones humanas.

Del viejo hierro se apropió el otoño,
cuando hizo el tiempo que brotara el rojo
de anteriores capas de pinturas dadas,
y llegó el invierno y le nacieron canas.

Enajenado el hierro me pedía
convertir su invierno en primavera.
Con alegres colores quiso le tiñera,
loco también yo, cumplí lo que pidiera.

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El viento y el mar nos hermanan

La playa de El Médano, enclave turístico del sur de la isla de Tenerife, es azotada por el viento lo que la convierte en zona para la práctica de windsurf, y vuelo de cometas. En su entorno destaca la Montaña Roja, cráter volcánico de arenas rojizas.

En el Médano hay días en que
el viento la costa despeina.
Las tablas con velas de muchos colores
tapizan el mar, retan al cielo,
mientras se deslizan en simulado vuelo
Otros días hay, cuando
el viento con furia azota,
de la arena se apropia,
las olas golpean
sorprendiendo las rocas,
y sus nidos abandonan
las gaviotas.

Del sur de esta isla
caprichoso el contexto.
En confuso silencio se mezclan
la roja montaña, la playa y el viento.

Aunque me contento,
a mi alma vienen
otros sentimientos.
Ocupa mi mente lo que tanto extraña,
La Habana a quien también el mar baña,
y el viento acaricia
sin fustigarla.
Convertida su orilla en extenso palco,
a sentarse invita a contemplarla.

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Una tarde en la Vieja Habana

La casa (...) se expresaba por las dos ventanas de su pórtico.
Una verja de hierro aludía a un barroco que desfallecía,
piezas de hierro colado abriéndose a medida que ascendían
ascendían en curvatura se juntaban en una boca floreada.
Paradiso Cap. VII
José Lezama Lima

De tarde por la Habana Vieja,
entre nuevas gentes,
con paso seguro e imprecisa meta,
deambulo ignorado
por adoquinadas calles,
con paredes de canto
teñidas de verde por nidos de hiedra.

Como cualquier otro
doblo en cada esquina. Todo me sorprende.
Hierro herrumbroso en los viejos balcones,
moho permanente en las húmedas losas,
huellas de guirnaldas de yeso y de mármol.
Preciso legado que cual conclusiones,
el tiempo ha dejado.

En mi andar disfruto la restauración del canto,
el dibujo en las paredes de antaño,
el eco de pasos en la antigua escalera,
donde en párvulo estrato,
hay nuevo polvo depositado.

Me embriago de todo,
de lo rutinario,
de una que otra risa,
y hasta de una grosera algarabía.
Museo vivido y viviente, donde nuevas carnes
junto a carnes viejas,
se adornan con la policromía
que arrebata al sol el cristal centenario.

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Burla del tiempo

He llegado a convencerme
que los años no se van,
que cual araña una tela,
en las manos se te enredan,
se te enlazan en los pies.
Aprendí que el tiempo es
un imparable huracán que,
disfruta cuando miente.
En la espera se enlentece.
En el lamento o el miedo
al contrario, se acelera.
Si te entregas al amor,
en su juego de bromear
te hace creer que lograste
el infinito alcanzar.

Como buen simulador,
si te miras al espejo,
con su sonrisa te engaña.
En tu rostro no hay lisura,
en tus sienes sólo hay canas
y hacerte creer pretende
que la juventud de antaño
todavía se mantiene.
Volcánica polvareda
reserva el tiempo a su haber.
Polvo que convierte en lodo
para llevárselo todo.
Si acaso por compasión
en el recuerdo nos deja
alguna vieja canción.


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