Red Social de Poesía
Un servicio de...
Soypoeta.com
Yolanda Felicita  Rodríguez Toledo
 

Datos técnicos

Informacion Basica

Tipo:
Poeta
Nombre
Yolanda Felicita
Apellidos
Rodríguez Toledo
Fecha de Nacimiento
16/08/1972
País Actual
Cuba
Género
Mujer
FacebookTwitterLinkedinRSS Feed
Yolanda Felicita Rodríguez Toledo

CUANDO SE OCULTA EL SOL

 

CUANDO SE OCULTA EL SOL


      KANKALÁGUI TÚNAL    (CUANDO SE OCULTA EL SOL 

     NUYÚLU, NUYÚLU CHÚGA...  MI CORAZON, MI CORAZÓN, LLORA...)

 Fragmento del  POEMA EN NÁHUAT  PIPIL, de Manuel de Jesús Cortez Azenon. EL SALVADOR, CENTRO AMERICA 2013

Extiende los brazos para alcanzarme

pero no me encuentra;

roza al descuido mi rostro

con la punta de los dedos y se asusta.

El ojo fijo en mí, aunque no me está mirando:

Un fantasma deforme y desdibujado habita en su cuerpo.

Tomo su mano abierta y no me reconoce,

tengo sed, dice.

voy por agua a la cocina y sostengo la jarra de cristal.

así transcurre una eternidad entre nosotras.

Quién es usted, me enviste, mientras bebe desordenadamente

y  le converso bajito aunque no presta atención

ni entiende una palabra.

...un día de paseo, una señora,...

casi un soplillo de aire mi voz como temiendo lastimarla

cuando la peino y mueve al compás de los sonidos la cabeza.

Está fija,

escucha las voces y las mismas conversaciones que ayer me contara

como si yo fuera otra persona que acaba de conocer.

Cruzaba la carretera hasta la acera del frente.

y ella vigilaba todo el entorno

para aguardar mi regreso.

Teníamos una casa pequeña de paredes muy bajitas

y los ladrillos estaban recubiertos con cal y cemento,

aunque muy poco.

La entrada hasta la puerta del frente hecho con cantos de piedra,

Al paso los canteros de brujitas blancas.

Las cercas del patio en primavera se llenaban de flores silvestres

y campanillas azules que olían muy fuerte.

Le gustaba poner jazmines en un vaso de cristal al centro de la mesita

junto a la radio siempre encendida.

Prefería los Crotons de hojas rojas y torcidas.

Soñaba un vestido largo de color oscuro

para salir por las tiendas del pueblo;

contaba historias muy raras y antiguas

para que no fuera hasta el puente de la carretera central

y me metiera en el arroyo  en busca de peces y jaibas

que luego escapaban

y que aún habitan donde los manantiales,

debajo de las casas del barrio.

Lo que más le asustaba eran las arañas y las serpientes

que metía en pomos de cristal para verlas de cerca;

y también cuando me iba más allá de la loma del cementerio

o me sentaba  sobre los hierros viejos de la herrería

para escuchar como el metal crujía

con los golpes de martillo sobre el yunque.

La fragua escupiendo chispas encendidas

y los hombres empapados de sudor

que conversaban y me miraban de reojo,

preocupados por  mi vestido de tul

y mis zapatos tan blancos entre tanto fierro.

A ti debo todo lo que soy y no,

por eso tengo miedo de quitar mis ojos de tu frente,

y paso horas separando las pastillas para cada día;

escucho si toses durante las noches

o te quejas dormida, cuando dices frases entrecortadas

y roncas casi siempre.

Abuela Victoria quiere un balde de agua tibia en las mañanas,

un sorbo de café fuerte y el vaso de leche en la cama,

perfumes con olor a lavanda o mariposas

y la sábana de flores para taparse las piernas;

exige que venga a sentarme a su lado y me habla

de la nieta a la que me parezco y ella recuerda,

no me dejes sola, insiste,

mientras el regocijo de dar sin guardar ni una migaja

me postra a su cabecera

como si fuera el último día de nuestras vidas.

Agradece algunas veces el alimento

y vuelve a su lengua torpe, a los caprichos,

y yo al disfrute de su compañía ausente.

Come temprano y se recuesta en la almohada.

Son las tres de la madrugada

y aún le ofrezco todo lo que pide,

a esta hora pautada en el descanso

el silencio es una señal que no descuido.

Los perros están en calma

cuando el sol se oculta

y ansío la llegada del día para abrir las puertas

y dejar que llegue la luz a todos los rincones.

Me complace su cara de alegría

mientras recuerda la rutina y la enumera,

entonces me pide el peine otra vez,

se detiene a mirarlo largamente,

"vez, era de mamá, ella me lo regaló".

asiento con un gesto,

y paso la mano por su pelo negro y brillante,

cosa rara para sus ochenta y nueve años recién cumplidos.

Estás hermosa, digo,

y ella parece aquella muchacha de la foto:

"Recuerdas hija, nuestra mata de mango,

eran los más ricos de por aquí,

y la otra de atrás, la de ateje, y la de Anón,

todavía sigue ahí,  o la cortaron",

total si lo único que hacía era echar hojas,

Sí, me acuerdo de los mangos y de las matas,

no las hemos cortado porque guardan recuerdos muy queridos,

contesto, mientras vibro como un pez profundo,

libre y satisfecho;

todo lo demás carece de connotación,

y nada puede arrebatarnos

éste disfrute.

 

  • Nota:
    Es un poema de amor escrito a la persona más importante de mi vida: Mi abuela Victoria, quien gracias a Dios me acompaña todavia.
  • Tematica: Amor
  • Tipología: Libre
  • Idioma: Español
  • Año de creación: 2018

Comentarios (0)

Déje un comentario

Usted está comentando como invitado.

Cancelar Enviando comentario...

Novedades de usuarios destacados

¿Quieres ser un usuario destacado?
friends
Hace 89 días
profile
Hace 94 días
profile
Hace 94 días
profile
Santos Gómez Juárez ha actualizado el poema: Soy pobre
Hace 96 días

Concurso de Poemas Temáticos 'Red Social de Poesía'