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Ángela de Mela
 

Datos técnicos

Informacion Basica

Tipo:
Poeta
Nombre
Ángela
Apellidos
de Mela
Fecha de Nacimiento
12/02/1954
País Actual
España
Género
Mujer

Península de Hicacos

I

El perfil de tu rostro

en la brisa de Hicacos

es simple

como lo es el agua de la arena

en la cola del pececillo

el impulso del ocaso en el mar

o el pájaro cuarteado de la nube

gratitud del vacío

en el grano de la sal

la mancha

o el minucioso abismo

el polvo y la piedra

la vida o la memoria

partir o regresar

izada la península

a tu espalda

al juego de la roca

la silueta de la fugacidad

hundida en el color de las caracolas.

II

Huellas al delicado tiempo

y al transparente movimiento de Hicacos

tus ojos

visitantes dispersos

escondite

paisajes como mundos

de mundos y paredes

la casa

ofrecida a los galápagos

y a las constelaciones

y a nuestros cuerpos ofrecidos

sostenida

a tu cuello

sobre tu hombro

sombra desnuda de tu sombra Hicacos.

III

El vertical hemisferio de los túneles

el flanco sedoso

de los acantilados

huestes de levedad

equívoco de las fronteras

las sombras rebanadas

como la luz de un pozo

cruzar

como fragmentos

la solidez del agua

flexibles anillos

la dispersa proporción de blandura

el espesor crestado en los helechos

que orilla océanos y criaturas

la dimensión

que escapa al aire de las olas

como regiones de rivera ingrávida

ungidos

al descenso de las ostras y de los fondos

al reino de sustancia conmovida.

IV

Y el agua dócil

un acontecimiento de la ausencia

eras la gaviota de otro modo

y el tacto de los peces de otro modo

el fuego y su destino

la mutación

el envés

la ceniza de los océanos

la isla

la primera defensa

que instala

retornos apacibles

al heredado sitio de las lámparas

y sé que es

un trazo de tu nombre

la espina de la roca

que despiertas

simple como el agua en la arena

o la cola del pececillo.

V

En sus cordajes

velamen desde el alba

y en tus manos

como hundida fragancia

las hojas

frutecidos retoños minerales

en los carbunclos y en las ensenadas

colonias zigzagueantes

emergentes caléndulas

bruñidos en la zarza cocoteros

y el vasto pernoctar

de los insectos

en las arenas

y en los pórticos

la inmensa contención de claridades

oh nitidez

falsa noche de Hicacos

abierta desde el mar.

VI

La atadura en la gruta

que reparte la raíz

el pormenor hurtado

de resonancia frágil

la lluvia que sostiene las hojas

el orden de los verdes y los frutos

estivan la luz

y tu mirada

insomne

como cuando la noche

blandamente es la espuma

otra franja de especies

que aprenden el abrazo

—hechura de nuestra compañía—

el reflejo del mar en nuestra estrella

secretamente eres la frontera

la puerta de este mundo

la península.

VII

Esbeltez del recodo

en la huella reciente

y en la remota huella

repoblar

añadir los parajes

brazo liviano de la tierra

trepada la escalera del viento

tutelares marismas

pilares sumergidos y columnas

palmeras iniciáticas

quitasoles mecidos como mástiles

y en la marea súbita

el canto de las playas

ondulante

depuesta

porciúncula de barros

catedral de los pinos y de las buganvilias

ventana a los delfines.

VIII

Al peñasco unimos

la condición aérea

Punta de Morlas

límites

el filo de arboladura sísmica

levemente las olas

la tierra levemente

la finitud

y el trazo de península abierta

a las profundidades

—el polvo y la memoria—

expuestos a la sal de las esponjas

y en la montaña

diluidos

en el extremo nácar de la arena

la dirección

y la mirada cósmica

oh Hicacos

doblada como cinta

a los pies del amor

fondeada en su milagro.

IX

Cuanto somos de aquél

combada aurora al cielo

por pie y por manos

a semejanza suya

su aliento

horada la hechura vertical

y es propio el modo de compartir

más próxima la hechura

—eres la carne que recibió el prodigio

de cuanto fue el hedor de la caída venzo

erguida compañera

soplo devuelto hacia tu labio—

eres quien parte

quien regresa del barro

que esté todo en su sitio

pues para que después

no sea de la ausencia

levantaré un suelo de mitades

donde poner los puños

colmada de tu centro extrañamente mío

echados al Edén otra vez

desnudos definitivamente.

X

Sigilosos vitrales

espacios como formas

la cala

la espuma de los botes

quimera de las dársenas

otear la libertad

en el vientre del pez

fluidez intensa

rémora del cardumen

en los maderos lacios

desde las lamias y los hipocampos

lambreas silenciosas los ojos del farero

multitud de penínsulas

y dunas perforadas

en la sombra

los oros del silencio

los secretos

la ruta de los ocres

escapar en dólmenes dichosos

extrañamente nuestro

argonauta imposible

del aire

huracanes

lanza tardía

boca de los corsarios

y promisoria arca.

XI

En las repeticiones

regresamos el pájaro

no a la difícil primera vez de la inocencia

sino al éxodo

la luna en vilo

cuarteada

de los amaneceres

esperanzados como la esperanza

paisaje conmovido

como vivir

como el noble paño usado de la luz

la rosa de los vientos

el pájaro

simple como el vacío

entender la belleza

debajo de los días y los hombres

y las figuraciones

del agua de la luz

el arcoiris

habitar esa anchura

en la oquedad innúmera

nombrar el hallazgo reciente

la primera mañana

la estela que dejó

el instante

los sitios

la purificación inanimada

de la piedra en el polvo

en la mano de Dios

y en la mano de Dios

nombrar Hicacos

entender la belleza

simple como el vacío

debajo de los días y los hombres.

XII

En picachos se extiende

o serpentea

el deslinde del río

el bermejo roído de las inundaciones

o de las cumbres

hacia el nido que nutre

hacia el bote de la raza

de Anteo

amado de la brecha

que nos da el precipicio

las palmas

que empobrecen su cauce

reclaman de tu torso

de jungla solitaria

los remos vencedores

el verde amarinado

ahuecan de la arcilla

y en otro remolino

las cosas que tendremos

el esplendor de sangre

de magna transparencia

súbito en el Atlántico

y al picor de la sal

devolvemos el rostro.

XIII

Que tu risa y tu gracia

colmen todo motivo

ten sujeto tu nombre

será tu pie y es cierto

las estatuas exigen

nos volvimos en marcha

esbelto como nada

el rural que amontonas

—sereno de mi paz—

no sabría en qué forma

pero en estas canciones

ya te habrá perdurado

giras sobre la luz

anteayer Las Antípodas

el sepia es limpio y claro

el cuarto de la casa esta pared

el océano

apoyo de palomas

un frescor alabastro

nadie ha dicho soñar

pero será amor mío

la herida entre las hojas

el dragón ciñe poco

su garfio tintinea en el cristal nevado

giras sobre la luz

qué puede ser la luz sino nobleza

entrecejo que acepto

a borbotones regresará

y pasearemos juntos echadas las cortinas.

XIV

Entender

en pleamar el ascua del océano

frutos las piedras de ignotas descenciones

curso engastado

la coralina y el zircón frente al liquen

joyero que abre a nuestra andadura

su puerta milenaria

colgantes de amonite una vez más regresan

y el rosetón del fósil

rehace sus colores frente al cuarzo

uniformes en la rara aspillera

en mi regazo joyas

que tus manos recogen a trasmundo

abalorios que apremian desde el fuego

cresta de pedrerías

berilos y obsidianas

es la hoguera la tarde

y el tiempo en lo insondable

mece a los minerales

unánime el rumor de anfibia mansedumbre

parpadeo la ruptura del hueco en la ternura

definitivo pliegue la zaga de las aguas

asida soy lo suyo

de su propia manera

recuerdos que adornarán mi cuello

e iremos zozobrando en el turbión de vuelta.

XV

Transfigurar

el uso de las hendiduras

que acoraza en las sombras

latitud

dueñas de himnos para el tacto

anidan tras el borde las sirenas

túnicas insaciables

conducen a su riel de avistado hemisferio

oteamos la leve rozadura de la escama

el géiser

qué transparencia para dejarse intacto

corre el mundo por tu tez

y propone tatuar hacia lo hondo

lo anterior submarino

tú y yo espumamos el sitio que devora

la arena emerge la quilla de un velero

ya no será ese límite

—sobre mí las estrellas

miradas con fijeza el mundo muere—

como rueda de ángel

como viento a la rama

sin salir de raíz

asunta al firmamento

la luna del pinar

si nos salva

quedará de esa lumbre

en el rincón argenta

si eternizo

amor bajo palabras

que sea como gota

tras el índigo mago

retomar las distancias

aún de ese paisaje

espigar en los saltos

como los puentes

la pareja del polvo

y abrazados y solos existir

para no ser memoria.

XVI

La costumbre de imaginar el mundo

—observa que es tan sólo

la tierra de la espuma

una pequeña tierra

una tierra desierta—

la tarde

la indecisa fragancia en la madera

la voz nocturna

detonar el silencio

el discurso cegado

fluir

observar

expropiar sus retratos

urdir

los finísimos peces

la cripta ingenua y púrpura

las delgadas anémonas

las hebras coloridas de los barcos

la costumbre

—gratitud del vacío—

el perfil de tu rostro

en la brisa de Hicacos.

XVII

De eternidad o de añoranza

el horizonte

que hizo comensales

y en el tercio ventanas y secretos

acertarán a ver

las aves del principio

rozaría un comienzo

el ver pasar el agua

el agua como ahora

llevará nuestros nombres

de flores bienvenida

pulirá su aguijón

en la oquedad que lame

al pie de los juncales

la gloria del vacío

donde la primavera

en lilas y heliotropos

lo transcurrido aguarda

y todo nacerá

el humo es un gigante

que te amansa y sonríe

mientras tenga palabras

sujetaré este junio

su filo desde un huerto

para no echarte nunca

y el jardín será claro

todo el tiempo siguiente

qué importa si concluye

la tierra en la península.

  • Tematica: Amor
  • Varadero, Cuba   -   Ver Mapa
  • Idioma: Español
  • Año de creación: 2012

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