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Pedro Sevylla de Juana
 

Datos técnicos

Informacion Basica

Tipo:
Poeta
Nombre
Pedro
Apellidos
Sevylla de Juana
Fecha de Nacimiento
16/03/1946
Género
Hombre

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Pedro Sevylla de Juana

Diluvio en la reseca tierra del hambre (del libro IMAGO UNIVERSI MEI)

Diluvio en la reseca tierra del hambre   Pedro Sevylla de Juana

 

Con una pluma de cálamo partido,

el hombre desguarnecido se defiende,

polvo en agua desleído,

tinta viscosa surgida de su frente.

 

Es una pluma solamente

y la blanca superficie del papel

en flecha, en daga la convierte;

la palabra que perfilo es un ciprés

lanzado contra el cielo ilusorio e inclemente,

para desaguar, haz y envés,

sus rebosantes recipientes.

 

Van siendo las seis y el campamento

-alzado en la madre de un torrente dormido-

en círculos de piedra aviva el fuego,

y con la placidez de quien ignora los peligros,

apura faenas diferidas por el breve asueto

o desata recuerdos de los tiempos idos.

 

Planchas de hojalata forman techos y paredes,

cascotes de algún derribo, tablas rotas,

refugio destinado a expulsar a la intemperie.

 

El viento lo avisa con su silbo ralo,

un olor a crisantemo marchito

viene del Norte cargado de presagios:

se han callado los grillos

y los gorriones turbados

revolotean en círculo.

 

Recoge rayos el sol, envaina su soberbia,

retrocede y huye ante ejércitos de nubes

embutidas en armaduras prietas,

amazonas sobre corceles infernales

que hostigan una cólera densa.

 

Urgidas galopadas de las piernas,

la primera gota inaugura el desconcierto,

cauta avanzadilla de sus compañeras,

las que ocultan el sol fatuo e incierto

esperando instrucciones más concretas.

 

Llueve la negrura que aleja la esperanza,

se enredan las líneas de llegada y de partida,

retador se agita el dios de la borrasca

visos perversos que agigantan lejanías,

en una tarde de verano bien bastarda.

 

Presto el improvisado altar,

la ofrenda desconoce los designios;

hileras de nubes van llegando al lugar

siguiendo el orden inmutable del aviso.

 

Las temperaturas elevadas, faltas de paciencia,

perforan la barrera de la exigua enramada;

los indóciles montes desdibujados centellean

y desde lo alto de las nubes altas

ordenadamente se dispone la tragedia.

 

Descubre el ojo torvo en solitaria cabalgada,

el temor del campo a las malas cosechas;

por doquier el mal augurio aguarda,

por doquier la herida se sincera,

por doquier la muerte presentida,

insospechada y, sin embargo, manifiesta.

 

Son millones las gotas

y una sola es vida en el desierto,

añadidura del mar no desbordado;

una gota no es peligro verdadero,

ni diez juntas, ni mil veces un vaso.

 

Con cuatro nubes se forma una tormenta,

tres tormentas caben en un valle,

son tres los valles convergentes, y treinta

las nubes que acumula la nube resultante.

 

Toneladas de agua resopla la galerna,

infinidad de metros cúbicos caídos de la altura,

una fortuna si se lleva al lugar de la carencia:

tierra reseca y cuarteada, enerve agricultura,

fréjoles, tubérculos, centeno, avena

hierba agostada y mustia,

alimento que salva de la muerte cierta

protegiendo un tiempo breve de la hambruna.

 

¡Agua va!: exclama el cielo como en broma,

y la nube total, el universo de líquidas esferas,

abren las compuertas y en menos de una hora

cae el agua reunida por todos los planetas.

 

Los pies no pisan suelo, se disuelve la tierra,

todo es líquido suelto y su fuerza de arrastre,

arrastra rodando las rodadas piedras.

 

Las ramas se desgajan de chopos y de encinas

se tronchan los tallos de las plantas,

el dios de la muerte exige cien víctimas

y el dolor de las supervivencias desgarradas.

 

Hay familias abajo, niños de todas las edades,

borbotones de sensibilidad y de ternura,

mansos humanizados animales,

enseres, útiles de pesca, herramientas rústicas,

amor a la Naturaleza inmensurable.

 

Se vuelve contra el hombre el ajuar diario,

arrasa arrasado y es espada;

es martillo, es estaca, es mazo;

es hacha violenta, es hiriente navaja.

 

Resisten los valientes derrochado brío

y agonizan intentando remediar el abandono

alentando a los muertos en los vivos

mientras huyen los cobardes y se salvan solos.

 

Trócase la tierra en pegajoso limo,

los leños y las piedras se hacen presa,

sujeción de mares bien nutridos;

y en un momento que la fatalidad desdeña,

suelta el incontenible contenido.

 

Exaltados relinchos de caballo

de las gargantas escapan fugitivos;

los bramidos de toro ensangrentado

y los desgarradores gritos

expresan la cicatriz del desengaño

y la crueldad del espejismo.

 

Es abrumadora la impotencia,

y tras el instante eterno que dura la congoja,

insultan los heridos a quien dicta la sentencia.

 

La muerte forma haces de cuerpos:

manos enlazadas a las manos,

brazos colgados de pescuezos,

cuellos pegados a los labios;

mordiendo los dientes el sensitivo nervio

del amor enamorado.

 

Troncos abiertos en canal se hacen cimientos,

y soportan el peso de los muros derribados,

de los precipitados techos.

Las astillas, incisivas como alfanjes,

y los árboles arrancados de cuajo,

son armas para el descomunal gigante

que vomita el agua de los siete mares

sobre gentes hechas al abuso de lo grande.

 

Cuando el cielo clarea y el temporal decrece,

ofreciendo evidencias quedan los despojos:

cabezas aplastadas por piedras inocentes,

extremidades presas bajo escombros,

vientres hinchados sobre desnutridos vientres,

cuerpos oprimidos rebozados en el lodo.

 

El lodo, el lodo, el lodo detenido;

el lodo desprende de su seno improvisado,

la expectativa de encontrar algún respiro

y el hedor de los restos putrefactos.

 

Los cadáveres preferidos por el agua,

son arrastrados río abajo,

hasta el delta que acoge en la ensenada,

el barro y la madera, los cantos rodados.

 

El amanecer amanece destruido:

la batalla despareja -sólo un bando-

ha dejado un esplendor corito,

cubierto por miembros descarnados,

de imposible retorno a los caminos.

 

En los morros verticales descubiertos

en el cauce yermo de las vacías torrenteras,

en los meandros de los ríos secos,

levantan los parias de la tierra,

sus pobres campamentos,

sus frágiles viviendas.

 

Y el cielo los castiga

por su extremada pobreza

y su osadía.

 

Diversos lugares desde el año 2011

  • Tematica: Social
  • Tipología: Libre
  • Idioma: Español
  • Año de creación: De 2011 hasta hoy

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