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Héctor Antonio Cavazos Reséndiz
Pues si alguien quiere aportar un poco más a este cuento es bienvenido, pues creo que ya ha crecido y fructificado y siento que solo falta que cada uno deje su parte final de la historia.

Eso pienso, pero si ustedes creen que deba seguir, le seguimos.
Miércoles 25 de Abril de 2012 09:28
 
Héctor Antonio Cavazos Reséndiz
Llegó una mariposa a trastocar mi destino
ataviada de luz guío mi sendero intrínseco

y en un laberinto con salidas fáciles
me perdi/encontré desatinado por sus ojos felinos,

con la lozanía de su mano delineo mi vida
mientras cálidas palabras sanaban terrores.

Cuantas canciones el silencio nos ha brindado?
Y las luces metálicas nos indicaban el camino de los ciegos,
mostrándonos los secretos guardados en cajas de cristal,
de igual manera tropecé en las piedras del viento pero he caído de pie.

Con la luz de un espíritu inmaculado dejaste en puerto
la fantasía realizada que se forjo en esperanzas ínfimas
brotando la felicidad del capullo de una rosa por mi cortada
para obsequiártela envuelta en seda y perfumada en mirra.

Como cuando en mi osada y valiente timidez
Me atreví a tirar cuatro manzanas en un jardín sin flores
para nuevamente, no visitarte en tu casa otra vez.

Tus pies dejaron huellas de almíbar en mi pecho,
y de tus cabellos caían pétalos de sal,
en tu ombligo morían todos los atardeceres
buscando en el horizonte la línea vertical.

Hoy el capullo abre su pequeña corolla
destilando alegría al astro rey en el cielo
mientras la princesa del aire crea la alquimia
que forjara la historia de este amor etéreo.

Una operación de cataratas
devolvió la vista a la princesa.
Absurda protagonista de cuentos de hadas,
con los pies en el suelo se te humedecen hasta las entrañas.

Los pies se volvieron raíces profundas en la tierra,
el cuerpo duro, como madera de cedro de tanto sufrir,
pero en el interior lleva el aliento indeleble,
corazón en mente en forma de hojas volando al son de los vientos.

Y mientras batía sus ojos al volar la felina mariposa,
y murmuraba mudas canciones al brillo de la oscuridad
las piedras del viento brotaban de la corolla de la rosa
como la ciega mirada con la que ahora miraba la princesa sin piedad.

La princesa no era cruel
la princesa estaba herida...
Su mirada era como la miel
Y su impiedad era el gorgotear de una triste herida.

Más la princesa aún lanzaba una plegaria al cielo,
el nocturno espacio la escucho y la luna de testigo,
atendieron el rosario de lágrimas que en su desvelo
y devolverle la calma que para ella yo no consigo

Y siguió la princesa buscando a ese hermoso sapo,
que la llevaría en corcel de plata a comer nubes de algodón,
más su mente la torturaría como miembro de la Gestapo,
evitando que un arcoiris iluminara por fin su pobre corazón.

Y a cerrar con hilos de plata
La herida de su corazón
Del cielo bajo el enmascarado de plata
Con guantes y aguja de almidón.

La princesa ya tenía en sus manos una princesita hermosa,
producto del torrido encuentro con un caballero
nocturno,
la enamoró con poesía, ternura, pasión y una alba rosa,
mientras le revelaba con rodilla en tierra su corazón taciturno.
Miércoles 25 de Abril de 2012 09:27
 
Rafael Emilio Puello Garcia
Llegó una mariposa a trastocar mi destino
ataviada de luz guío mi sendero intrínseco

y en un laberinto con salidas fáciles
me perdi/encontré desatinado por sus ojos felinos,

con la lozanía de su mano delineo mi vida
mientras cálidas palabras sanaban terrores.

Cuantas canciones el silencio nos ha brindado?
Y las luces metálicas nos indicaban el camino de los ciegos,
mostrándonos los secretos guardados en cajas de cristal,
de igual manera tropecé en las piedras del viento pero he caído de pie.

Con la luz de un espíritu inmaculado dejaste en puerto
la fantasía realizada que se forjo en esperanzas ínfimas
brotando la felicidad del capullo de una rosa por mi cortada
para obsequiártela envuelta en seda y perfumada en mirra.

Como cuando en mi osada y valiente timidez
Me atreví a tirar cuatro manzanas en un jardín sin flores
para nuevamente, no visitarte en tu casa otra vez.

Tus pies dejaron huellas de almíbar en mi pecho,
y de tus cabellos caían pétalos de sal,
en tu ombligo morían todos los atardeceres
buscando en el horizonte la línea vertical.

Hoy el capullo abre su pequeña corolla
destilando alegría al astro rey en el cielo
mientras la princesa del aire crea la alquimia
que forjara la historia de este amor etéreo.

Una operación de cataratas
devolvió la vista a la princesa.
Absurda protagonista de cuentos de hadas,
con los pies en el suelo se te humedecen hasta las entrañas.

Los pies se volvieron raíces profundas en la tierra,
el cuerpo duro, como madera de cedro de tanto sufrir,
pero en el interior lleva el aliento indeleble,
corazón en mente en forma de hojas volando al son de los vientos.

Y mientras batía sus ojos al volar la felina mariposa,
y murmuraba mudas canciones al brillo de la oscuridad
las piedras del viento brotaban de la corolla de la rosa
como la ciega mirada con la que ahora miraba la princesa sin piedad.

La princesa no era cruel
la princesa estaba herida...
Su mirada era como la miel
Y su impiedad era el gorgotear de una triste herida.

Más la princesa aún lanzaba una plegaria al cielo,
el nocturno espacio la escucho y la luna de testigo,
atendieron el rosario de lágrimas que en su desvelo
y devolverle la calma que para ella yo no consigo

Y siguió la princesa buscando a ese hermoso sapo,
que la llevaría en corcel de plata a comer nubes de algodón,
más su mente la torturaría como miembro de la Gestapo,
evitando que un arcoiris iluminara por fin su pobre corazón.

Y a cerrar con hilos de plata
La herida de su corazón
Del cielo bajo el enmascarado de plata
Con guantes y aguja de almidón.

Martes 24 de Abril de 2012 20:56
 
Héctor Antonio Cavazos Reséndiz
Llegó una mariposa a trastocar mi destino
ataviada de luz guío mi sendero intrínseco

y en un laberinto con salidas fáciles
me perdi/encontré desatinado por sus ojos felinos,

con la lozanía de su mano delineo mi vida
mientras cálidas palabras sanaban terrores.

Cuantas canciones el silencio nos ha brindado?
Y las luces metálicas nos indicaban el camino de los ciegos,
mostrándonos los secretos guardados en cajas de cristal,
de igual manera tropecé en las piedras del viento pero he caído de pie.

Con la luz de un espíritu inmaculado dejaste en puerto
la fantasía realizada que se forjo en esperanzas ínfimas
brotando la felicidad del capullo de una rosa por mi cortada
para obsequiártela envuelta en seda y perfumada en mirra.

Como cuando en mi osada y valiente timidez
Me atreví a tirar cuatro manzanas en un jardín sin flores
para nuevamente, no visitarte en tu casa otra vez.

Tus pies dejaron huellas de almíbar en mi pecho,
y de tus cabellos caían pétalos de sal,
en tu ombligo morían todos los atardeceres
buscando en el horizonte la línea vertical.

Hoy el capullo abre su pequeña corolla
destilando alegría al astro rey en el cielo
mientras la princesa del aire crea la alquimia
que forjara la historia de este amor etéreo.

Una operación de cataratas
devolvió la vista a la princesa.
Absurda protagonista de cuentos de hadas,
con los pies en el suelo se te humedecen hasta las entrañas.

Los pies se volvieron raíces profundas en la tierra,
el cuerpo duro, como madera de cedro de tanto sufrir,
pero en el interior lleva el aliento indeleble,
corazón en mente en forma de hojas volando al son de los vientos.

Y mientras batía sus ojos al volar la felina mariposa,
y murmuraba mudas canciones al brillo de la oscuridad
las piedras del viento brotaban de la corolla de la rosa
como la ciega mirada con la que ahora miraba la princesa sin piedad.

La princesa no era cruel
la princesa estaba herida...
su mirada era como la miel
y su impiedad era el gorgotear de una triste herida

Más la princesa aún lanzaba una plegaria al cielo,
el nocturno espacio la escucho y la luna de testigo,
atendieron el rosario de lágrimas que en su desvelo
le devolvieron la calma que para ella no consigo.

Y siguió la princesa buscando a ese hermoso sapo,
que la llevaría en corcel de plata a comer nubes de algodón,
más su mente la torturaría como miembro de la Gestapo,
evitando que un arcoiris iluminara por fin su pobre corazón.
Martes 24 de Abril de 2012 08:45
 
Héctor Antonio Cavazos Reséndiz
Llegó una mariposa a trastocar mi destino
ataviada de luz guío mi sendero intrínseco

y en un laberinto con salidas fáciles
me perdi/encontré desatinado por sus ojos felinos,

con la lozanía de su mano delineo mi vida
mientras cálidas palabras sanaban terrores.

Cuantas canciones el silencio nos ha brindado?
Y las luces metálicas nos indicaban el camino de los ciegos,
mostrándonos los secretos guardados en cajas de cristal,
de igual manera tropecé en las piedras del viento pero he caído de pie.

Con la luz de un espíritu inmaculado dejaste en puerto
la fantasía realizada que se forjo en esperanzas ínfimas
brotando la felicidad del capullo de una rosa por mi cortada
para obsequiártela envuelta en seda y perfumada en mirra.

Como cuando en mi osada y valiente timidez
Me atreví a tirar cuatro manzanas en un jardín sin flores
para nuevamente, no visitarte en tu casa otra vez.

Tus pies dejaron huellas de almíbar en mi pecho,
y de tus cabellos caían pétalos de sal,
en tu ombligo morían todos los atardeceres
buscando en el horizonte la línea vertical.

Hoy el capullo abre su pequeña corolla
destilando alegría al astro rey en el cielo
mientras la princesa del aire crea la alquimia
que forjara la historia de este amor etéreo.

Una operación de cataratas
devolvió la vista a la princesa.
Absurda protagonista de cuentos de hadas,
con los pies en el suelo se te humedecen hasta las entrañas.

Los pies se volvieron raíces profundas en la tierra,
el cuerpo duro, como madera de cedro de tanto sufrir,
pero en el interior lleva el aliento indeleble,
corazón en mente en forma de hojas volando al son de los vientos.

Y mientras batía sus ojos al volar la felina mariposa,
y murmuraba mudas canciones al brillo de la oscuridad
las piedras del viento brotaban de la corolla de la rosa
como la ciega mirada con la que ahora miraba la princesa sin piedad.

La princesa no era cruel
la princesa estaba herida...
su mirada era como la miel
y su impiedad era el gorgotear de una triste herida

Más la princesa aún lanzaba una plegaria al cielo,
el nocturno espacio la escucho y la luna de testigo,
atendieron el rosario de lágrimas que en su desvelo
y devolverle la calma que para ella yo no consigo.
Miércoles 28 de Marzo de 2012 05:06
 
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