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Discusión iniciada por Antonio M. Moreno, el día 21 Marzo 08:30
(No poema con la poesía implícita en el texto)

"Buenos días, señores. Buenos días para todos. Me llamo Manuel y llevo dos años en el paro. Espero que sepan perdonarme por las molestias que pueda causarles a estas horas tan tempranas. Disculpen el volumen de mi voz pero entiendan que pretendo que me escuche todo el pasaje del vagón. Como les decía, me llamo Manuel y estoy parado. Ya, ya sé que esto a ustedes no les importa, cosa que entiendo. A mí, hasta hace poco, tampoco me importaban los problemas ajenos mientras que yo y los míos tuviéramos para satisfacer nuestros pequeños caprichos. Sí, señores, este hombre que ven aquí vivió en un pareado, se compró un BMW, zapatillas de marca y en verano se iba con su familia al Caribe, a un todo incluido. Cambiaba de televisión cada vez que salía un modelo con algún sistema nuevo y a mis hijos no les faltaba ninguna de las consolas que existían en el mercado. Yo también me echaba mis partidas de vez en cuando, no les voy a engañar. ¡Ay, mis hijos! Pobres. Tengo dos ¿saben? El mayor se llama Manuel, como su padre. Mi Manolito, más bueno... Y la niña, ¡Qué princesa tengo! la peque se llama María, como su madre. Ésta pobre aún es muy pequeña para enterarse de nada, cosa que le agradezco al cielo, ella no sufrirá las malas noches que hemos padecido los demás en estos últimos meses. Qué guapa es, ya les digo, como su madre. Veo que muchos de ustedes no me miran, pueden hacerlo tranquilos, no les voy a pedir dinero. Lo que les voy a pedir no les tocará el bolsillo. Sólo quiero que me observen, que se fijen en mí, en uno de tantos buenos trabajadores a los que la construcción les dio mucho y, ahora, esta maldita crisis les ha dejado sin nada. Y es duro decirlo pero, a mis treinta y ocho años, no sé hacer otra cosa, por lo que no me quieren en ningún otro trabajo. Lo he intentado todo, incluso me he ofrecido para trabajar por el único sueldo de un plato diario de comida para mis hijos. He pedido en el metro,  a la familia, a los amigos. Por cierto, estos últimos desaparecieron hace tiempo. Malvendí las pocas cosas que tenían algún valor antes de que nos embargaran el chalet y de volver a vivir a la casa de mis padres, mientras que mi mujer se llevaba a mis hijos al piso de los suyos. Hay situaciones en las que el amor, por muy fuerte y eterno que sea, no encuentra su sitio y entonces vienen los problemas, las peleas, los gritos... Pero no quiero aburrirles con esto. Sólo quiero hacer lo que he venido a hacer, pedirles lo que he venido a pedirles. Espero no importunarles demasiado. Mírenme, fíjense bien y no vean en mí sólo a un hombre, vean a cinco millones de personas, a una sociedad que se va a pique y que no ha de conocer salvación alguna. Mírenme, mírenme despacio, de arriba a abajo, quédense más que con mi cara con mi expresión, con mi gesto de desesperación profunda, con mi tristeza. Y ahora, cuando salgan a la calle búsquenme, busquen a esa gente que les recuerde a mí, al tipo loco que les echó la charla en el tren una mañana temprano, y ayúdenles, échenles una mano porque lo necesitan. Háganlo antes de que sea tarde, antes de que se encuentren como yo, en esta irreversible situación de absoluto desahucio humano y personal. Aún están a tiempo de salvarles. A mí, en cambio, el único favor que pueden hacerme, y el último que les pido, es que ahora, cuando bajen del tren, me dediquen un último minuto de su tiempo para darme una buena despedida. Muchas gracias, señores. Una vez más les ruego que acepten mis disculpas. Fue un placer haberles conocido. Hasta siempre."

Cuando bajamos del tren seguí observando a Manuel, le vi detenerse en un andén frente a una vía vacía. Parecía inexplicablemente feliz. Fui yo el único que le vio saltar en el mismo instante en el que pasaba un tren de mercancías que no efectuaba parada. Todos los demás pasajeros se habían marchado rápidamente a sus casas o a sus trabajos. No tuvieron tiempo para tonterías. La única persona que se acercó fue una señora mayor, vestida de negro, dispuesta a entregarle a Manuel unas monedas que llevaba en la mano. Llegó tarde. Cuando comenzaron a sonar los chirriantes frenos de aquel tren que no debía detenerse la cogí por el hombro y, mientras la giraba para dirigirla a la salida, la dije: Ya se ha ido, guárdelo para otro que a este pobre ya no le hace falta.

Respuestas
Tendrá que ser un miembro de este primer grupo antes de enviar una respuesta.
Raquel Monzó
Lo que trataba de decir ayer tenía que ver con las palabras que el otro día le escuché a José Sacristán en una entrevista que le hicieron -por suerte aún quedan valientes (y toca narices ;-)...)- cuando expresó que la culpa no es de los otros, de los demás, que son los mismos "con diferentes collares" que lo que no sabía es dónde estábamos nosotros, la izquierda. Y sí, permitirme hablar de ideología, palabra que al igual que mi amigo Julio me siento en la necesidad de rescatar de vez en cuando. En lo personal confieso que me faltan redaños para salir a tomar las calles (y no hablo de la manifestación puntual), aunque como parte de esta sociedad en la que vivo aún no sé cómo puedo seguir sin hacerlo. Y a eso me refería, no a la culpa sobre el individuo en si, sino al movimiento social mucho más clamoroso que no acabamos de armar, aunque hayan magnificas, dignificantes y consoladoras excepciones, incluso aunque en mayor o menor medida participemos en alguna de ellas.

Por otro lado, y añado hoy, también me trajo a la memoria otra entrevista que oí en radio Cataluña (la anterior no recuerdo si fue en la Ser o en la Sexta) donde traían datos del Observatorio de Salud Catalán sobre el incremento de la tasa de mortalidad por suicidio, hasta el punto de crear una unidad de seguimiento al efecto. Recuerdo que me quedé asombrada porque hasta el momento no lo había oído, y lo cierto es que no es notícia habitual ni reseñada en nuestros informativos. Traigo al respecto un texto de Benedetti.

"Sobre suicidios"

En Uruguay hubo una época en que los medios e comunicación (radio, prensa, televisión) tenían prohibido informar sobre suicidios, salvo que éstos ocurrieran en el exterior. Cuando yo terminé la primera versión de mi novela "Gracias por el fuego" (donde el protagonista al final se arroja desde un noveno piso) se la di a leer a Emir Rodrígue Monegal para que me diera su opinión. Él la leyó con toda parsimonia y sentido crítico y dos días me dijo que todo estaba bien menos el final. "¿Por qué?" "porque en este país nadie se suicida. O sea que tenés que cambiar el final". No lo cambié, claro, y dos meses después entregué el libro a la editorial, con suicidio y todo.
A mediados de 1965 apareció la novela. Exactamente el día en que el libro entró en librerías, yo estaba cruzando la Plaza Independencia para ir a "La Mañana", diario en que ejercía la crítica de teatro, cuando advertí que junto al edificio Ciudadela se había agolpado un montón de gente. Me acerqué, de puro curioso, y así me enteré de que un individuo se había tirado desde un noveno piso. Quedé bastante impresionado, pero no llegué al diario le telefoneé a Emir para transmitirle la novedad. Durante unos minutos él guardó un candoroso silencio, y sólo entonces me atreví a agregar: "Te juro que yo no lo contraté".

Vivir adrede,
Mario Benedetti

...

Sábado 22 de Marzo de 2014 13:25
 
maxi pani
" Yo voy andando caminos
de la tarde, las colinas
las polvorientas encinas
a donde el camino irá...

Yo voy andando viajero
a lo largo del sendero
la tarde cayendo está.

En el Corazón tenía
la espina de una pasión
logré arrancarmela un día,
Ya no siento el Corazón. "

de Antonio Machado.

Nos toca, con gracia o sin ella, deambular por esta vida que vivimos, caminando, paso a paso, andando como el viajero, aunque se detenga el tren de la vida, hemos de unirnos en masas y defendernos como hermanos ante los poderes abusivos y crueles, que aparte de que nos roban y se mofan ante nuestras caras, no solucionan nada para el individuo de a pie. COn tanto recorte, la verdad es que se RAJA ese llamado Presidente, " RAJOY ", porque nos RAJA HOY y esperemos que no lo haga mañana, ni este, ni el que venga a llenarse los bolsillos. Que para remate, luego tienen paga por haber sido presidentes. Pues ala, allá vayamonos todos, que si hay puchero de comida a nadie le amarga un dulce. SALUDOS DE NUEVO. MAXI:
Sábado 22 de Marzo de 2014 07:51
 
maxi pani
Realmente aterradora, pero con estos mandatarios, nuestro buque insignia, cada vez se va más a pique..., Debieramos salir TODOS a la calle y Protestar con Un Par..., para que la vieja Europa no crezca a base de OSTIAS sobre los trabajadores y NO trabajadores de hoy día. UN saludo amigo Antonio, y GRACIAS por el relato. MAXI.
Sábado 22 de Marzo de 2014 07:39
 
Luis  Ezquerra Escudero
Me preocupa las aristas de este relato. Partir de la premisa de que debemos reaccionar porque nos puede ocurrir a nosotros, si esto no fuera así, ¿no deberiamos sentir ninguna preocupacion?. ¿La sociedad es una comunidad de estomagos agradecidos en su indiferencia?, ¿mientras tengamos debemos preocuparnos?. Sólo el riesgo de que lo malo también nos alcance nos debe conducir a cierta solidaridad. Solidaridad de unas monedas, de un pensamiento o una poesía social.

Acaso de no se trata de una forma de entender la vida, la sociedad, nuestro yo en su relación de alteridad consigo mismo y con los demás. Acaso no se trata del modelo de sociedad por el que uno debe luchar. Y si las cosas van bien es ejemplo de que nuestro diario esfuerzo merece la pena, y sino es así debe merecer mayor esfuerzo por nuestra parte.

Es cierto, de todas formas, que este relato nos pone en nuestro lugar. Y nos hace ver cómo nos hemos dejado llevar, nos damos cuenta que otros han hecho esta sociedad con la que ahora estamos a disgusto. Pero mala será esta reflexión si sólo es fruto de la circunstacia de que ahora sí que nos ha lesionado la crísis.

Desnudar el alma, desnudar el egoismo y la generosidad quizás sea la obligación del poeta, cuando menos.
Viernes 21 de Marzo de 2014 23:56
 
Raquel Monzó
Me ha impresionado tu relato, Antonio, no por que me haya asombrado sino por oportuno.

"Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar."

"Masa"
César Vallejo

Así debiera ser... De todos modos el problema no es lo que nos están haciendo, el problema es dónde estamos nosotros, por qué no reaccionamos. Pero no hablo del individuo, que también, ni de la caridad (entendida desde el asistencialismo y no como una virtud del alma) hablo de la movilización social que debería sernos inherente como civilización (y reclamo la palabra, aunque sea como reflexión).
Viernes 21 de Marzo de 2014 21:53